46. Vacunas y salud
Cuando se vive en un país extranjero en el que no comprendes bien el idioma, el tema de la salud es uno de los que peor se llevan. Por mi misma no me importaba, pero con un niño la cosa cambia. La mayoría del vocabulario de términos médicos es muy difícil de comprender.
Llevamos a Yutan a una revisión. Después de mirar las vacunas que le habían puesto en España nos dijeron que le faltaban algunas de las que se ponían en Taiwán y que en España por aquel entonces, no estaban dentro del calendario vacunal.
No entendía mucho de vacunas, solo me enteré de que una tenía que ver con el hígado y que era muy importante porque la incidencia de la enfermedad allí era bastante alta, y que la otra era sobre una inflamación de una parte del cerebro y que tenía algo que ver con Japón.
Para ser sincera, no me fiaba mucho de cómo administraban la medicina a la que ellos llamaban occidental. Esta desconfianza me venía de ver como se ponían inyecciones sin que tuvieran ninguna enfermedad aparentemente seria. Les gustaba mucho ponerse goteros por un simple resfriado y cuando el médico no se lo ponía, era el mismo paciente el que lo pedía y el médico acedía sin más, (sin mas es un decir porque cobraba por ello). Era como la panacea, luego decían sentirse mas fuertes. A mi suegra le encantaba, yo le decía que no creía que eso fuera muy bueno. Mi suegro por el contrario era muy reacio a esos métodos, el prefería remedios naturales.
El caso es, que allí todos los niños se ponían esas dos vacunas que le faltaban a Yutan, así que no me opuse. Pensé que era lo mejor, ya que estaba establecido por el gobierno y no era por decisión propia, como en el caso de las inyecciones. Nos dieron las fechas de vacunaciones, pues eran varias dosis. Ahora sé que se trataba de la hepatitis B y la encefalitis japonesa.
También nos entregaron una cartilla de vacunación, en la que le apuntaron las vacunas puestas hasta ese momento en España, y las que le iban poniendo allí.
Como saber las equivalentes a las que le habían puesto en España, fue uno de los problemas principales. Pero las tenían traducidas al inglés y las iniciales eran igual que en español. (DTP, RPS, etc.…). Además de que también se podían deducir por las fechas en las que le habían sido puestas y las dosis.
A parte de eso en lo que respecta a las fechas, a los años había que restarles 1911 años. Ya que cuando se creo la República China empezaron desde el año cero. Y el año internacional solo se utilizaba para las relaciones con otros países. Por ello mi hijo había nacido en el año 75 de ellos, o lo que es lo mismo en 1986 del nuestro.
Tarjeta de vacunas de Taiwán vacunas.bmp
El mismo centro donde se hacían las revisiones a los niños era a la vez un centro de planificación familiar. Un cartel anunciaba que lo ideal era tener dos hijos, (la pareja). Todos comentaban lo guapo que era Yutan y que por el hecho de ser mezcla de dos culturas sería sin duda más listo que los demás. Así que empezaron a decirme que tenía que tener otro.
-ahora una niña tan guapa como tú, me decían.
Yo les sonreía agradeciéndoles sus comentarios, pero al mismo tiempo les decía que no pensaba tener más.
Fue una de las cosas de las que me encargué después de tener a mi hijo, por si acaso me puse un DIU en España. A pesar de no llegar a necesitarlo, puesto que no volvimos a tener relaciones, creo que si fue útil. Porque a ellos les gustaba mucho eso de tener hijos y Tony sabía que me lo había puesto. Aunque no sé si sabía en que consistía, ya que le había dicho a su madre que yo no podía tener más hijos y se quedó tan ancho. Sus padres querían nietos y yo con el DIU no me podía quedar embarazada así que ¿para que hacerlo? Algo menos de lo que preocuparse. Cuando venía alguna vez a vernos, como yo dormía con Yutan, él dormía en cualquier lado y nunca hablábamos de esos temas.
Llevamos a Yutan a una revisión. Después de mirar las vacunas que le habían puesto en España nos dijeron que le faltaban algunas de las que se ponían en Taiwán y que en España por aquel entonces, no estaban dentro del calendario vacunal.
No entendía mucho de vacunas, solo me enteré de que una tenía que ver con el hígado y que era muy importante porque la incidencia de la enfermedad allí era bastante alta, y que la otra era sobre una inflamación de una parte del cerebro y que tenía algo que ver con Japón.
Para ser sincera, no me fiaba mucho de cómo administraban la medicina a la que ellos llamaban occidental. Esta desconfianza me venía de ver como se ponían inyecciones sin que tuvieran ninguna enfermedad aparentemente seria. Les gustaba mucho ponerse goteros por un simple resfriado y cuando el médico no se lo ponía, era el mismo paciente el que lo pedía y el médico acedía sin más, (sin mas es un decir porque cobraba por ello). Era como la panacea, luego decían sentirse mas fuertes. A mi suegra le encantaba, yo le decía que no creía que eso fuera muy bueno. Mi suegro por el contrario era muy reacio a esos métodos, el prefería remedios naturales.
El caso es, que allí todos los niños se ponían esas dos vacunas que le faltaban a Yutan, así que no me opuse. Pensé que era lo mejor, ya que estaba establecido por el gobierno y no era por decisión propia, como en el caso de las inyecciones. Nos dieron las fechas de vacunaciones, pues eran varias dosis. Ahora sé que se trataba de la hepatitis B y la encefalitis japonesa.
También nos entregaron una cartilla de vacunación, en la que le apuntaron las vacunas puestas hasta ese momento en España, y las que le iban poniendo allí.
Como saber las equivalentes a las que le habían puesto en España, fue uno de los problemas principales. Pero las tenían traducidas al inglés y las iniciales eran igual que en español. (DTP, RPS, etc.…). Además de que también se podían deducir por las fechas en las que le habían sido puestas y las dosis.
A parte de eso en lo que respecta a las fechas, a los años había que restarles 1911 años. Ya que cuando se creo la República China empezaron desde el año cero. Y el año internacional solo se utilizaba para las relaciones con otros países. Por ello mi hijo había nacido en el año 75 de ellos, o lo que es lo mismo en 1986 del nuestro.
Tarjeta de vacunas de Taiwán vacunas.bmp
El mismo centro donde se hacían las revisiones a los niños era a la vez un centro de planificación familiar. Un cartel anunciaba que lo ideal era tener dos hijos, (la pareja). Todos comentaban lo guapo que era Yutan y que por el hecho de ser mezcla de dos culturas sería sin duda más listo que los demás. Así que empezaron a decirme que tenía que tener otro.
-ahora una niña tan guapa como tú, me decían.
Yo les sonreía agradeciéndoles sus comentarios, pero al mismo tiempo les decía que no pensaba tener más.
Fue una de las cosas de las que me encargué después de tener a mi hijo, por si acaso me puse un DIU en España. A pesar de no llegar a necesitarlo, puesto que no volvimos a tener relaciones, creo que si fue útil. Porque a ellos les gustaba mucho eso de tener hijos y Tony sabía que me lo había puesto. Aunque no sé si sabía en que consistía, ya que le había dicho a su madre que yo no podía tener más hijos y se quedó tan ancho. Sus padres querían nietos y yo con el DIU no me podía quedar embarazada así que ¿para que hacerlo? Algo menos de lo que preocuparse. Cuando venía alguna vez a vernos, como yo dormía con Yutan, él dormía en cualquier lado y nunca hablábamos de esos temas.
47. ¿española?
El día del concurso se aproximaba, el baile elegido era un poco soso. Era un baile como de campesinos, esa sensación daban las ropas que ya habíamos comprado.
Alternábamos el baile con el que íbamos a participar, con otros que aprendíamos para no aburrirnos repitiendo el mismo baile.
Me gustaba un baile que se hacía sin pareja, el baile era solo de mujeres. Dispuestas en un corro, teníamos que movernos como deslizándonos suavemente hacia un lado. Con los dedos corazón y pulgar sujetábamos un pañuelo de gasa, y debíamos moverlo. Pero lo que debíamos girar era la muñeca y el codo, para que quedara un gracioso movimiento a la vista.
Aunque parecía muy fácil viéndolo, a la hora de hacerlo era muy difícil. Y a pesar de intentar hacerlo lo mejor posible el profesor siempre me corregía.
