MANOLO
Manolo y yo nos conocíamos desde niños. Éramos vecinos y a medida que fuimos creciendo, pasamos de ser compañeros de juegos en el parque a salir en el mismo grupo de amigos los fines de semana. Entre nosotros existía una muy buena relación de buenos amigos, ya que además nuestras familias eran muy avenidas y organizaban excursiones y jornadas domingueras juntas.
Manolo era un chico más bien simple de carácter, pero increíblemente cariñoso con la gente que apreciaba y con un físico de los que calificamos como “monos”, nada espectacular, pero atractivo. Me encantaba aquella mueca que solía reflejarse en su cara cuando no entendía algo, una mezcla entre divertida y expectante de que alguien se lo explicara. En el carácter de Manolo, no existe la malicia ni la picardía, él es como es, no hay más, no hay segundas intenciones ni posibles dobles sentidos, es liso, llano, es simplemente él.
Una noche, estando todos en el bar donde siempre solíamos ir de copas, Manolo comenzó a bailar muy cerca de mi. Y cada vez más cerca y más cerca. Sus brazos me rodearon de una manera muy estrecha, mientras yo miraba incrédula al resto de nuestros amigos. No sabía si aquello era una broma del grupo o los demás estaban igual de perplejos que yo ante el comportamiento de Manolo. Por las caras que pude ver de los demás, ellos tampoco estaban al corriente de las pretensiones de éste.
Pero me dejé llevar. Me gustaba la sensación de cercanía, sus cuerpo rozándose con el mío, la suavidad de sus labios acariciando mi cuello…Sí, realmente me gustaba, me sentía a gusto. Así que cuando su boca buscó la mía, dejé que la encontrara fácilmente. Y nos besamos, ante la estupefacción de todos, en medio de aquel bar y sin previo aviso, nos besamos en los labios, jugando con nuestras lenguas. Una de sus manos sujetaba mi nuca, mientras la otra me ceñía la cintura. No, yo no iba a escapar, pero me gustaba que por si acaso me agarrase fuerte.
El momento de mirarnos tras ese primer beso fue un poco raro. Se supone que los amigos de toda la vida no se dan ese tipo de besos…Pero yo quería más, ahora que ya habíamos empezado, no me bastaba con ese simple beso. Y supongo que él estaba pensando justo lo mismo, ya que su SI fue instantáneo al proponerle que saliéramos de allí los dos solos.
Anduvimos un rato por calles estrechas y pequeñas, tocándonos, besándonos y “descubriéndonos” todo lo que podíamos al amparo de la oscuridad. Pero aquel camino no lo estábamos haciendo al azar, y aunque ninguno de los dos lo dijo, los dos sabíamos a donde nos dirigíamos: a mi casa.
Mis padres nunca estaban los fines de semana, así que allí podríamos dar rienda suelta a todo lo que nuestros cuerpos nos pidieran. Me costó abrir la puerta mientras él metía sus manos por dentro de mi camiseta, pero al final, una vez dentro de casa ya, fue él mismo quien me la quito. No conseguimos llegar a mi habitación, el sofá del comedor nos quedaba más a mano.
Tumbada sobre Manolo y aún con mis vaqueros puestos, estaba excitadísima simplemente con el roce de nuestros cuerpos. Aquel cuerpo que había tenido tantas veces cerca sin desearlo, ahora me estaba poniendo muy cachonda.
Poco a poco la ropa que nos cubría fue desapareciendo y justo cuando a mi sólo me quedaban mis braguitas, unas llaves abrieron la puerta de casa. La primera idea (¡¡mis padres!!) nos aterró a los dos, pero era imposible, mis padres estaban en la casa de campo, a cientos de kilómetros de allí, y eran más de las 4 de la madrugada. Así que, cuando mi mente fue capaz de pensar y razonar con claridad, deducí que debía ser mi hermana, la perfecta, con su novio, el perfecto. Y efectivamente eran ellos. La cara de mi hermana al vernos tumbados en el sofá, semidesnudos y uno encima del otro, fue un poema. Esa cara de incredulidad, repudia e incriminación me hizo reír a carcajadas. Mientras me ponía mi camiseta, le pedí a Manolo que me esperara en mi habitación y éste, tras recoger su ropa y saludar a mi hermana y a mi cuñado tímidamente, se dirigió allí.
