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Mis Hombres
Ellos, los que han llenado mi vida hasta saciarla, Mis Hombres
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No puedo vivir sin ellos
Sindicación
 
YO MISMA...CONTIGO
Llevo toda la tarde en la oficina soñando con este momento, el momento en el que por fin mis pies, doloridos por los zapatos de tacón, como avanzadilla de todo mi cuerpo, se introducen en la bañera, completamente llena de agua tan caliente que los vapores están comenzando a crear una especie neblina a lo baño turco. Me encanta la sensación de quemazón a medida que mi cuerpo se va sumergiendo en el agua…

Enjabono mi cabeza con ese champú aromático de cerezas y algodón (eso pone en la etiqueta) ¡Me encanta! Mis dedos se pierden entre la suave y esponjosa espuma que se ha formado y se hunden una y otra vez entre mi pelo, masajeándome y relajándome.

Abro el corriente del agua para aclararme el pelo y comienza a correr de mi cabeza hacia abajo, formando un pequeño riachuelo entre mis pechos que desemboca en el agua de la bañera a la altura de mi vientre. Cada vez hay más vapor en el baño, ya casi no soy capaz de ver más allá de medio metro y la luz de las bombilla se difumina totalmente.

Me recuesto hacia atrás, tumbándome casi totalmente en la bañera, dejando solamente mis piernas ligeramente dobladas, lo justo para estar cómoda. Descuidadamente dejo caer la manguera del grifo sobre mi pecho y la presión del agua, hasta casi me hace daño al contacto con mi piel. Pero me gusta, me gusta sentir el agua contra mi piel. Y entonces tú empiezas a abrirte paso por mi mente. ¿Por qué apareces siempre que tengo sensaciones que me gustan? Sinceramente aún no sé la respuesta. Solo sé que al mismo tiempo que el agua del grifo baja lentamente por mis pechos y mi vientre, tu imagen se coloca en primera fila en mi mente.

¿Son dos chorros de agua lo que acarician mis inglés o son tus dedos diestros ya en ello? Me gusta imaginar que es así. Ante tal insinuación, mis pezones se endurecen y para aliviarme un poco los acaricio con la yema de mis dedos, arrugada ya de tanta humedad como hay en el ambiente. Pero necesito algo suave para esas caricias, algo que haga que mis dedos resbalen con facilidad, así que vuelco la boquilla de uno de los geles que hay en la repisa sobre uno de mis pezones. Cuando por fin el hilito de gel que sale del bote impacta en mi piel, ésta se eriza, tanto por lo frío que está el gel como por el gusto que me da. Sí, así me gusta más, ahora las caricias en mi pecho son más húmedas, más cremosas, más como si fuese tu lengua la que recorre mis pezones, saboreándolos como solo tú sabes hacerlo.

Pero no descuido mi bajo vientre. Está bien servido con el chorro a presión de agua. Como si del escondite se tratase, me gusta jugar a hacer círculos imaginarios con el chorro alrededor de mi entrepierna, dirigiéndolo directamente a mi clítoris, para apartarlo enseguida y provocarme más deseo aún de ello. ¡Dios, qué placer! ¡Qué placer al recibir la presión exacta, en el momento justo, en el lugar deseado! Así que abro más mis piernas para dejar que tu cuerpo imaginario se coloque sobre el mío, llegando incluso a deslizar una de ellas por fuera de la bañera, dejándola colgada de rodilla para abajo. Así, sí, mucho mejor. Así puedo sentir mejor la presión contra mi clítoris. Díos, ¡cómo me gustas! Si cierro los ojos hasta siento tu piel acariciando la mía, húmeda, tersa, firme. ¿Puede haber algo mejor en este mundo que el placer que estoy compartiendo contigo en este momento? Eres un ser perfecto y yo tengo el privilegio de sentirte cerca en este momento, en este preciso momento en el que mi cuerpo, guiado por los más antiguos instintos, comienza a convulsionarse a la vez que, con un acto reflejo, muerdo mi labio inferior para tratar de ahogar mis gemidos. Pero es imposible, además, no quiero hacerlo. Quiero que todos sepan que estoy teniendo un orgasmo gracias a ti, gracias a tus caricias, contigo. Así que resoplo, jadeo y gimo, mientras mi cuerpo siente esa explosión de dentro hacia fuera que actúa como una bomba expansiva, haciendo incluso que estire de forma casi irreal los dedos de los pies. Y cuando ya parece que no puedo más, me hundo en el agua caliente para acabar de sentir los últimos coletazos de placer sumergida, rodeada tan solo de ese silencio que proporciona el agua, para poder disfrutarlos mejor estando tan solo tú en mi mente, sin intrusos ni distracciones. Solo tú, el agua, nuestro orgasmo y yo.

Pero con la misma rapidez que vuelvo a la superficie, tú te alejas de mi cuerpo, de este baño, de mi mente. Es como si te desvanecieras entre el vapor de agua, dejándome tan solo un suave palpito entre mis piernas. Ojala fueras capaz de sentirlo.

Y aún con las piernas temblorosas, salgo de la bañera y me arropo con un albornoz que encuentro colgado detrás de la puerta. Fuera, en su salón, con el partido de turno a todo volumen en la tele, me espera él, con la cena preparada. ¿Qué crees que pensaría si supiera que te has colado en mi mente para follarme en su propia bañera?