Blogs.ya.com Quitar publicidad
Mis Hombres
Ellos, los que han llenado mi vida hasta saciarla, Mis Hombres
Acerca de
No puedo vivir sin ellos
Sindicación
 
ENRIQUE
El viaje a Florencia estaba siendo toda una experiencia para nosotras. La Piazza del Duomo, el Ponte Vecchio y la Piazza de la Signora me habían enamorado, pero lo que realmente había hecho conmoverse a mi corazoncito fueron los Jardines del Bóboli. Todas aquellas esculturas en completa armonía con la jardinería renacentista hicieron que, el último atardecer, antes de volver a España al día siguiente, lo pasáramos paseando por aquellos jardines admirando todo el arte y la historia que derrochaban. Amparo, Marta y Tere caminaban un par de metros más adelantadas, mientras Rosi y yo más rezagadas, comentábamos lo increíble de aquel lugar. Cuando de repente una voces justo detrás de nosotras nos sorprendieron por lo familiar del acento:

“Pero cuánta estatua suerta hay por aquí, ¡la leshe!”- decía riendo Enrique, un morenazo claramente sevillano a su amigo.

Los dos caminaban a paso ligero y no tardaron en ponerse a nuestra altura por aquel paseo. Al pasar justo a mi lado, no pude evitar quedarme mirando a aquellos dos simpáticos andaluces que seguían riendo. Creo que mi mirada fue demasiado descarada, pero es que al descubrir los ojazos azules que tenía Enrique y que me miraban a mi, no fui capaz de apartarla. Hasta que, sonriendo me dijo:

“Ciao bella bambina”- claramente confundido con mi nacionalidad.
“Creo que te confundes. Somos más españolas que la mantilla de Lola Flores” - le contestó Marta, metiéndose entre él y yo.

Aquel divertido error por su parte nos dio pie a entablar una conversación con aquellos dos sevillanos, Enrique y Kiko, sobre nuestras ciudades de origen, el turismo que hacíamos en Florencia y algunos detalles personales de cada uno. Y de repente, nos vimos animándonos unos a otros para quedar para cenar todos juntos aquella noche.

Acordamos vernos en un pequeño restaurante toscano en la vía San Niccolò donde nosotras ya había cenado un par de días antes. Y con la mirada de Enrique clavada en mi, nos despedimos por unas horas.

En la habitación del hotel, mientras nos duchábamos y nos arreglábamos para “la cita” toda la conversación giró en torno a Enrique y Kiko, a sus ojos, a sus cuerpos y a lo que podría pasar aquella noche. Pero era un problema matemático todo aquello: ellos eran dos y nosotras cinco. Bueno, cuatro, porque Amparo jamás le hubiera sido infiel a Ramón, su novio desde los 14 años. El caso es que superábamos la cifra y, claro está, a todas nos habían encantado aquellos dos sevillanos. Pero Marta y yo éramos las que claramente nos habíamos decantado por Enrique y sus ojos azules. Ante todo éramos amigas, pero un cierto aire de rivalidad surgió entre nosotras. Mientras ella se vestía con su mejor falda y camisa escotada, yo me ceñía mis vaqueros de talle más bajo, aquellos que casi dejan al descubierto el borde superior de mis bragas y mi camiseta más corta y ceñida. Aquello era pura competición.

Cuando llegamos al restaurante, Enrique y Kiko ya estaban allí esperándonos, comiendo aquellos palitos de pan que siempre dejan en las mesas. Nuestra mesa para siete era redonda y como no podía ser de otra manera, Marta se colocó a un lado de Enrique y yo al otro. Pero en menos de media hora, yo ya tenía claro que aquella noche sería yo la que durmiera con él. Sus miradas, sus piernas rozando las mías y aquella sonrisa me lo decían claramente. Pero aún así, Marta seguía en el empeño de llamar su atención, rodeándole con los brazos y besándolo en la mejilla a la menor oportunidad. “Este vino que se me sube a la cabeza” decía.

Antes de salir del restaurante, ya que era nuestra última noche en la ciudad, decidimos ir a un bar de copas cercano a acabar de emborracharnos. Mientras caminábamos todos juntos por las calles mojadas, muy sutilmente Enrique rodeó mi cintura con su brazo y poco a poco nos fuimos quedando unos pasos atrás del grupo. Y en una intersección con una callejuela, dio un quiebro rápidamente tirando de mi por la cintura y quedamos fuera del alcance de visión de cualquiera.

