Nadie en el faro de Alejandro
Vive Loco y Muere Cuerdo
Acerca de
Mi diario no es una obra maestra, ni siquiera un ensayo magistral sobre la sociedad actual en la que vivo, es sólo la historia personal de un chico normal. No pretendo que sea un relato literario soberbio, sólo un trozo de mar donde gritar mis llantos, mis alegrías. En definitiva un pequeño faro donde alumbrar todos mis sentimientos y arrojarlos al mar.
Sindicación
 
Tu cuerpo pintado de rojo


Lo reconozco, te he matado, tú no te has enterado, pero anoche conseguí que dejases de respirar en aquellas sábanas compartidas. Fueron sólo unos minutos y tu vida se me fue chorreando por entre los dedos, deprisa, vertiginosa como un orgasmo onanista. Sin embargo todos tus gestos, tus besos, tus caricias, tus lágrimas, tus risas, tu cuerpo sobre el mío pasaron por delante de mis ojos, como un cinexín sentimental.

Las sábanas con las que me arropabas cuando tenía frío y usábamos como soga enrollada entre nuestras piernas cuando formábamos una colmena de salivas, flujos y esperma. La has regado con tu sangre, primero un hilillo rojizo, pintarrajeaba en la tela unos relámpagos líquidos, ampliándose lentamente hasta formar el mar rojo en la cama, goteando como un tic tac monótono sobre el suelo.

Te ves tan linda así, adobada en tu propio liquido. Todavía sangras levemente por el cuello, mi navaja está tan fría, añorando tu suave piel sobre su viperina hoja. Qué serenidad, mi amor, refleja tu rostro, pareces mirarme con esos ojos negros que han perdido todo su color, que mis manos ensuciadas han aspirado ansiosas.

Te preparé aquella cena que tanto te gustaba, con unas velas rojas encendidas alumbrado cada dulzura que esculpió Dios en tu fisonomía. Te hablé de poesía, desnudé toda mi alma en tus labios, te mimé como nunca, te dije que te amaba con toda la intensidad de lo que jamás te había dicho. Respirábamos nuestros alientos mientras bailábamos en el balcón, nuestra canción, aquella que sonaba cuando nos conocimos hace quince años, cuando éramos unos adolescentes sostenidos por la locura. Te susurré frases de amor al oído, induciendo a tu piel a erizarse placentera. Hasta conseguí bajarte la luna al balcón. Y no te vi nunca sonreír tanto como en ese justo momento.

Nos quedamos abrazados los dos bajo aquel manto estrellado, en silencio, yo acallando mis lágrimas, tú apretando suavemente mis manos, porque te dabas cuenta de que las quería ocultar. Me agarraste de la mano, guiándome suavemente hasta el dormitorio. Para qué resistirme. Estabas tan sumamente feliz, tan radiante que no me quise negar.

Hicimos el amor como sino quisiéramos terminar nunca, sujetando la lujuria, inflando la pasión, rebosando la ternura. Ambos nos quedamos en silencio, volví a mirarte a los ojos, temblé tanto, Dios mío, temblé tanto que me abracé tan fuerte a ti, que casi te ahogo antes de tiempo. Sosegado en tu cuerpo, sintiéndote tan mía por ultima vez. Esperé a que te durmieses, para levantarme hacía la cocina. Me vestí en silencio con aquel pantalón corto que me regalaste por mi santo.

Abrí el primer cajón, cogí la navaja por el mango tan caliente. Llegué a nuestro dormitorio, y allí seguías mi niña, durmiendo tranquilamente. Saqué una jeringuilla del maletín negro que había debajo de la última repisa de la estantería donde tú guardabas aquellos vinilos de reggae que nos fuimos comprando en los mercadillos de segunda mano. Lo llené de varias ampollas, dando lugar a una mezcla potente de calmantes, somníferos, metadona y morfina. Fue sólo un pinchazo, ni lo notaste. Como tampoco aquel liquido introduciéndose en tu cuerpo. Parecías un ángel en su sueño celestial en mitad de una nube gigante como esas que nos gustaba mirar espatarrados en mitad del campo donde crecimos.

