Blogs.ya.com Quitar publicidad
Mis Hombres
Ellos, los que han llenado mi vida hasta saciarla, Mis Hombres
Acerca de
No puedo vivir sin ellos
Sindicación
 
DANI
Aquel verano se presentaba como uno de los peores de mi, hasta entonces, corta vida. Había acabado el primer curso de B.U.P. con una media de 7 asignaturas suspendidas, mi mejor amiga se iba todo el verano al extranjero y para colmo, el chico mayor de edad que me gustaba, ni me miraba. A mis 15 años, aquello suponía la depresión total. Y más aún cuando mis padres (por aquel entonces aún casados) me informaron que pasaríamos TODO el mes de agosto, en un camping de Andalucía, con mis tíos y mi primo Dani, a los cuales, al vivir a casi 700 km. veíamos de año en año. ¿Puede haber algo peor para una adolescente que ese plan de veraneo?

Con cara de pocos amigos, me subí en el coche aquella madrugada en la que comenzaban aquellas vacaciones. Al llegar al camping, ya entrada la tarde, mis tíos y Dani ya estaban allí. Tras la lluvia de besos y abrazos por parte de unos y otros, hicimos la repartición de tiendas. Y ya entonces fue la gota que colmo mi vaso: tendría que compartir tienda con mi primo. Joder, ¿es que no se daban cuenta que yo, una adolescente de 15 años necesitaba cierta intimidad? Pero a Dani, dos años mayor que yo, pareció no molestarle la idea e incluso se le veía ilusionado por tener que compartir la tiendas. ¿Qué esperaba? ¿Fiestas de pijama?

La primera noche fue de lo más incómodo para mi. De espaldas a Dani, no quería ni moverme, me daba vergüenza tener que dormir con mi primo. ¡¡Ya no éramos niños!!

Durante los primeros días no hice más que protestar por todo. Me sentía incómoda en aquel lugar, y más tratándome como una niña como ellos hacían. Solo quería volver a mi ciudad con mis amigos.

Pero una tarde, estando en la playa, mientras estaba entrando en el agua, dándo saltitos para evitar las olas, pillé a Dani mirándome de “una manera extraña”. Parecía como si me estuviera viendo por primera vez. Notaba sus ojos clavados en mi cuerpo, en mis recién desarrollados pechos, mis incipientes curvas. Claro, hacía más de dos años que Dani y yo no nos veíamos y ahora él no reconocía mi cuerpo como el de su primita pequeña. Pero en aquella mirada había algo más…

Desde aquella tarde y durante los siguientes días, comenzó entre nosotros un ir y venir de miradas, de roces, de encuentros “casuales”. Me empezó a gustar aquello, al menos era una distracción en aquellas tediosas vacaciones y además, bien mirado, Dani estaba muy guapo. Aunque fuera mi primo, me halagaba que un chico guapo y mayor que yo se fijase en mi de aquella manera, era divertido.

Una noche, en la discoteca del camping (éramos demasiado jóvenes para poder hacer algo más por las noches) un turista francés me sacó a bailar. Nada más salir con él a la pista de baile, busqué a Dani con la mirada y no me defraudó: allí estaba, con la vista clavada en mi y en mi acompañante. Me gustaba la sensación de que estuviera celoso. No tardó ni un minuto en estar allí al lado excusándose en que había visto como intentaba tocarme el culo, para mandar al francés lo más lejos posible amenazándolo. Por supuesto, a nuestros padres les hizo mucha gracia aquel alarde de Dani por cuidar a su primita…

Aquella noche, fue la primera que Dani me abrazo para dormir. Espero un tiempo prudencial y después, escudándose en que estaba dormido y no sabía lo que hacía (aún hoy en día sigue diciendo que lo hizo dormido…ja!) me rodeo con sus brazos. Podía oír perfectamente su respiración en mi oído. Me gustaba la sensación de sentir su brazo rodeando mi cintura, su torso en mi espalda, y sus piernas rozándose con las mías, sentirle tan cerca. Cuando me desperté, Dani ya no estaba en la tienda, se había levantado y desayunaba con nuestros padres. Cuando salí, no sabía ni cómo mirarle. No había pasado nada, sólo me había abrazado, pero me daba una vergüenza tremenda mirarle, Pero esa sonrisa que apareció en su cara al verme aparecer, despelucada y con cara de sueño, me hizo sentir segura, devolviéndole una sonrisa cómplice.