Era imposible……., además me dolían los dedos porque los dejaba rígidos, era incapaz de hacerlo con la gracia y soltura de las chinas que hacían esos bailes en las películas. Digo en las películas porque el resto lo hacía mas o menos como yo. Valeee……. lo reconozco yo era la peor que se le va a hacer. Por suerte ese no era el baile con el que participábamos en el concurso.
Llegó el gran día salimos en autocar para la ciudad donde se celebraba el concurso, Makong, capital de Peng-Hu. En cuanto llegamos todas las miradas estaban puestas en mi, para no perder la costumbre.
-Pero, y esa ¿qué hace aquí?, decían.
-¿este baile no es para chinas? ¿qué pinta aquí una americana?
-ella es china, respondió una de nuestro grupo
-是中国媳妇 “shi zhongguo xifu”, es nuera china.
Se corrió la voz como la pólvora, una americana iba a participar en el concurso. Ya me había cansado de decir que no era americana, pero con el tiempo como que ya me daba lo mismo. Recuerdo las primeras veces que salía por el pueblo. Los niños caminaban detrás de mi, dando saltitos y voceando.
-mikoran, mikoran, ¡¡americana!!, ¡¡americana!!, en taiwanés.
Después de aprender a hablar intenté sacarles de su error aunque no sirvió de mucho.
-no soy americana, soy española. Decía a todo aquel que me llamaba americana.
-¿española?
-si, de España.
-¿y eso dónde está? Preguntaba alguno.
-donde va a estar, en América, respondía algún entendido. Es una española americana.
-No, no tiene nada que ver España está en Europa. Decía yo
-aahh ¿allí se habla chino?
uuff que complicado era gente mayor que nunca había salido de la aldea. Cuando recibían cartas las traían para que mi suegro las leyese, y si querían escribir la contestación, también le pedían que lo hiciera por ellos. Difícil de hacerles entender que había algo mas que americanos y chinos.
Con los jóvenes no pasaba eso, si les decía soy Europea. Enseguida me contestaban ¡¡¡francesa!!!.
-No, francesa no, soy española.
-¿asi?, pues que extraño, los españoles suelen hablar a gritos e ir llamando la atención, pero tu pareces muy callada.
Hayy que poco me conocían. Aunque tampoco suelo gritar mucho, pero hablar no se me da mal.
Alternábamos el baile con el que íbamos a participar, con otros que aprendíamos para no aburrirnos repitiendo el mismo baile.
Me gustaba un baile que se hacía sin pareja, el baile era solo de mujeres. Dispuestas en un corro, teníamos que movernos como deslizándonos suavemente hacia un lado. Con los dedos corazón y pulgar sujetábamos un pañuelo de gasa, y debíamos moverlo. Pero lo que debíamos girar era la muñeca y el codo, para que quedara un gracioso movimiento a la vista.
Aunque parecía muy fácil viéndolo, a la hora de hacerlo era muy difícil. Y a pesar de intentar hacerlo lo mejor posible el profesor siempre me corregía.
Era imposible……., además me dolían los dedos porque los dejaba rígidos, era incapaz de hacerlo con la gracia y soltura de las chinas que hacían esos bailes en las películas. Digo en las películas porque el resto lo hacía mas o menos como yo. Valeee……. lo reconozco yo era la peor que se le va a hacer. Por suerte ese no era el baile con el que participábamos en el concurso.
Llegó el gran día salimos en autocar para la ciudad donde se celebraba el concurso, Makong, capital de Peng-Hu. En cuanto llegamos todas las miradas estaban puestas en mi, para no perder la costumbre.
-Pero, y esa ¿qué hace aquí?, decían.
-¿este baile no es para chinas? ¿qué pinta aquí una americana?
-ella es china, respondió una de nuestro grupo
-是中国媳妇 “shi zhongguo xifu”, es nuera china.
Se corrió la voz como la pólvora, una americana iba a participar en el concurso. Ya me había cansado de decir que no era americana, pero con el tiempo como que ya me daba lo mismo. Recuerdo las primeras veces que salía por el pueblo. Los niños caminaban detrás de mi, dando saltitos y voceando.
-mikoran, mikoran, ¡¡americana!!, ¡¡americana!!, en taiwanés.
Después de aprender a hablar intenté sacarles de su error aunque no sirvió de mucho.
-no soy americana, soy española. Decía a todo aquel que me llamaba americana.
-¿española?
-si, de España.
-¿y eso dónde está? Preguntaba alguno.
-donde va a estar, en América, respondía algún entendido. Es una española americana.
-No, no tiene nada que ver España está en Europa. Decía yo
-aahh ¿allí se habla chino?
uuff que complicado era gente mayor que nunca había salido de la aldea. Cuando recibían cartas las traían para que mi suegro las leyese, y si querían escribir la contestación, también le pedían que lo hiciera por ellos. Difícil de hacerles entender que había algo mas que americanos y chinos.
Con los jóvenes no pasaba eso, si les decía soy Europea. Enseguida me contestaban ¡¡¡francesa!!!.
-No, francesa no, soy española.
-¿asi?, pues que extraño, los españoles suelen hablar a gritos e ir llamando la atención, pero tu pareces muy callada.
Hayy que poco me conocían. Aunque tampoco suelo gritar mucho, pero hablar no se me da mal.
48. Tercer puesto
Se me acercó un chico, -¿te importa si te hago una entrevista?, me preguntó.
-¿una entrevista? Siempre repetía todo lo que oía era uno de mis trucos para memorizar palabras nuevas.
-si, solo serán unas preguntas. De donde eres y porque participas, es extraño ver a una extranjera en un concurso como este.
-Claro que no le importa, dijo una de las del grupo, vas a salir en el periódico todo el mundo te conocerá.
-¿Por qué no?, le enviaría el recorte a mi familia.
Nos apartamos un poco para poder hablar tranquilos. Tomó nota en su bloc y después de decirme que estaba asombrado de todo lo que sabía sobre su cultura, y que realmente podía considerarme china, se despidió momentáneamente para que pudiera reunirme con el grupo y bailar. Pero se quedó por allí, sacándome fotos y observándome.
Llegó nuestro turno, bailamos lo mejor que pudimos. Aunque para ser sinceros no lo hicimos muy bien. Pero ya se sabe por mucho que se diga que lo importante es participar siempre se quiere ganar, y mas en el caso de los chinos. Son competidores natos.
Un tercer premio no estaba tan mal, aunque si contamos que en total participábamos cinco grupos tampoco es que este muy bien. Después de comer y de pasar el día volvimos a casa. Al día siguiente me esperaba una sorpresa.
¡¡¡María!! ¡¡eres famosa!! Has salido en el periódico.

salió una foto mia con mi pareja de baile. algunas bromeaban sobre que deberían haber sido mi pareja para salir en el periódico.
A papa no le hizo ninguna gracia, me miró contrariado.
-¿por qué has hablado con un periodista? Eso no está bien, no deberías haber hablado con él. ¿Y si vienen más?
Le dijo a mama que había sido un error dejarme participar en el concurso.
No lo entendía ¿qué tenía de malo?, no había dicho nada malo. Solo dije lo bien que me encontraba viviendo allí con ellos. Pero su cara era de desaprobación y disgusto.
Las chicas con las que bailaba me dieron su opinión. Tienen miedo a que te vayas, temen que conozcas otras cosas, otros sitios y te quieras ir. Saben que esto es solo un pueblo y tú eres muy joven.
-Pero eso no ocurrirá ellos son como mis padres, yo les quiero. dije yo.
Y asi era, les había cogido cariño, porque a pesar de todas las dificultades. Yo había logrado entenderles, porque sabía que aunque a papa no le gustaban muchas cosas de las que hacía, las consentía. Y notaba que cada día me trataba mas como igual, y me permitía cosas que a otros no se las permitía. Porque mi hijo se había convertido en todo para él. Y yo podía entender eso.
¿y mama?, que decir de mama. El día que me vio beber una lata de Coca-cola seguida, me compró cajas y cajas de coca-cola. Cuando las vi., me quedé de piedra. Sabía que no me gustaban esos refrescos con sabor a jarabe que tomaban ellos. Así que se había preocupado de aprovisionarse en cantidades industriales de uno que me gustaba para que no me faltara. Pensé que jamás podría terminarlos, menudo vicio cogí.
