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Mis Hombres
Ellos, los que han llenado mi vida hasta saciarla, Mis Hombres
Acerca de
No puedo vivir sin ellos
Sindicación
 
KEVIN
Joder! Cuando desperté en aquella cama fui 100% consciente de lo que había pasado. Kevin dormía desnudo a mi lado, mientras la sonriente foto de su mujer, sus hijas y su perro asomaba por detrás en la mesita. ¿Qué coño habíamos hecho? ¿Cómo habíamos llegado hasta ese extremo?¡Joder! ¡Joder! Lo peor de todo aquello no era que Kevin fuera 16 años mayor que yo (22 contra 38). Tampoco lo era el hecho de que estuviera casado con la adorable y más que conocida por mi Annette. Ni tan siquiera en esos momentos tuve en cuenta a sus dos pequeñas mellizas ni al perro…Lo realmente horrible de aquella situación para mi era que Kevin era el tío de Paul, el chico con el que llevaba unas semanas saliendo.

Paul y yo nos habíamos conocido hacía varias meses en el parque donde los dos paseábamos a nuestros perros. Él era traumatólogo y trabajaba en el Guy’s Hospital al sur de Londres. Al principio nuestras conversaciones no pasaban de los diplomáticos “Good Evevning” de rigor, pero poco a poco fuimos cogiendo confianza a la vez que Endor, mi labrador macho intentaba mancillar a Lin, su pastor alemán hembra. Antes de un mes, tanto Endor como yo habíamos conseguido lo que queríamos.

No es que Paul estuviera destinado a ser el hombre de mi vida, pero era agradable salir con él, hacía que todo pareciese muy sencillo y ¿para qué negarlo?...estaba como un queso.

Un sábado por la noche organizó una salida con todos sus amigos. Ellos formaban un grupo de seis hombres entre los 25 y los 45 años (entre los que se encontraba su tío Kevin) y yo sola entre todos ellos mezclado con la cantidad de pintas de cerveza y copas de vodka que llegamos a beber hizo que la noche pasara tan deprisa que casi me da vértigo al recordarlo. Al final de la noche, en lo que parecen milésimas de segundo, recuerdo a Paul de madrugada en el Soho a punto de caer por la calle, riéndose y apoyándose en otros dos de sus amigos que iban igual o más borrachos que él y yo caminando tambaleándome del brazo del “títo Kevin”. Bajamos caminando hasta Trafalgar Square, entre risas y tropezones y una vez allí nos dividimos para coger los taxis. “Mañana te llamo, princesa” me balbuceó Paul antes de meter la cabeza en su taxi.

Sí, habéis acertado, por cercanía entre casas me fui con Kevin y otro chico, Tod. Una vez dentro del taxi y colocados los tres en la parte posterior Kevin pasó su brazo por dentro de mi abrigo por detrás de mi espalda. Y mientras yo dormitaba apoyada en su hombro y ellos dos mantenía una conversación futbolística con el taxista, me fue acercando poco a poco a él hasta que su brazo pasó por debajo de mi axila y su mano comenzó a acariciarme un pecho. Aquella inesperada caricia hizo que me “despertara” de golpe. Mi primera reacción fue mirar a mi alrededor para ver si Tod se estaba dando cuenta. Pero entre lo enfrascados que estaban en la conversación, la oscuridad, lo pegados que íbamos los tres y que el brazo de Kevin se protegía con mi abrigo, nadie notaba nada. Solo Kevin me miró un momento sonriéndome como si no pasara nada. No me moví, estaba tan borracha que no era capaz de analizar la situación y además esos dedos pellizcaban con tanta dulzura mi pezón que no quería que parara de hacerlo. Tod bajó del taxi y tras despedirnos, Kevin le indicó al taxista la dirección de su casa. Aunque fuéramos uno menos atrás, ni Kevin ni yo nos movimos y seguimos allí, pegados contra la puerta derecha. Yo notaba como iba humedeciéndome poco a poco a causa de sus caricias clandestinas mientras de fondo oía una conversación acerca del entrenador del Newcastle. Cuando llegamos a la puerta de la casa de Kevin donde no hacía ni dos semanas habíamos estado cenando Paul y yo con él, Annette y las mellizas, me sorprendió que al bajar del coche, aguantara la puerta dándome a entender que yo también debía bajar. Muy obediente yo dado mi estado etílico, bajé sin tener aún claro que es lo que se suponía que debía hacer. Tras pagar al taxista, Kevin se dirigió a la puerta de su casa con llave en mano, mientras yo me quedaba clavada como un poste de la luz en la calle, tiritando de frío sin entender bien la situación. Al abrir la puerta y ver que yo no me movía, Kevin me sonrió mientras me decía que Annette y las niñas estaban en la casa de campo de Kent, con los abuelos. Pero yo seguí son moverme, dudosa, hasta que él se acercó hacia mi, me abrazó por detrás y besándome el cuello, volvió a acariciarme el pecho como lo había hecho en el taxi. Aquello y su voz diciéndome “Anda, pasa tontita” me deshizo de nuevo y pasé…vaya si pasé!!

