Los grandes finales
En un gran escenario, la pareja se inserta en una coreografía, al parecer veneciana, donde entre los canales, puentes y góndolas del Lido, Dale Tremont canta a su acompañante, tras la cena, una melodía de simples consonancias (vino, casino bambino, piccolino,..) y escaso significado.
Este “Piccolino” se suma a “The continental”, (en The Gay divorcee) o “Carioca” (en Flying Down to Rio), finales comerciales que ya habían funcionado entre el público los años anteriores.
Primero un travelling horizontal recorre el escenario para mostrar las parejas y con una transición que se abre en cortinilla fundida, nos elevamos hasta una vista cenital donde el vestuario, los movimientos y el dibujo del suelo juegan con las formas casi caleidoscópicas. El baile ha sido cortado bruscamente puesto que en una primera instancia las parejas están de dos en dos y luego las vemos en tres grandes filas.
A continuación se introduce la letra de la canción, que hasta ahora sólo había sido una melodía. Y para volver al grupo de baile se levanta una falda y se ve a las parejas en el fondo con las piernas de la bailarina en primer plano. Son planos imposibles, al igual que a continuación encontramos que la cámara se mueve por diferentes puntos del escenario encontrando bailarines al borde del canal, en la pequeña isla (a la que les es imposible acceder sin pasar por el agua y mojarse) posteriormente reflejados en el agua, etc. El grupo de baile canta la canción y dejan pasar a escena a la pajera protagonista.
Si bien estos finales se asemejaban a la fastuosidad que impera en los decorados a lo largo de las películas y que una tras otra, se va repitiendo el modelo. Son números musicales sin función diegética, están aislados de la trama y del diálogo. No están dentro de la estructura narrativa de la película.

Esta vez le toca el turno a Venecia. En la fotografía podemos observar en el fondo los puentes y escaleras por donde todas las parejas acceden al escenario de la fiesta que se da en el hotel tras la cena. Incluso hay público tras el canal que mira hacia el salón donde las parejas bailan. Un hotel nada real, una puesta en escena totalmente inverosímil.
En este número musical hay bailarines de fondo que verosimilizan que están en una sala de fiestas donde se baila y en cierto momento el director prescinde de ellos para darles el completo protagonismo a Astaire y Rogers, demostrando hasta que punto los bailarines son convenciones. Al igual que los decorados que están para que los contemplemos en toda su espectacularidad.
En un ejercicio de comparativa, observamos semejante pomposo escenario en la anterior The gay divorcee mientras se efectúa el baile The Continental en el barco donde viaja la pareja, con tanta gente en el escenario, las escaleras traseras, el vestuario que juega una composición tan vistosa combinando el blanco y el negro, y las alturas del escenario, con esos balcones laterales donde también hay figurantes.

Se trata de grandes finales con la participación de muchos bailarines que darán paso a la aparición estelar de la pareja protagonista.
Grandioso, ostentoso y rimbombante son adjetivos que marcan estos finales que nos recuerdan a las más lujosas escenas teatrales de Broadway
Este “Piccolino” se suma a “The continental”, (en The Gay divorcee) o “Carioca” (en Flying Down to Rio), finales comerciales que ya habían funcionado entre el público los años anteriores.
Primero un travelling horizontal recorre el escenario para mostrar las parejas y con una transición que se abre en cortinilla fundida, nos elevamos hasta una vista cenital donde el vestuario, los movimientos y el dibujo del suelo juegan con las formas casi caleidoscópicas. El baile ha sido cortado bruscamente puesto que en una primera instancia las parejas están de dos en dos y luego las vemos en tres grandes filas.
A continuación se introduce la letra de la canción, que hasta ahora sólo había sido una melodía. Y para volver al grupo de baile se levanta una falda y se ve a las parejas en el fondo con las piernas de la bailarina en primer plano. Son planos imposibles, al igual que a continuación encontramos que la cámara se mueve por diferentes puntos del escenario encontrando bailarines al borde del canal, en la pequeña isla (a la que les es imposible acceder sin pasar por el agua y mojarse) posteriormente reflejados en el agua, etc. El grupo de baile canta la canción y dejan pasar a escena a la pajera protagonista.
Si bien estos finales se asemejaban a la fastuosidad que impera en los decorados a lo largo de las películas y que una tras otra, se va repitiendo el modelo. Son números musicales sin función diegética, están aislados de la trama y del diálogo. No están dentro de la estructura narrativa de la película.

The Piccolino en Top Hat (1935)
Esta vez le toca el turno a Venecia. En la fotografía podemos observar en el fondo los puentes y escaleras por donde todas las parejas acceden al escenario de la fiesta que se da en el hotel tras la cena. Incluso hay público tras el canal que mira hacia el salón donde las parejas bailan. Un hotel nada real, una puesta en escena totalmente inverosímil.
En este número musical hay bailarines de fondo que verosimilizan que están en una sala de fiestas donde se baila y en cierto momento el director prescinde de ellos para darles el completo protagonismo a Astaire y Rogers, demostrando hasta que punto los bailarines son convenciones. Al igual que los decorados que están para que los contemplemos en toda su espectacularidad.
En un ejercicio de comparativa, observamos semejante pomposo escenario en la anterior The gay divorcee mientras se efectúa el baile The Continental en el barco donde viaja la pareja, con tanta gente en el escenario, las escaleras traseras, el vestuario que juega una composición tan vistosa combinando el blanco y el negro, y las alturas del escenario, con esos balcones laterales donde también hay figurantes.

The Continental en The Gay divorcee (1934)
Se trata de grandes finales con la participación de muchos bailarines que darán paso a la aparición estelar de la pareja protagonista.
Grandioso, ostentoso y rimbombante son adjetivos que marcan estos finales que nos recuerdan a las más lujosas escenas teatrales de Broadway





