85. Piao hui
Ir a los piaohuies, era como una diversión más. Aunque no se participara en uno de ellos, se podía ir solo por cotillear y ver gente. Recuerdo la primera vez que acompañé a mi suegra a uno. Se reunieron en casa de una mujer que era la que organizaba el Piaohui, habría unas veintipico personas. Pero no estaban todos los participantes, puesto que no era necesario que asistieran todos. Entonces repartían unos trocitos de papeles donde cada uno escribía una cifra. Yo no entendía nada, no todos escribían, algunos solo miraban. Y luego decían, -se lo lleva fulanito.
Se decían cosas, como.
-que pena, yo lo necesitaba a ver si tengo mas suerte la próxima vez. Sino voy a tener que participar en otro, que necesito el dinero ya etc…
Al principio me daba igual de lo que fuera aquello, solo sabía que había dinero por en medio y que parecía que se lo pasaban bien charlando y de paso que se veían.
No fue hasta un año más tarde, en 1991 cuando volví de vacaciones con Yutan que se me ocurrió preguntar.
-mama, ¿cómo se hace un piaohui? ¿En que consiste, como son las reglas?
Ella me lo explicó, poniéndome ejemplos para que lo entendiera bien. Y creo que mas o menos me quedó claro esa forma tan particular de hacerse préstamos o ahorrar.
Para que sea más fácil de explicar haré un ejemplo con pequeñas cantidades.
Imaginemos que participan 10 personas, cada uno pone una cantidad, por decir algo 1000 Euros, pesetas o la moneda que sea. Por lo tanto tenemos 10.000. Luego escribirán en un papel sin que lo vea el resto una cifra. Se mira a ver quien ha escrito la cifra más alta y ese es el que se queda con el dinero. Pongamos que el de la cifra más alta que se ha escrito es 100, esto quiere decir que tiene que dar 100 a cada uno de los allí presentes. Ósea que como son nueve tiene que dar 900 que se restan de las 10000 y por lo tanto solo se lleva 9100. Esta persona tendrá que seguir pagando 1000 durante los nueve meses restantes, por lo tanto será la primera que ha conseguido el dinero y ya no tiene porque volver. El resto se reunirá una vez al mes y harán lo mismo.
Cada mes habrá una persona menos, por lo tanto la cifra escrita se pagará a uno menos.
Esto quiere decir que el último de todos será el que mejor saldrá económicamente hablando. Las cantidades son un ejemplo que he dado, lo normal es que participaran unas 50 personas y en aquel entonces al mes se solía poner unos 200 euros aproximadamente. Lo que quiere decir que para el que se llevaba el dinero era como obtener un crédito de unos diez mil euros más o menos. Lo que pagan a cada uno viene a ser como la comisión que se paga por un préstamo. Algunos lo ven como un ahorro y no participan hasta el final porque en realidad el último en conseguir el dinero es el que menos digamos interés pagará. Por supuesto existe un pequeño riesgo, la persona que ha organizado el piaohui será la que tendrá que ocuparse de que el resto pague todos los meses, y en el caso de que alguien falle lo tendrá que poner de su bolsillo. Pero esto según mi suegra es muy difícil que ocurra, porque es una aldea muy pequeña donde todos se conocen y en el caso de que así fuera seguramente sería por algún problema gordo, ya que ellos son personas a las que normalmente no les gusta tener deudas y en cuanto pueden las pagan.

Por fin pudieron operar a mi suegra de la pierna. Se quedaría en Taiwán un tiempo para recuperarse y luego volvería. Yo estaba acostumbrada a que ella dirigiera la casa, así que sin ella me sentía un poco perdida. Mientras ella estaba yo no tenía que preocuparme de la compra, ni de la comida. Yo le ayudaba con todas las tareas, compras y demás. Pero no tenía que decidir nada. Y no es que me importara hacerlo para mí, pero mi suegro no era tan fácil de contentar. Y eso de tener que decidir que hacer para él, yo no lo llevaba muy bien. Por ello Tony vino a casa. Yutan solía ir a la guardería y yo muchas veces me quedaba en la guardería con él, porque no tenía mucho que hacer y porque me gustaba aprender las canciones infantiles con los niños y estar entre ellos. El caso es que cuando decidí no quedarme en la guardería Yutan se ponía a llorar y no quería quedarse sin mí, por lo que muchas veces me lo terminaba llevando conmigo otra vez. Y era como haber ido hasta la guardería a dar un paseo.