Cuando se dio cuenta de lo mucho que me gustaban los cangrejos salteados con guindillas, hizo que las mujeres de los pescadores trajeran siempre cangrejos frescos para mí. Siempre diciéndole a todo el mundo lo que me gustaba para que me lo trajeran. Claro que yo me quedaba hasta las narices de repetir y luego lo difícil era como decirle que ya no quería más de lo mismo. Además siempre dejaba que la riñera y nunca se quejaba. Bueno de vez en cuando le decía a mi hijo que yo era una bruja malvada. Pero era para ganarse su cariño.
Si no querían que bailara, no lo haría. O no volvería a hablar con la gente. En definitiva esto era lo que en realidad les asustaba. Cuando iba con mi suegra a algún sitio nuevo, ella siempre lo decía, "no habla chino". Y ya no me daba opción a hablar.
-¿una entrevista? Siempre repetía todo lo que oía era uno de mis trucos para memorizar palabras nuevas.
-si, solo serán unas preguntas. De donde eres y porque participas, es extraño ver a una extranjera en un concurso como este.
-Claro que no le importa, dijo una de las del grupo, vas a salir en el periódico todo el mundo te conocerá.
-¿Por qué no?, le enviaría el recorte a mi familia.
Nos apartamos un poco para poder hablar tranquilos. Tomó nota en su bloc y después de decirme que estaba asombrado de todo lo que sabía sobre su cultura, y que realmente podía considerarme china, se despidió momentáneamente para que pudiera reunirme con el grupo y bailar. Pero se quedó por allí, sacándome fotos y observándome.
Llegó nuestro turno, bailamos lo mejor que pudimos. Aunque para ser sinceros no lo hicimos muy bien. Pero ya se sabe por mucho que se diga que lo importante es participar siempre se quiere ganar, y mas en el caso de los chinos. Son competidores natos.
Un tercer premio no estaba tan mal, aunque si contamos que en total participábamos cinco grupos tampoco es que este muy bien. Después de comer y de pasar el día volvimos a casa. Al día siguiente me esperaba una sorpresa.
¡¡¡María!! ¡¡eres famosa!! Has salido en el periódico.

salió una foto mia con mi pareja de baile. algunas bromeaban sobre que deberían haber sido mi pareja para salir en el periódico.
A papa no le hizo ninguna gracia, me miró contrariado.
-¿por qué has hablado con un periodista? Eso no está bien, no deberías haber hablado con él. ¿Y si vienen más?
Le dijo a mama que había sido un error dejarme participar en el concurso.
No lo entendía ¿qué tenía de malo?, no había dicho nada malo. Solo dije lo bien que me encontraba viviendo allí con ellos. Pero su cara era de desaprobación y disgusto.
Las chicas con las que bailaba me dieron su opinión. Tienen miedo a que te vayas, temen que conozcas otras cosas, otros sitios y te quieras ir. Saben que esto es solo un pueblo y tú eres muy joven.
-Pero eso no ocurrirá ellos son como mis padres, yo les quiero. dije yo.
Y asi era, les había cogido cariño, porque a pesar de todas las dificultades. Yo había logrado entenderles, porque sabía que aunque a papa no le gustaban muchas cosas de las que hacía, las consentía. Y notaba que cada día me trataba mas como igual, y me permitía cosas que a otros no se las permitía. Porque mi hijo se había convertido en todo para él. Y yo podía entender eso.
¿y mama?, que decir de mama. El día que me vio beber una lata de Coca-cola seguida, me compró cajas y cajas de coca-cola. Cuando las vi., me quedé de piedra. Sabía que no me gustaban esos refrescos con sabor a jarabe que tomaban ellos. Así que se había preocupado de aprovisionarse en cantidades industriales de uno que me gustaba para que no me faltara. Pensé que jamás podría terminarlos, menudo vicio cogí.
Cuando se dio cuenta de lo mucho que me gustaban los cangrejos salteados con guindillas, hizo que las mujeres de los pescadores trajeran siempre cangrejos frescos para mí. Siempre diciéndole a todo el mundo lo que me gustaba para que me lo trajeran. Claro que yo me quedaba hasta las narices de repetir y luego lo difícil era como decirle que ya no quería más de lo mismo. Además siempre dejaba que la riñera y nunca se quejaba. Bueno de vez en cuando le decía a mi hijo que yo era una bruja malvada. Pero era para ganarse su cariño.
Si no querían que bailara, no lo haría. O no volvería a hablar con la gente. En definitiva esto era lo que en realidad les asustaba. Cuando iba con mi suegra a algún sitio nuevo, ella siempre lo decía, "no habla chino". Y ya no me daba opción a hablar.
49. Vendedores
池東 “chidong” era el pueblo más importante en la isla de 西嶼 “xiyu”. Allí se encontraba el economato donde los funcionarios (entre ellos profesores como mi suegro) y sus familiares, podían obtener descuentos al hacer la compra presentando un carné acreditativo a la hora de pagar. Decidieron hacerme uno para mí aunque nunca lo llegaría a usar, mi suegra y yo éramos uña y carne, con presentar el de ella era suficiente. Además yo no tenía dinero y cuando quería algo siempre tenía que pedirlo.
Al principio no me importaba no disponer de mi propio dinero, con el tiempo si sería algo que echaba en falta.
La ropa siempre me la compraba mi cuñada o “Aiwá”. Yo me ponía lo que me regalaban ellas sin reparar mucho en el estilo o la moda. Tenía con que vestirme y para mi era suficiente. Por otra parte la ropa que a mi me gustaba sería demasiado estrafalaria para un pueblo como aquel.
En el pueblo no había ningún tipo de tienda, a parte de una que vendía verduras y latas de conservas. Así como varios kioscos de chucherías para los niños. Chucherías tales como………… fresas silvestres secas con sabor ácido, dulce y salado al mismo tiempo, algas de varios sabores, (las picantes a mi me gustaban), y otros productos aquí extraños que ningún niño occidental se comería por propia voluntad.
A veces venían vendedores ambulantes ofreciendo sus productos. Las gentes del pueblo conocían a estos vendedores y sabían que día de la semana venían.
-¡¡¡Pelo rojo está en el malecón vendiendo ropa!!! « anmune tue munkao bue sako » se anunciaba en taiwanés el vendedor de ropa. ¿Pelo rojo?, por lo visto le habían puesto ese mote, porque su pelo quemado por el sol quizá, adquiría unos tonos cobrizos.
Me gustaba ir al malecón y ver el rastrillo que se formaba por las tardes una o dos veces por semana. Ropa, zapatos, bolsos y hasta artículos de los que venden aquí los bazares. Era una de las pocas distracciones del pueblo. Las furgonetas de los vendedores formaban una hilera a lo largo del muelle.
-mama voy a ver lo que venden. Decía yo.
-espera que te doy dinero, a lo mejor te gusta algo, decía mi suegro.
-no, que no compre que la engañan, que ella no sabe regatear, decía mi suegra, para al final acabar yendo conmigo.
La verdad prefería ir sola, cuando iba con ella no podía ver nada a gusto. Todos la llamaban a gritos. ¡¡¡Cómprale esto a tu nuera!!! Lo mío es mejor, mira esto. Tanto jaleo para al final terminar comprando cualquier camiseta que a mi, ni me iba ni me venía.
“Pelo rojo” por lo visto era de la familia, no sé de que parte, ni en que grado, pero era de la familia. El concepto de la familia allí era tan amplio que el novio del hijo de la prima podía ser familia también. “Pelo rojo” siempre le daba a mi hijo aceitunas secas con el típico toque ácido-dulce chino, era lo mas parecido a haberle dado un caramelo en España.
Siempre me guiñaba un ojo diciéndome, -convence a tu madre que te compre uno de mis vestidos-. Mi suegra a veces le soltaba en plan de guasa,- deberías regalárselo, que para eso eres de la familia-
Por las mañanas los que venían eran los de las comidas, carne, fruta sobre todo exótica,- (exótica para mi)-, para ellos lo exótico eran las manzanas y las cerezas. Las traían del Japón, porque allí no se daban. Otra cosa que vendían era la caña de azúcar, esta la comían a modo de aperitivo, entre comidas para pasar el rato mientras se charlaba sentados en las puertas de las casas.
La primera vez que vi la caña de azúcar, no sabía lo que era. “bue kanche” vendo caña de azúcar, -decía el altavoz de un camión lleno de palos de unos dos metros de largo.
