Nana a una madre
A mi madre
Duérmete mamá
En mis brazos de juguetes
Que chapotea con la alborada
Para que despiertes
Encaramada en mariposas verdes
Porque tú niño esta llorando
Despojado de los sueños
Es un manojito de temblores
Duérmete mamá
Entre el viento que le da biberones a las aceitunas
Con la luna chorreada
Con una esponja de plata
Para que te entretengas
Mirándola con espejitos de agua
Duérmete mamá
Con sonajeros de burbujas
Sonriendo en los peines salados
En una cuna vestida de chales
Oliendo a naranja y clavel
En hilillos de miel
Para que no tengas angustias
En el lugar donde descansas.
Duérmete mamá
Abrazándome con el recuerdo
En una canción de cuna
Que me tarareas sereno
En un amor a fuego lento
Que no se apaga ni con el silencio
Que no termina en el último suspiro
Duérmete mamá
Duerme mi amor
Mientras te mezo en una madeja de ausencia
Me invento cuentos que sestean
En los baberos de las estrellas
Duerme mi niña
Que tu hijo te vela
Tejiendo en el viento
Grafías tiernas
Que describen lo mucho que te quiero
A pesar del tiempo
A pesar de la muerte
nosotros nos amamos con el alma, mamá
Y como dice la copla
El alma jamás muere
Duérmete mamá
Duerme en mis latidos de bebé
Duerme mi amor
mientras te añoro
mientras te adoro.
Firmado: Alejandro
Uxio y el unicornio
A mi padre.
En una pequeña aldea gallega, envuelta de pastos tiernos ilustrados de una tonalidad verde vivo, recordándoles a los oriundos como se debe vivir, con extrema intensidad, bebiéndose todo. Con la eterna niebla que madruga para enjuagar las pieles y el alma de los hombres y dejar que la luna se duche desnuda sin que sus amantes la destapen y flirtea con el mar que se electriza con sus propias fantasías.
Uxio tiene cuatro años, hijo de pescadores, como toda la aldea. Sólo se puede elegir entre el mar y el campo, pocas elecciones tienen la gente humilde, pero eligen. Y en Galicia se elige vivir.
Uxio crece en un ambiente de melancolía que se ensambla atormentada a las gaitas. Sólo se escucha el rumor del silencio, que avanza a pasos descomunales por el prado. Siendo consciente que todo esta envuelto en unas cenizas frías, a punto de apagarse en su lentitud genética, dispuestas extinguirse sumisas, nunca termina de acallarse, vibran desvalidas pero jamás exhalan el último aliento, son cenizas que todavía mantienen el calor. Así se pinta Galicia y Uxio con cuatro años, es conocedor de ello.
Uxio suele ir a un colegio pequeño que hay en la aldea. Por la tarde suele ayudar a su madre y sus hermanas que son mariscadoras. Es un trabajo fatigado para él, pero se lo pasa bien con las olas jugando al corro entre sus pies. Cuando la luna se pone el pijama de gasa blanca y se pasea adormilada por un cielo serenado sin sol, aguardando para maquillarse de oro maternal, amarillo seductor, alimonado confidente. Uxio acostumbra escuchar canturrear a la luna una nana mientras descansa en una hamaca de arena esponjosa.
Alecrín, alecrín dourado
que naceu no monte
sin ser sementado.
Ai, amor, amor
¿quen che dixo a tí
que a flor do toxo
era o alecrín?
Alecrín, alecrín dourado
que naceu no monte
sin ser sementado.
Ai, amor, amor
¿quen che dixo a tí
que a flor do toxo
se chamaba asi?
Pero si hay una canción de cuna que enternece tanto a nuestro personaje es en la madrugada, mientras se adormila degustando la sinfonía mansa de las gotas refrescantes que se diseminan taciturnas en la tierra que la recibe lubricada, copulando agua y fango, la humedad masturbando la aridez en una simbiosis óptima, en un gemido entumecido, métrico, evocándose en cada pausa, que arrulla en forma de loción, en forma de recital que se lía en caracolas sensoriales.
Uxio anda por sendas de tierra y piedra, siempre con un barniz de rocío como un tapete mágico. La bruma se levantó sin babuchas, en deshabillé, niñeando con la brisa y la luna encima de la coleta del cerro. Entre la maleza emergió un cuerno azul, atornillado, como si la hembra hubiese escurrido de nata aquel apéndice, dándole esa apariencia artística. Se plantó delante del niño. Templado cuando Uxio lo divisó y se arrimaba a él con las manos abiertas dándole a entender que va en calidad de amigo. El crío no daba crédito a lo que veía, había crecido entre leyendas, cuentos, en halo de misterio, magia. Entre duendes, hadas, brujas, santa compaña y seres asombrosos. Pero por primera vez veía uno a los ojos.
Continuará....
Nota: Desafío 3.
Firmado: Alejandro
Excepto: Alecrín. Nana tradicional gallega, sin autor.