También tuve que dejar las clases de chino, yo dejaba a Yutan con mi suegra para ir a ellas y como ella no estaba solo podía ir si lo llevaba conmigo. Pero Yutan era demasiado pequeño para poder estarse quieto en las clases. Una de las cosas que más sentía era tener que dejar de asistir a estas clases cuando me fuera para España.
Tony había estado en casa. Yo solía dormir con Yutan. Y Tony dormía en cualquier cama. En casa o en la casa de al lado, la de su tía.
A la hora de la siesta se echó en nuestra cama. Aún no sé que extraña fuerza hizo que me tendiera a su lado y arrimara mi cuerpo al de él. Llevábamos años sin tener relaciones, pero necesitaba sentir a alguien cerca. Así que me acerqué y me pegué a él. Al momento el se levantó protestando. Das mucho calor dijo apartándome, cogió la almohada y la puso en el suelo donde se echó dándome la espalda.
Me quedé mirándole y pensando en lo estúpida que había sido. Me sentí rechazada y me entraron ganas de llorar. Él a los cinco minutos ya estaba roncando.
Lo nuestro ya no tenía remedio. Todo había terminado. No volvería a acercarme a él. Me quedaba muy poco tiempo para seguir allí, solo unos meses y volvería a España y empezaría mi vida de nuevo.
Mi suegra volvió en cuanto se recuperó y pudo caminar. Tenía que llevar muletas, nos contó todos los detalles de cómo le había ido. Ahora tenía que recuperarse de la operación. Pero nunca quedaría bien del todo. En el futuro le harían varias operaciones, en las que mejoraría pero no del todo. Aún hoy sigue mal. Yo creo que quizá hubiera sido mejor no operarse, aunque sufría de fuertes dolores en su rodilla, después de las operaciones cojeaba. Yo no entendía de medicina, pero pensaba que si antes no cojeaba y ahora sí. Es que lo que le habían hecho muy bueno no era.
Se decían cosas, como.
-que pena, yo lo necesitaba a ver si tengo mas suerte la próxima vez. Sino voy a tener que participar en otro, que necesito el dinero ya etc…
Al principio me daba igual de lo que fuera aquello, solo sabía que había dinero por en medio y que parecía que se lo pasaban bien charlando y de paso que se veían.
No fue hasta un año más tarde, en 1991 cuando volví de vacaciones con Yutan que se me ocurrió preguntar.
-mama, ¿cómo se hace un piaohui? ¿En que consiste, como son las reglas?
Ella me lo explicó, poniéndome ejemplos para que lo entendiera bien. Y creo que mas o menos me quedó claro esa forma tan particular de hacerse préstamos o ahorrar.
Para que sea más fácil de explicar haré un ejemplo con pequeñas cantidades.
Imaginemos que participan 10 personas, cada uno pone una cantidad, por decir algo 1000 Euros, pesetas o la moneda que sea. Por lo tanto tenemos 10.000. Luego escribirán en un papel sin que lo vea el resto una cifra. Se mira a ver quien ha escrito la cifra más alta y ese es el que se queda con el dinero. Pongamos que el de la cifra más alta que se ha escrito es 100, esto quiere decir que tiene que dar 100 a cada uno de los allí presentes. Ósea que como son nueve tiene que dar 900 que se restan de las 10000 y por lo tanto solo se lleva 9100. Esta persona tendrá que seguir pagando 1000 durante los nueve meses restantes, por lo tanto será la primera que ha conseguido el dinero y ya no tiene porque volver. El resto se reunirá una vez al mes y harán lo mismo.
Cada mes habrá una persona menos, por lo tanto la cifra escrita se pagará a uno menos.
