MANU
NOTA DE LA AUTORA: No he olvidado que la historia de Álex está a medias, pero hoy hablaremos de Manu. Ya iréis comprobando que me gusta hacer saltos en el tiempo…
Yo tenía 21 años y trabajaba en una oficina en pleno centro de mi ciudad. Todas las mañanas tomaba café en el mismo bar, así que por allí ya me conocían. Y una de esas mañanas, al ir a pagar mi consumición, me lleve la grata sorpresa de que unos chicos que había en una mesa contigua a la mía, ya la habían abonado, así que no tuve más remedio que acercarme para darles las gracias. Charlando me explicaron que todos ellos eran bomberos de una unidad en las islas, que estaban en mi ciudad realizando unas prácticas anuales y se alojaban en el hotel de enfrente de la cafetería.
A la mañana siguiente volvían a estar en la misma mesa y me invitaron a sentarme con ellos. Desde el primer momento me fijé en Manu, era el más atractivo de todos ellos. Maduro, con 38 años, con unos ojos enormes y negros, pelo oscuro y rizado y un cuerpazo que dejaba sin respiración. De todo aquel grupo masculino, solo me interesaba él e intenté dejárselo claro antes de abandonar la mesa para volver a mi oficina. Y supongo que lo interpreto sin dificultad, ya que cuando salí por la puerta de la cafetería, salió detrás de mi y me preguntó si me gustaría que nos viéramos aquella noche, excusándose en que no conocía la ciudad y quería que yo le llevara a un buen sitio. Acepté la proposición, quedamos directamente en el pub que le indiqué y volví a mi oficina pensando en que me iba a depilar el cuerpo entero (y cuando digo entero, es entero) para aquella noche. Aquel bombero me gustaba de verdad…
Pero al llegar por la noche al pub, me sorprendió ver allí a todo el grupo. Yo pensé que aquello era una cita, pero al perecer Manu no lo había interpretado así. Todos me saludaron muy efusivamente, pero en menos de 15 minutos ya me había dado cuenta de que la situación no era la que yo había creído: Manu no me hacía ni caso y charlaba con una treintañera muy atractiva en la barra y yo no podía quitarme de encima a un bombero adolescente que aún tenía acné juvenil y no paraba de hablarme de incendios, accidentes de coches y guardias inacabables. Aquello no iba por buen camino.
Manu acabó besando a la treintañera y eso ya fue el vaso que colmo la gota. Así que como yo soy muy decidida cuando quiero algo (hay quien lo llama ser resuelta, ser liguera, ser un putón, ser una guarra, me da igual, llámalo como quieras) y aquella noche yo quería a Manu, me acerqué a la barra y de un leve codazo aparté a la treintañera. Me pegué a Manu lo más que pude y metiéndole la mano debajo de mi falda y mis bragas para que pudiera tocármelo, le dije que me había engañado, que yo no me había depilado el chochito para aquel pre-puber de granos, que me lo había depilado para él. Y cuando me aseguré que había tocado la suavidad de mi piel sin un solo pelo, le saqué la mano.
Su cara fue de sorpresa total. Creo que en su vida se hubiera esperado un ataque femenino tan frontal. Ais, eso es lo que más me gusta de los hombres, que ante una mujer decidida y con iniciativa no saben como reaccionar. Su estupefacción pasó a ser asombro cuando le susurré al oído que me acompañara al baño. Casi sin pestañear me siguió por todo el bar, sin soltarse de mi mano. Y allí se quedaron la treintañera sin entender nada y el pre-puber entendiéndolo todo.