-¿qué es eso?, pregunté.
- caña de azúcar- me dijo, pero en chino. Y como yo no conocía la caña de azúcar, seguí sin saber lo que era.
Mi suegra se puso a escoger una, mientras me explicaba que aquello era como el azúcar pero en bruto. Ya verás que rico está, me dijo.
Toma pélame este, dijo a la vez que extendía uno de aquellos palos al vendedor. Éste con una habilidad impresionante, cogió un cuchillo y comenzó a pelar el palo quitando aquella corteza externa marrón dura y dejando el interior amarillo y fibroso. Iba pelando y cortando cada tramo ya definido por la forma del mismo palo, para luego meterlo en una bolsa de plástico, en la cual nos lo llevaríamos a casa.
¿Y como se comía aquello?. De lo mas sencillo, se mordía, como se pudiera ya que estaba mas duro que una piedra y se masticaban trozos. El primer mordisco era el mas placentero, un liquido de lo mas dulce invadía toda la boca, se seguía masticando a gusto del consumidor. Para los que les gustaba aprovecharlo todo, se masticaba hasta que solo quedaba el palo fibroso y seco. Luego se escupía y se iba en busca de un nuevo mordisco. Si no se tenía buena dentadura se podía cortar trozos con un cuchillo, aunque lo ideal era hacerlo con los propios dientes hasta destrozarse toda la dentadura.
A yutan le chiflaba este producto tan dulce y por lo tanto a pesar de mi desagrado porque pensaba que no debía ser muy bueno para los dientes, mi suegra se lo daba a escondidas. Cuando les pillaba infranganti ella decía que yo era una bruja. Jajaja
Con el tiempo los dientes de yutan se convirtieron en una hilera negra, con las encías llenas de fístulas. Por suerte eran los dientes de leche.
Al principio no me importaba no disponer de mi propio dinero, con el tiempo si sería algo que echaba en falta.
La ropa siempre me la compraba mi cuñada o “Aiwá”. Yo me ponía lo que me regalaban ellas sin reparar mucho en el estilo o la moda. Tenía con que vestirme y para mi era suficiente. Por otra parte la ropa que a mi me gustaba sería demasiado estrafalaria para un pueblo como aquel.
En el pueblo no había ningún tipo de tienda, a parte de una que vendía verduras y latas de conservas. Así como varios kioscos de chucherías para los niños. Chucherías tales como………… fresas silvestres secas con sabor ácido, dulce y salado al mismo tiempo, algas de varios sabores, (las picantes a mi me gustaban), y otros productos aquí extraños que ningún niño occidental se comería por propia voluntad.
A veces venían vendedores ambulantes ofreciendo sus productos. Las gentes del pueblo conocían a estos vendedores y sabían que día de la semana venían.
-¡¡¡Pelo rojo está en el malecón vendiendo ropa!!! « anmune tue munkao bue sako » se anunciaba en taiwanés el vendedor de ropa. ¿Pelo rojo?, por lo visto le habían puesto ese mote, porque su pelo quemado por el sol quizá, adquiría unos tonos cobrizos.
Me gustaba ir al malecón y ver el rastrillo que se formaba por las tardes una o dos veces por semana. Ropa, zapatos, bolsos y hasta artículos de los que venden aquí los bazares. Era una de las pocas distracciones del pueblo. Las furgonetas de los vendedores formaban una hilera a lo largo del muelle.
-mama voy a ver lo que venden. Decía yo.
-espera que te doy dinero, a lo mejor te gusta algo, decía mi suegro.
-no, que no compre que la engañan, que ella no sabe regatear, decía mi suegra, para al final acabar yendo conmigo.
La verdad prefería ir sola, cuando iba con ella no podía ver nada a gusto. Todos la llamaban a gritos. ¡¡¡Cómprale esto a tu nuera!!! Lo mío es mejor, mira esto. Tanto jaleo para al final terminar comprando cualquier camiseta que a mi, ni me iba ni me venía.
“Pelo rojo” por lo visto era de la familia, no sé de que parte, ni en que grado, pero era de la familia. El concepto de la familia allí era tan amplio que el novio del hijo de la prima podía ser familia también. “Pelo rojo” siempre le daba a mi hijo aceitunas secas con el típico toque ácido-dulce chino, era lo mas parecido a haberle dado un caramelo en España.
Siempre me guiñaba un ojo diciéndome, -convence a tu madre que te compre uno de mis vestidos-. Mi suegra a veces le soltaba en plan de guasa,- deberías regalárselo, que para eso eres de la familia-
Por las mañanas los que venían eran los de las comidas, carne, fruta sobre todo exótica,- (exótica para mi)-, para ellos lo exótico eran las manzanas y las cerezas. Las traían del Japón, porque allí no se daban. Otra cosa que vendían era la caña de azúcar, esta la comían a modo de aperitivo, entre comidas para pasar el rato mientras se charlaba sentados en las puertas de las casas.
La primera vez que vi la caña de azúcar, no sabía lo que era. “bue kanche” vendo caña de azúcar, -decía el altavoz de un camión lleno de palos de unos dos metros de largo.
-¿qué es eso?, pregunté.
- caña de azúcar- me dijo, pero en chino. Y como yo no conocía la caña de azúcar, seguí sin saber lo que era.
Mi suegra se puso a escoger una, mientras me explicaba que aquello era como el azúcar pero en bruto. Ya verás que rico está, me dijo.
Toma pélame este, dijo a la vez que extendía uno de aquellos palos al vendedor. Éste con una habilidad impresionante, cogió un cuchillo y comenzó a pelar el palo quitando aquella corteza externa marrón dura y dejando el interior amarillo y fibroso. Iba pelando y cortando cada tramo ya definido por la forma del mismo palo, para luego meterlo en una bolsa de plástico, en la cual nos lo llevaríamos a casa.
¿Y como se comía aquello?. De lo mas sencillo, se mordía, como se pudiera ya que estaba mas duro que una piedra y se masticaban trozos. El primer mordisco era el mas placentero, un liquido de lo mas dulce invadía toda la boca, se seguía masticando a gusto del consumidor. Para los que les gustaba aprovecharlo todo, se masticaba hasta que solo quedaba el palo fibroso y seco. Luego se escupía y se iba en busca de un nuevo mordisco. Si no se tenía buena dentadura se podía cortar trozos con un cuchillo, aunque lo ideal era hacerlo con los propios dientes hasta destrozarse toda la dentadura.
A yutan le chiflaba este producto tan dulce y por lo tanto a pesar de mi desagrado porque pensaba que no debía ser muy bueno para los dientes, mi suegra se lo daba a escondidas. Cuando les pillaba infranganti ella decía que yo era una bruja. Jajaja
Con el tiempo los dientes de yutan se convirtieron en una hilera negra, con las encías llenas de fístulas. Por suerte eran los dientes de leche.
50. Cartas
No había emails, ni siquiera Internet la única forma de comunicación posible con España era por teléfono o a través de las cartas. El teléfono era caro. Así que lo más utilizado era el correo. Recibir noticias frescas de España era algo muy importante para mí. Bueno de frescas nada porque teniendo suerte tardaban un mínimo de 15 días. Si ha esto le unimos el extravío y retraso que solían llevar el correo, daba como resultado que cuando por fin me enteraba de algo esto ya fuera historia y los acontecimientos hubieran variado.
Lo cual me producía una sensación de aislamiento con mi país y mi familia.
Apenas utilizaba mi idioma y a veces lo echaba de menos. La música de Julio Iglesias (único cantante español conocido allí) que me compraba mi cuñado, no era suficiente.
Le pedí a mi madre que me enviara música de algún otro cantante y libros. No me importaba de que fuera con tal de que fuera en español.
Algunas cartas pasaron por Canadá o Chile antes de llegar a mis manos. Atribuí los retrasos y demás contratiempos de las cartas a que la dirección al estar escrita en fonética conducía a errores. Y se me ocurrió una solución para esto. Escribí la dirección en chino en un papel del tamaño que cupiera en un sobre y lo recorté. Luego se lo envié a mi familia diciéndoles que en sucesivas cartas fotocopiaran aquel papel y lo pegaran en el sobre, para que así no tuvieran que escribir la dirección y comprobar si tardaban menos.
Al menos las cartas que llegaron después, no volvieron a hacer turismo por otros lugares antes de llegar a mis manos.