Esto quiere decir que el último de todos será el que mejor saldrá económicamente hablando. Las cantidades son un ejemplo que he dado, lo normal es que participaran unas 50 personas y en aquel entonces al mes se solía poner unos 200 euros aproximadamente. Lo que quiere decir que para el que se llevaba el dinero era como obtener un crédito de unos diez mil euros más o menos. Lo que pagan a cada uno viene a ser como la comisión que se paga por un préstamo. Algunos lo ven como un ahorro y no participan hasta el final porque en realidad el último en conseguir el dinero es el que menos digamos interés pagará. Por supuesto existe un pequeño riesgo, la persona que ha organizado el piaohui será la que tendrá que ocuparse de que el resto pague todos los meses, y en el caso de que alguien falle lo tendrá que poner de su bolsillo. Pero esto según mi suegra es muy difícil que ocurra, porque es una aldea muy pequeña donde todos se conocen y en el caso de que así fuera seguramente sería por algún problema gordo, ya que ellos son personas a las que normalmente no les gusta tener deudas y en cuanto pueden las pagan.

Por fin pudieron operar a mi suegra de la pierna. Se quedaría en Taiwán un tiempo para recuperarse y luego volvería. Yo estaba acostumbrada a que ella dirigiera la casa, así que sin ella me sentía un poco perdida. Mientras ella estaba yo no tenía que preocuparme de la compra, ni de la comida. Yo le ayudaba con todas las tareas, compras y demás. Pero no tenía que decidir nada. Y no es que me importara hacerlo para mí, pero mi suegro no era tan fácil de contentar. Y eso de tener que decidir que hacer para él, yo no lo llevaba muy bien. Por ello Tony vino a casa. Yutan solía ir a la guardería y yo muchas veces me quedaba en la guardería con él, porque no tenía mucho que hacer y porque me gustaba aprender las canciones infantiles con los niños y estar entre ellos. El caso es que cuando decidí no quedarme en la guardería Yutan se ponía a llorar y no quería quedarse sin mí, por lo que muchas veces me lo terminaba llevando conmigo otra vez. Y era como haber ido hasta la guardería a dar un paseo.
También tuve que dejar las clases de chino, yo dejaba a Yutan con mi suegra para ir a ellas y como ella no estaba solo podía ir si lo llevaba conmigo. Pero Yutan era demasiado pequeño para poder estarse quieto en las clases. Una de las cosas que más sentía era tener que dejar de asistir a estas clases cuando me fuera para España.
Tony había estado en casa. Yo solía dormir con Yutan. Y Tony dormía en cualquier cama. En casa o en la casa de al lado, la de su tía.
A la hora de la siesta se echó en nuestra cama. Aún no sé que extraña fuerza hizo que me tendiera a su lado y arrimara mi cuerpo al de él. Llevábamos años sin tener relaciones, pero necesitaba sentir a alguien cerca. Así que me acerqué y me pegué a él. Al momento el se levantó protestando. Das mucho calor dijo apartándome, cogió la almohada y la puso en el suelo donde se echó dándome la espalda.
Me quedé mirándole y pensando en lo estúpida que había sido. Me sentí rechazada y me entraron ganas de llorar. Él a los cinco minutos ya estaba roncando.
Lo nuestro ya no tenía remedio. Todo había terminado. No volvería a acercarme a él. Me quedaba muy poco tiempo para seguir allí, solo unos meses y volvería a España y empezaría mi vida de nuevo.
Mi suegra volvió en cuanto se recuperó y pudo caminar. Tenía que llevar muletas, nos contó todos los detalles de cómo le había ido. Ahora tenía que recuperarse de la operación. Pero nunca quedaría bien del todo. En el futuro le harían varias operaciones, en las que mejoraría pero no del todo. Aún hoy sigue mal. Yo creo que quizá hubiera sido mejor no operarse, aunque sufría de fuertes dolores en su rodilla, después de las operaciones cojeaba. Yo no entendía de medicina, pero pensaba que si antes no cojeaba y ahora sí. Es que lo que le habían hecho muy bueno no era.
86. La despedida.
Con lo que tenía en el banco solo me llegaba para mi billete, pero mama pago el billete de Yutan. Solo billetes de ida. Hasta entonces siempre habíamos sacado billetes de ida, por lo que eso no significaba que no volveríamos. De hecho lo que hablamos fue que iríamos de vacaciones, unas vacaciones largas, para poder ver a mi familia y estar con ellos una temporada. Nos íbamos en junio, pasaríamos el verano y luego ya volveríamos. En el fondo tanto ellos como yo sabíamos que no había nada seguro respecto a la vuelta. Ya tenía el billete reservado, sabía horarios salida y destino. Se lo comuniqué a mi madre por carta para que supieran cuando llegábamos.