No me importó que Annette hubiera pasado meses buscando el sofá ideal para el salón, a mi me pareció perfecto para que su marido me desnudara tumbada en él e hundiera su cabeza entre mis piernas mientras mis dedos se mezclaban en su pelo canoso. Su experta lengua lamió con ansia cada centímetro de mi entrepierna, haciendo que mis piernas y todo mi cuerpo se retorcieran de placer.

Kevin pareció darse cuenta de que si seguía haciéndolo así de bien la “fiesta” acabaría pronto, así que se apartó, se tumbó en el mismo cheslon donde había estado sentado Paul días antes y con una sonrisa picara me indicó lo que quería. Yo también lamí con ansia. La mezcla de alcohol y morbo era increíble y el cuerpo de Kevin era lujuria total.

En un momento dado, dejé de oir sus gemidos, le miré curiosa y me dijo: “Es hora de ir arriba, preciosa”. Yo, siguiendo en mi línea de obediencia asentí y me puse en pie. Kevin me cogió en brazos, haciendo que mis piernas rodearan su cuerpo por la cintura y mis brazos por el cuello, como si fuera una niña pequeña, y así subió las escaleras hacia arriba. Al subir los peldaños yo notaba su tremenda erección golpeándome entre las piernas. Una vez en el pasillo, me empotró contra la pared y en la misma posición que estábamos comenzó a penetrarme fuertemente. Dios como me gustaba que lo hiciera mientras me sujetaba contra la pared por el culo y su lengua recorría mis pezones mientras yo observaba un juguete de las niñas abandonado en una esquina. Pero en toda aquella bacanal de locura tuve un haz de lucidez (menos mal) y me di cuenta de que me estaba penetrando sin precaución alguna, así que le pedí que parara y que se pusiera algo. Ahora siendo él el obediente, me bajó y de la mano me condujo al dormitorio, el mismo dormitorio que compartía cada noche con su mujer. Abrió el primer cajón de su mesita de noche y de allí sacó una caja de preservativos ya abierta. Solo quedaban dos preservativos. Gracias al troquel los separó y guardó el sobrante otra vez en la caja mientras yo pensaba que aquel seguro que lo usaría con Annette. No tardó ni 20 segundos en estar tumbado en la cama y yo encima de él cabalgándole entre las sábanas de matrimonio. Lo follé como una perra, gimiendo sonoramente para que él supiera lo muchísimo que estaba disfrutando con aquello, para que se diera cuenta de lo aburrido que era follar con la dulce de su mujer habiendo en el mundo zorras como yo, zorras capaces de follarse al tío de su novio sin remordimiento alguno…Y así, entre placer, morbo, lujuria, alcohol y las sábanas de Annette nos corrimos los dos.

Mi reacción por la mañana ya la sabéis. Salí de aquella casa apenas habiendo cruzado unas palabras con Kevin en las que los dos pedíamos discreción al respecto…A ninguno nos convenía que se supiese nada y creo que ambos nos dabamos cuenta en ese momento de la magnitud de nuestros actos.

No vale la excusa de que estaba borracha y no sabía lo que hacía, ni tampoco la de que fue él quien me buscó. Simplemente fui una zorra y…aunque suene mal…¡cómo me gustó!


 
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que chachi
 
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eso es lo mejor q ahi en toda la vida el sexo wn es mortal sentir la pishula metiendo en tu zorra es realmente caliente wn me calente ya chao voy a llamar a mi marido por que me calente y quiero que me meta su pene en mi zorra wn ta saltando la wna es rico chao
 
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Vivan los polvos inesperados y muerte a la culpabilidad. Las mujeres tenemos una tendencia enfermiza a los remordimientos y a comernos la cabeza. Y ellos, en cambio, una pasmosa habilidad anestésica para olvidar los "deslices". of course estoy generalizando y eso es feo, pero me apetecía decirlo, ala.
Ahora podrás comparar la genética tío-sobrino!
 