Nos encerramos en uno de los baños y mientras le quitaba la camiseta y le lamía los pezones no hacia más que repetir “Pero si eres una niña. Eres muy joven” pero no paraba de apretarme los pechos con sus manos. Creo que ese sentimiento de Lolita nos puso a los dos cachondísimos. Me quitó la camiseta y estuvo mamando de mis pechos de rodillas en el suelo de aquel pequeño habitáculo mientras yo me quitaba las bragas por debajo de mi falda. Al ver ese movimiento, no lo dudó más, se pudo de pie y se bajó los pantalones y los calzoncillos. Su polla erecta me impresionó. Era la más grande que había visto hasta el momento y debo admitir que hasta pensé que aquello iba a causarme dolor físico. Pero me equivoqué. Saqué un condón de mi bolso (chica precavida vale por dos y siempre llevo mis propios condones) y se lo puse con miedo a que no le entrase. Manu me cogió en brazos y apoyándome contra la puerta, hizo que mis piernas le rodearan. Como único punto de apoyo, me sujeté al borde superior de la puerta, que no llegaba hasta el techo. Pero igualmente la postura no fue nada incómoda, ya que yo soy muy poca cosa y Manu tiene unos brazos increíbles con los que me sujetaba por las nalgas. Fuera había gente, pero me daba igual. Incluso me ponía más cachonda el hecho de pensar que allí fuera podían estaban la treintañera y el pre-puber , viendo mis manos apoyadas en el borde la puerta y escuchando nuestros gemidos.
Manu estaba cachondísimo también. Supongo que una situación así de inesperada pone cachondo a cualquiera. Me penetró con aquella inmensa polla pero no me hizo ningún daño como yo había pensado, sino todo lo contrario. El notar las fuertes embestidas que me daba para penetrarme me daba un placer que hasta ese momento no había experimentado. Era incapaz de reprimir mis gemidos mientras, a la vez que me penetraba, lamía y mordía mis pechos. Las embestidas eran tan fuertes que hasta la puerta daba unos golpes incontrolables, pero no nos importaba y seguíamos y seguíamos, cada vez más fuerte, más adentro, más intenso. Hasta que no pude contenerme más y me corrí con un alarido de placer que parecía más animal que humano. “Así, así. Córrete mi niña” me decía Manu, a la vez que empecé a notar en él las convulsiones de su orgasmo. Se estaba corriendo, se estaba corriendo dentro de mi, dentro de la niña joven, la niña que él había intentado ligar para el pre-puber…
Ahora no era tan niña ¿verdad?
Volveréis a ver a Manu por aquí, porque a partir de conocernos, hemos mantenido durante todos estos años una relación basada en el sexo y la amistad que dura hasta el momento. Nada de ataduras, nada de promesas y nada de obligaciones. Es la persona que mejor sexo me ha proporcionado y lo sigue haciendo.
Yo tenía 21 años y trabajaba en una oficina en pleno centro de mi ciudad. Todas las mañanas tomaba café en el mismo bar, así que por allí ya me conocían. Y una de esas mañanas, al ir a pagar mi consumición, me lleve la grata sorpresa de que unos chicos que había en una mesa contigua a la mía, ya la habían abonado, así que no tuve más remedio que acercarme para darles las gracias. Charlando me explicaron que todos ellos eran bomberos de una unidad en las islas, que estaban en mi ciudad realizando unas prácticas anuales y se alojaban en el hotel de enfrente de la cafetería.
A la mañana siguiente volvían a estar en la misma mesa y me invitaron a sentarme con ellos. Desde el primer momento me fijé en Manu, era el más atractivo de todos ellos. Maduro, con 38 años, con unos ojos enormes y negros, pelo oscuro y rizado y un cuerpazo que dejaba sin respiración. De todo aquel grupo masculino, solo me interesaba él e intenté dejárselo claro antes de abandonar la mesa para volver a mi oficina. Y supongo que lo interpreto sin dificultad, ya que cuando salí por la puerta de la cafetería, salió detrás de mi y me preguntó si me gustaría que nos viéramos aquella noche, excusándose en que no conocía la ciudad y quería que yo le llevara a un buen sitio. Acepté la proposición, quedamos directamente en el pub que le indiqué y volví a mi oficina pensando en que me iba a depilar el cuerpo entero (y cuando digo entero, es entero) para aquella noche. Aquel bombero me gustaba de verdad…
Pero al llegar por la noche al pub, me sorprendió ver allí a todo el grupo. Yo pensé que aquello era una cita, pero al perecer Manu no lo había interpretado así. Todos me saludaron muy efusivamente, pero en menos de 15 minutos ya me había dado cuenta de que la situación no era la que yo había creído: Manu no me hacía ni caso y charlaba con una treintañera muy atractiva en la barra y yo no podía quitarme de encima a un bombero adolescente que aún tenía acné juvenil y no paraba de hablarme de incendios, accidentes de coches y guardias inacabables. Aquello no iba por buen camino.
