Nadie en el faro de Alejandro
Vive Loco y Muere Cuerdo
Acerca de
Mi diario no es una obra maestra, ni siquiera un ensayo magistral sobre la sociedad actual en la que vivo, es sólo la historia personal de un chico normal. No pretendo que sea un relato literario soberbio, sólo un trozo de mar donde gritar mis llantos, mis alegrías. En definitiva un pequeño faro donde alumbrar todos mis sentimientos y arrojarlos al mar.
Sindicación
 
Misivas



He participado en algunos concursos literarios, y siempre he quedado en buena posición, pero nunca he participado en un concurso de misivas, he escrito tantas que no he mandado, más por timidez y por sentimientos de que no les iba a interesar que por otra cosa.



A mi de niño no me gustaba escribir cartas, más que nada porque yo era más de escribir sentimientos, poesía artesanal... más de escribir sueños, caligrafía emocional. Me gusta escribir sobre desvaríos, sobre la ternura de lo cotidiano, sobre el despertar dulce de lo extraordinario. Siempre me gustó más soñar que vivir, quizás por eso no me guste escribir cartas, porque en casi todas las que he leído o he visto escribir, sólo se contaba lo que uno vive, lo que uno hace en la vida, las pautas de nuestra cotidianidad. A mí me encantaría leer cartas que hablen del sentir, de lo que nos callamos, de lo que deseamos, de lo que soñamos... de lo que es importante, de lo que nos duele, de lo que nos reímos, de esas metáforas calidas que escondemos de todo el mundo menos a nuestras soledad, de la inquietud de las palabras y los silencios.



De adolescente enviaba postales a mis amigos de la infancia de aquellos veranos interminables en la tierra de mis bisabuelos, Cádiz esa pequeña ciudad emocional de mi infancia de la que sólo tiene un rival, Sevilla, la ciudad que me vio nacer, que me vio crecer, amar, llorar, la que me cogía de la mano en mis primeros pasos, la que me abrazaba en mi pubertad. Ay, Sevilla cuanto te echo de menos, no sabes cuanto extraño tu aroma, tu locura ingenua, tu respiración.



Qué postales más geniales escribía en aquella época, eran haikus que dibujaban paisajes emocionales, sentimientos resumidos en cinco líneas, un croquis del corazón. De todos mis poemas, mis cuentos, mis relatos y novelitas cortas, en definitiva de todos mis textos, de esas postales a media voz es de lo que más orgulloso estoy.



Llegó Internet, y con ellos los e-mails, no soy muy dado a ellos, más que nada porque a pesar del cambio de hábitos tecnológicos, la gente se sigue contando las mismas cosas, el estrés laboral, el automatismo diario, los cotilleos subterráneos, la despreocupación fraguada. A mí me sigue gustando hablar del estremecimiento, de la añoranza, de la fe en algo o en alguien, de la lluvia que empapa el azahar en la acera de enfrente, de lo melancólico del rito, de la suavidad de un recuerdo, de dolor del latido.



Lástima que ya la gente con sus prisas no les guste leer esas cosas, aunque no sé si en el fondo le han gustado alguna vez, quizás nunca se atrevieron los emisores a hacerlo, prefieren leer si anoche me lavé los dientes, si me he cortado afeitándome porque estaba pensando en que se me hacía tarde para cenar, si he cenado un buen plato de fetuchinis o me he dedicado a limpiar mi organismo con ayuno.



Me encantaría que alguien leyese mis cartas, pero no las que sueles recibir, las llenas de anécdotas cotidianas, llenas de cosas rutinarias, sino las que yo suelo vaciar de mi profundidad. Esas en las que te sientas en tu sillón preferido o en la cama recién levantada, y me lees despacio, saboreando mis sentidos, impregnándote de mí, de mí yo íntimo. Entonces, sólo entonces, habrá merecido la pena que yo te haya escrito una carta. No pidas cartas comunes, pídeme una carta que sea mía.


Firmado: Alejandro




 
Comentario:


Nanny-Ogg: Me gustan más los matices del alma que las radiografías diarias. Me ha gustado eso de currículum cotidiano. Me alegro que estés de acuerdo conmigo. Bicos.

Maribel: Es verdad. Besos de hipopótamo. Gracias.

Invitada: Te la escribiré. Qué poética estabas ese día aunque tuvieses hambre :P Muxus.

 
Comentario:
Escribe(me) una carta que sea un haiku, en la que pintes paisajes imaginarios y se sienta la respiración.

Musus.
 
Comentario:
Precioso post :))
 
Comentario:
A veces es imposible transmitir nuestros sentimientos, aunque sea por carta, porque ni siquiera podemos admitirlos nosotros mismos. Pero superada esa barrera, ninguna función mejor para una carta que la de servir de vehículo para transmitir nuestro sentir y nuestra esencia.

Besos y abrazo de vaquita :)
 
Comentario:
Yo he escrito muchas cartas. He tenido muchas amistades epistolares y siempre he disfrutado con las misivas, epístolas, cartas o como quieras llamarlas. Y siempre rechacé aquellas típicas cartas de: "Hola ¿qué tal te va? Hoy he hecho esto y aquello y lo de más allá". No me aportaban nada. No, a mí siempre me han gustado las cartas que me muestran otros paisajes: los internos, los de las emociones, los sentimientos, los deseos, las ilusiones, las penas... Lo otro no son cartas son currículums cotidianos y eso me resulta muy aburrido.

Bueno, todo este rollo para decirte que estoy de acuerdo contigo y tu idea de lo que tiene que ser una misiva :)

Besos
No