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La Belle Époque
Acerca de
Preciosa, corre, Preciosa, que te coge el viento verde.
Sindicación
 
Bello corpo
Se acabó el domingueo. Mañana empieza la recta final. Nada de cuidar lo que como de lunes a viernes y acabar con un fin de semana atiborrándome de todo lo prohibido. Hay que lucir cuerpo en la playa, vaya, vaya. El calor apreta y hay que quitarse prendas.
Aunque me cuido durante todo el año (dieta equilibrada, ejercicio, cremas corporales), ahora hay que pisar el acelerador. Son los preparativos finales.

Durante el invierno he sido chica vitesse y chica garnier, pero ahora que llega el examen final me decanto por ser una chica dove, además con el lote de gel de ducha, crema reafirmante y loción anticelulítica te regalan un conjunto interior (camiseta y braguitas) la mar de mono. ¿Cómo hacer oídos sordos a la campaña de "mujeres reales"? Por cierto, cuando compres algún tratamiento de belleza, ya sea facial o corporal, asegúrate de hacerlo en un supermercado de otro barrio. No vaya a ser que te pillen tus conocidas en pleno acto de fe, como me pasó a mi. Luego verdulean con que el cuerpo que tienes es por las cremas. Qué mala es la envidia.

Tampoco es que necesite mucho ese tipo de productos, pero, oye, es un refuerzo. Es que todavía vivo en los felices 20 y poquitos, con todos mis respetos a los que están viviendo otras décadas, claro. Mi piel aún es tersa y firme, y esto lo digo porque me quiero y porque es verdad. Y es que ser mujer conlleva tener una reserva muy poco favorecedora, la temida celulitis. De ahí mi tratamiento ultrapreventivo. Pero el primer principio es, sin duda, el deporte. Lo que mejor viene es la bicicleta, el step y el footing. Voy al gimnasio de 3 a 4 veces a la semana y es lo que realmente me mantiene. Además te da energía y vitalidad, conoces gente y te alegras la vista. Y pagando solo 20€ al mes (no puedo estirar más el sueldo). ¿Qué más quieres?

Antes de ir a la playa con mis amigos/as iré yo sola unos días para coger un poquito de colorcito. Ya ves, el presupuesto no me da para ir a rayos uva en invierno. Siempre digo que es una gilipollez y que es un bronceado muy artificial, pero estoy segura de que a mí me quedaría de miedo. Madre mía, como tengo hoy el ego.

Tengo que comprarme un bikini. Ya he elegido uno negro que vi el otro día en El Corte Inglés. No es que sea un color muy favorecedor con el moreno, pero, ya sabes, es cuestión del efecto óptico que es capaz de producir. Si una puede ahorrarse algún centímetro a la vista del ojo ajeno, mejor que mejor. Además, yo me compro unos complementos y bien divina que quedo. Sí, señor Ego. Bien dicho.

Este año, y tras una larga selección, me he decidido por Eva Longoria. La pongo de fondo de escritorio, así cada vez que la veo me conciencio de los días de austeridad calórica que me quedan por delante. Es mi táctica sicológica. Hay que atacar por cuerpo y mente. Y es que, además de ego, tengo una fuerza de voluntad acojonante. Venga Eva, dame ánimos.



Porque si quiero, puedo. Porque si queremos, podemos. Solo hay que subordinarse a los 3 reglas de oro de la puesta a punto veraniega:

1- Reducir los hidratos de carbono y las grasas. Además de beber dos litros de agua al día.
2- Ejercicio intensivo 3 veces a la semana. Y, mínimo, media hora de caminar los demás días. No sirve un gran esfuerzo tres días si los demás no vamos a hacer nada. La clave es la continuidad: ¡PROGRESIÓN!
3- Tratamiento reafirmante y anticelulítico. Cuando lo apliques masajea circularmente la zona.

Porque la belleza, la felicidad y la salud van cogidas de la mano. ¿O no?
 
La Belle Epoque
Hice un viaje al centro de la tierra, visité a los deros y pasé una larga temporada en el limbo. Pero después de intensas conversaciones con Platón y Aristóteles y unos cuantos libros de autoayuda, decidí que había llegado la hora de volver. Acabé allí por una caída en picado de la felicidad, una depresión de mi alegría y el hundimiento de todas mis ilusiones. Solo tenía que subir. Pues bien, ya estoy aquí: en mi Belle Époque. Pienso en mí, me quiero, me mimo, incluso, me deseo.

Me he cansado de vivir pendiente de la gente. De hacer cosas para agradar. De mentir para no quedar mal. De poner excusas. De fingir que algo me gusta.
Ya no escucho los problemas de los demás, que se los cuenten a otra. Solo me preocupo de los que de verdad me importan. Me da igual que mi compañera de trabajo no sepa lo que quiere, me dan igual los lios que se traiga con el chico del departamento de contabilidad, el que se trajo con el de márketing y el que lleva arrastrando hace cinco años con su compañero de facultad. Pienso que es una zorra, quizá se lo diga algún día.
Ya no me excusaré para no acudir a la cena de navidad del trabajo. Les diré que no quiero ir, que prefiero cenar viendo una buena película y quedarme dormida con mi gato antes de que termine. Seguro que más de uno querría convertirse en gato.

Vuelvo a quedar con mis viejos amigos. A hacer lo que me gusta. Comentar las jugadas de la semana, recordar los momentos estrella de cuando eran imberbes mientras bebemos. Bajar a comprar ginebra al opencor porque la última vez dejamos seco el mueble bar.

Este verano volveré a llevar minifaldas. Ya no habrá nadie para censurarlas. Nadie que se enfade por un escote. Nadie que se enfade porque salgo a bailar con mis amigas. Nadie que no me deje ser feliz.

Porque ahora vivo por y para mí. Cómo me gusta ser egoísta. No tener que depender de nadie, no verme obligada a hacer nada por cumplir. Lo que hago, lo hago de verdad. Y si me apetece me quedo un domingo entero en casa, leyendo, hablando por teléfono. Y bajo a tirar a basura en pijama porque me da la gana. Me doy un largo baño con las sales que encontré de oferta en el body shop. Porque antes me cuidaba para uno y ahora me cuido para todos.

Rezumo alegría. Lo mejor que hice es deshacerme del falso amor que creí verdadero. Del que llevaba a voces allá por donde fuera, fingiendo, siempre fingiendo, que era feliz. Muchas de las que me envidiaron por aquello se relamerían al saberlo, pero, que se jodan, porque nunca me escucharán decirlo. Perdí demasiadas cosas, no me extraña que llegara la bancarrota. Era miedo lo que no me dejaba salir de la burbuja que construimos. El mundo gira y yo quiero girar con él. No quiero un Rey Sol en mi vida.

Los números rojos me han salvado. Y aquí estoy, viviendo para ser feliz; siendo feliz para poder vivir. He entrado en la Belle Époque y no pienso salir de ella hasta que me echen.

Ya no soy una actriz secundaria, soy la protagonista. Quiero que me bailen el agua. Porque yo sí tengo dotes de mando. Tengo mucho que dar, pero también mucho que recibir. Porque aprendí que quid pro quo. Yo dirijo mi mundo, decido quien entra en él y pido permiso para entrar en el de los demás. Porque no es tan dífícil ser feliz.