Blogs.ya.com Quitar publicidad
Mis Hombres
Ellos, los que han llenado mi vida hasta saciarla, Mis Hombres
Acerca de
No puedo vivir sin ellos
Sindicación
 
MI PEQUEÑO REGALO PARA TI
Es la hora de la siesta. Acabamos de volver a tu casa. Hemos estado comiendo en ese sitio dónde vas tú siempre a comer paella, pero como yo soy así de caprichosa (y a ti te encanta concederme caprichos), hoy hemos comido fideuá. Hace dos días que llegué a tu ciudad y desde entonces, ésta ha sido la primera vez que hemos salido a la calle. Dos días con sus dos noches follando casi sin descanso. Parecíamos ratoncitos follando por todos los rincones de la casa.

Fuera hace bastante calor, pero dentro de casa se está fresquito. Casi no hemos entrado aún por la puerta, cuando tú ya te estás quitando la camiseta y las chanclas. Me encanta verte así, medio desnudo. Te recuestas en la cama y empiezas a liar un canuto. Estás tan concentrado que no te das ni cuenta que me voy al baño. Una ducha rápida, quiero estar fresquita para la siesta. Cuando vuelvo a la habitación, sigues en la misma posición en la cama, pero ya estás fumando. Yo me tumbo de manera transversal a ti en la cama, vistos desde arriba, formamos una T. Apoyo mi cabeza, aún mojada, en tu vientre, que sube y baja al ritmo de tu respiración. Con la mano que tienes libre, y casi de manera inconsciente, comienzas a acariciarme el pelo, la nuca, el cuello. Pero estás distraído, ahora mismo estás en tu mundo, pensando en ves-a-saber-tú-qué. Me pasaría la vida entera mirándote así. Yo, con el movimiento de tu vientre meciéndome, me estoy durmiendo. Los únicos sonidos que percibo son algún que otro coche a los lejos y tu respiración al darle caladas al canuto. Hasta Lilo está tranquilo y no hace ruido. Como desde otro mundo ya, siento que te mueves, que has acabado de fumar y te tumbas totalmente a la vez que acurrucas tu cuerpo contra al mío.

Creo que pasa más de una hora y media en la que dormimos plácidamente el uno junto al otro y yo empiezo a despertarme al sentir como tu mano acaricia mi muslo. Después de la ducha me he puesto el mini-pijama de verano azul, el que sé que te gusta. Aún medio dormido, estás metiendo tu mano dentro de los culotes. Mi piel aún está fresquita, por eso te da más gusto tocarla. Tu mano sigue acariciándome y yo, con movimientos lentos y aún soñolientos, muevo poco a poco mi cuerpo para pegarlo aún más al tuyo, para sentir tu entrepierna en mi culo. Tu mano ahora acaricia mi vientre por debajo del ombligo y descuidadamente se mete, otra vez, dentro de mis culotes. Noto la punta de tus dedos deslizándose suavemente de arriba abajo y un leve cosquilleo comienza a pasearse por todo mi cuerpo.

Ahora ya parece que estás despierto del todo ya que aprietas fuertemente tu pelvis contra mi a la vez que tus dedos ya juegan con mi clítoris. Yo sigo moviendo mi cuerpo, rozándose contra el tuyo y me excita el notar que estás ya duro. Decido girarme y me encuentro con esos ojos tuyos que me encantan mirándome fijamente y una sonrisa cómplice se asoma en nuestras bocas, que, sin mediar palabra (no hace falta) se besan sin prisa, sin desesperación, sólo con una ternura infinita. Saboreo tus labios con los míos, comienzo a jugar con la punta de mi lengua y me doy cuenta que los dos seguimos sonriendo.

Me gusta acariciar la curva de tu cintura mientras estás recostado de lado, es muy suave. Tu brazo se cierne entorno a mi y me atrae aún más hacia ti. Rodeo con mi pierna las tuyas y rozo suavemente pero con firmeza mi entrepierna con la tuya. Y ahora eres tú el que decide moverse, tumbándote boca arriba y colocándome a mi sentada encima de ti. Ahora sí que puedo notar perfectamente lo duro que estás, a pesar de que nuestros sexos siguen separados por mis culotes y tus pantalones cortos.

Con mucha ternura coges el borde de mi camiseta de algodón y lo subes hasta que me la quitas por encima de la cabeza y mis pechos quedan libres, solo para ti, solo para que sean tuyos. Y tus manos, una vez más, no me decepcionan y los acarician firmemente, como sabes que me gusta. Y también sabes ya que me vuelvo loca cuando lames mis pechos, así que te incorporas lo justo para que queden a la altura de tu boca. Pero justo cuando tus labios y tu lengua van a rozar mi pezón derecho, te detienes en seco y me miras travieso desde abajo. Me miras con esa cara de pillo sonriendo, sabiendo que me estás matando, sabiendo que estoy deseando que lo hagas, sabiendo que estoy muy caliente y que NECESITO que chupes mi pezón. Pero yo también sonrío y con mi mano, acerco esa cabecita tuya recién rapada hacia mi. Umm, qué placer al sentir tus labios rodeando mi pecho, al notar como tu lengua se pasea por la punta de mi pezón y sobretodo el verte cómo disfrutas tú al hacerlo.