“Me gustas tú, Lucía”- me dijo por si me quedaba alguna duda.

Acto seguido y sin esperar respuesta alguna por mi parte, me dio uno de esos besos que hacen que te pongas de puntillas y que todos los músculos de tu cuerpo tiemblen. Un beso suave, fresco, tierno y tremendamente húmedo. Su lengua acarició la mía como si se tratara de un cremoso helado que hay que saborear y paladear lentamente.

Y con la misma velocidad que nos colamos por la angosta calleja, volvimos a salir a la calle principal donde el grupo seguía rumbo al pub. Aceleramos el paso y casi al llegar a la entrada, conseguimos alcanzarles. Marta miraba con suspicacia, intentado ver en nuestras caras el motivo del retraso, pero tanto Enrique como yo, no le dimos la más mínima pista de lo que había pasado. Creo que a los dos nos daba muchísimo morbo el mantener aquello en secreto, al menos durante un rato más.

El pub era un sitio oscuro, con varias barras y una pequeña pista de baile, donde nos fuimos las cinco chicas nada más llegar. Enrique se quedó con Kiko en una de las barras, pidiendo las bebidas para todos, pero sus miradas me llegaban desde allí. Miraba mis ojos, mis brazos, mis pechos, mi vientre, mi culo, mis piernas. Recorría con su mirada cada centímetro de mi anatomía mientras yo bailaba.

Marta, al finalizar la canción que sonaba, nos abandonó y volvió “al ataque” con Enrique en la barra. Yo, divertida, miraba como ella le hablaba al oído, se le colgaba del cuello en abrazos no correspondidos e intentaba hacerse la interesante bailando junto a él. Enrique me miraba con esos ojazos suyos, haciéndome gestos para que le “salvara” de aquello. Pero como a mi toda aquella situación me estaba divirtiendo bastante, fue él el que tuvo que ponerle cualquier excusa a Marta, para abandonarla en la barra y venir a la pista con las demás.

Nada más llegar, se colocó detrás de mi, muy pegado. Notar su entrepierna rozándose contra mi culo mientras bailábamos me puso muy caliente y por lo que podía notar, a él también le estaban gustando aquellos movimientos. Cada vez se pegaba más a mi. Sus brazos me rodeaban por la cintura aunque uno de ellos estaba peligrosamente cerca de mi pecho. Hice un amago de darme media vuelta para poder tenerlo frente a frente, pero Enrique me agarró más fuertemente inmovilizándome contra su cuerpo.

“No te muevas ahora, preciosa quédate ahí. Me tienes excitadísimo y si te apartas lo va a notar hasta el camarero que hay en barra de enfrente. ¿No ves mi entrepierna?”.

No pude más que reír y, pese a su oposición, darme media vuelta. Ahora volvía a pegarse fuertemente a mi, para tratar de disimular su abultadísimo paquete pegándolo a mi pelvis. Pero los movimientos y los roces seguían y ahora cara a cara y los dos con el calentón fue imposible no besarnos. Fue otro de esos interminables besos en los que ni oyes la música, ni notas el suelo a tus pies y todos tus sentidos se concentran en saborear esa boca que te ofrecen, esa lengua que deseas y esos jugosos labios.

Aunque los demás seguían bailando a nuestro alrededor como si tal cosa, no pudieron evitar miradas curiosas. Incluso Marta, que ya había vuelto sola a la pista, se acercó a mi, con esa sonrisa suya para susurrarme al oído: “Cacho perra, al final hoy eres tú la que folla”, a la vez que me daba un cachete en el culo a modo de reprimenda.

Enrique y yo bailando abrazados y sin parar de besarnos nos fuimos desplazando poco a poco hacia un lateral de la pista, hasta quedar en un rincón de semipenumbra. Apoyada contra la pared, su cuerpo me envolvía totalmente y sus manos recorrían mi cuerpo delicada pero firmemente. Mis brazos alzados alrededor de su cuello, le dejaron el hueco preciso para que pudiera acariciar mis pechos. Sus caricias pasaban de apretarlos fuertemente a ser un leve roce con la yema de uno de sus dedos en mi pezón, haciéndolo endurecer. Me estaba volviendo loca. Notaba cada vez más fuerte la excitación en todo mi cuerpo, pero sobretodo entre mis piernas. Enrique cada vez estaba más pegado a mi, y sus movimientos cada vez eran más contundentes, con más fuerza. Nuestras bocas parecían solo una, lamiéndose, mordiéndose y chupándose. Pero aparté la mía y la coloqué justo en su oído, para que pudiera oír mis gemidos entrecortados. Esto pareció volverle loco, y comenzó a tocarme y a besarme de una manera incontrolada. Podía oír sus gemidos perfectamente a pesar de lo alta que estaba la música en aquel lugar. Y de repente, en medio de aquel frenesí descontrolado de manos, lenguas, roces y apretones, se apartó, me miró fijamente y con la voz entrecortada, jadeando y sin respiración casi por lo acelerado que tenía el corazón me dijo:

“Lucía, te necesito entre las sábanas de mi cama desnuda YA!!”.

Próximo post: Entre las sábanas de Enrique.
 
Comentario:
GROUTXO: ¿Y a quién no le pasa?
DIEGO: ¿Cómo puede ser que me censuren? jeje
 
Comentario:
Bueno... aunque desde el trabajo no la censura no me deje leerte... me pongo al dia en la soledad de mi casa...
 
Comentario:
Acabas de describir una de las situaciones que más me excitan... y veo que a tu chico también le ocurrió: contonearse bailando mientras que la polla se va empalmando. A vosotras también os pone chorreando notar todo lo que esconde el pantalón cuando acercais la pierna o el muslo. eh

Normal que te pidiera que no te alejaras...

Genial el relato.!!!
 
Comentario:
GRELINNO: Es otro más de mis defectos...me gusta viajar

LA BELLE: Por desgracia, miles de kilómetros nos separan...
 
Comentario:
Bueno, auqnue él no diga nada podría estar contigo cuando lo escribas y así tendríamos una segunda parte ¿no?
 
Comentario:
mucho mundo tienes tú, no??... eres como la fanta, jajajja, ¡que envidia!
 
Comentario:
DIEGO: Ya sabes, aquí estamos para lo que haga falta

ENRIQUE: ¿Cómo que celos?

LA BELLE: Creo que no sería una buena idea...Enrique es bastante tímido...jajajaja.

EL LEHENDAKARI: Gracias por hacerlo. Solo espero que te "dejes ver" má a menudo con algún comentario.



 
Comentario:
De vez en cuando me paso por tu blog y siempre encuentro historias interesantes... y excitantes. Sigue así. Un beso.
 
Comentario:
caray! pero si El msimísmo Enrique anda por aquí!!! y si el proximo post lo escribís juntos??
 
Comentario:
vaya cuantos tios t leen, no?

un poco de celos tengo, niña.
 
Comentario:
ya me he despertado...
y aunque no sea la vigilia, acepto el ofrecimiento de "hacermela mas llevadera"...
bss
 
Comentario:
DIEGO: No es bueno desvelarse...Es que tanto hablar de sueño, de sábanas y demás es lo que conlleva...Si me necesitas, avisame e intentaré hacerte más amena la vigilia.

DANI: Es que los sevillanos sois increibles. ¿Estás pensando visitar Italia? Si lo haces, debes visitar Florencia. Allí se esconden más de una sorpresa para ti y para cualquier turista que visite la ciudad. Y ¿Cómo puedes dudar que estas cosas pasan? ¿No te ha pasado nunca algo parecido? Hazme caso, ves a Florencia...
 
Comentario:
Ay!, Lucía!, ahora me explico porqué tienes buenos recuerdos de los sevillanos!

Italia... esa asignatura pendiente. Pasarán estas cosas de verdad allí cuando se va de turista?
 
Comentario:
muchas cosas en la cabeza... y ahora mas... q se q tus historias son verdad... :-)
 
Comentario:
ando desvelado...
muchas cosas en la cabeza...
 
Comentario:
Yo tb te voy a necesitar esta noche desnuda entre mis sabanas...
a ver como me las arreglo...
nota que para mi, ahora, son las 3 de la maniana... y me acuesto ahora...
ahora q se q todo es verdad... me pongo peor...
te metia en mi cama con la camiseta del Barsa si hiciera falta
 
Comentario:
pero vamos a ver...
esto es verdad o no...?
ay.... italia...
 
Comentario:
ENRIQUE: Sigues siendo especial. Nos veremos pronto
 
Comentario:
cuando me mandaste el correo lo de la página esta estaba deseando que contaras lo nuestro. me han dado muchos recuerdos y muchas ganas de volver a verte, niña.

te mando un besazo.


No