logotipo

img_google
Muchos rusos en Rusia
...y muchas rusas por todas partes
Acerca de
Pues no creo que Rusia vaya a ser el predominante tema de este blog. Además no soy ruso y nunca he estado en Rusia... aunque debo reconocer que siento particular simpatía por esa nación de borrachines maestros del ajedrez y esbeltas camaradas de lo ajeno que a veces dan miedo y a veces, simplemente, risa. Para l@s curios@s, este alter ego que me he puesto es un personaje de Guerra y Paz que cuadra a la perfección con lo antes expuesto.
Enlaces
Por aquí suelo andar
Sindicación
 
Ya vaaaa: Dublín
Dije que les hablaría de Dublín y lo voy a hacer. Lo que ocurría es que estaba esperando a acabar de hacer la digestión sobre lo visto y vivido. Y a tener un rato, y ganas, para contarlo.

No crean, no fue para tanto: me va a quedar un buen recuerdo de mi primera visita a Dublín, pero pocas ganas de volver a corto plazo.

Y es que hacía mucho frío y llovió la mayor parte del tiempo. Pero no sólo eso. Además, es una de esas ciudades de tamaño mediano en las que un fin de semana es tiempo más que de sobra para conocerlas. Incluso me sobró un poquito y pude darle un buen empujón a Guerra y Paz, que falta le hacía ya a Napoleón entrar en Moscú. Y allí lo tengo ya... otro fin de semana fuera y llega el general invierno para acabar con la Grand Arméé y con las 1.600 páginas de libro...

Volviendo a lo que nos ocupa, me gustaría empezar el relato por la compañía. Como escribía el otro día en la previa del viaje, Eva, Jaime, Oriol, Yolanda y Carol son bastante diferentes a la mayoría de personas con la que me relaciono. Son muy buena gente, sin duda, pero si no estamos en las antípodas, sí que estamos al menos en diferentes hemisferios... sobre todo en lo que más se nota: en el sentido del humor. Se reían por cosas que no me hacían especial gracia y muy rápido pude comprobar la cara de póker que ponían ante alguna "gracia" que se me escapó. Así que pronto decidí pasar al modo "perfil bajo" y me integré en su forma de hacer. Una cuestión de sociabilidad. Y sociable, lo soy, creo.

De este grupo al que, no olvidemos, me apunté yo, destacaría a dos personas. Una, Eva, claro, la única que conocía un poco. Hizo un auténtico esfuerzo para venir con nosotros, pese al accidente que había sufrido unos días antes y que le hacía llevar un aparatoso collarín, normalmente enmascarado y disimulado con jerseys de cuello alto. "Antes muerta que sencilla", decía. ¿Lo dudaban? Bromas a parte, en lo más profundo le agradecí muchísimo que no se hubiese quedado en casa, aunque sólo fuese para verme un poquito más arropado. La otra persona es Carol, su amiga de Lleida y otra persona que no estaba muy integrada en el núcleo duro del grupo, ya que a la mayoría no los conocía mucho más que yo. Esta chica también parecía acostumbrada a vivir a otro ritmo (por decirlo de alguna manera) y quizá por eso, y por no estar del todo integrada, me resultó más accesible.

Y por otro lado están los códigos. Ya se sabe: esa mezcla de argot y coincidencias de estilos de vida que generan integración en el grupo y cierta incomodidad a los "no miembros". Desde fuera, diría que la forma de hablar y relacionarse de este núcleo duro era un tanto frívola, pero claro, qué debe decir quien nos vea, a los del foro del Cau, hablando de nuestras cosas y tratándonos de usted...

La verdad es que los tres días en Dublín dieron bastante de sí. Carol y Eva habían vivido allí seis meses y nos enseñaron lo esencial de la ciudad: las calles comerciales (en rebajas de las de verdad y no como aquí), el parque de St. James, la catedral de St. Patrick, una par de museos y el precioso campus universitario.