La cara de mi hermana seguía siendo seria, muy seria. No había buscado esa situación, pero me estaba divirtiendo. Mi hermana, dos años mayor que yo, es “doña perfección”. En su mente perfecta no concibe las relaciones esporádicas, el sexo por pura diversión, sin amor. Jamás se ha emborrachado, jamás ha fumado (ni tabaco ni nada), jamás se equivoca, pero creo que tampoco jamás ha sabido divertirse en su vida. Somos hermanas, pero no creo que haya en el mundo persona más opuesta a mi que ella. La quiero, pero no la entiendo, ni ella me entiende a mi. Así que me divierte ruborizarla por mi comportamiento, me gusta ver que desprecia las cosas que hago, porque así me reafirmo en que realmente es lo que quiero hacer. Por eso, esa noche, ante su mirada despreciativa, yo me divertía.
“Joder, Luci. ¡Qué es Manolo!” me decía, incrédula ante lo que veía.
Pero la verdad es que el hecho de que fuera Manolo le daba cierto aire de morbosidad que me ponía muchísimo. Sin darle más explicaciones a la pareja perfecta, me di media vuelta y subí las escaleras hacia mi habitación. Allí me esperaba Manolo, ya desnudo totalmente bajo mis sábanas. Yo, nada más cerrar la puerta, ya me quité la camiseta y las bragas, que era lo único que llevaba. Ya desnudos y juntos, comenzamos a acariciarnos. Mis pechos se convirtieron en su mejor juguete. Los tocaba, los besaba, los lamía, los acariciaba. Yo, por mi parte, me entretenía en sus piernas, sus inglés, su culo a la vez recorría con mi lengua cada hueco de su cuello.
Pero estábamos demasiado excitados los dos como para andarnos con muchos preliminares, así que me penetró enseguida. Colocado encima de mi, veía por primera vez desde esa perspectiva a esa persona que conocía de toda la vida. Mis piernas rodeando su cintura atraían su cuerpo contra mi, quería que me penetrara más fuerte, más profundo. No podía ahogar mis gemidos, pero tampoco quería. Quería que la pareja perfecta nos oyeran, que vieran lo bien que lo estábamos pasado. Manolo me estaba haciendo disfrutar de una manera que jamás hubiera imaginado. ¿Cómo no se nos había ocurrido antes?
Y finalmente nos corrimos, a la vez. Además, fue la primera vez que conseguí correrme al mismo tiempo que la persona con la que compartía la cama. Y fue una sensación increíble que me gustó compartir con él. Me besaba, mientras se corría entre gemidos me besaba. Permanecimos tumbados, desnudos y hablando durante más de una hora, hasta que volvimos a empezar a tocarnos y una cosa llevó a la otra…
Al día siguiente, cuando llegaron mis padres por la tarde, no se extrañaron de ver a Manolo en casa, viendo una película en el sofá conmigo, era una estampa de lo más natural.
Aquello fue el principio de unos meses en los que Manolo y yo acabábamos fin de semana sí y fin de semana también, juntos y desnudos. Él empezó a salir con una chica, Rocío, pero aquello no impedió que durmiéramos juntos de vez en cuando. Incluso cuando me fui Inglaterra, Manolo vino a visitarme allí en un par de ocasiones.
Actualmente Manolo es soltero y “azafato” de una de las compañías aéreas más importantes a nivel mundial. Además, por este motivo, vive en el extranjero y, aunque mantenemos el contacto, nos vemos una o dos veces al año. Eso sí, muy fugaz tiene que ser su visita para que yo no acabemos enredados.
Manolo era un chico más bien simple de carácter, pero increíblemente cariñoso con la gente que apreciaba y con un físico de los que calificamos como “monos”, nada espectacular, pero atractivo. Me encantaba aquella mueca que solía reflejarse en su cara cuando no entendía algo, una mezcla entre divertida y expectante de que alguien se lo explicara. En el carácter de Manolo, no existe la malicia ni la picardía, él es como es, no hay más, no hay segundas intenciones ni posibles dobles sentidos, es liso, llano, es simplemente él.
Una noche, estando todos en el bar donde siempre solíamos ir de copas, Manolo comenzó a bailar muy cerca de mi. Y cada vez más cerca y más cerca. Sus brazos me rodearon de una manera muy estrecha, mientras yo miraba incrédula al resto de nuestros amigos. No sabía si aquello era una broma del grupo o los demás estaban igual de perplejos que yo ante el comportamiento de Manolo. Por las caras que pude ver de los demás, ellos tampoco estaban al corriente de las pretensiones de éste.
Pero me dejé llevar. Me gustaba la sensación de cercanía, sus cuerpo rozándose con el mío, la suavidad de sus labios acariciando mi cuello…Sí, realmente me gustaba, me sentía a gusto. Así que cuando su boca buscó la mía, dejé que la encontrara fácilmente. Y nos besamos, ante la estupefacción de todos, en medio de aquel bar y sin previo aviso, nos besamos en los labios, jugando con nuestras lenguas. Una de sus manos sujetaba mi nuca, mientras la otra me ceñía la cintura. No, yo no iba a escapar, pero me gustaba que por si acaso me agarrase fuerte.