Los días en que no había fiestas ni nada nuevo que hacer eran ociosos y aburridos, por ello recibir cartas se convertían en algo especial y motivo de alegría para mí. En esos días me quedaba pensando………. ¿hoy tendré carta?……….. ¿Me habrá escrito alguien?.
Y no podía esperar en casa por lo que decidí ir directamente a casa del que las repartía, un hombre muy agradable que en su intento de conseguir un hijo varón la vida le había premiado con el regalo de once hijas. Al principio yo me llegaba hasta su casa tímidamente, tanteando.
-¿ha llegado el correo?, preguntaba
-no aún no, me respondía el buen hombre. Pero no te preocupes que cuando llegue si hay algo para ti, ya te lo llevo.
-Vale, pero no tengo nada que hacer, no me importa esperar.
-Como quieras.
Y ….. ¿Por donde viene? , ¿Quién lo trae? Volví a preguntar.
-No viene, tengo que ir yo a buscarlo, me respondió.
-¿A dónde?, preguntando se llega a Roma, al menos eso dicen. Yo quizá llegara a España.
Viene en el autobús que llega de 马公 Makong a las tres y media de la tarde. Cuando se que el autobús esta a punto de llegar voy hasta la parada a esperarle y cojo el saco con el correo.
Ah vale. Decidí irme por hoy ya había indagado bastante.
Poco a poco fui cogiendo confianza con él, y en otra de mis visitas decidí ir con él a coger el saco de correos hasta la parada de autobús.
Una vez en su casa sacaba todo del saco y empezaba a clasificarlo, su mujer me había ofrecido una silla para que me sentara mientras esperaba a ver si había alguna carta de mi país. Entre ellos hacían comentarios en Taiwanés sobre mí, yo no dominaba bien el taiwanés, así que no sabía muy bien lo que decían pero ellos me miraban a la vez que hablaban y sonreían como diciendo ¿sabrá lo que decimos?.
De pronto veo una carta asomar, una de esas que tienen el borde del sobre con rayitas azules y rojas, para indicar que viene por avión. De esas que raramente se veían por allí, porque los sobres que utilizaban ellos eras diferentes.
Me levanto corriendo y digo ¡¡¡esa es mía!!!, a la vez que la cojo toda emocionada.
-Tranquila, espera un poco, enséñamela a ver si es cierto que es para ti.
-Claro que es para mí digo sin soltar el sobre mientras le enseño la dirección de nuestra casa.
-vale puedes llevártela, me dice riéndose a carcajadas.
Yo interfería en su trabajo, sin embargo ellos no solo no se molestaban sino que entendían mi situación, comprendían las ganas que tenía de recibir noticias de España y permitían que me inmiscuyera de aquella manera.
Tampoco lo hice por mucho tiempo, enseguida me cansé, comprendí que las cartas fuera yo o no a buscarlas, llegarían igual. Al fin y al cabo después de leerlas y releerlas volvía a estar otra vez igual. Esperando más noticias de España.
Lo cual me producía una sensación de aislamiento con mi país y mi familia.
Apenas utilizaba mi idioma y a veces lo echaba de menos. La música de Julio Iglesias (único cantante español conocido allí) que me compraba mi cuñado, no era suficiente.
Le pedí a mi madre que me enviara música de algún otro cantante y libros. No me importaba de que fuera con tal de que fuera en español.
Algunas cartas pasaron por Canadá o Chile antes de llegar a mis manos. Atribuí los retrasos y demás contratiempos de las cartas a que la dirección al estar escrita en fonética conducía a errores. Y se me ocurrió una solución para esto. Escribí la dirección en chino en un papel del tamaño que cupiera en un sobre y lo recorté. Luego se lo envié a mi familia diciéndoles que en sucesivas cartas fotocopiaran aquel papel y lo pegaran en el sobre, para que así no tuvieran que escribir la dirección y comprobar si tardaban menos.
Al menos las cartas que llegaron después, no volvieron a hacer turismo por otros lugares antes de llegar a mis manos.
Los días en que no había fiestas ni nada nuevo que hacer eran ociosos y aburridos, por ello recibir cartas se convertían en algo especial y motivo de alegría para mí. En esos días me quedaba pensando………. ¿hoy tendré carta?……….. ¿Me habrá escrito alguien?.
Y no podía esperar en casa por lo que decidí ir directamente a casa del que las repartía, un hombre muy agradable que en su intento de conseguir un hijo varón la vida le había premiado con el regalo de once hijas. Al principio yo me llegaba hasta su casa tímidamente, tanteando.
-¿ha llegado el correo?, preguntaba
-no aún no, me respondía el buen hombre. Pero no te preocupes que cuando llegue si hay algo para ti, ya te lo llevo.
-Vale, pero no tengo nada que hacer, no me importa esperar.
-Como quieras.
Y ….. ¿Por donde viene? , ¿Quién lo trae? Volví a preguntar.
-No viene, tengo que ir yo a buscarlo, me respondió.
-¿A dónde?, preguntando se llega a Roma, al menos eso dicen. Yo quizá llegara a España.
Viene en el autobús que llega de 马公 Makong a las tres y media de la tarde. Cuando se que el autobús esta a punto de llegar voy hasta la parada a esperarle y cojo el saco con el correo.
Ah vale. Decidí irme por hoy ya había indagado bastante.
Poco a poco fui cogiendo confianza con él, y en otra de mis visitas decidí ir con él a coger el saco de correos hasta la parada de autobús.
Una vez en su casa sacaba todo del saco y empezaba a clasificarlo, su mujer me había ofrecido una silla para que me sentara mientras esperaba a ver si había alguna carta de mi país. Entre ellos hacían comentarios en Taiwanés sobre mí, yo no dominaba bien el taiwanés, así que no sabía muy bien lo que decían pero ellos me miraban a la vez que hablaban y sonreían como diciendo ¿sabrá lo que decimos?.
De pronto veo una carta asomar, una de esas que tienen el borde del sobre con rayitas azules y rojas, para indicar que viene por avión. De esas que raramente se veían por allí, porque los sobres que utilizaban ellos eras diferentes.
Me levanto corriendo y digo ¡¡¡esa es mía!!!, a la vez que la cojo toda emocionada.
-Tranquila, espera un poco, enséñamela a ver si es cierto que es para ti.
-Claro que es para mí digo sin soltar el sobre mientras le enseño la dirección de nuestra casa.
-vale puedes llevártela, me dice riéndose a carcajadas.
Yo interfería en su trabajo, sin embargo ellos no solo no se molestaban sino que entendían mi situación, comprendían las ganas que tenía de recibir noticias de España y permitían que me inmiscuyera de aquella manera.
Tampoco lo hice por mucho tiempo, enseguida me cansé, comprendí que las cartas fuera yo o no a buscarlas, llegarían igual. Al fin y al cabo después de leerlas y releerlas volvía a estar otra vez igual. Esperando más noticias de España.
51. El hermano de Tony
Mi cuñado segundo o lo que es lo mismo el hermano siguiente a Tony, puso un negocio en 馬公 makong, no sé muy bien en que consistía pero se compró una camioneta con la que andaba de un lado para otro.
”Shili”, ese era su nombre, tenía el vicio del tabaco. También comía aquello que ellos llamaban “pinlan”.
Se trataba de una bellota verde a la cual se le introducía una masa marrón por un corte trasversal hecho en la misma.
La masa marrón tenía un olor muy peculiar, para mi gusto bastante desagradable. Después de masticarla durante un cierto tiempo, la escupían en cualquier lugar, era asqueroso ver como convertían la bellota en un líquido marrón-agranatado que estampaban sobre el asfalto y que quedaría impreso en él para siempre.
Un vicio bastante incomprensible para mí, pues no solo resultaba desagradable a la vista, olía mal y ensuciaba. Además de eso los dientes de la persona que consumía dicho producto quedaban impregnados por aquella masa marronucia. Los espacios interdentales y la parte que delimitaba con la encía, quedaba marcada por una línea oscura alrededor del diente y ya nunca volverían a ser blancos.
Pensaba si una mujer tuviera que besarle sería de lo más repugnante y asqueroso, puagg aunque claro “los chinos no besan”
Aún recuerdo la vez en que mi suegra y yo caminábamos por las calles de la ciudad (en el pueblo sería imposible ver algo así) y dos chicos jóvenes se besaron. Se sobresaltó y escandalizó. Pero…… ¿has visto eso? ¿Qué asco? ¿Cómo se les ocurre hacer algo así?