Con tus manos mueves me cuerpo hacia delante y hacia atrás, pero yo no aguanto más y ayudada con mis piernas y mis manos, casi te arranco el pantalón. Como nunca llevas ropas interior, directamente aparece ante mi tu increíble polla, tan erecta y dura que aunque tú estás luchando contra mis culotes para que salgan de entre mis piernas, yo me aparto, bajo por tu cuerpo y comienzo a lamerla. Me gusta hacerlo desde abajo hasta la punta, recreándome después en tu glande, mientras mis dedos la acarician en toda su totalidad, masajeando a la vez los huevos. Tu gimes y a mi me encanta oírte, Tú no puedes verlo, pero mientras la tengo entera metida en mi boca, sonrío. Mi boca no te da tregua y cada vez aprieta más fuerte, para que puedas sentir bien mis labios acariciándola, para que notes como mi lengua juega por dentro. Pero tú no quieres correrte así, esta vez no. Así que te semi-incorporas y me haces subir hasta que vuelto a estar sobre ti y a tu misma altura. Esta vez sí que le ganas la batalla a mis culotes y sonriéndome triunfante, los tiras por el suelo de la habitación. Y muy suavemente, mientras me miras y acaricias mi rostro, yo me coloco sobre ti y me penetras. Ummm la sensación de tenerte es increíble, el poder notar como te vas abriendo camino dentro de mi me va a matar de gusto. Tus manos se aferran a mi culo y lo hacen moverse como tu quieres, con un ritmo tranquilo, pausado, pero fuerte, potente. Te miro y veo tu rostro convertido en una mueca de puro placer y me siento afortunada de poder ser yo quien te lo está dando. Noto tus embestidas cada vez más fuertes y mis movimientos se hacen casi convulsivos. Necesito sentirte más fuerte, más adentro. Tus dedos se clavan en mis nalgas, casi arañándome, pero no me importa. Lo único que me importa en este momento es seguir cabalgando sobre ti para dártelo todo. Tus gemidos se confunden con los míos, haciendo de banda sonora de lo que va a pasar en unos instantes. Tu cuerpo empieza a convulsionarse de forma que me hace entender que estás empezando a sentir los primeros coletazos del orgasmo. Sí, mi amor, te miro y lo sé, sé que quieres que continúe más fuerte, más adentro, que mis movimientos sobre ti sean precisos. Pero no te preocupes mi vida que voy a hacerlo. Umm así, sí, yo también empiezo a sentir como llega, como me desgarra por dentro, como siento que necesito tus manos en mi piel, tu polla dentro de mi, tu cuerpo en el mío. Sí, cariño, así. Tus gemidos son totalmente guturales y de repente, arqueas totalmente la espalda y te incorporas, aferrándome del final de mi espalda y atrayéndome hacia ti casi brutalmente, como si fuéramos animales. Y cada vez más fuerte, más adentro. Todos los músculos de nuestros cuerpos están tensos y el placer nos desborda. Nos estamos corriendo a la vez. Siento como tus influidos calientes me invaden por dentro y no puedo más que devolverte el regalo, dándote yo a ti los míos, para que se mezclen. Así, cariño.

Cada vez me siento más en paz. El alboroto de adrenalina está dejando paso, poco a poco a una relajación total. Aún son latentes los fuertes latidos de nuestros corazones acelerados, pero poco a poco van bajando su ritmo. Nuestros cuerpos comienzan a relajarse y aún con la respiración entrecortada, apoyas tu frente contra la mía, rodeas mi cara con tus manos y, estando aún dentro de mi, me besas. Y los dos sonreímos…
 
PABLO
Conocía a Pablo desde hacía ya casi 2 años. Desde aquella primera visita a su cuidad, donde nos conocimos mientras yo estaba de vacaciones, una noche de copas, habíamos mantenido el contacto porque realmente congeniábamos en nuestras conversaciones, en nuestras aficiones y sobretodo en la cama.

Pablo es el vocalista de un grupo de música que, aunque no le reporte ingresos suficientes como para no trabajar en algo más, sí que le hace viajar bastante. Y por eso, un jueves por la noche me llamó para decirme que aquel mismo sábado actuaba en un local de mi ciudad, y que le encantaría que fuera a verle. Yo, encantadísima accedí tomando nota de las señas a donde debía ir y la hora.

