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在台灣的生活
¿qué es el pasado si no aquello que elegimos recordar?
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1. "Grand Felicity”
Era verano de 1985 por fin cumplía 18 años, esa edad tan esperada en la que dicen que ya eres adulto. ¿Qué significaba ser adulto? Poder hacer lo que te da la gana, tomar tus propias decisiones e intentar cambiar tu destino. Eso era para mí cumplir 18 años.
Para que eso ocurriera se deberían dar circunstancias apropiadas. Seguir trabajando en un taller de modista ocho horas al día no me facilitaría ningún cambio. Aun así era lo que tenía, no sabía hacer nada y no había podido estudiar más que lo entonces llamado Educación General Básica.
En 1985 ocurriría algo que afectaría directamente a toda mi vida, a mi futuro y a mi manera de vivir. Vivía en Gijón, una ciudad del norte de España con puerto de mar, a la que llegaban barcos procedentes de muchos lugares del mundo. Mi hermana trabajaba con el pescado, y por este motivo iba mucho por el muelle y conocía a gentes diversas.
Una tarde de sábado ella me llamó.
-¿qué haces todo el día metida en casa sin salir?-mañana nos vamos a la playa, ¿te apuntas? Hemos conocido a unos chinos y es muy divertido.
-Sabes que a mi la playa no me da más.
-venga, ya verás que raro hablan, iremos unos cuantos y lo pasaremos muy bien. Necesitas salir de casa.
Acepté ir con ella y su grupo de amigos a una playa cercana a nuestra ciudad. Unos chinos que hablan raro, que curioso.
Al día siguiente en la playa conocí a dos de los chinos que habían llegado a nuestra ciudad hacía meses en un carguero de bandera panameña. Estaban de huelga reclamando los sueldos que les debían y no sabían cuanto tiempo más se quedarían en España. Xiu era el mas joven de una tripulación compuesta por veinticinco chinos. Me pareció muy guapo para ser chino. Yo los imaginaba de otra manera, enseguida congeniamos y la atracción fue mutua. Me uní al grupo de mi hermana y empecé a salir con ellos. Los chinos eran seres diferentes, extraños y eso me atraía. En los días siguientes fuimos a discotecas con ellos, bailaban de una manera muy particular y nos reíamos de eso. También fuimos al barco, llamado “Grand Felicity”, que estaba atracado en el muelle de los minerales en el puerto del musel. Nos invitaron a comer en el y cocinaron para nosotros. Nunca antes había comido en un barco y menos siendo servida por chinos que habían hecho la comida para nosotros. Eran afables y nos hablábamos como podíamos entre gestos, mímicas y risas. La vida en el barco no era agradable para ellos, se fueron quedando sin reservas de comida y no encontraban una solución satisfactoria para su situación, lo que hizo que les trasladaran a la casa del mar, donde les dieron alojamiento en tanto se resolviera su problema.
Un día acompañé a Xiu a su habitación, nos besamos y acariciamos, pero yo no estaba preparada para tener relaciones sexuales. Así que le rechacé. A él no le pareció muy bien, se mostró contrariado, intentó convencerme, la comunicación entre nosotros era muy difícil, yo no entendía nada de lo que me decía y lo único que sabía es que no pensaba acostarme con él. Terminamos intercambiándonos direcciones, diciendo que nos escribiríamos y despidiéndonos. Era de Taipei, la capital de Taiwán. Al salir de su habitación, tiré su dirección a la papelera. ¿Para que iba a querer escribir a un tío que solo estaba interesado en mí por el sexo y que al rechazar hacerlo me decía adiós? De esos ya había conocido bastantes en España, no necesitaba uno más. Cuando salí a la calle, me encontré con un grupo de españoles y chinos. Entre ellos los amigos de mi hermana que ahora también eran amigos míos. Me saludaron y me uní al grupo. Entonces me fijé en uno de ellos. Estaba justo en frente de mí y me miraba insistentemente. Su mirada me atravesaba. Yo también le miré, no hablamos, no nos dijimos nada, solo nos mirábamos, sin apartar la vista el uno del otro. El resto del grupo hablaban entre ellos imagino que de quedar para salir, yo no entendía nada porque nunca había estudiado inglés, ni siquiera en el colegio donde el idioma que se aprendía entonces era el francés.
Al día siguiente me llamó una de las chicas del grupo, con la que mejor me llevaba, era de mi edad y nos habíamos hecho amigas aquel primer día de encuentro con los chinos en la playa. El chino de la mirada insistente se llamaba Tony y estaba desando conocerme y volverme a ver. Mi amiga me convenció para que saliéramos a dar una vuelta con Tony y un amigo de este que a ella le gustaba.
Fuimos a un pub echamos un billar y tomamos unos refrescos, para terminar en una discoteca. Yo odiaba bailar. Por lo que me encontraba plantada en un sillón de una discoteca, enfrente de un chino que tampoco bailaba y que su único interés parecía que era mirarme. Mucho mas no podíamos hacer, ya que nuestro idioma no era el mismo y solo podíamos poco mas que hacernos señas.
Nos fuimos de la discoteca y dimos un paseo. Le acompañé hasta la parada de autobús y fue entonces cuando me dijo algo:
-¿Mañana tú puede sale?
¡¡¡Dios mío sabía hablar!!! Parece que los casi cuatro meses que llevaba en España le habían servido para aprender alguna palabra.
Quedamos en vernos al día siguiente.
Sinema me dijo. Vale el cine me gustaba y si a él no le importaba no entender nada de lo que dijeran ¿por qué no ir?.
En la segunda cita el venía preparado con el diccionario bajo el brazo. Fuimos al cine o “sinema” como le llamaba él. Yo estaba algo nerviosa. Los cines son sitios ideales para estar un poco a solas. No podía evitar pensar si intentaría pasarse conmigo aprovechando que estábamos dentro del cine, pero no fue así.
Pasaron los primeros minutos de la Película y aún no tenía muy claro de lo que trataba. El motivo de esta desconcentración, era debido a que estaba más pendiente de si él me pondría el brazo por el hombro o me cogería de la mano que de lo que iba la película en sí. Yo solo le miraba por el rabillo del ojo. Mantenía la mirada fija en la pantalla y los sentidos puestos en lo que pudiera suceder. Entonces me percaté de que aparentemente a mi no me estaba haciendo ni puñetero caso y que su mirada estaba tan fija en la pantalla como la mía.