Manu acabó besando a la treintañera y eso ya fue el vaso que colmo la gota. Así que como yo soy muy decidida cuando quiero algo (hay quien lo llama ser resuelta, ser liguera, ser un putón, ser una guarra, me da igual, llámalo como quieras) y aquella noche yo quería a Manu, me acerqué a la barra y de un leve codazo aparté a la treintañera. Me pegué a Manu lo más que pude y metiéndole la mano debajo de mi falda y mis bragas para que pudiera tocármelo, le dije que me había engañado, que yo no me había depilado el chochito para aquel pre-puber de granos, que me lo había depilado para él. Y cuando me aseguré que había tocado la suavidad de mi piel sin un solo pelo, le saqué la mano.
Su cara fue de sorpresa total. Creo que en su vida se hubiera esperado un ataque femenino tan frontal. Ais, eso es lo que más me gusta de los hombres, que ante una mujer decidida y con iniciativa no saben como reaccionar. Su estupefacción pasó a ser asombro cuando le susurré al oído que me acompañara al baño. Casi sin pestañear me siguió por todo el bar, sin soltarse de mi mano. Y allí se quedaron la treintañera sin entender nada y el pre-puber entendiéndolo todo.
Nos encerramos en uno de los baños y mientras le quitaba la camiseta y le lamía los pezones no hacia más que repetir “Pero si eres una niña. Eres muy joven” pero no paraba de apretarme los pechos con sus manos. Creo que ese sentimiento de Lolita nos puso a los dos cachondísimos. Me quitó la camiseta y estuvo mamando de mis pechos de rodillas en el suelo de aquel pequeño habitáculo mientras yo me quitaba las bragas por debajo de mi falda. Al ver ese movimiento, no lo dudó más, se pudo de pie y se bajó los pantalones y los calzoncillos. Su polla erecta me impresionó. Era la más grande que había visto hasta el momento y debo admitir que hasta pensé que aquello iba a causarme dolor físico. Pero me equivoqué. Saqué un condón de mi bolso (chica precavida vale por dos y siempre llevo mis propios condones) y se lo puse con miedo a que no le entrase. Manu me cogió en brazos y apoyándome contra la puerta, hizo que mis piernas le rodearan. Como único punto de apoyo, me sujeté al borde superior de la puerta, que no llegaba hasta el techo. Pero igualmente la postura no fue nada incómoda, ya que yo soy muy poca cosa y Manu tiene unos brazos increíbles con los que me sujetaba por las nalgas. Fuera había gente, pero me daba igual. Incluso me ponía más cachonda el hecho de pensar que allí fuera podían estaban la treintañera y el pre-puber , viendo mis manos apoyadas en el borde la puerta y escuchando nuestros gemidos. Manu estaba cachondísimo también. Supongo que una situación así de inesperada pone cachondo a cualquiera. Me penetró con aquella inmensa polla pero no me hizo ningún daño como yo había pensado, sino todo lo contrario. El notar las fuertes embestidas que me daba para penetrarme me daba un placer que hasta ese momento no había experimentado. Era incapaz de reprimir mis gemidos mientras, a la vez que me penetraba, lamía y mordía mis pechos. Las embestidas eran tan fuertes que hasta la puerta daba unos golpes incontrolables, pero no nos importaba y seguíamos y seguíamos, cada vez más fuerte, más adentro, más intenso. Hasta que no pude contenerme más y me corrí con un alarido de placer que parecía más animal que humano. “Así, así. Córrete mi niña” me decía Manu, a la vez que empecé a notar en él las convulsiones de su orgasmo. Se estaba corriendo, se estaba corriendo dentro de mi, dentro de la niña joven, la niña que él había intentado ligar para el pre-puber…
Ahora no era tan niña ¿verdad?
