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在台灣的生活
¿qué es el pasado si no aquello que elegimos recordar?
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7. Preparativos de boda
Todos estaban muy ocupados preparando la boda, todos menos yo. En la aldea era la gran estrella, la primera occidental que veían. La gente quería ver como era esa chica de piel blanca, grandes ojos y narizotas.
Las puertas de casa eran corredizas y siempre estaban abiertas, solo se cerraban las de la calle al mediodía para la siesta y por la noche para dormir. Cuando me levantaba y las abría, siempre había un grupo de niños y no tan niños esperando para verme. Yo del susto al ver a tantas personas congregadas en la puerta, las cerraba rápidamente. No estaba acostumbrada a que tuvieran tanto interés en mi, sentirme tan observada me hacía estar incomoda y además me daba vergüenza, así que me volvía a la habitación y me quedaba allí. Mi futura suegra salía y les espantaba. –fuera de aquí, no hay nada que ver!!, imaginaba yo que les gritaba a los niños. Imaginaba por sus ademanes, porque no entendía nada de lo que decía nadie. Tendría que fiarme de mi buena intuición y deducción para saber lo que la gente decía.
Llegaron las invitaciones de boda, muy monas, de color rojo, el color de la suerte presente en todas las fiestas, ni idea de lo que ponía pero eran muy originales y llevaban un dragón y un fénix impreso en ellas. Estos dos animales de uso muy frecuente entre la población china significaban la unión de la pareja, pero además estos dos animales mitológicos son de los preferidos para simbolizar la buena suerte. Aunque en realidad el ave fénix es masculino en los matrimonios se supone que representa el lado femenino, ya que el masculino lo representa el dragón. Las imágenes de estos y otros animales mitológicos se haría frecuentes a partir de entonces en mi vida. invitacionboda.bmp
Me llevaron a la ciudad, 马公 Makong, la capital del archipiélago para elegir el vestido de novia. En la tienda había un montón de vestidos colgados de la pared. Me dijeron que eligiera uno, había de todos los colores. Señalé uno blanco, del estilo de los que se usaban en occidente. Me lo probaron y yo dije,- 好 “jao”-, (eso era vale), estaba aprendiendo a decir cosas sencillas. Me sacaron más vestidos.
Yo decía no, cogía el blanco y decía 好 “jao”, pero ellas se empeñaban en que me probara más. Algunos de color rojo, con lentejuelas y una abertura a un lado hasta la cadera. Era muy bonito pero no me parecía apropiado. Además ya había elegido uno. No entendía porque e empeñaban en que siguiera mirando mas. Seguía señalando el blanco para hacerles entender que ya estaba y que dejaran de meterme vestidos por las narices, aún así y ante su insistencia terminé probándome uno rosa también.
Lo que yo no sabía era que allí no se compraba un vestido de novia, la costumbre era alquilar unos cuantos e ir cambiándoselos el día de la boda. Por eso su insistencia en que eligiera más y yo en mis trece de que con uno tenía bastante.
Me fijaba en sus gestos y solía inventarme sus conversaciones, me hice con un bloc de notas y apuntaba las cosas que más oía y lo que yo suponía que era. Me quedaba observándoles, como gesticulaban, las reacciones de los demás según lo que dijeran. Al principio solo me daba cuenta de los tonos de sus voces, cuando estaban contentos, o enfadados, cuando bromeaban o hablaban en serio según las caras que pusieran. Aprendí a leer en sus movimientos aquello que querían decir. Seguramente muchas veces me equivocaba en lo que yo creía y lo que en realidad era, por ello solo puedo hablar por lo que yo pensaba entonces que pasaba y no por lo que realmente estaba pasando. Así y todo, podía sentir lo mucho que yo les agradaba a todos y eso me hacía sentir bien.
Fuimos algunas casas a visitar e invitar a parientes y amigos o lo que fuera. Era como un ritual, les llevábamos una especie de buñuelos fritos, pegajosos y grasientos, típicos por lo visto de las bodas.
Mucho 好好好 jao, jao, jao, sonrisas de oreja a oreja y muchas inclinaciones de cabeza, yo no inclinaba nada, en principio me resultaba molesto ese movimiento de cabeza.
Él empezó a decirme que por favor dejara de fumar en público. Las mujeres no fumaban. Según él, allí solo lo hacían las mujeres de mala vida y aunque en mi no estaba tan mal vissto por el hecho de que yo era extranjera, parece ser que a las personas de mas edad, si les molestaba que yo como mujer lo hiciera, sobre todo si iba a ser la mujer de un chino. El que peor llevaba esto era su abuelo, las miradas que este me dispensaba lo decían todo. Menos mal que apenas lo veía ya que vivía en 马公 Makong. Su cara de desagrado y desaprobación era todo un desafío para mí, que incentivaban mis ganas de retarle. No perdía la oportunidad de demostrarle que haría lo que quisiera, él no hablaba mi idioma y yo no le entendía, yo aprovechaba esto para hacer que no sabía que a él le molestaba. En realidad no fumaba mucho, pero solo el hecho de que me lo prohibieran despertaba en mí el deseo de llevar la contraria.
Esconderme para fumar por ser mujer. ¡¡Era lo que me faltaba!! En cuanto veía a su abuelo encendía un cigarrillo.
 
Comentario:
pues resulta que yo soy del estado de Veracruz, Mèxico... y mi suegra al igual que a el abuelo de tu novio tambien le molesta el "olor" a cigarrillo... gracias a Dios la veo nada... dejar de fumar es bueno... hacer cuando se te antoja es mejor
 
Comentario:
ljkljlkjklj
No