Acompañada de algunos amigos y después de casi 1 hora dando vueltas por el dichoso barrio, conseguimos encontrar el lugar que me había indicado Pablo. El concierto ya había empezado, pero como eran varios los grupos que actuaban y el de Pablo era el último, conseguí localizarlo vía sms en una de las barras. Nos saludamos con un tímido pico en los labios y me invitó a una cerveza. Estaba muy nervioso, y con razón, ya que el sitio estaba lleno hasta arriba y en cuestión de minutos empezaba su grupo. Se fue para los camerinos y yo me dirigí hacia donde estaban mis amigos, dispuesta a disfrutar de su actuación.

Realmente Pablo en directo canta genial, y tras la primera canción ya se había metido al público en el bolsillo. El concierto estuvo francamente bien y a Pablo se le notaba que estaba disfrutando allí arriba.

Cuando acabaron, me acerqué al camerino en su busca, para felicitarlo por lo bien que había estado. Y allí estaba él, sudando, con todo el pelo alborotado pero feliz. Entonces, al verme, sí que me besó efusivamente. Sin decir palabra, me rodeó por la cintura con un brazo y me besó, acariciando mi lengua con la suya, mordiéndome el labio inferior y agarrándome por la nuca, casi sin dejarme respirar. ¡¡Estaba eufórico!! Cuando consiguió relajarse un poco, nos sentamos a tomar algo allí mismo en el camerino, pero yo había venido acompañada de varios amigos, que me esperaban ya fuera. Como él tenía aún que ducharse y reunirse con todo su equipo, acordamos vernos en una de las salas alternativas más famosas de mi cuidad.

Y allí que estaba yo, en la sala, rodeada de miles de personas, esperando a Pablo. Para hacer tiempo, fui a la barra a pedir la primera copa. Me la bebí en 10 minutos. Un par de canciones en la pista y Pablo seguía sin aparecer. Me di una vuelta por la sala, no fuera a ser que estuviera él por otro lado de la sala y no me viera. Pero después de dos vueltas enteras, decidí volver a la barra a por otra copa. Mi móvil, en el bolsillo trasero de mis vaqueros seguía sin avisarme de nada. Volví a bajar a la pista con mis amigos, pensando que Pablo quizás ya estaría con ellos…Pero allí no estaba. Hacía casi dos horas que había dejado a Pablo duchándose y seguí sin dar señales de vida. ¿Dónde estaba? Ya estaba comenzando a ponerme nerviosa. Le envié un escueto sms preguntándole dónde andaba. No obtuve respuesta. Otra copa más para hacer tiempo y Pablo sin aparecer.

A las 6 de a mañana, una vez que ya estaban todas las luces de la sala encendidas para que fuéramos desalojando, yo aún seguía buscando a Pablo con la mirada. Realmente estaba decepcionada y enfadada. Enfadada conmigo misma por haber estado toda la noche esperando a aquel cabrón que ni siquiera se había dignado a avisarme de que no iba a venir. Y así, cansada y con mi orgullo y mi corazoncito tocados, salí por la puerta de la sala mientras amanecía.

Sentada en la parte posterior del coche de mis amigos, aún seguía yo despotricando contra Pablo cuando noté una pequeña sacudida en mi culo. Era mi móvil, me acababa de llegar un sms. Era de un número que yo no tenía y decía:

“XIKI, ¿PUEDES VENIR A BUSCARM XFAVOR? STOY AÚN EN EL SITIO DONDE HE ACTUADO. LUEGO TE CUENTO…PABLO”

Realmente me lo pensé más de dos y tres veces antes de decidir lo que iba a hacer. Estaba tan enfadada con Pablo que no era capaz de ver más allá. Pero mis amigos me dijeron que no fuera tan cabezota, que le diera al chico al menos el beneficio de la duda y le dejara explicarse. Así que no muy convencida, cogí mi coche y me dirigí a buscarle.

Al llegar allí, la estampa que me encontré me enterneció. Allí estaba Pablo, helado, sentado en el suelo, apoyado contra la pared, durmiendo. Estaba tan mono e indefenso que casi ni me atrevía a despertarle. Me agaché y dándole un besito en los labios le desperté. Al principio creo que ni él mismo sabía dónde estaba y se sorprendió de verme allí. Pero poco a poco su cabeza fue despejándose del sueño y su cara cambió por completo para reflejar un alivio absoluto. Me cogió la cara y comenzó a besarme los labios, la nariz, la frente al tiempo que decía “Gracias, gracias, gracias”.

