LA DULCE NAVIDAD
24 de diciembre de 2001 19:15 h.
Como soy un desastre en eso de organizar mi tiempo libre, un año más, esta tarde estoy apurando las últimas horas antes de Nochebuena en un gran centro comercial haciendo las compras que deberían haber estado hechas hace semanas. En mi carrito descansan una Barbie Fashion Fever para la Paula, la hija de Manu, unas botas para mi madre y el jersey ese feo de rayas que le gusta tanto a mi hermana. Aún me faltan el regalo de papá y el de Manu, aunque este último ya lo tengo claro: la Play2 con el FIFA 02 incluido. Sí, a sus 35 años Manu aún se pasa horas jugando con su vieja videoconsola…es hora de jubilarla.
De repente empiezo a notar el vibrador del móvil dentro de mi bolso (el sonido es imposible apreciarlo en medio de esta muchedumbre). Es Manu. Me alegro ver que es él, ya que, a pesar de que hace apenas unas semanas que hemos decidido que mañana volaré a su ciudad para pasar la Navidad con él y con Paula, lleva unos días algo esquivo y distante conmigo.
Pero al responder ya intuyo que algo malo va a suceder. Su voz al saludarme suena demasiado lenta, demasiado “pastosa”, como arrastrando las palabras…Quiere decir algo, pero no se atreve. Así que tras varias frases banales de pura cortesía, le pregunto directamente:
-Oye, ¿qué pasa? ¿Sucede algo?
-Bueno cariño, verás…no quiero que pienses que esto es culpa tuya, pero es que a veces las cosas no son como quisiéramos.
Me quedo muda, en silencio, sabiendo que lo que se avecinaba no me va a gustar. Por fin, cuando el percibe que callo otorgándole la palabra, continúa:
-Tú sabes que aunque te quiero muchísimo, lo primero para mi es mi hija ¿verdad?
-Ajá… – contesto sin poder adivinar aún de qué va todo esto.
- Pues entonces comprenderás que yo haría cualquier cosa con tal de que ella fuera feliz ¿verdad?
- Ajá…-repito monótonamente.
- Incluso sacrificar mi propia felicidad por ella, ¿verdad?
-Sí, Manu, sí…todo eso ya lo sé, pero ¿puedes decirme ya de una vez que coño está pasando?
-He decidido volver con mi exmujer.
Me quedo helada, de piedra, sin saber bien como procesar esa información. Solo atino a colgar el teléfono mientras aún se oye la voz de Manu de fondo intentando dar algún tipo de explicación. No las quiero oír, no me hacen falta. Lo principal ya está dicho y, por muchas excusas que intente darme no lo va a cambiar.
Casi como un robot, sin apenas pestañear me dirijo a la caja para pagar mis compras, necesito salir de allí, de ese agobiante centro comercial en cuanto pueda. No quiero pensar, solo necesito respirar. Salgo del parking con mi coche tan absorta en la idea de no pensar en nada para que no me duela que sin darme cuenta me salto el ceda que hay al final de la salida y tengo que pisar el freno a fondo para no chocar contra un camión. Y allí, mientras mis manos siguen aferradas al volante casi de manera petrificada, consigo reaccionar y rompo a llorar. Lloro de pena sin entender aún ese cambio de actitud por su parte, sabiendo que lo he perdido sin saber siquiera que debía luchar por él. Pero también emerge de mi una rabia contenida al ver claramente que ni tan siquiera había sido capaz de darme sus verdaderas razones para aquello y se había excusado en su hija para ello. ¿Tan tonta le parecía yo como para creerme algo asi? ¿Tan poca consideración me tenía? ¿Tan poco significaba yo en su vida para poder sacarme así de fácil? De repente se me viene a la cabeza y busco desesperada mi móvil en el bolso. Quizás me haya llamado de nuevo, quizás todo era una broma, quizás…pero mi móvil está impasible, sin llamadas perdidas ni nuevos mensaje.
24 de diciembre de 2001 22:41 h.
Aguanto como puedo la cena familiar poniendo buena cara a todo el mundo, pero ni espero a que saquen las bandejas de turrones para llamar a Meri, pedirle que me rescate de allí y salir echando leches. Lo siento por mi familia, no quiero ser descortés, pero lo que menos necesito en este momento es ver como mi tío Antonio se pone la servilleta en la cabeza y se quita la dentadura postiza mientras todos ríen al unísono.
25 de diciembre de 2001 07:03 h.
