25. Rutina
Intentaba pertenecer a su mundo, ser como ellos, sentirme una mas. Pero era algo imposible. A cualquier sitio donde iba, todo eran comentarios y miradas.
La gente vivía en la calle, normalmente se sentaban en la puerta de las casas a charlar, yo paseaba por los callejones y a veces me invitaban a sus casas, me ofrecían fruta.
Algunas veces me sentaba con ellas y me quedaba escuchándolas, pero aún no podía mantener una conversación, así que me limitaba a escuchar.
Algunas mujeres hablaban de la suerte que había tenido por casarme con el hijo del profesor. Y otras de la suerte que tenían ellos de que les fuera a dar un nieto.
Supongo que ser la mujer de un pescador hubiera sido mas duro, me gustaba ver los barcos zarpar, las mujeres despedían a sus maridos por la noche y por la mañana, ellas iban a esperarles cuando estos regresaban .
La mayoría de la pesca se metía en cajas con hielo para exportar. Por el día ellas arreglaban las redes estropeadas, mientras sus maridos descansaban.
Mi barriga iba creciendo a la vez que mi tristeza, todos eran atentos conmigo, pero no servía de mucho. No quería que mi bebe naciera allí, no podía contarle a nadie lo que sentía, me sentía sola.
En el pueblo todos se conocían, entraban unos en casa de otros, dando gritos preguntando por el personal, sino estaban se iban y volvían en otro momento. Pero no importaba si te quedabas y fisgabas, era normal todo el mundo lo hacía.
En una ocasión me encontré unas niñas en mi cuarto andando con mis cosas. Les gustaba mucho tocarlo todo, se echaban mi colonia y se embadurnaban con mi barra de labios. Eran pequeñas, tendrían cuatro o cinco años.
Cuando me vieron echaron a correr, todas menos ella “ying-su-a”.
Se me quedó mirando y me sonrió, “ying-sua” y yo nos hicimos grandes amigas, a partir de aquel día empezó a visitarme a diario. Jugaba con ella y me enseñaba a hablar.
Ya no podía ir al templo con mi suegra, a las mujeres embarazadas no les estaba permitido entrar. Tampoco se podía si se tenía la regla.
A veces le acompañaba y le esperaba afuera sentada en las escaleras o saludando a la gente que pasaba.
-吃饱了没? ¿has comido? Esta pregunta aparentemente normal significaba “Hola”
y es que era una de las formas que tenían de saludar.
Me acostumbré a decir que había comido, fuera cierto o no, ya que la primera vez que dije que no, se empeñaron en invitarme a comer.
Y es que lo normal es contestar: 吃饱 (-si, he comido-) que sería como contestar con otro “hola”.
La gente vivía en la calle, normalmente se sentaban en la puerta de las casas a charlar, yo paseaba por los callejones y a veces me invitaban a sus casas, me ofrecían fruta.
Algunas veces me sentaba con ellas y me quedaba escuchándolas, pero aún no podía mantener una conversación, así que me limitaba a escuchar.
Algunas mujeres hablaban de la suerte que había tenido por casarme con el hijo del profesor. Y otras de la suerte que tenían ellos de que les fuera a dar un nieto.
Supongo que ser la mujer de un pescador hubiera sido mas duro, me gustaba ver los barcos zarpar, las mujeres despedían a sus maridos por la noche y por la mañana, ellas iban a esperarles cuando estos regresaban .
La mayoría de la pesca se metía en cajas con hielo para exportar. Por el día ellas arreglaban las redes estropeadas, mientras sus maridos descansaban.
Mi barriga iba creciendo a la vez que mi tristeza, todos eran atentos conmigo, pero no servía de mucho. No quería que mi bebe naciera allí, no podía contarle a nadie lo que sentía, me sentía sola.
En el pueblo todos se conocían, entraban unos en casa de otros, dando gritos preguntando por el personal, sino estaban se iban y volvían en otro momento. Pero no importaba si te quedabas y fisgabas, era normal todo el mundo lo hacía.
En una ocasión me encontré unas niñas en mi cuarto andando con mis cosas. Les gustaba mucho tocarlo todo, se echaban mi colonia y se embadurnaban con mi barra de labios. Eran pequeñas, tendrían cuatro o cinco años.
Cuando me vieron echaron a correr, todas menos ella “ying-su-a”.
Se me quedó mirando y me sonrió, “ying-sua” y yo nos hicimos grandes amigas, a partir de aquel día empezó a visitarme a diario. Jugaba con ella y me enseñaba a hablar.
Ya no podía ir al templo con mi suegra, a las mujeres embarazadas no les estaba permitido entrar. Tampoco se podía si se tenía la regla.
A veces le acompañaba y le esperaba afuera sentada en las escaleras o saludando a la gente que pasaba.
-吃饱了没? ¿has comido? Esta pregunta aparentemente normal significaba “Hola”
y es que era una de las formas que tenían de saludar.
Me acostumbré a decir que había comido, fuera cierto o no, ya que la primera vez que dije que no, se empeñaron en invitarme a comer.
Y es que lo normal es contestar: 吃饱 (-si, he comido-) que sería como contestar con otro “hola”.
Comentario:
Tiene que ser muy fuerte eso de sentirte aislada y encima embarazada...
Interesante lo de Has comido?
Interesante lo de Has comido?
Comentario:
Vaya con las dichosas tradiciones, conozco algunas de varios paises y todas van de: si tienes la regla, si embarazada...pufff... siempre la toman con las chicas. Como siempre disfruto con tu lectura.
un beso
un beso
Comentario:
No me extraña que te sintieras sola. Supongo que yo me sentiría muy solo en una situación así, lejos de tu casa y de tus costumbres...y aún no sé si por entonces querías a tu marido o ibas a tener un hijo con un hombre que, al fín y al cabo, no significaba nada para tí...
En fín...
Preveo que la amistad con esa niña te sirvió de mucho.
un beso.
En fín...
Preveo que la amistad con esa niña te sirvió de mucho.
un beso.