Desde ese momento, sin hablar de ello entre nosotros pero conscientemente buscábamos excusas para estar solos. No había pasado nada entre nosotros pero si estábamos en la playa, Dani se tumbaba tan cerca de mi que le oía respirar a la vez que, sin darle importancia al gesto, me acariciaba el cuello, la nuca, el pelo…Si bajábamos al pueblo a tomar algo, acabábamos cogidos de la mano y acariciándonos inocentemente.

Una tarde, estando en el césped de la piscina, el socorrista, un chico muy simpático con el que ya habíamos charlado en más de una ocasión, se sentó con nosotros. Estaba aburrido y necesitaba conversación. Dani y él se enzarzaron en una conversación futbolera que no me atraía mucho, así que decidí darme un chapuzón. Justo cuando me alejaba de ellos, oí al socorrista decir: <“Joder, tú novia está buena ehh”. Y Dani sólo se limitó a asentir.

Aquella noche, cuando ya llevábamos casi dos horas acostados, yo seguía sin poder dormir. Aquella situación se estaba descontrolando. Así que sin pensarlo dos veces, me giré, encontrándome la cara de Dani, dormido a tan solo 2 cm de mi cara y susurrándole le pregunté:
“¿Por qué no le has dicho que soy tu prima y no tu novia?”

Dani tan sólo entreabrió un ojo, me miró y sin decir nada me besó en los labios. Un beso dulce, silencioso, delicioso. ¡¡Era mi primo!! ¡¡Aquel que me estaba besando era Dani!! ¡¡El mismo Dani que no hacía tanto tiempo me subía la falda en la plaza de al lado de su casa para que sus amigos se rieran de mi!! ¡¡Aquel Dani que, sólo por fastidiarme, jamás me dejó tocar sus scalextrics!! Mi primo Dani, y a partir de ese beso mi Dani para siempre. No me importaba, era mi primo, pero me encantaba sentir su boca besando la mía. Igual que me encantó cuando sus manos comenzaron a tocar mi cuerpo aún en pleno desarrollo pueril. Aquella noche fue la primera vez que alguien me tocó los pechos por dentro de la ropa, toda una nueva experiencia para mi al sentir sus dedos acariciando mis pezones y notar ese cosquilleo en el bajo vientre.

A menos de 2 metros hacia izquierda, dormían sus padres y hacía la derecha, los míos. Pero dentro de nuestra tienda estábamos seguros. Ellos mismos nos habían ordenado dormir juntos ¿no?

A partir de esa noche, pasábamos los días escurriéndonos por los rincones para poder besarnos y tocarnos sin que nadie nos viera. Creo que ahí comencé a hacer mis pinitos en el mundo del morbo, ya que aquel beso en la piscina debajo del agua mientras nuestros padres andaban por allí, me produjo tal excitación que me sorprendió a mi misma.