Nunca nos han ido las macrofiestas, así que, tras encontrarnos con el resto del grupo, nos hemos ido de bares por el centro de la ciudad. Hemos encontrado uno que ha resultado ser “el paraíso” para todos nosotros: pagamos un precio fijo y tenemos barra libre toda la noche. No me preguntes qué he bebido, qué he fumado o qué he hecho, pero son las 7 de la mañana y estoy en la calle, sentada en el suelo de una manera casi imposible, con las piernas cual patas de pato, como la peor de las borrachas, con todo el maquillaje corrido por las lágrimas vertidas durante la noche (tanto por Manu como de risa). A mi lado está sentado Julián. Julián es compañero de universidad de Gloria y nos han presentado esa misma noche, pero el chico parece ser bastante cariñoso…al menos conmigo. Meri nos observa divertida, mientras Julián, pasa su brazo por mi espalda a la vez que, muy caballeroso, me tapa mis piernas heladas con su abrigo, mientras yo no paro de repetir con mi ebria voz que “todos los tíos sois unos hijos de puta”.
25 de diciembre de 2001 10:12 h.
Son las 10 de la mañana y me encuentro en una churrería con Julián. Tres horas atrás se ha ofrecido a llevarnos a casa en coche, y tras dejar a Meri en su casa, sin pensarlo dos veces me ha besado. Los besos han ido subiendo de categoría hasta que mis manos le han desabrochado el pantalón. En ese momento me ha mirado inquisitivo, preguntándome con la mirada si estaba segura de querer ir a más. ¿Por qué no? ¿Por qué no voy a pasarlo bien con un chico guapo? ¡¡Qué le jodan a Manu!! Sí, vale, es cierto que además estamos aparcados en plena calle (justo delante de la casa de los padres de Meri, para ser más precisos), pero en este momento no me importa nada. Solo quiero follármelo. Hemos acabado en la parte trasera del coche. Ni siquiera nos hemos desvestido. Solo ha hecho falta que él se bajara un poco los pantalones y que yo me quitara las bragas (uso medias, no panties). A veces tiene su morbo hacerlo así, a la desesperada, ¿verdad? …Y después, Julián se ha empeñado en llevarme a desayunar, aunque para ser honestos, nada más entrar en la churrería y sentir ese olor a frito y refrito he tenido que salir corriendo al baño a vomitar gran parte de la bebida que he ido ingiriendo en toda la noche.
Y mientras estoy ahí, con la cabeza hundida en el inodoro, recuerdo que a esa hora debería estar embarcando en mi vuelo con destino a la ciudad de Manu.
25 de diciembre de 2001 16:58 h.
Me da todo vueltas. Estoy en mi cama y a lo lejos pero como un martilleo atronador oigo el teléfono. No es la primera vez que suena, pero no he podido ni levantarme a contestar. Sé que será mi madre. Debe estar preocupada porque no me he presentado a la comida de Navidad, pero era totalmente imposible moverme hoy. La resaca es tremenda. Hago un esfuerzo sobrehumano y consigo arrastrarme hasta el salón, pero no llego a tiempo y el teléfono deja de sonar. Pero como tengo clarísimo quién es, marco el número de mi madre.
-Sí, ya lo sé mamá…Lo siento mucho. Sí…no sé…algo me habrá sentado mal…no, no te preocupes, que no es nada…que siiii….tú guárdamelo en un tuper y yo en cuanto pueda voy a buscarlo…que no…mamá que no …que no me drogo!! claro que bebí!! …venga mamá, que me duele la cabeza…dale un beso a la abuela de mi parte. Ciao.
Por si acaso compruebo mi móvil…Sigue “inerte”…
25 de diciembre de 2001 23:35 h.
Estoy en el sofá tal y como caí en él hace más de 2 horas. Estoy viendo uno de esos largometrajes típicos de cada Navidad. Ya lo he visto, no me interesa volver a verlo, pero no soy capaz ni de moverme para alcanzar el mando a distancia. Vuelve a sonar el teléfono. Sí es mamá otra vez ni lo cojo. Pero solo con mirar el prefijo sé que no es mamá y me abalanzo sobre el aparato. Es Manu.
-Cariño, es la peor Navidad que he pasado en mi vida – me dice.
-Y la mía también – corroboro intentando pasar por alto el polvo con Julián en su coche.
-Por favor, dime que vas a olvidar completamente las tonterías que te dije ayer y que vas a venir. Por favor, por favor – me ruega.