Y, muy por encima de lo anterior, el museo de la cerveza Guinness. Espectacular. Fuimos el domingo por la mañana y nos estuvimos cuatro horas en él. Tanto el continente como el contenido están supertrabajados: se trata de un edificio que albergó la vieja fábrica de cerveza con la estructura de una enorme pinta (nos comentaron que si su volumen se llenase de Guinness, cabrían 14,3 millones de pintas). En este museo se repasa muy visualmente la historia, los procesos de fabricación y transporte, la publicidad (esta zona merece mención a parte) y la responsabilidad social de la marca. El recorrido acaba en el loft de la fábrica, rebautizado como 'Gravity Bar', en el que te invitan a una pinta de Guinness mientras gozas de una panorámica de 360 grados sobre Dublín. Antes de llegar allí, te permiten la posibilidad de escribir lo que quieras en un panel para tarjetas de visita. Yo escribí algo así como: "I'd like to share the irish passion for Guinness... but... it tastes awful! Great museum, anyway! dubno. Spain".

Otra cosa fue la actividad nocturna. Como barruntaba, mis acompañantes contemplaban este aspecto muy marginalmente y el resultado fue que cada noche a la 1 estábamos durmiendo. En parte, agradecí que no se dilatasen mucho las noches, ya que no compartía demasiado el gusto por los locales que visitamos. Sin ir más lejos, la noche del viernes, Eva y Carol insistieron en ir a un pub en el que programaban bailes tradicionales (yo aquí ya me temía lo peor). Llegamos sobre las 20.30 y los bailes iban a ser a las 21.30, por lo que para abrir boca actuaba un grupo de música entre folk y country (irlandés) que, por mucho interés que pusiera, me aburría soberanamente. A ello hay que añadir que el local era una especie de saloon de Port Aventura con una estridentemente invasiva calidad de sonido. Y por fin, el respetable: no es que fuésemos los más jóvenes, es que la tercera canción que interpretó ese grupo fue un 'Happy Birthday' para una señora del público que estaba cumpliendo ¡60 años! Creo que huelgan más detalles sobre mi cara de circunstancias y mis reflexiones del tipo "qué hace un chico como yo, en un lugar como este". Por cierto, al final, resultó que los bailes no estaban mal del todo (a juzgar por los teloneros): una especie de aurresku vasco con zapateado y gaitas de fondo interpretado por dos preciosas rubias en minifalda. No estuvo mal, en serio. Y además, no fue muy largo.

El caso es que, depués de esa experiencia inicial, descarté sugerir la posibilidad de ir a algún local interesante (me había informado previamente por internet) y me dejé llevar. ¿A la 1 a dormir que mañana madrugamos? Perfecto. No se hable más.

Y poco más que contar. La mitad del tiempo libre lo pasé ayudando a tres de mis acompañantes a hacer sus compras en inglés (no tenían ni papa) y la otra mitad paseando solo en busca del Museo de los Escritores y la casa de James Joyce, ya que era el único que quería ir. Compré una botella de whisky Jamesson de 12 años, algo de ropa en rebajas e incluso algún recuerdo para la gente que le gusta que se los traigan.

Ah! y también un paraguas...
 
Comentario:
Cierto, Guinness!

Berna, de las dublineses, li'n faig cinc cèntims aquest cap de setmana...
 
Comentario:
Cierto, Guinness!

Berna, de las dublineses, li'n faig cinc cèntims aquest cap de setmana...
 
Comentario:
zzzzzzzzzzzzzzzzz
 
Comentario:
Guinness!! Guinness!!
 
Comentario:
Coño, y de las dublinesas no menciona usted nada ? El whisky Jameson es una maravilla; que se quite el whisky escocés donde haya un Jameson. Y la juventud de Dublín no tiene más opciones que la de los bailes regionales y pillar cogorzas de guiness ?? Ahora entiendo lo pelirrojos y las pecas-sarpullido... vif la frans !!
No