4. Viaje en tren a Madrid
Aún no había recibido el billete de avión, pero si una carta con las fechas y horarios de salida. Mi madre aún pensaba que el billete nunca llegaría, yo estaba tranquila y convencida de que sí. Y así fue llegó por correo certificado unos días antes de la salida del vuelo. Tenía en mis manos un billete de avión para viajar el día siete de enero con destino a Taipei, la capital de Taiwán. Compré un billete de tren para el día seis por la noche para llegar a Madrid a tiempo de coger el vuelo.
El tren salía a las once de la noche, allí estábamos en la estación; mi madre, mis hermanas, el marido de mi hermana mayor y su hija Yoli, una niñita preciosa de cuatro años, mi ahijada, que decía que quería irse conmigo.
Mi madre me advirtió que no hablara con nadie en el tren y que no se me ocurriera decirle a nadie a donde iba, que mintiera si alguien me preguntaba.
Iba en litera y de las cuatro que había en cada habitáculo a mi me correspondía la de la parte derecha que estaba abajo. Me asomé por la ventana y me quedé mirando a mi familia. El tren empezó a moverse, nos dijimos adiós. Me quedé mirando como se iban haciendo pequeños en la distancia. Había un hombre a mi lado asomado en la ventana, me preguntó a donde iba. Por un instante recordé las palabras de mi madre “no digas a nadie a donde vas”. Pero lo de mentir nunca me había gustado.
-voy a Madrid a coger un avión
-¿un avión para dónde?
No podía decir que me iba a China, me abordaría a preguntas y sería un rollo, llevaba contestando preguntas y recibiendo consejos desde que había tomado la decisión de irme y ya había tenido suficiente, no me apetecía hablar con él.
-un avión a París
-¿y a que vas a París? ¿Te espera alguien allí?
Dije lo primero que se me ocurrió, quería quitármelo de en medio.
-si me espera mi tía, voy casa de mi tía que vive en París, me quedaré a vivir con ella.
Dicho esto le ignoré y me fui a mi litera. Me senté en ella y empecé a pensar en todo lo que estaba ocurriendo. Me invadió una sensación de libertad. Acababa de cortar con todo, para empezar una nueva vida. Podía hacer lo que quisiera, tomar mis propias decisiones, ir a donde quisiera. Era una sensación extraña, no podía dormir, estaba demasiado emocionada.
Me fui a recorrer los vagones del tren, había unos cuantos soldados de esos que van de permiso. Estaban alborotando y parecía que se lo pasaban muy bien. Decidí volverme a mi vagón, uno de los chicos me siguió.
Empezó a hablar conmigo, no estaba nada mal, el viaje se me hizo más corto hablando con él. Le conté la verdad de lo que iba a hacer. La atracción era mutua, nos besamos y estuvimos todo el viaje charlando, abrazándonos y acariciándonos como si fuéramos pareja. Cuando el tren ya estaba llegando a Madrid me dijo que me quedara con él en Madrid, nos iríamos a vivir juntos.
-¿para que te vas a ir tan lejos?, en Madrid estarás bien, yo cuidaré de ti.
Me imaginaba ¿quedarme en Madrid? -no podía-. Si lo hacía seguro que acabaría volviendo a casa, además me esperaba Tony en Taiwán. Tampoco tenía porque casarme con él, una vez allí vería como se presentaban las cosas. Quizá pudiera independizarme vivir por mi cuenta, no sé. Pero no podía quedarme, tenía que irme y cuanto mas lejos mejor.
El destino ponía tentaciones por mi camino intentando que cambiara el billete a mi nueva vida. Unos días antes de marchar de Gijón una de mis amigas también me había dicho que podía intentar devolver el billete de avión a la compañía aérea y corrernos una juerga a la salud de Tony con el dinero que nos dieran a cambio.
Yo ya había tomado una decisión y no podía dejar a Tony esperándome. El chico me ayudó con las maletas hasta el taxi y nos despedimos con un largo beso.
El tren salía a las once de la noche, allí estábamos en la estación; mi madre, mis hermanas, el marido de mi hermana mayor y su hija Yoli, una niñita preciosa de cuatro años, mi ahijada, que decía que quería irse conmigo.
Mi madre me advirtió que no hablara con nadie en el tren y que no se me ocurriera decirle a nadie a donde iba, que mintiera si alguien me preguntaba.