Volveréis a ver a Manu por aquí, porque a partir de conocernos, hemos mantenido durante todos estos años una relación basada en el sexo y la amistad que dura hasta el momento. Nada de ataduras, nada de promesas y nada de obligaciones. Es la persona que mejor sexo me ha proporcionado y lo sigue haciendo.
ÁLEX
Sin lugar a dudas, ha sido el hombre que más a marcado mi existencia. Su historia es demasiado larga y con tantos acontecimientos que sería imposible explicarlos todo en un solo post, así que hoy solo relataré el inicio.
Alex es el primo de Mayca, una de mis mejores amigas desde la escuela primaria, así que él y yo nos conocimos cuando aún éramos unos niños de 11 años, jugando en la plaza de al lado de mi casa. Aun recuerdo el primer día que ella me lo presentó. Nosotras estábamos jugando en unos columpios y apareció él montado en su bicicleta, con un chándal rojo. Los bucles de su rubia melena le colgaban por los hombros y fue la primera vez que me fijé “de esa manera” en un niño.
Los padres de Alex se divorciaron y él acabó mudándose con su madre a más de 1.000 km. de mi ciudad. Si soy sincera, creo que después de su marcha no volví a pensar en él durante los años que pasaron hasta que volvimos a encontrarnos.
Era verano, yo tenía 17 años y salía con Juan desde hacia 1 año y medio. Había perdido mi virginidad con él, pero la relación me estaba saturando, me estaba ahogando. Necesitaba aire fresco y entonces reapareció Alex en mi vida.
Aquella noche había engañado a Juan diciéndole que me iba a quedar en casa estudiando. Necesitaba salir con mi amigas, sentirme libre y sin la corta atadura que Juan siempre me ponía.
Y estando en un bar tomando algo, Mayca me comentó que su primo Álex había vuelto a la ciudad para pasar las vacaciones y que había quedado en ese mismo bar con él. La noticia tampoco es que me impactara, pero sentí curiosidad por ver cómo estaría el niño de los bucles dorado después de tantos años.
Y la verdad es que, cuando apareció, no me defraudo. Seguía igual de rubio, igual de guapo y con el mismo encanto que tenía cuando montaba en la bicicleta. Mayca nos volvió a presentar, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando él dijo que se acordaba de mi. ¡Incluso recordaba mi nombre!
Algo pasó en aquel momento, aunque parezca peliculero, un chispazo surgió en ese instante entre nosotros dos, entre nuestra miradas y ya fue imposible separarnos. Durante las siguientes horas charlamos, bebimos, nos reímos y sobretodo, nos convertimos en cómplices. La noche era perfecta, en aquel bar parecía que solo estábamos nosotros dos, él para mi y yo para él, los dos aislados…
Aquella noche de juerga la acabamos todos juntos en la plaza de siempre, tirados todos en el césped. Yo recostada en el abdomen de Álex mientras él me acariciaba la nuca. Salió el sol y decidimos que ya era hora de volver a casa. No llegamos a besarnos en toda la noche, pero los dos sabíamos que aquello no quedaría así, que solo era el comienzo. Una simple frase de él mientras yo me alejaba y todo quedaba asegurado: “¿Nos veremos mañana Lucía?” Y un contundente SÍ salió de mi boca sin pensarlo, a pesar de que Mayca me recordara que, muy a mi pesar, Juan seguía existiendo.