Sonreí sin decir nada, en realidad yo echaba de menos algo así. Pero si, era extraño ver muestras de cariño por parte de los chinos, siempre tan aparentemente fríos.
“Shili” compraba pinlan en los puestos callejeros donde también vendían tabaco. Se lo daban en bolsitas de plástico y se vendían de tres en tres.
-¿quieres?, me preguntó sacando una de la bolsa y sujetándola con la mano derecha, la cual solo tenía dos dedos, el meñique y el pulgar. Los utilizaba a modo de pinza para agarrar cosas. Hacía años una máquina le había arrancado los otros tres dedos y parte de la mano. En una ocasión me había enseñado la cicatriz de la barriga, una raja bastante enorme. Según él le habían dado a elegir entre el culo o la barriga para introducir la mano y dejar que a ésta le creciera la carne. Y él eligió la barriga pues era más cómodo llevar la mano delante que en el culo.
Antes de que le pudiera decir que no quería, él retiro la oferta al tiempo que decía.
-claro que no quieres, esto solo lo comen los hombres. Y se lo metió en la boca.
Los hermanos de Tony al principio me llamaban 大嫂 “dasao”, mujer del hermano mayor. Pero yo les dije que podían llamarme María. El más pequeño de los hermanos nunca accedió a llamarme por mi nombre, siempre me llamaría “dasao”, según él por respeto. “Shili” Sin embargo enseguida me empezó a llamar por mi nombre, cosa que yo veía normal, no pude percibir entonces un trato de desprecio. Desprecio por ser mujer y por considerarme inferior por ello.
Tony se fue a vivir con él a 馬公 Makong para ayudarle con el negocio, y después fue mi suegra, para hacerles la comida, limpiarles la casa y lavarles la ropa. En definitiva que se fue a hacer esos menesteres que se suponen son de mujer y que por consiguiente los hombres no tienen porque saber hacer.
Mi suegro se fue también de vacaciones a Taiwán, así que Yutan y yo nos quedamos solos en 外垵 “waian”.
Creo que la decisión de irse de vacaciones de mi suegro tuvo que ver con que nadie le hiciera la comida.
No solo era incómodo para él, yo no sabía muy bien que hacer. Ellos comen siempre arroz blanco, un tazón acompañando los demás platos, carne, pescado y verduras. Comida variada y completa, un poco de todo.
Se me ocurrió hacer una tortilla de patata, acompañando al arroz blanco no es que quedara muy bien, pero lo de hacer tantos platos diferentes no era mi fuerte.
Algo tan sencillo en España allí era todo un desafío. El primer inconveniente fue batir los huevos a golpe de palillos. Los tenedores solo se veían en los restaurantes para extranjeros de las ciudades.
El segundo inconveniente, una vez mezcladas las patatas con el huevo, era donde echar aquello para que se pareciera a una tortilla. No había sartenes normales, lo más parecido a una sartén eran los Woks. Una especie de sartén con forma de media esfera.
No me quedaba mas remedio, tendría que hacerla en el wok, pero luego ¿Cómo darle la vuelta? Hice lo que pude y no me fue tan mal, a parte del esfuerzo que supuso darle vuelta. No es que quedara muy compacta pero era comestible.
Mi suegro después de ver mis esfuerzos no podía hacer otra cosa que apreciar lo que había cocinado para él. Así que disimulando dijo, -¡¡¡qué bueno!!! Hoy comemos comida española. Y al día siguiente fue cuando decidió tomarse las vacaciones.
”Shili”, ese era su nombre, tenía el vicio del tabaco. También comía aquello que ellos llamaban “pinlan”.
Se trataba de una bellota verde a la cual se le introducía una masa marrón por un corte trasversal hecho en la misma.
La masa marrón tenía un olor muy peculiar, para mi gusto bastante desagradable. Después de masticarla durante un cierto tiempo, la escupían en cualquier lugar, era asqueroso ver como convertían la bellota en un líquido marrón-agranatado que estampaban sobre el asfalto y que quedaría impreso en él para siempre.
Un vicio bastante incomprensible para mí, pues no solo resultaba desagradable a la vista, olía mal y ensuciaba. Además de eso los dientes de la persona que consumía dicho producto quedaban impregnados por aquella masa marronucia. Los espacios interdentales y la parte que delimitaba con la encía, quedaba marcada por una línea oscura alrededor del diente y ya nunca volverían a ser blancos.
Pensaba si una mujer tuviera que besarle sería de lo más repugnante y asqueroso, puagg aunque claro “los chinos no besan”
Aún recuerdo la vez en que mi suegra y yo caminábamos por las calles de la ciudad (en el pueblo sería imposible ver algo así) y dos chicos jóvenes se besaron. Se sobresaltó y escandalizó. Pero…… ¿has visto eso? ¿Qué asco? ¿Cómo se les ocurre hacer algo así?
Sonreí sin decir nada, en realidad yo echaba de menos algo así. Pero si, era extraño ver muestras de cariño por parte de los chinos, siempre tan aparentemente fríos.
“Shili” compraba pinlan en los puestos callejeros donde también vendían tabaco. Se lo daban en bolsitas de plástico y se vendían de tres en tres.
-¿quieres?, me preguntó sacando una de la bolsa y sujetándola con la mano derecha, la cual solo tenía dos dedos, el meñique y el pulgar. Los utilizaba a modo de pinza para agarrar cosas. Hacía años una máquina le había arrancado los otros tres dedos y parte de la mano. En una ocasión me había enseñado la cicatriz de la barriga, una raja bastante enorme. Según él le habían dado a elegir entre el culo o la barriga para introducir la mano y dejar que a ésta le creciera la carne. Y él eligió la barriga pues era más cómodo llevar la mano delante que en el culo.
Antes de que le pudiera decir que no quería, él retiro la oferta al tiempo que decía.
-claro que no quieres, esto solo lo comen los hombres. Y se lo metió en la boca.
Los hermanos de Tony al principio me llamaban 大嫂 “dasao”, mujer del hermano mayor. Pero yo les dije que podían llamarme María. El más pequeño de los hermanos nunca accedió a llamarme por mi nombre, siempre me llamaría “dasao”, según él por respeto. “Shili” Sin embargo enseguida me empezó a llamar por mi nombre, cosa que yo veía normal, no pude percibir entonces un trato de desprecio. Desprecio por ser mujer y por considerarme inferior por ello.
Tony se fue a vivir con él a 馬公 Makong para ayudarle con el negocio, y después fue mi suegra, para hacerles la comida, limpiarles la casa y lavarles la ropa. En definitiva que se fue a hacer esos menesteres que se suponen son de mujer y que por consiguiente los hombres no tienen porque saber hacer.
Mi suegro se fue también de vacaciones a Taiwán, así que Yutan y yo nos quedamos solos en 外垵 “waian”.
Creo que la decisión de irse de vacaciones de mi suegro tuvo que ver con que nadie le hiciera la comida.
No solo era incómodo para él, yo no sabía muy bien que hacer. Ellos comen siempre arroz blanco, un tazón acompañando los demás platos, carne, pescado y verduras. Comida variada y completa, un poco de todo.
Se me ocurrió hacer una tortilla de patata, acompañando al arroz blanco no es que quedara muy bien, pero lo de hacer tantos platos diferentes no era mi fuerte.
Algo tan sencillo en España allí era todo un desafío. El primer inconveniente fue batir los huevos a golpe de palillos. Los tenedores solo se veían en los restaurantes para extranjeros de las ciudades.
El segundo inconveniente, una vez mezcladas las patatas con el huevo, era donde echar aquello para que se pareciera a una tortilla. No había sartenes normales, lo más parecido a una sartén eran los Woks. Una especie de sartén con forma de media esfera.
No me quedaba mas remedio, tendría que hacerla en el wok, pero luego ¿Cómo darle la vuelta? Hice lo que pude y no me fue tan mal, a parte del esfuerzo que supuso darle vuelta. No es que quedara muy compacta pero era comestible.
Mi suegro después de ver mis esfuerzos no podía hacer otra cosa que apreciar lo que había cocinado para él. Así que disimulando dijo, -¡¡¡qué bueno!!! Hoy comemos comida española. Y al día siguiente fue cuando decidió tomarse las vacaciones.