Iba en litera y de las cuatro que había en cada habitáculo a mi me correspondía la de la parte derecha que estaba abajo. Me asomé por la ventana y me quedé mirando a mi familia. El tren empezó a moverse, nos dijimos adiós. Me quedé mirando como se iban haciendo pequeños en la distancia. Había un hombre a mi lado asomado en la ventana, me preguntó a donde iba. Por un instante recordé las palabras de mi madre “no digas a nadie a donde vas”. Pero lo de mentir nunca me había gustado.
-voy a Madrid a coger un avión
-¿un avión para dónde?
No podía decir que me iba a China, me abordaría a preguntas y sería un rollo, llevaba contestando preguntas y recibiendo consejos desde que había tomado la decisión de irme y ya había tenido suficiente, no me apetecía hablar con él.
-un avión a París
-¿y a que vas a París? ¿Te espera alguien allí?
Dije lo primero que se me ocurrió, quería quitármelo de en medio.
-si me espera mi tía, voy casa de mi tía que vive en París, me quedaré a vivir con ella.
Dicho esto le ignoré y me fui a mi litera. Me senté en ella y empecé a pensar en todo lo que estaba ocurriendo. Me invadió una sensación de libertad. Acababa de cortar con todo, para empezar una nueva vida. Podía hacer lo que quisiera, tomar mis propias decisiones, ir a donde quisiera. Era una sensación extraña, no podía dormir, estaba demasiado emocionada.
Me fui a recorrer los vagones del tren, había unos cuantos soldados de esos que van de permiso. Estaban alborotando y parecía que se lo pasaban muy bien. Decidí volverme a mi vagón, uno de los chicos me siguió.
Empezó a hablar conmigo, no estaba nada mal, el viaje se me hizo más corto hablando con él. Le conté la verdad de lo que iba a hacer. La atracción era mutua, nos besamos y estuvimos todo el viaje charlando, abrazándonos y acariciándonos como si fuéramos pareja. Cuando el tren ya estaba llegando a Madrid me dijo que me quedara con él en Madrid, nos iríamos a vivir juntos.
-¿para que te vas a ir tan lejos?, en Madrid estarás bien, yo cuidaré de ti.
Me imaginaba ¿quedarme en Madrid? -no podía-. Si lo hacía seguro que acabaría volviendo a casa, además me esperaba Tony en Taiwán. Tampoco tenía porque casarme con él, una vez allí vería como se presentaban las cosas. Quizá pudiera independizarme vivir por mi cuenta, no sé. Pero no podía quedarme, tenía que irme y cuanto mas lejos mejor.
El destino ponía tentaciones por mi camino intentando que cambiara el billete a mi nueva vida. Unos días antes de marchar de Gijón una de mis amigas también me había dicho que podía intentar devolver el billete de avión a la compañía aérea y corrernos una juerga a la salud de Tony con el dinero que nos dieran a cambio.
Yo ya había tomado una decisión y no podía dejar a Tony esperándome. El chico me ayudó con las maletas hasta el taxi y nos despedimos con un largo beso.
Comentario:
no tenía miedo a desaparecer, lo que quería precisamente era desaparecer, pero si pensé si me lo pasaría mejor en Madrid, lo que pasa que Madrid era muy cerca y el chico tampoco era para tanto. un par de besos no me llegaron a conquistar.
Comentario:
Esta claro que el miedo a desaparecer te hizo dudar. Es una reacción logica-lo digo por la duda de quedarte en madrid-
Ah! para insertar fotos cuando vayasd a publicar el texto veras que aparece un menú que pone archivo, pues lo pulsas y desde alli te subiras antes la foto que quieras colocar y una vez que la tienes ahí, vuelves a hacer click en archivo de nuevo, eliges la foto que quieres y ...zas! ya está!...prueba que es facil. No veras la foto sino un codigo maquina,no te asustes. Si no te sale dimelo, vale?
Ah! para insertar fotos cuando vayasd a publicar el texto veras que aparece un menú que pone archivo, pues lo pulsas y desde alli te subiras antes la foto que quieras colocar y una vez que la tienes ahí, vuelves a hacer click en archivo de nuevo, eliges la foto que quieres y ...zas! ya está!...prueba que es facil. No veras la foto sino un codigo maquina,no te asustes. Si no te sale dimelo, vale?
Comentario:
que fuerte! estoy alucinado...continúaaaaaaaaaa
un beso!
un beso!