Estaba tan fría la navaja que me quemaba, era helada. Y me heló a mí cuando mis manos se fueron llenando de sangre que brotaba de tu cuello, no abriste los ojos, ni te moviste, ni un intento de lucha por sobrevivir, ni un solo grito pidiéndome que parase. Sólo yo con mis lágrimas. Sólo yo manejando la navaja sobre tu cuello, y aquella sangre saliendo de ti, como tantas veces mi secreción te habían inundado.

Me senté a tu lado cogiéndote la mano hasta que ya no tenías pulso. Te besé por última vez, cuando aún todavía estabas caliente, ahora te beso y estás tan helada.

Me pongo unos guantes y limpio todas mis huellas por toda la casa, incluso friego los platos de nuestra cena y eso que odio fregar ya lo sabes. Me cambio de ropa y me pongo el traje de viudo que compramos la tarde anterior. Salgo a la calle y fuerzo la puerta trasera de nuestro hogar, que tanto nos costó pagar desde que nos casamos aquella primavera. Al entrar simulo que ha habido un forcejeo por la casa, revuelvo un poco nuestras cosas.

Te he quitado la alianza que jamás te has quitado desde que dimos el sí quiero delante del párroco que nos bautizó a los dos. Me la he puesto con la mía. Te beso en la frente y la cerrar la puerta detrás de mí he notado que he muerto contigo.

Quemé la ropa a cien kilómetros de distancia. Y me deshice de la navaja tirándola al mar por donde hemos paseado cogidos de la mano estos años.

He hecho todo lo que me has pedido mi amor, absolutamente todo, pero no soy capaz de despedirme de ti, no puedo. Y aquí estoy llorándote sobre tu ataúd. Sólo lamento que tu enfermedad degenerativa no me hubiese tocado a mí y así jamás me habrías pedido esta eutanasia. Sé que lo querías así, haciéndolo pasar por asesinato. Sólo deseo que alguien tenga la misma compasión y amor por mí, acabe con mi vida, ya que te prometí no suicidarme después de matarte.

Deseo que Dios se apiade de mí y sea consciente que lo hice por amor, que al morir pueda volver a tu lado, contigo y sin tu enfermedad, para estar juntos, todo lo que quede de eternidad.



Firmado: Alejandro


 
Comentario:
miedo, tristeza y ternura...
 
Comentario:
Asustarme porque siento que es real, porque no sé si sabría cumplir ese deseo de la persona que amo.

;)

Besos de una maia.
 
Comentario:

Invitado: Sí, tus ideas también podría haber sido pero ya te dije que no te imaginabas el final :P. Muxus.

Maribel: Tanto como la víctima de la historia... pero si me gusta escribir relatos donde uno va formandose una idea y una palabra, frase o párrafo cambia toda la perspectiva. Me gusta porque yo creo que no todo es blanco o negro, que depende de los ángulos, los matices, percepciones, circustancias...todo es relativo. Bicos.

Nanny-Ogg: Eso es lo que buscaba sorprender y también porque a veces el PARECER no es el SER o viceversa. Todo depende del cristal con que se mire... Me alegro que te haya gustado y gracias por el aplauso. Bicos.

Wendeling: Asustarte por qué? Gracias por tu comentario. Besos.

Malena: Porque a veces la vida sólo se comprende cuando se vive. No estés triste. Espero que te mejores. Besos cariño.


 
Comentario:
Impactante, triste, cruel: por qué la amada condena al amado a la tortura de vivir sin ella? por qué esa crueldad, por qué disponer así de la vida de su amante?

Besos Alec
(estoy y no estoy, no estoy en uno de mis mejores momentos :D)
 
Comentario:
Lo que me asusta de tu historia es lo real que la siento.

Genial.

Besos de una maia.
 
Comentario:
Permíteme, "gruñón", un gran aplauso por ese desenlace inesperado, por esa transformación del asesino psicópata en marido amante. Me ha encantado y me ha sorprendido.

Besos
 
Comentario:
Gran habilidad la tuya para jugar con las emociones.Se termina compadeciendo profundamente al "asesino", que es en realidad la verdadera víctima de la historia.

Buen post

Un beso :)
 
Comentario:
Ups, lapsus, podían.
Musus.
 
Comentario:
Pues sí, sorprendente e inesperado final. No obstante, pese a las ideas que se me cruzaron anoche por la cabeza –que también podrían haber sido- me ha gustado y mucho.

Musus.
No