El día que alquilamos un patín de playa y nos metimos mar adentro, fue la primera vez que yo toqué una polla. Sentados en la parte posterior del patín, yo quería acariciar a Dani y que se volviera loco, pero no sabía como hacerlo bien. Él, muy cariñosamente, me ayudaba y guiaba mi mano para hacerme ver cómo quería que se lo hiciera mientras metía su mano por dentro de mi bikini y acariciaba mi culo. Al oír sus gemidos, yo me puse realmente cachonda y sin darme cuenta me coloqué sentada encima de él. Nunca antes me había pasado algo así, sentía la necesidad imperiosa de frotar mi cuerpo contra el suyo, de sentir su polla dura entre mis piernas y frotarla contra mi clítoris. Él me besaba cada vez más rápido, mientras me hacía ir hacia delante y hacia atrás agarrándome por el culo. Yo apretaba con todas mis fuerzas mi cuerpo contra el suyo, como si me fuera la vida en ello. Noté como me humedecía, como mis pezones se ponían tan duros que casi me dolían, pero me encantaba aquella situación, me encantaba sentir su cuerpo caliente abrazando al mío. Casi a la desesperada ya, Dani sacó uno de mis pechos del bikini y sin frenar aquel movimiento al galope, lo besó. Lo besó como quien besa la mejilla de un niño, para acto seguido, comenzar a lamerlo frenéticamente, sin descanso, saboreándolo con la punta de su lengua, para después engullirlo entero, mientras con una mano, acariciaba a la tremenda y a las bravas el otro pecho. Umm como me gustó aquello, me gustó tanto que sin ser consciente de ello, yo misma aceleré el ritmo de mis movimientos, frotándome cada vez más fuerte contra su polla (creo que hasta llegué a hacerle daño en algún momento) y gimiendo como nunca antes lo había hecho, me estaba volviendo loca, no era dueña mis actos, y así, moviéndome como una desesperada y apretándome contra el cuerpo de Dani tuve mi primer orgasmo sin saber exactamente qué había sido aquello.

Cuando paramos, Dani también tenía todo el bañador empapado. Se había corrido aunque no tenía muy claro en qué momento había sido. Ya casi era la hora de devolver el patín y como él aún seguía excitadísimo decidimos darnos un baño en las aguas frías donde estábamos para “relajarnos” antes de volver a la orilla con nuestras familias.

Pasamos una semana más así. Nuestros toqueteos y arrumacos cada vez iban a más y cada vez éramos menos cautos a la hora de escondernos. Creo que casi todo el camping menos nuestros padres sabían lo nuestro. Yo ya había llamado a mi mejor amiga al extranjero desde una cabina para confesarle que me había enamorado de mi primo. “Estás loca” me decía.

Y claro está, tuvo que pasar lo inevitable. Una tarde, a la hora de la siesta, el padre de Dani abrió la cremallera de nuestra tienda pensando en gastarnos una broma con una pistola de agua mientras dormíamos y se encontró con la visión de su hijo besando a su sobrina y acariciándole el pecho. No hizo más que cerrar la cremallera de nuevo sin mediar palabra. Dani y yo nos quedamos horrorizados dentro de la tienda. Tardamos casi una hora en coger fuerzas para salir y aguantar el chaparrón. Pero para nuestra sorpresa, no se armó ningún escándalo, no hubo broncas tremendistas para nadie, pero mi tío y mi padre se llevaron a Dani a dar un laaaaargo paseo mientras mi madre y mi tía me decían que habían decidido que a partir de ese día yo dormiría con mi tía y Dani con su padre, así yo tendría la intimidad necesaria por si tenía la regla o cositas de esas de mujeres…

Claro está, nadie habló del tema en los pocos días que nos quedaban de vacaciones, pero ya se guardaron de no dejarnos solos a Dani y a mi ni un momento. Cuando volví a Barcelona, no me atrevía a llamarle porque sabía que sus padres o los míos estarían atentos a nuestras conversaciones (entonces solo existía un teléfono en el salón de las casas). También desistí de escribirle una carta, porque seguro que mis tíos la leerían antes de dársela a él y ¡¡no existía el correo electrónico!!. Solo me quedaba esperar a Navidades para vernos…Pero mientras esperaba, en mi camino se cruzó un tal Adrián y en el suyo una tal Anabel…

Durante varios de años, la relación entre Dani y yo fue bastante fría y distante. Pero al ser ya los dos adultos, por motivos que no vienen al caso, tuve que pasar una larga temporada en su casa y Dani y yo volvimos a “encontrarnos” como personas, como amigos y como primos. Muchas veces hablamos del tema y lo encontramos gracioso, pero tengo que reconocer que aún hoy en día, soy incapaz de mantenerme fría al recordar aquella tarde, mar a dentro, en el patín donde mi primo consiguió arrancarme mi primer orgasmo.