26 de diciembre de 2001 06:42
Una operadora aeroportuaria nos indica por un altavoz con voz metálica que “el vuelo 3554 con destino a su isla, esta a punto de iniciar su embarque por la puerta 32”, así que la Barbie Fashion Fever y yo nos encaminamos a paso ligero hacia la puerta indicada. Vamos las dos sonrientes, felices, sabedoras que allí nos irán a recoger dos personas que nos quieren, nos adoran y nos van abrazaran para hacernos sentir especial…al menos hasta que encuentren otra “muñeca” con la que pasárselo mejor…
Como soy un desastre en eso de organizar mi tiempo libre, un año más, esta tarde estoy apurando las últimas horas antes de Nochebuena en un gran centro comercial haciendo las compras que deberían haber estado hechas hace semanas. En mi carrito descansan una Barbie Fashion Fever para la Paula, la hija de Manu, unas botas para mi madre y el jersey ese feo de rayas que le gusta tanto a mi hermana. Aún me faltan el regalo de papá y el de Manu, aunque este último ya lo tengo claro: la Play2 con el FIFA 02 incluido. Sí, a sus 35 años Manu aún se pasa horas jugando con su vieja videoconsola…es hora de jubilarla.
De repente empiezo a notar el vibrador del móvil dentro de mi bolso (el sonido es imposible apreciarlo en medio de esta muchedumbre). Es Manu. Me alegro ver que es él, ya que, a pesar de que hace apenas unas semanas que hemos decidido que mañana volaré a su ciudad para pasar la Navidad con él y con Paula, lleva unos días algo esquivo y distante conmigo.
Pero al responder ya intuyo que algo malo va a suceder. Su voz al saludarme suena demasiado lenta, demasiado “pastosa”, como arrastrando las palabras…Quiere decir algo, pero no se atreve. Así que tras varias frases banales de pura cortesía, le pregunto directamente:
-Oye, ¿qué pasa? ¿Sucede algo?
-Bueno cariño, verás…no quiero que pienses que esto es culpa tuya, pero es que a veces las cosas no son como quisiéramos.
Me quedo muda, en silencio, sabiendo que lo que se avecinaba no me va a gustar. Por fin, cuando el percibe que callo otorgándole la palabra, continúa:
-Tú sabes que aunque te quiero muchísimo, lo primero para mi es mi hija ¿verdad?
-Ajá… – contesto sin poder adivinar aún de qué va todo esto.
- Pues entonces comprenderás que yo haría cualquier cosa con tal de que ella fuera feliz ¿verdad?
- Ajá…-repito monótonamente.
- Incluso sacrificar mi propia felicidad por ella, ¿verdad?
-Sí, Manu, sí…todo eso ya lo sé, pero ¿puedes decirme ya de una vez que coño está pasando?
-He decidido volver con mi exmujer.
Me quedo helada, de piedra, sin saber bien como procesar esa información. Solo atino a colgar el teléfono mientras aún se oye la voz de Manu de fondo intentando dar algún tipo de explicación. No las quiero oír, no me hacen falta. Lo principal ya está dicho y, por muchas excusas que intente darme no lo va a cambiar.
Casi como un robot, sin apenas pestañear me dirijo a la caja para pagar mis compras, necesito salir de allí, de ese agobiante centro comercial en cuanto pueda. No quiero pensar, solo necesito respirar. Salgo del parking con mi coche tan absorta en la idea de no pensar en nada para que no me duela que sin darme cuenta me salto el ceda que hay al final de la salida y tengo que pisar el freno a fondo para no chocar contra un camión. Y allí, mientras mis manos siguen aferradas al volante casi de manera petrificada, consigo reaccionar y rompo a llorar. Lloro de pena sin entender aún ese cambio de actitud por su parte, sabiendo que lo he perdido sin saber siquiera que debía luchar por él. Pero también emerge de mi una rabia contenida al ver claramente que ni tan siquiera había sido capaz de darme sus verdaderas razones para aquello y se había excusado en su hija para ello. ¿Tan tonta le parecía yo como para creerme algo asi? ¿Tan poca consideración me tenía? ¿Tan poco significaba yo en su vida para poder sacarme así de fácil? De repente se me viene a la cabeza y busco desesperada mi móvil en el bolso. Quizás me haya llamado de nuevo, quizás todo era una broma, quizás…pero mi móvil está impasible, sin llamadas perdidas ni nuevos mensaje.
24 de diciembre de 2001 22:41 h.
Aguanto como puedo la cena familiar poniendo buena cara a todo el mundo, pero ni espero a que saquen las bandejas de turrones para llamar a Meri, pedirle que me rescate de allí y salir echando leches. Lo siento por mi familia, no quiero ser descortés, pero lo que menos necesito en este momento es ver como mi tío Antonio se pone la servilleta en la cabeza y se quita la dentadura postiza mientras todos ríen al unísono.
25 de diciembre de 2001 07:03 h.