Dos años y medio sin verles, sin ver a ningún español. Y sin apenas hablar mi idioma. Si tenía tantas ganas de volver, ¿por qué me sentía apenada? Me apenaba ver a papa, triste, pensativo, y me avergonzaba sentir alegría por irme cuando ellos sentía pena. Sobre todo, porque sabía que jamás me negarían nada, porque a pesar de lo mucho que les dolía que me llevara a Yutan, lo aceptaban con resignación y no solo no trataban de impedirlo sino que me ayudaban con la compra del billete y todos los preparativos. Siempre me decían que yo era una hija para ellos. Yo los sentía como mis padres, porque como tales se habían portado y por ese motivo, sentía una mezcla de alegría y tristeza al mismo tiempo. ¿y Tony? Tony no era mala persona, tan solo anticuado y algo machista. El había cumplido con sus padres. La ilusión de estos era verle casado y tener un nieto. Y ya estaba hecho, después de realizar el sueño de sus padres quería vivir su vida, libre, sin ataduras de ningún tipo. Una mujer y un niño eran una carga demasiado pesada que no quería. Le agobiaban las responsabilidades y si sus padres estaban dispuestos a asumirlas por él, no veía nada de malo en eso. Además siempre me hablaba de nuestra incompatibilidad de caracteres. ¿Y yo?, yo no quería ser una carga para nadie, ni que mi hijo lo fuera. Sé que nunca lo fui para mis suegros porque ellos me demostraron muchas veces que eran felices con nosotros viviendo allí. Pero ansiaba ser independiente, siempre había querido serlo y me sentía atada. Atada a ellos, a su afecto incondicional que me abrasaba. Por fin vislumbraba una salida, en realidad no sabía lo que pasaría. Volver a España no significaba poder quedarme en mi país. No quería depender de mi madre y con un niño todo sería más difícil. No pensaría en nada, iría como de vacaciones, si veía la posibilidad de quedarme me quedaría y sino siempre podría volver. Todo el pueblo se enteró de que nos íbamos. –ya lo sabía, ya decía yo que era raro que aguantara tanto, decían algunos vecinos los últimos días que paseaba por la callejuelas de Wai-an. –Pues el profesor Lin lo va a pasar mal sin su nieto, decían otros. Va a ver a su madre que lleva muchos años sin verla, decía mi suegra. Hasta que llegó el día de partir. Ese día no se me olvidará porque papa no quiso vernos ni despedirse. Quiso que fuera un día normal y que cuando nos fuéramos no dijéramos nada, como si no nos hubiéramos ido. Mama dijo que no soportaría la despedida y que era mejor así. Nos íbamos a kaohsiung desde donde saldría el avión para España, esa noche dormiríamos en casa de mi cuñada que vivía en esa ciudad.