(Claro al no entender nada, no le quedaba otro remedio que estar atento a las imágenes si quería saber un poco de que iba)..... (Además luego podríamos comentarla utilizando la lengua de signos.....)

Una vez que estuve completamente segura de que no pensaba arriesgarse ni siquiera a tocarme la mano, me acomodé en mi sillón y disfruté de la película. Salimos del cine, -¿cofi?, Me dijo él-, (eso era café), al menos estaba aprendiendo idiomas.
Nos tomamos un café y ahí fue donde entró en juego el diccionario.
Menudo diccionario, era de chino-inglés. Ósea el buscaba en chino lo que quería decirme y yo podía leerlo en inglés. Menos mal que era muy buena deduciendo. Y hasta aprendí alguna palabra en chino...
明天 Mintien = mañana
工作 Konchuo = trabajo
Mañana trabajo ¿quién tú? Coño pero si estás en huelga, aaaaaaaahhhhh se refería a mi. Si, que remedio me quedaba que trabajar al día siguiente.
El fin de semana tendríamos más tiempo para nosotros. Hasta ese momento las tardes que salíamos eran poco tiempo y nos limitábamos a tomar un café, ir al cine y luego a acompañarle hasta la parada de autobús. A mi me gustaba, porque hasta ese momento se había comportado de una forma muy correcta, sin ni siquiera intentar cogerme de la mano, ni intento de besos, ni nada por el estilo. Y por este motivo, yo pensaba que era un hombre muy serio y educado. Acostumbrada a chicos que enseguida querían besarme y tocarme, me gustaba esa sensación de compartir un día sin más pretensiones que pasear y disfrutar de una compañía. Él tenía veintiocho años, y para mí ese era el motivo de su comportamiento.
El sábado por la tarde yo no trabajaba, y le había dicho que iría con él al barco. El Grand Felicity” así se llamaba el barco, en el cual no vivían, pero utilizaban como nido de amor.
Era la segunda vez que subía a ese barco. La otra vez solo había estado en la cubierta y el comedor aquella vez en que nos habían invitado a comer.
En esta ocasión él me llevó directamente a su camarote. Había un montón de cucarachas corriendo por el barco. Mientras caminábamos por los pasillos en dirección a su camarote, me iba fijando en el resto de las habitaciones asomándome por las ventanas redondas de sus puertas. Estos estaban ocupados por algunos de la tripulación bien acompañados y pasándoselo en grande. Por un momento lo que pensé fue que al final él no era diferente, me llevaba a su habitación, y por supuesto no era tan tonta como para no imaginarme lo que querría.
Llegamos a su habitación, era un camarote pequeño, como mucho tendría unos seis metros cuadrados. Tan solo había una cama y una mesita con cajones, una ventana redonda en la pared por donde se podía ver el mar, -pensé lo que sería pasarse meses en un barco así-.
La situación era un poco tirante, sin hablar, solo mirándonos y en aquel espacio tan reducido donde solo había un camastro.
Me cogió de la mano y nos sentamos en la cama. Me preguntaba que hacia allí, sentada en el borde de una cama con un tipo al que no entendía.
Después de haber visto lo que ocurría en los otros camarotes, me imaginé de todo y pensaba en como saldría de aquella. Entonces me cogió por los hombros y me intentó echar hacia atrás, yo reaccioné bruscamente, y él dijo,-No problem, no pasar nada-.
Por suerte se dio cuenta de que yo no quería tener ese tipo de relación, acababa de conocerle, iba demasiado rápido. Claro que tampoco tenía mucho tiempo, en breve le repatriarían a su país. Yo no quería ser un pasatiempo para nadie y creo que le quedó clara mi postura al respecto ya que no dijo nada más, solo otra vez “no problem” y “nosotros ir”.
A veces me pregunto porque salía con él, y la verdad no sé la respuesta. Creo que era la curiosidad de conocer a alguien diferente. Y el hecho de que pensara que la vida no tenía sentido.
El que le hubiera rechazado implicó que me pidiera matrimonio. La sociedad de donde él venía (algo más machista que la nuestra), veía bien que la mujer no se acostara de buenas a primeras. Supongo que eso, y el que sus padres estaban deseando un nieto, fue lo que le hizo tomar la decisión de pedirme que me casara con él
Solíamos quedar todos los días cuando yo salía de trabajar a las ocho de la tarde. Repetíamos lo mismo cada día, pasear y tomar algo mientras nos hablábamos por señas, dibujos y diccionario.
Un día en los que estábamos dando un paseo, nos sentamos en el banco de un parque. Fue entonces cuando buscó en el diccionario la palabra "married". Aunque yo solo había estudiado algo de francés en la escuela, -ya que de aquella el inglés no estaba muy de moda-, la palabra “married” me resultaba conocida. La había oído alguna vez a la gente que si estudiaba inglés.
-married, repetí yo después de él.
-si, yo con ti married. –yo marcha Taiwán, tú venir Taiwán y married con mí.
-¿este tío me esta pidiendo que me case con él? Me parecía increíble, apenas lo conocía, ¿qué podía hacer que un hombre me pidiera matrimonio así sin más?
-todo no problem, yo ir Taiwán. –tu piensa, no habla ahora.
En poco tiempo le repatriarían, no podían seguir en España. Habían decidido enviarlos de vuelta a su país. Y firmaron un acuerdo en el que se comprometían a hacerles llegar sus sueldos cuando se resolviera todo aquel asunto. Algo que nunca ocurriría, la casa armadora había desaparecido. Y un año más tarde, en 1986, el barco se soltaría y se estrellaría contra un acantilado siendo pasto de los sopletes en el mismo lugar donde se terminó estrellando. Según las malas lenguas, o quizá buenas, alguien cortó la amarra porque no pagaba por estar atracado en el muelle y así deshacerse de él, aprovechando un día ventoso.