El momento de mirarnos tras ese primer beso fue un poco raro. Se supone que los amigos de toda la vida no se dan ese tipo de besos…Pero yo quería más, ahora que ya habíamos empezado, no me bastaba con ese simple beso. Y supongo que él estaba pensando justo lo mismo, ya que su SI fue instantáneo al proponerle que saliéramos de allí los dos solos.
Anduvimos un rato por calles estrechas y pequeñas, tocándonos, besándonos y “descubriéndonos” todo lo que podíamos al amparo de la oscuridad. Pero aquel camino no lo estábamos haciendo al azar, y aunque ninguno de los dos lo dijo, los dos sabíamos a donde nos dirigíamos: a mi casa. Mis padres nunca estaban los fines de semana, así que allí podríamos dar rienda suelta a todo lo que nuestros cuerpos nos pidieran. Me costó abrir la puerta mientras él metía sus manos por dentro de mi camiseta, pero al final, una vez dentro de casa ya, fue él mismo quien me la quito. No conseguimos llegar a mi habitación, el sofá del comedor nos quedaba más a mano.
Tumbada sobre Manolo y aún con mis vaqueros puestos, estaba excitadísima simplemente con el roce de nuestros cuerpos. Aquel cuerpo que había tenido tantas veces cerca sin desearlo, ahora me estaba poniendo muy cachonda.
Poco a poco la ropa que nos cubría fue desapareciendo y justo cuando a mi sólo me quedaban mis braguitas, unas llaves abrieron la puerta de casa. La primera idea (¡¡mis padres!!) nos aterró a los dos, pero era imposible, mis padres estaban en la casa de campo, a cientos de kilómetros de allí, y eran más de las 4 de la madrugada. Así que, cuando mi mente fue capaz de pensar y razonar con claridad, deducí que debía ser mi hermana, la perfecta, con su novio, el perfecto. Y efectivamente eran ellos. La cara de mi hermana al vernos tumbados en el sofá, semidesnudos y uno encima del otro, fue un poema. Esa cara de incredulidad, repudia e incriminación me hizo reír a carcajadas. Mientras me ponía mi camiseta, le pedí a Manolo que me esperara en mi habitación y éste, tras recoger su ropa y saludar a mi hermana y a mi cuñado tímidamente, se dirigió allí.
La cara de mi hermana seguía siendo seria, muy seria. No había buscado esa situación, pero me estaba divirtiendo. Mi hermana, dos años mayor que yo, es “doña perfección”. En su mente perfecta no concibe las relaciones esporádicas, el sexo por pura diversión, sin amor. Jamás se ha emborrachado, jamás ha fumado (ni tabaco ni nada), jamás se equivoca, pero creo que tampoco jamás ha sabido divertirse en su vida. Somos hermanas, pero no creo que haya en el mundo persona más opuesta a mi que ella. La quiero, pero no la entiendo, ni ella me entiende a mi. Así que me divierte ruborizarla por mi comportamiento, me gusta ver que desprecia las cosas que hago, porque así me reafirmo en que realmente es lo que quiero hacer. Por eso, esa noche, ante su mirada despreciativa, yo me divertía.
“Joder, Luci. ¡Qué es Manolo!” me decía, incrédula ante lo que veía.
Pero la verdad es que el hecho de que fuera Manolo le daba cierto aire de morbosidad que me ponía muchísimo. Sin darle más explicaciones a la pareja perfecta, me di media vuelta y subí las escaleras hacia mi habitación. Allí me esperaba Manolo, ya desnudo totalmente bajo mis sábanas. Yo, nada más cerrar la puerta, ya me quité la camiseta y las bragas, que era lo único que llevaba. Ya desnudos y juntos, comenzamos a acariciarnos. Mis pechos se convirtieron en su mejor juguete. Los tocaba, los besaba, los lamía, los acariciaba. Yo, por mi parte, me entretenía en sus piernas, sus inglés, su culo a la vez recorría con mi lengua cada hueco de su cuello.
Pero estábamos demasiado excitados los dos como para andarnos con muchos preliminares, así que me penetró enseguida. Colocado encima de mi, veía por primera vez desde esa perspectiva a esa persona que conocía de toda la vida. Mis piernas rodeando su cintura atraían su cuerpo contra mi, quería que me penetrara más fuerte, más profundo. No podía ahogar mis gemidos, pero tampoco quería. Quería que la pareja perfecta nos oyeran, que vieran lo bien que lo estábamos pasado. Manolo me estaba haciendo disfrutar de una manera que jamás hubiera imaginado. ¿Cómo no se nos había ocurrido antes? Y finalmente nos corrimos, a la vez. Además, fue la primera vez que conseguí correrme al mismo tiempo que la persona con la que compartía la cama. Y fue una sensación increíble que me gustó compartir con él. Me besaba, mientras se corría entre gemidos me besaba. Permanecimos tumbados, desnudos y hablando durante más de una hora, hasta que volvimos a empezar a tocarnos y una cosa llevó a la otra…
Al día siguiente, cuando llegaron mis padres por la tarde, no se extrañaron de ver a Manolo en casa, viendo una película en el sofá conmigo, era una estampa de lo más natural.
