Un pequeño cuento para la niña que vive en tí
Hoy en este día tan especial, te voy a contar uno de esos cuentos en los que creías de niña, aunque sé que cuando te quedas dormida sin querer, todavía crees en ellos. La pequeña ha crecido demasiado en los últimos años, a golpes, a acelerones por las cargas de la vida. Pero yo te veo, pequeña Laura, todavía te veo en tus ojos de adulta. Me guiñas el ojo cuando me da hipo y me sacas la lengua cuando voy estresado por la columna de la madurez. Te veo allí en la lejanía y te sonrió.
Hoy te espero sentado en el columpio que abandonaste tan deprisa. Deseando jugar contigo en el parque, verte sonreír como nunca, verte suspendida en el aire durante unos segundos y que de improvisto sienta que no hay nada más mágico en ese momento que tu calida amistad. Reunirnos al borde de las escarpas de la demencia, experimentando el vértigo y bebérnoslo de un solo trago para matarnos de la risa mientras nos presentamos de saltimbanquis hídricos.
Hoy llevo puesto el chubasquero y las botas Katiuskas para trocear los charcos y pasear de la mano con el cielo chorreando. Para contarnos confidencias echados en el arco de la luna. Que me susurres tus secretos mientras bosteza una luciérnaga, conseguir hacerle cosquillas a los faroles de la Vía Láctea.
Hoy seguiré escuchando tus opiniones, secaré esos lagrimones con el mismo mimo de cada día, dejaré que tu alma se intensifique en cada palabra tuya, que cada sentimiento que proyectes te identifique. Te abrazaré cuando pienses que lo necesitas. Te levantaré aunque no me lo pidas. Seguiré siendo tu amigo de por vida.
Al terminar el cuento y vestirnos de adulto, siempre dejaré la puerta entreabierta por si quieres volver a hacer travesuras delante del espejo, a compartir juguetes, locura y tiempo, en la infancia que te dibujo, para esa niña que todavía logro ver en ti.
Feliz cumpleaños Laura.
Firmado: Alejandro