52. Fotos
Nuestra casa estaba situada justo en una de las calles principales del pueblo. Para ir al templo y a la plaza siempre se pasaba por delante de nuestra casa.
Yutan y yo estábamos sentados en la puerta de casa, cuando de pronto se oye un alboroto de gente, un grupo de chicos jóvenes, iban en dirección al templo. Al pasar por enfrente de nuestra casa una chica se queda con cara de asombro al tiempo que dice,
-¡una extranjera!, señalándome.
-es cierto, dice el resto, poniendo la misma cara de asombro que su compañera.
Yo sonrío y les saludo. –hola, ¿cómo estáis?
-Hablas chino, pero…… ¿qué haces aquí?, me dice la chica que me había descubierto.
-vivo aquí, esta es mi casa, respondo señalando a la casa donde vivíamos. Y este mi hijo.
- ¿y vosotros que hacéis aquí?, les pregunté
-venimos de viaje de estudios. Habíamos oído mucho acerca de esta isla y nos pareció un buen destino para visitarla. ¿De dónde eres?
Soy española, mi marido es de aquí.
-¿En serio?, Pero este es un sitio muy atrasado, ¿cómo es posible que vivas aquí?, a mi me sería imposible vivir aquí. No hay nada. Es un aburrimiento total. Cuando lo cuente en Taiwán no se lo van a creer. Una española en este pueblucho y además que habla chino.
-¿podemos sacarte fotos?, me preguntaron.
-si, podéis. Pero ¿me enviareis alguna no?
-Por supuesto danos la dirección.
Parece que me había convertido en la atracción del pueblo, como si se tratara de una rareza más que retratar, los disparos de sus cámaras cayeron sobre nosotros. La primera vez, es una sensación algo extraña el que unas personas a las que no conoces te saquen fotos, por considerarte algo fuera de lo común.
En muchos lugares de China hay el típico ambulante que cobra por sacarte una foto. ¡¡Sáquese una foto!! Con el loro, mono, serpiente en algunos sitios turísticos. Y hasta tengo visto con el León o el tigre en algún zoo.
Creo que yo podría poner un cartel y hacer también negocio. ¡¡sáquese una foto con la extranjera¡¡ por un módico precio.
En futuros viajes a China continental me ocurrirían cosas parecidas, gente que se ponía a la cola para hacerse una foto a mi lado. O que disimuladamente se arrimaban a mí diciéndole a los acompañantes, -¡¡venga saca la foto ya!! ¡¡Que se va!! Claro que no sabían que yo entendía lo que estaban diciendo. Y el que no lo supieran era divertido, a veces mientras esperaba en una cola de autobús, yo era el tema de conversación de los que esperaban conmigo.
-¿de dónde será?, ¿has visto que nariz tan alta? Y los ojos tan grandes, es guapísima, decían otros. Me gustaría tener la piel tan blanca como ella. Para ellos era exótica, tan exótica como lo son ellos para nosotros.
Por suerte todo eran elogios, eso estaba muy bien para subir el ego, pero a veces me daba mucha vergüenza, no podía evitar sonreír y ponerme colorada. Entonces ellos me devolvían la sonrisa y disimulaban como que no hablaban de mí.
Una de las chicas nos envió las fotos que nos sacó a Yutan y a mi, como había prometido, y esta es una de ellas.

Yutan y yo estábamos sentados en la puerta de casa, cuando de pronto se oye un alboroto de gente, un grupo de chicos jóvenes, iban en dirección al templo. Al pasar por enfrente de nuestra casa una chica se queda con cara de asombro al tiempo que dice,
-¡una extranjera!, señalándome.
-es cierto, dice el resto, poniendo la misma cara de asombro que su compañera.
Yo sonrío y les saludo. –hola, ¿cómo estáis?
-Hablas chino, pero…… ¿qué haces aquí?, me dice la chica que me había descubierto.
-vivo aquí, esta es mi casa, respondo señalando a la casa donde vivíamos. Y este mi hijo.
- ¿y vosotros que hacéis aquí?, les pregunté
-venimos de viaje de estudios. Habíamos oído mucho acerca de esta isla y nos pareció un buen destino para visitarla. ¿De dónde eres?
Soy española, mi marido es de aquí.
-¿En serio?, Pero este es un sitio muy atrasado, ¿cómo es posible que vivas aquí?, a mi me sería imposible vivir aquí. No hay nada. Es un aburrimiento total. Cuando lo cuente en Taiwán no se lo van a creer. Una española en este pueblucho y además que habla chino.
-¿podemos sacarte fotos?, me preguntaron.
-si, podéis. Pero ¿me enviareis alguna no?
-Por supuesto danos la dirección.
Parece que me había convertido en la atracción del pueblo, como si se tratara de una rareza más que retratar, los disparos de sus cámaras cayeron sobre nosotros. La primera vez, es una sensación algo extraña el que unas personas a las que no conoces te saquen fotos, por considerarte algo fuera de lo común.
En muchos lugares de China hay el típico ambulante que cobra por sacarte una foto. ¡¡Sáquese una foto!! Con el loro, mono, serpiente en algunos sitios turísticos. Y hasta tengo visto con el León o el tigre en algún zoo.
Creo que yo podría poner un cartel y hacer también negocio. ¡¡sáquese una foto con la extranjera¡¡ por un módico precio.
En futuros viajes a China continental me ocurrirían cosas parecidas, gente que se ponía a la cola para hacerse una foto a mi lado. O que disimuladamente se arrimaban a mí diciéndole a los acompañantes, -¡¡venga saca la foto ya!! ¡¡Que se va!! Claro que no sabían que yo entendía lo que estaban diciendo. Y el que no lo supieran era divertido, a veces mientras esperaba en una cola de autobús, yo era el tema de conversación de los que esperaban conmigo.
-¿de dónde será?, ¿has visto que nariz tan alta? Y los ojos tan grandes, es guapísima, decían otros. Me gustaría tener la piel tan blanca como ella. Para ellos era exótica, tan exótica como lo son ellos para nosotros.
Por suerte todo eran elogios, eso estaba muy bien para subir el ego, pero a veces me daba mucha vergüenza, no podía evitar sonreír y ponerme colorada. Entonces ellos me devolvían la sonrisa y disimulaban como que no hablaban de mí.
Una de las chicas nos envió las fotos que nos sacó a Yutan y a mi, como había prometido, y esta es una de ellas.

53. Complejos

Esta es otra de las fotos que me envío la estudiante de Taiwán, en ella Yutan me agarra de la oreja, era una de sus manías, siempre lo hacía. Supongo que por tener orejas de Dumbo era fácil agarrarse a ellas.
Mientras viví en España tener orejas de soplillo era uno de mis complejos. Siempre las ocultaba como podía con el pelo, pero ellas insistían en asomar, se hacían un hueco entre los cabellos.
Este fue uno de los complejos que desapareció durante mi estancia allí. No solo por el hecho de que madurara y dejara de darle importancia a esas cosas. Resultó que allí tener las orejas grandes y sobre todo el lóbulo era signo de fortuna y buena suerte. Me decían fíjate en Buda,-¿no ves como tiene las orejas de grandes?-.
La verdad es que no solo las tenían grandes, todos los Budas tenían unos pedazos lóbulos que les colgaban hasta el hombro.
Otro de mis complejos era el vello que cubría mi cuerpo, las mujeres chinas apenas tienen. No solo las mujeres, incluso los hombres apenas tienen. Creo que allí el negocio de la depilación sería un fracaso total.
La primera vez que dijeron vamos a la playa a darnos un baño. Lo primero que pensé fue, -¡¡qué vergüenza!! Como voy a dejar que vean mis piernas llenas de pelo, se reirán de mí-. Por ello decidí que era mejor no ir.
Estábamos fuera delante de casa, solíamos ponernos a la sombra de la casa en la calle, pues hacía demasiado calor dentro. Y precisamente por el calor que hacía decidieron lo de darnos un chapuzón.
-yo no quiero ir, ir vosotros. Que lo paséis bien, dije con tono de desinterés.
-¿Por qué no quieres venir?, venga vamos todos será divertido. Ponte unos pantalones cortos estarás más cómoda, hace mucho calor para ir siempre con pantalones largos.
-Uuff ¡que va!, si yo estoy muy a gusto así.