Aquello fue el principio de unos meses en los que Manolo y yo acabábamos fin de semana sí y fin de semana también, juntos y desnudos. Él empezó a salir con una chica, Rocío, pero aquello no impedió que durmiéramos juntos de vez en cuando. Incluso cuando me fui Inglaterra, Manolo vino a visitarme allí en un par de ocasiones.
Actualmente Manolo es soltero y “azafato” de una de las compañías aéreas más importantes a nivel mundial. Además, por este motivo, vive en el extranjero y, aunque mantenemos el contacto, nos vemos una o dos veces al año. Eso sí, muy fugaz tiene que ser su visita para que yo no acabemos enredados.
Comentario:
Lo siento chicos pero tengo que decirlo: Lucía, a eso de Manolo se le llama "hacer un comodín". :).
Felicidades por el blog.
Felicidades por el blog.
Comentario:
FACO: Ummm tú y Valencia mezclados...¡¡¡Me encanta esa combianción!!! Gracias por estar siempre ahí, por dedicarme tu tiempo y por hacerme sentir única. Espero algún día ser capaz de demostrarte lo especial que eres para mi, muy especial.
Comentario:
A mi si me das oportunidad lo que me haria falta seria alguien como tú, fogosa, ardiente y rebosante de ganas de dar placer a los hombres muy hombres como yo.
Comentario:
Ponte muy buena muy pronto... más si cabe, que te tengo preparadita toda la primavera de Valencia para regalártela cuando te vea...
Comentario:
EL LOBO: A mi no me hace falta...¿y a ti?
DIEGO: Jajaja, que el pobre es auxiliar de vuelo, no creo que pueda regalarme unos billetes para México...¿Cuando vuelves?
DIEGO: Jajaja, que el pobre es auxiliar de vuelo, no creo que pueda regalarme unos billetes para México...¿Cuando vuelves?
Comentario:
Luci...
odio a Manolo...le odio por lo q t hizo y por no haber regalado un billete a México... bsstos...
odio a Manolo...le odio por lo q t hizo y por no haber regalado un billete a México... bsstos...
Comentario:
¿ NECESITAS ALGÚN VOLUNTARIO PARA ENREDARTE MIENTRAS NO ESTÁ TU AMIGO?
Comentario:
FACO: Espero que te conviertas en uno de ellos...
DANI: Jajaja, ¡¡cuenta cuenta!!
GROUTXO: ¡¡No es lo mismo!! Tú a la gemela ya la conociste de bastante mayorcito ehhh. ¿Y el hermano? Aún sigo esperando noticias suyas (jeje)
DIEGO: ¡¡¡¡¡¡¡Escríbeme y me lo cuentas toooooodoooooooooo!!!!!
DANI: Jajaja, ¡¡cuenta cuenta!!
GROUTXO: ¡¡No es lo mismo!! Tú a la gemela ya la conociste de bastante mayorcito ehhh. ¿Y el hermano? Aún sigo esperando noticias suyas (jeje)
DIEGO: ¡¡¡¡¡¡¡Escríbeme y me lo cuentas toooooodoooooooooo!!!!!
Comentario:
yo siq t echo de menos... no lo sabes tu bien....
Comentario:
yo si q t echo de menos...
no lo sabes tu bien...
no lo sabes tu bien...
Comentario:
ay, lucia, esas amistades de toda la vida que de repente se tornan amantes... que extraña situación y a la vez que morbosa ¿verdad?
recuerdo yo ahora mismo una gemela que conocí hace 7 años y que coincidí con ella hace poco...
besos bonita.
recuerdo yo ahora mismo una gemela que conocí hace 7 años y que coincidí con ella hace poco...
besos bonita.
Comentario:
Yo nunca me he enrollado con una amiga que conozca desde niño... al menos no desde que tenía 18 años, y esas relaciones pre-mayoría de edad tienen poquita chicha.
Ahora, por ganas no ha sido, eh...
Ahora, por ganas no ha sido, eh...
Comentario:
Qué suerte para aquellos que pueden disfrutar de tu compañía y amistad a pesar y al pasar de los años! Qué suerte para ellos...