Dos años y medio sin verles, sin ver a ningún español. Y sin apenas hablar mi idioma. Si tenía tantas ganas de volver, ¿por qué me sentía apenada? Me apenaba ver a papa, triste, pensativo, y me avergonzaba sentir alegría por irme cuando ellos sentía pena. Sobre todo, porque sabía que jamás me negarían nada, porque a pesar de lo mucho que les dolía que me llevara a Yutan, lo aceptaban con resignación y no solo no trataban de impedirlo sino que me ayudaban con la compra del billete y todos los preparativos. Siempre me decían que yo era una hija para ellos. Yo los sentía como mis padres, porque como tales se habían portado y por ese motivo, sentía una mezcla de alegría y tristeza al mismo tiempo. ¿y Tony? Tony no era mala persona, tan solo anticuado y algo machista. El había cumplido con sus padres. La ilusión de estos era verle casado y tener un nieto. Y ya estaba hecho, después de realizar el sueño de sus padres quería vivir su vida, libre, sin ataduras de ningún tipo. Una mujer y un niño eran una carga demasiado pesada que no quería. Le agobiaban las responsabilidades y si sus padres estaban dispuestos a asumirlas por él, no veía nada de malo en eso. Además siempre me hablaba de nuestra incompatibilidad de caracteres. ¿Y yo?, yo no quería ser una carga para nadie, ni que mi hijo lo fuera. Sé que nunca lo fui para mis suegros porque ellos me demostraron muchas veces que eran felices con nosotros viviendo allí. Pero ansiaba ser independiente, siempre había querido serlo y me sentía atada. Atada a ellos, a su afecto incondicional que me abrasaba. Por fin vislumbraba una salida, en realidad no sabía lo que pasaría. Volver a España no significaba poder quedarme en mi país. No quería depender de mi madre y con un niño todo sería más difícil. No pensaría en nada, iría como de vacaciones, si veía la posibilidad de quedarme me quedaría y sino siempre podría volver. Todo el pueblo se enteró de que nos íbamos. –ya lo sabía, ya decía yo que era raro que aguantara tanto, decían algunos vecinos los últimos días que paseaba por la callejuelas de Wai-an. –Pues el profesor Lin lo va a pasar mal sin su nieto, decían otros. Va a ver a su madre que lleva muchos años sin verla, decía mi suegra. Hasta que llegó el día de partir. Ese día no se me olvidará porque papa no quiso vernos ni despedirse. Quiso que fuera un día normal y que cuando nos fuéramos no dijéramos nada, como si no nos hubiéramos ido. Mama dijo que no soportaría la despedida y que era mejor así. Nos íbamos a kaohsiung desde donde saldría el avión para España, esa noche dormiríamos en casa de mi cuñada que vivía en esa ciudad.
87. En el aeropuerto
Mama nos acompañó al aeropuerto. Yutan tenía tres años y medio, no usaba pañales, pero si tomaba el biberón y chupete. Lo del biberón era mas vicio que otra cosa, ya que tenía un agujero enorme por donde bebía la leche. Leche en polvo, normalmente importada de Nueva Zelanda, reconstituida. Allí la leche fresca era difícil de comprar.
Yo había intentado que dejará de usar el biberón y el chupete sin éxito, así que aproveché la ocasión.
-¿quieres ir con mami a España?
-claro yo quiero estar siempre con mami. Me dijo.
-Pues en España, no dejan entrar con biberón y tampoco se puede tomar chupete. Si quieres venir conmigo tendrás que dejarlo aquí y olvidarte de ellos. Tenemos que pasar por ahí mira. Le dije apuntando a donde estaba la policía que hacía el control de pasaportes, si pasas y te lo ven no te dejarán pasar.
Cogió el biberón y el chupete y se lo dio a mi suegra, toma abuelita, guárdamelos para cuando vuelva, le dijo.
-sí te quedas con abuelita, podrás seguir tomando biberón y chupo, quédate, ¿quieres?. Dijo mi suegra. Lo dijo por decir, ella sabía que yo no me iría sin él y que él tampoco se quedaría sin mí. Estábamos demasiado unidos. Yo siempre le acunaba, le cantaba nanas chinas para dormir y le contaba cuentos. Al principio eran los clásicos, caperucita, los tres cerditos, las siete cabritillas. Pero una vez le conté el cuento de una española que se fue a un país lejano y se casó con un hombre extraño al que no entendía y como ella tuvo que aprender las costumbres de este hombre y al final de su amor había nacido un niño precioso al que todo el mundo amaba. Era su cuento preferido y yo disfrutaba adornándolo e inventándome cosas bonitas que denotaran un final feliz. Este cuento se había convertido en su favorito, y siguió siéndolo durante años. Cada vez que le iba a contar un cuento me decía. -¡Cuéntame ese de la chica que conoció a un chino y se casó con él!.
-No, ese ya te lo he contado muchas veces.
- por favor mami, ese, que me gusta mucho.
A pesar de tener tres años aún seguía llevándolo atado a mi espalda. Fue otra de las costumbres que tuve que quitarle. Pero eso sería una vez ya en España.