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JesuX: No creo...es más, Annette no habla una sola palabra de castellano...Igualmente yo no creo que fuera la primera ni mucho menos la última en dormir en su cama cuando ella no está...

Otro beso para ti (¿me lo apunto?)
 
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Me encantan tus historias Lucia. Las cuentas con tanto detalle que se hacen adictivas.
Esperemos que la mujer del señor Kevin no lea habitualmente este blog, sino se va a llevar una gran sorpresa :D

Un Beso Preciosa.
 
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David: Pues aquí estabamos, no nos hemos movido ni un centímetro desde que empezamos...Gracias por visitarme! Espero seguir viéndote por aquí.
 
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Y yo perdiéndome estos blogs..., ¿dónde estábais?
 
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Kay: Encantada de que me enlaces. Me he pasado por tu blog y tiene muy buena pinta. En cuanto tenga tiempo indago más en él.

 
Comentario:
La sinceridad es uno de los mejores valores que se pueden tener, y como dices, las actos que uno realiza se asumen y punto, no hay que dar explicaciones a nadie.

Te he enlazado en mi blog, me gusta la gente que es sincera.
 
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Once: A mi me encanta cuando tú te pones juguetón, tierno, enfadado, ansioso, dulce, sumiso, orgulloso, cariñoso, sentado, de pie, irespetuoso, dominante, encantador, ilusionado, borde...etc. En definitiva, que me encantas siempre!!
Otro beso de esos largos largos (con un toque de after-eight) para ti.

Groucho: Mas que temer por la pared usted debería temer por la integridad física de sus brazos. Incluso quizás ante la prosible asfixia entre las "ubres" de Berta.

Lara: Encantada de que me enlaces. Ahora mismo me paso por el tuyo...

Miel templada: ¿Hubo suerte? ¿Estaba en casa?
 
Comentario:
aqui nos tienes , tod@s humedecid@s...
me voi corriendo a ver si esta mi colega daymon en casa
 
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Yo también me estoy aficionando a dar una vuelta por aquí a menudo, te he enlazado, si no te importa.

Por cierto, pásate a visitarme cuando quieras...

Lara.
 
Comentario:
Ejem, señorita Lucía, me estoy aficionando peligrosamente a sus relatos. Voy a intentar la postura de la pared con Madeleine, ya que si lo hago con Berta lo más probable es que la pared se derrumbe.
 
Comentario:
Me encanta cuando te pones así de zorra, sin entrecomillados que valgan...

Te mando un beso largo.
 
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GUSTAVO: Así me gusta más...que nos "vemos las caras"...

Sr. Nadie: Vaya...ya hasta le echaba de menos. Si quería que le agregara a mi messenger no hacian falta excusas...solo tenía que pedirlo.
P.D: Se sorprendería al saber cuanto de cierto tiene este relato...
 
Comentario:
Doña Lucía, muy buen relato. Excelente. Tanto si es ficción (lo más creible), como si es verdad, mi enhorabuena. La espera mereció la pena. ¿Da usted clases particulares?. Es que me sobran unos minutos al día y tengo un messenger presto para recibirlas.
Un beso, desde la Villa y Corte.
 
Comentario:
Ey......., nada más lejos de criticarte todo lo contrario, critico a aquellas que se van disculpando.

PD: Estoy a la espera de poder levantarte y llevarte al mismo cielo de placer.

YA TE PONGO MI NOMBRE
 
Comentario:
Invitado (¿por qué no pones tú nombre...ya sé quien eres): No me importa reconcer las cosas, y si me comporté como una zorra, pues lo asumo y punto.

Si llegas hasta los 55 kilos ya serías capaz de prácticarla conmigo.

¡¡Suerte en tu búsqueda!!
 
Comentario:
Veamos que te dicimos a dia de hoy, en primer lugar si me lo permites, una aclaración: ZORRA??..., la última frase sobra. Joder que la carne es debíl y el que quiera entenderlo que lo entienda.
El tío debía estar en forma, o tu pesar poquito, la postura de la pared es complicada, yo hasta los 55 kg. me atrevo a practicarla.
Por lo demás el post, me ha puesto caliente para el finde, tendré que buscar un agujerito húmedo y caliente.....
Un saludo desde Salamanca
No