Nos metimos en mi coche con la calefacción lo más fuerte posible en busca de algún sitio abierto para desayunar algo caliente. Y mientras yo conducía Pablo me explicó su fabulosa noche: Al irme yo, él se duchó y ayudó a su banda a desmontar el equipo y cargarlo en la furgoneta, con tan mala suerte que cuando acabaron de cargar y volvieron al local, éste ya estaba cerrado, con todas las cosas personales, cartera, móvil, chaqueta, etc., de Pablo dentro, aún en el camerino. Tras varios intentos a números de teléfono fallidos consiguieron contactar con uno de los móviles de que disponían de la gente que los había contratado para actuar y a través de esa persona consiguieron contactar con el dueño del local. Pero éste se negó a volver al local dadas las horas que eran y les dijo que volvieran al día siguiente por la mañana a por sus cosas. Entonces Pablo, pidió un móvil y después de llamar a un amigo común para pedirle mi número, me escribió el sms y les dijo a los chicos de su banda que se fueran, que tenían más de 300 km que recorren aún antes de llegar a su ciudad, y que si yo no aparecía, pues ya esperaría en la puerta hasta que el dueño viniese y, una vez ya con sus cosas, volvería en tren a su ciudad.

Cuando por fin llegamos a mi casa después de desayunar, estábamos los dos tan cansados que casi rodamos por el pasillo hasta llegar al dormitorio. Pero una vez tumbados los dos en la cama, fue inevitable, pese al cansancio, no empezar a tocarle. De espaldas a mi, le abracé por detrás, rodeando su cintura con mi brazo y acariciando distraídamente sus pelillos del ombligo. Poco a poco mis dedos fueron bajando, hasta que los introduje por debajo del calzoncillo. “Yo lo intento, y si él no reacciona es que está dormido” pensé. Pero al acercar mis dedos a su polla y notarla tan dura, supe que de dormido tenía poco. Comencé a acariciársela suave y dulcemente, sin prisas, desde la punta hasta los huevos. Él seguía de espaldas a mi, y el no vernos cara a cara me excitaba. Pero yo necesitaba que él me tocara también, así que saqué la mano de su calzoncillo indicándole que se diera la vuelta. “Parece que la niña quiere juerga, ¿no?” me dijo al tiempo que me besaba y metía la mano dentro de mis ya húmedas bragas. Notaba sus dedos jugando con mi clítoris, suavemente, a la vez que yo, ahora ya de frente, masajeaba con las dos manos su polla. Uuff como me gusta la masturbación mutua y más con alguien que sabe hacérmelo tan bien como Pablo. Mientras sus dedos no dejaban de jugar por dentro de mis bragas, su boca se cerraba alrededor de uno de mis pechos, haciendo que su lengua marcara el recorrido de mi pezón. Estaba yo tan caliente, que estando ya a punto de correrme tuve que decirle que parara. Pero con un sólo movimiento ya estaba yo encima de Pablo, abriendo las piernas para recibirlo dentro de mi. Y así, a horcajadas, comencé a cabalgarle mientras él, con sus manos entre mi cintura y mi culo, me marcaba el ritmo que quería seguir. Cada vez mis embestidas eran más brutas, con más desgarro, cada vez más duras, más adentro. Mi clítoris rozando con su pelo púbico me estaba volviendo loca, así que cuando yo noté que llegaba mi orgasmo, agarré su cabeza y casi le obligué a lamerle los pechos, chupármelos, yo diría que casi mordérmelos. Umm me encanta que me coman el pecho mientras me corro. Pero casi ni me dio tiempo a saborear mi orgasmo cuando ya me estaba dando la vuelta para penetrarme por detrás, como a una perrilla. Sus embestidas eran tan duras que hasta me estaban doliendo, pero con esa clase de dolor placentero. El nivel de sus gemidos estaba aumentando de intensidad y eso solo podía significar que Pablo estaba a punto de correrse. Pero no era la primera vez que Pablo y yo nos acostábamos, y yo ya sabía lo que a él le gusta, así que me di la vuelta y, estando él aún de rodillas, me introduje toda su polla dura en la boca. Estaba caliente, muy caliente y muy dura. Sus manos entre mi pelo me indicaban que quería un ritmo rápido, fuerte, y mi boca lo seguía mientras mis manos masajeaban sus huevos. Y así, mientras me decía lo mucho que le gustaba lo golfilla que era con él, se corrió, derramándome su semen por mi boca, mi barbilla y mi pecho.

La duchita rápida nos sentó a los dos de maravilla y ya, por fin, a las 11 de la mañana pasadas, nos fuimos a dormir abrazados como dos tórtolos.

Con la excusa de recoger sus cosas personales, Pablo estuvo en mi casa cuatro días en los que al final, siempre se nos “hacía tarde” para ir a buscarlas. Realmente es un chico muy especial y su actual novia, seguro que disfruta de él. ¿Dejará algo para las demás?