Llegó el momento de irnos. No había besos, no era su costumbre, tan solo una mirada. No había palabras, no era necesario decir nada. Un silencio ensordecedor. Ella agarró a Yutan y lo abrazó antes de que yo tomara su mano y nos dirigiéramos caminando hacia el control de pasaportes con la tarjeta de embarque en mano. Después de pasar el control, me giré y me quedé mirándola. Estaba pegada al cristal que separaba una estancia de otra, con las manos sobre él y las lágrimas recorriendo sus mejillas.
-mira abuelita, dile adiós. Le dije a Yutan.
Él levantó la mano y se despidió, después me giré atravesando una puerta por la que ya la perderíamos de vista.
Primer vuelo Kaoshiung-Hongkong. Cuando el avión ya había despegado y estábamos surcando el cielo, me dí cuenta de que ya no había vuelta atrás. Mientras miraba por la ventanilla del avión con Yutan, recordaba la cara de mama llena de lágrimas y yo también lloré.
-¿por qué lloras mama? Me preguntó Yutan.
-de alegría, volvemos a España, voy a ver a mi mama. ¿tu quieres conocerla? Le pregunté.
-yo quiero estar contigo. Me contestó.
Yo había intentado que dejará de usar el biberón y el chupete sin éxito, así que aproveché la ocasión.
-¿quieres ir con mami a España?
-claro yo quiero estar siempre con mami. Me dijo.
-Pues en España, no dejan entrar con biberón y tampoco se puede tomar chupete. Si quieres venir conmigo tendrás que dejarlo aquí y olvidarte de ellos. Tenemos que pasar por ahí mira. Le dije apuntando a donde estaba la policía que hacía el control de pasaportes, si pasas y te lo ven no te dejarán pasar.
Cogió el biberón y el chupete y se lo dio a mi suegra, toma abuelita, guárdamelos para cuando vuelva, le dijo.
-sí te quedas con abuelita, podrás seguir tomando biberón y chupo, quédate, ¿quieres?. Dijo mi suegra. Lo dijo por decir, ella sabía que yo no me iría sin él y que él tampoco se quedaría sin mí. Estábamos demasiado unidos. Yo siempre le acunaba, le cantaba nanas chinas para dormir y le contaba cuentos. Al principio eran los clásicos, caperucita, los tres cerditos, las siete cabritillas. Pero una vez le conté el cuento de una española que se fue a un país lejano y se casó con un hombre extraño al que no entendía y como ella tuvo que aprender las costumbres de este hombre y al final de su amor había nacido un niño precioso al que todo el mundo amaba. Era su cuento preferido y yo disfrutaba adornándolo e inventándome cosas bonitas que denotaran un final feliz. Este cuento se había convertido en su favorito, y siguió siéndolo durante años. Cada vez que le iba a contar un cuento me decía. -¡Cuéntame ese de la chica que conoció a un chino y se casó con él!.
-No, ese ya te lo he contado muchas veces.
- por favor mami, ese, que me gusta mucho.
A pesar de tener tres años aún seguía llevándolo atado a mi espalda. Fue otra de las costumbres que tuve que quitarle. Pero eso sería una vez ya en España.
Llegó el momento de irnos. No había besos, no era su costumbre, tan solo una mirada. No había palabras, no era necesario decir nada. Un silencio ensordecedor. Ella agarró a Yutan y lo abrazó antes de que yo tomara su mano y nos dirigiéramos caminando hacia el control de pasaportes con la tarjeta de embarque en mano. Después de pasar el control, me giré y me quedé mirándola. Estaba pegada al cristal que separaba una estancia de otra, con las manos sobre él y las lágrimas recorriendo sus mejillas.
-mira abuelita, dile adiós. Le dije a Yutan.
Él levantó la mano y se despidió, después me giré atravesando una puerta por la que ya la perderíamos de vista.
Primer vuelo Kaoshiung-Hongkong. Cuando el avión ya había despegado y estábamos surcando el cielo, me dí cuenta de que ya no había vuelta atrás. Mientras miraba por la ventanilla del avión con Yutan, recordaba la cara de mama llena de lágrimas y yo también lloré.
-¿por qué lloras mama? Me preguntó Yutan.
-de alegría, volvemos a España, voy a ver a mi mama. ¿tu quieres conocerla? Le pregunté.
-yo quiero estar contigo. Me contestó.