Entonces el listillo de Tony dijo, -dejarla es que tiene las piernas llenas de pelo y le da vergüenza.
-¿qué? Me puse toda colorada y dije. ¡¡¡Yo pelo en las piernas!!! Eso no te lo crees ni tú. Lo que pasa es que no tengo pantalones cortos.
Aiwá enseguida me ofreció unos suyos. Pero…… ¿es que no iba a tener escapatoria?
Cogí los pantalones que me ofreció y me metí con ellos en casa. Estaba muy enfadada por lo que había dicho Tony.
–Estúpido pensaba, te vas a enterar, dejarme así en ridículo delante de todo el mundo.
Me fui al baño y con una de sus cuchillas de afeitar me afeité todas las piernas hasta que no quedó ni un pelo. Luego me puse los pantalones y salí diciendo, -ya estoy, venga vamos. Todas las miradas estaban puestas en mis piernas y empezaron los comentarios.
-Con las piernas tan bonitas y tan blancas que tienes y siempre de pantalones largos.
Su tía dijo, -y tú Tony mira que decir que tiene pelos, anda que ya te gusta meterte con ella.
-Además si los tuviera,-¿qué? Yo también tengo. Mira María.
Y me enseña los dos únicos pelos que tenía en toda su pierna.
-Pues anda que para dos que tienes te los podías arrancar, le dije yo.
No solo no se los quitaba además los exhibía como si fueran un trofeo. Y es que la gente allí tenía una manera de presumir muy particular.
Pero sobre todo eran personas sencillas que me enseñaron las cosas que verdaderamente tienen importancia en la vida.

54. El accidente
Después de pasarnos una semana Yutan y yo solos y tranquilos en casa. Nos fuimos a Makong a ver a la familia y celebrar mi cumpleaños. Tony nos volvió a traer luego en moto, la moto era el medio de transporte mas utilizado en la isla. Aunque cuando soplaba el viento fuerte, parecía que nos iba a tumbar, a mi me daba algo de miedo sobre todo por Yutan.
Recuerdo cuando acababa de llegar por primera vez allí y Tony me llevaba siempre en moto de un lado para otro. Yo me agarraba fuertemente a él pensando si él no se cae, yo tampoco. Una vez llegamos a un sitio al que solo tenía que hacer un recado y me dice,
-sujeta la moto, y se baja sin ni siquiera darme tiempo a reaccionar, y yo me caigo con la moto de lado. Fue todo un show, sobre todo para ellos que se partieron de risa. Pero es que la moto pesaba un motón y yo nunca había sujetado una de esas.
Más tarde intenté hacer mis pinitos con una vespa, según ellos más estable y sencilla de manejar. Para ellos claro, porque lo que era para mí……
Estábamos en una explanada, agarro la vespa y acelero, lo único que había en aquel sitio a donde me habían llevado para enseñarme, era una caseta. Pues no sé como, aceleré y me fui directa a estrellarme contra ella. Después de eso, decidí que no merecía la pena el esfuerzo y que era mejor ir detrás.

Pero volviendo a lo que estaba relatando, “shili” vino a vernos a 外垵 “Waian” en su camioneta. Cuando se iba, algunos del pueblo aprovecharon para ir con él a Makong. Como era una camioneta cabían unos cuantos en la parte de atrás donde se lleva la mercancía. “Shili” me dijo que le dejara llevar a Yutan también, pero no me pareció adecuado. Sé que no le pareció bien, porque era muy mal tomado y no le gustaba que le llevaran la contraria. Sin embargo, fue una de las mejores decisiones de mi vida.
A penas habían salido de 外垵 “Waian”, aún no habían llegado al siguiente pueblo llamado 内垵 “neian”, cuando en una de las curvas entre estos dos pueblos la camioneta volcó.
La gente que iba detrás salió disparada, la hermana de mi suegra fue una de ellas. Ella estuvo mal de la cadera por un tiempo, el resto magulladuras y golpes, se podría decir que tuvieron suerte.
La peor parte se la llevó “shili”. Después de volcar, la camioneta siguió su camino echada sobre el lado izquierdo. El lado del conductor.
“shili”fue arrastrado con la camioneta. Su mano izquierda, había quedado en contacto con la carretera por ese espacio en el que la camioneta continúo su viaje volcada de lado. Toda la carne de su mano quedó en el asfalto, tan solo los huesos de la misma se salvaron. Su mano derecha solo tenía dos dedos y ahora se quedaba sin su mano izquierda, fue trasladado a Taiwán. En Makong no tenían suficientes medios para poder atender un caso así. Una vez que estuvieron en el hospital de Taiwán, volvieron a hacer la misma operación que en su día hicieron con su mano derecha. Esta vez no le dieron a elegir la barriga o el culo, aprovecharían la misma cicatriz de la vez anterior.
Toda la familia se trasladó a Taiwán para acompañarle y cuidarle. Excepto Tony que se quedó cuidando del negocio en Makong. Yutan y yo nos quedamos en 外垵 “Waian”, al fin y al cabo nosotros no podíamos hacer nada aparte de estorbar. De vez en cuando nos llamaban para ver que tal estábamos y para contarnos los dolores por los que estaba pasando “shili”.
Recuerdo cuando acababa de llegar por primera vez allí y Tony me llevaba siempre en moto de un lado para otro. Yo me agarraba fuertemente a él pensando si él no se cae, yo tampoco. Una vez llegamos a un sitio al que solo tenía que hacer un recado y me dice,
-sujeta la moto, y se baja sin ni siquiera darme tiempo a reaccionar, y yo me caigo con la moto de lado. Fue todo un show, sobre todo para ellos que se partieron de risa. Pero es que la moto pesaba un motón y yo nunca había sujetado una de esas.
Más tarde intenté hacer mis pinitos con una vespa, según ellos más estable y sencilla de manejar. Para ellos claro, porque lo que era para mí……
Estábamos en una explanada, agarro la vespa y acelero, lo único que había en aquel sitio a donde me habían llevado para enseñarme, era una caseta. Pues no sé como, aceleré y me fui directa a estrellarme contra ella. Después de eso, decidí que no merecía la pena el esfuerzo y que era mejor ir detrás.

Pero volviendo a lo que estaba relatando, “shili” vino a vernos a 外垵 “Waian” en su camioneta. Cuando se iba, algunos del pueblo aprovecharon para ir con él a Makong. Como era una camioneta cabían unos cuantos en la parte de atrás donde se lleva la mercancía. “Shili” me dijo que le dejara llevar a Yutan también, pero no me pareció adecuado. Sé que no le pareció bien, porque era muy mal tomado y no le gustaba que le llevaran la contraria. Sin embargo, fue una de las mejores decisiones de mi vida.
A penas habían salido de 外垵 “Waian”, aún no habían llegado al siguiente pueblo llamado 内垵 “neian”, cuando en una de las curvas entre estos dos pueblos la camioneta volcó.
La gente que iba detrás salió disparada, la hermana de mi suegra fue una de ellas. Ella estuvo mal de la cadera por un tiempo, el resto magulladuras y golpes, se podría decir que tuvieron suerte.
La peor parte se la llevó “shili”. Después de volcar, la camioneta siguió su camino echada sobre el lado izquierdo. El lado del conductor.
“shili”fue arrastrado con la camioneta. Su mano izquierda, había quedado en contacto con la carretera por ese espacio en el que la camioneta continúo su viaje volcada de lado. Toda la carne de su mano quedó en el asfalto, tan solo los huesos de la misma se salvaron. Su mano derecha solo tenía dos dedos y ahora se quedaba sin su mano izquierda, fue trasladado a Taiwán. En Makong no tenían suficientes medios para poder atender un caso así. Una vez que estuvieron en el hospital de Taiwán, volvieron a hacer la misma operación que en su día hicieron con su mano derecha. Esta vez no le dieron a elegir la barriga o el culo, aprovecharían la misma cicatriz de la vez anterior.
Toda la familia se trasladó a Taiwán para acompañarle y cuidarle. Excepto Tony que se quedó cuidando del negocio en Makong. Yutan y yo nos quedamos en 外垵 “Waian”, al fin y al cabo nosotros no podíamos hacer nada aparte de estorbar. De vez en cuando nos llamaban para ver que tal estábamos y para contarnos los dolores por los que estaba pasando “shili”.