IV El novio de Lara Croft
Una sombra se tamizó debajo de mis pies, atravesándome y alargándose delante de mí. A mesura que la silueta se depuraba en un tapiz pavimentado, me cabalgaba el titubeo, la alarma y la inacción. Bastantes esfuerzos hacía con contener las riendas de la cobardía al descubrir que el lunar sombreado representación de hombre, pero que el pavor lo tornaba en cualquier cosa menos en lo que sabía que era; un anónimo del que no conozco los propósitos.
No vi llegar a María hasta que todo había pasado. Con su mochila de campamento, sus vaqueros gastados viejos que indicaba que prefería la comodidad a la vanidad y una camiseta blanca que cubría una chaqueta motera azabache con detalles rojos. Con su identidad característica; su eterna sonrisa.
Momentos antes, una voz paralizaba mi corazón bruscamente y disparaba hasta el último escondrijo de mi sistema nervioso.
- ¿Tienes algo para fumar? –dijo con voz pastosa y gangosa. El temblor generalizado delató su problema y me bastó una mirada a sus ojos para que los rayos equis de mi alma llegaran hasta su corazón, ese que hace tiempo palpita al son del veneno captador.
No pude evitar el respingo y la sudoración gélida del instante.
- Lo siento, yo ni fumo ni consumo, quizás en la zona turísticas puedas encontrar a alguien que te pueda ayudar – logré acertar a decir mientras me sosegaba gradualmente con ayuda de nuestros ojos que se transferían información que sólo ellos dominaban.
Se fue caminando como un teleñeco por la calle espaciosa y la estrechez oculta. Divirtiéndose con la impericia obscenamente.
Mientras lo veía alejarse. María me apresó por detrás en intento de asustarme.
- Dame algo pa´ fumar, anda por favor, sé güeno. – mientras se partía de risa a mi costa.
Se quedo un rato así, con su cara apoyada en mi espalda. Decía que tenía frío. Yo en ese momento no recordaba ni lo que significaba esa palabra. Todo se emocionó, hasta las palabras.
Firmado: Alejandro
III El novio de Lara Croft
Vi en sus ojos la duda; si decir lo que quería decir o callarse y darse la vuelta por donde había venido. Al fin se decidió y sus palabras navegaban como corsarios emancipados por su voz.
Su voz caminó, al principio vacilante y luego rotunda hacía mí, por la invisible cuerda del aire, que aventó campante esa sonoridad y aliento dulzón hasta impregnarme completamente de ella. Durante un soplo, sólo un instante breve, conseguí parar el tiempo en una bola de cristal, el prototipo nos acunaba y mientras la nieve caía sobre nosotros metidos en una burbuja nevada, todo el tiempo me lo bebí como un sediento. Paré el tiempo, sólo un instante, al escucharla decirme:
- ¿Podría ir contigo al viaje que estas preparando? probablemente querrás ir solo o no prevés compañía, pero si lo pudieses meditar, me haría muy feliz ir contigo en tu ruta en moto.
Mi asombro lo calcó perfectamente el espejo llamativo que había colgado en la pared, enfrente de la barra, engalanado en sus bordes con ribetes que se caían como lágrimas, lenguas amando melancólicamente en sábanas de vidrio.
Deseaba ir con ella, aunque fuera al mismísimo infierno sin posibilidad de retorno. Estaba tan turbado porque una chica como aquella se hubiese ofrecido a ir con un espécimen como yo, a un viaje como aquel, que no caí en la cuenta que había abierto la boca. Mi pasmo había moldeado mi fisonomía. Me di cuenta al escucharla reír mientras me decía.
- No pongas esa cara de alucinación, nene. Sólo es una propuesta. ¿No quieres que vaya? No te ruborices ángel – y su sonrisa amable blanqueó todo mi mundo claustrofóbico en lo que se había convertido por la depresión.
- Sería un placer que fueras mi compañera de viaje, sería todo un honor. Me voy mañana, sábado a las siete de la mañana…
- Allí estaré, puntual como una inglesa nativa. ¿Qué debo de llevar?
- Lo que te quepa en una mochila, ya que es un viaje en moto a lo mochilero, tu documentación, la tarjeta sanitaria, un poco de dinero, mejor sino es en tarjeta, por si quieres comprar algún recuerdo a alguien o alguna cosa que te guste –dije todo de corrido, casi sin respirar, que es lo que hago siempre cuando me pongo nervioso o apasionado-.
María rió y todo el sol se zampó el bar, mi cuerpo bailaba descontrolado por las pompas incandescentes del astro.
- Gracias nene, por aceptarme en el viaje. Hasta mañana. Desapareció llevándose con ella la perturbadora presencia del sol.
El sábado, aguardaba entre un amasijo de frenesí y miedo porque todo hubiese sido una broma. Aparcada la moto en la acera, en la misma puerta del bar donde el día anterior había quedado con ella. Con un silencio vasto que agravaba más mis dos emociones revueltos en una pugna a muerte que estaba martirizando mi paciencia y mis nervios.
Una sombra se tamizó debajo de mis pies, atravesándome y alargándose delante de mí…
Firmado: Alejandro
Nota: Continuación desafío 2.