En 1998 una noticia en el periódico local recordaba así aquella tragedia



 
Comentario:
Hola!
Acabo de empezar a leerme el blog y decirte que tienes algo especial.
Me encanta como narras todo lo que ocurre y bueno... me he quedado muy impresionada por esta entrada precisamente.
Voy a ser asidua a leerlo.
Un saludo desde Madrid!
 
Comentario:
Ya sé que estamos en 2006, y que debería haber pasado por aquí hace mucho.

He retomado tu blog desde el comienzo. Me atrapa completamente, por cómo escribes, y por las experiencias que has vivido.

Más que un blog, merecerías un libro.

En marzo de 2006 (porque nunca es tarde, si la dicha es buena), muchos abrazos.

奥日佳
 
Comentario:
Muchas gracias por tus comentarios, me encanta que te hayas pasado por el primer Post, en el primer post se descubre un poco del autor, despues el post cobra vida, y en muchos casos al final no te pertenece.
Un saludo, te iré leyendo, pues veo que hay mucho que leer en tu blog.

 
Comentario:
Gracias por tu comentario. He incluido un enlace tuyo en mi blog. Hay mucho para leer en el tuyo.
Me gustan los blogs en las que uno habla de su pasado, como haces tu, y como has podido ver en el mio.
Un saludo.
 
Comentario:
buen comienzo de semana y + besitos salados de CHOI
 
Comentario:
mas besitos de CHOI, salados XD!!
 
Comentario:
Veo que tenemos algo en común,¡me encanta!pasaré a leerte,espero que visites la mía,saludos con Salsa de Soja.
 
Comentario:
Gracias por tu visita, sigo atento a tus relatos
Un saludo
 
Comentario:
Jajajajaja, te descubro ahorita. Voy a enlaces, me pillo ése de superman y aparezco en mi blog, jajajaja. Gracias.
Me ha gustado descubrirte. Quiero leerte, quiero saber lo que aprendiste allí.
Un beso.
 
Comentario:
Hola! me alegro que te gustasen mis pequeños cuentos y gracias por leerlos.
PD: a ver si el chino se entera de algo ;-)
 
Comentario:
Me gusta muchísimo la forma que tienes de relatar. Y el aspecto de tu blog, los colores, las letras, las historias.
 
Comentario:
Que pasô en el sinema? no nos dejes en ascuas, maja!! Tuviste rollito de primavera o que!! sigue contando
 
Comentario:
Una historia muy bonita.
;)
 
Comentario:
uyss q emocionante XD!!
vendre mas a verte!!
besitos salados de CHOI
 
Comentario:
Tu historia promete, me parece que voy a seguir leyéndote a ver qué sorpresas me llevo jajajaja. Un beso!
No