Nunca nos han ido las macrofiestas, así que, tras encontrarnos con el resto del grupo, nos hemos ido de bares por el centro de la ciudad. Hemos encontrado uno que ha resultado ser “el paraíso” para todos nosotros: pagamos un precio fijo y tenemos barra libre toda la noche. No me preguntes qué he bebido, qué he fumado o qué he hecho, pero son las 7 de la mañana y estoy en la calle, sentada en el suelo de una manera casi imposible, con las piernas cual patas de pato, como la peor de las borrachas, con todo el maquillaje corrido por las lágrimas vertidas durante la noche (tanto por Manu como de risa). A mi lado está sentado Julián. Julián es compañero de universidad de Gloria y nos han presentado esa misma noche, pero el chico parece ser bastante cariñoso…al menos conmigo. Meri nos observa divertida, mientras Julián, pasa su brazo por mi espalda a la vez que, muy caballeroso, me tapa mis piernas heladas con su abrigo, mientras yo no paro de repetir con mi ebria voz que “todos los tíos sois unos hijos de puta”.
25 de diciembre de 2001 10:12 h.
Son las 10 de la mañana y me encuentro en una churrería con Julián. Tres horas atrás se ha ofrecido a llevarnos a casa en coche, y tras dejar a Meri en su casa, sin pensarlo dos veces me ha besado. Los besos han ido subiendo de categoría hasta que mis manos le han desabrochado el pantalón. En ese momento me ha mirado inquisitivo, preguntándome con la mirada si estaba segura de querer ir a más. ¿Por qué no? ¿Por qué no voy a pasarlo bien con un chico guapo? ¡¡Qué le jodan a Manu!! Sí, vale, es cierto que además estamos aparcados en plena calle (justo delante de la casa de los padres de Meri, para ser más precisos), pero en este momento no me importa nada. Solo quiero follármelo. Hemos acabado en la parte trasera del coche. Ni siquiera nos hemos desvestido. Solo ha hecho falta que él se bajara un poco los pantalones y que yo me quitara las bragas (uso medias, no panties). A veces tiene su morbo hacerlo así, a la desesperada, ¿verdad? …Y después, Julián se ha empeñado en llevarme a desayunar, aunque para ser honestos, nada más entrar en la churrería y sentir ese olor a frito y refrito he tenido que salir corriendo al baño a vomitar gran parte de la bebida que he ido ingiriendo en toda la noche. Y mientras estoy ahí, con la cabeza hundida en el inodoro, recuerdo que a esa hora debería estar embarcando en mi vuelo con destino a la ciudad de Manu.
25 de diciembre de 2001 16:58 h.
Me da todo vueltas. Estoy en mi cama y a lo lejos pero como un martilleo atronador oigo el teléfono. No es la primera vez que suena, pero no he podido ni levantarme a contestar. Sé que será mi madre. Debe estar preocupada porque no me he presentado a la comida de Navidad, pero era totalmente imposible moverme hoy. La resaca es tremenda. Hago un esfuerzo sobrehumano y consigo arrastrarme hasta el salón, pero no llego a tiempo y el teléfono deja de sonar. Pero como tengo clarísimo quién es, marco el número de mi madre.
-Sí, ya lo sé mamá…Lo siento mucho. Sí…no sé…algo me habrá sentado mal…no, no te preocupes, que no es nada…que siiii….tú guárdamelo en un tuper y yo en cuanto pueda voy a buscarlo…que no…mamá que no …que no me drogo!! claro que bebí!! …venga mamá, que me duele la cabeza…dale un beso a la abuela de mi parte. Ciao.
Por si acaso compruebo mi móvil…Sigue “inerte”…
25 de diciembre de 2001 23:35 h.
Estoy en el sofá tal y como caí en él hace más de 2 horas. Estoy viendo uno de esos largometrajes típicos de cada Navidad. Ya lo he visto, no me interesa volver a verlo, pero no soy capaz ni de moverme para alcanzar el mando a distancia. Vuelve a sonar el teléfono. Sí es mamá otra vez ni lo cojo. Pero solo con mirar el prefijo sé que no es mamá y me abalanzo sobre el aparato. Es Manu.
-Cariño, es la peor Navidad que he pasado en mi vida – me dice.
-Y la mía también – corroboro intentando pasar por alto el polvo con Julián en su coche.
-Por favor, dime que vas a olvidar completamente las tonterías que te dije ayer y que vas a venir. Por favor, por favor – me ruega.
26 de diciembre de 2001 06:42
Una operadora aeroportuaria nos indica por un altavoz con voz metálica que “el vuelo 3554 con destino a su isla, esta a punto de iniciar su embarque por la puerta 32”, así que la Barbie Fashion Fever y yo nos encaminamos a paso ligero hacia la puerta indicada. Vamos las dos sonrientes, felices, sabedoras que allí nos irán a recoger dos personas que nos quieren, nos adoran y nos van abrazaran para hacernos sentir especial…al menos hasta que encuentren otra “muñeca” con la que pasárselo mejor…