No hacía ni tres horas que me había acostado cuando Juan apareció en mi casa. Estaba yo sola, mis padres estaban en la casa de campo, así que no dudó ni un instante en meterse en mi cama para un polvo mañanero. Como yo aún estaba dormida, entre sueños vi que eran las manos de Álex las que tocaban mis pechos, el cuerpo de Álex era el que notaba encima, su lengua era la que me recorría el cuello y finalmente su polla dura era la que me penetraba fuertemente y la que me hacía estremecer de placer. Pero en el momento en que él se corrió, sus absurdos gemidos ahogados, me hicieron volver a la realidad y ver que quien se estaba corriendo dentro de mi, quien apretaba mi pecho hasta lastimarme, quien sudaba como un cerdo y quién resoplaba con esa cara de gilipollas no era Álex, sino Juan. No pude más que sentir repulsión y asco ante aquel cuerpo que ahora me parecía extraño y, casi a patadas, lo aparté de encima.
Juan miraba perplejo sin esperarse todo aquello, pero sin poder evitarlo, salió por mi boca todo aquello que llevaba tanto tiempo callando y por fin fui capaz de acabar con aquel tormento de relación a pesar de sus llantos y suplicas. Era libre, libre por fin!!!! Y Álex me esperaba aquella noche…
(Continuará)
Alex es el primo de Mayca, una de mis mejores amigas desde la escuela primaria, así que él y yo nos conocimos cuando aún éramos unos niños de 11 años, jugando en la plaza de al lado de mi casa. Aun recuerdo el primer día que ella me lo presentó. Nosotras estábamos jugando en unos columpios y apareció él montado en su bicicleta, con un chándal rojo. Los bucles de su rubia melena le colgaban por los hombros y fue la primera vez que me fijé “de esa manera” en un niño.
Los padres de Alex se divorciaron y él acabó mudándose con su madre a más de 1.000 km. de mi ciudad. Si soy sincera, creo que después de su marcha no volví a pensar en él durante los años que pasaron hasta que volvimos a encontrarnos.
Era verano, yo tenía 17 años y salía con Juan desde hacia 1 año y medio. Había perdido mi virginidad con él, pero la relación me estaba saturando, me estaba ahogando. Necesitaba aire fresco y entonces reapareció Alex en mi vida.
Aquella noche había engañado a Juan diciéndole que me iba a quedar en casa estudiando. Necesitaba salir con mi amigas, sentirme libre y sin la corta atadura que Juan siempre me ponía.
Y estando en un bar tomando algo, Mayca me comentó que su primo Álex había vuelto a la ciudad para pasar las vacaciones y que había quedado en ese mismo bar con él. La noticia tampoco es que me impactara, pero sentí curiosidad por ver cómo estaría el niño de los bucles dorado después de tantos años.
Y la verdad es que, cuando apareció, no me defraudo. Seguía igual de rubio, igual de guapo y con el mismo encanto que tenía cuando montaba en la bicicleta. Mayca nos volvió a presentar, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando él dijo que se acordaba de mi. ¡Incluso recordaba mi nombre!
Algo pasó en aquel momento, aunque parezca peliculero, un chispazo surgió en ese instante entre nosotros dos, entre nuestra miradas y ya fue imposible separarnos. Durante las siguientes horas charlamos, bebimos, nos reímos y sobretodo, nos convertimos en cómplices. La noche era perfecta, en aquel bar parecía que solo estábamos nosotros dos, él para mi y yo para él, los dos aislados…Aquella noche de juerga la acabamos todos juntos en la plaza de siempre, tirados todos en el césped. Yo recostada en el abdomen de Álex mientras él me acariciaba la nuca. Salió el sol y decidimos que ya era hora de volver a casa. No llegamos a besarnos en toda la noche, pero los dos sabíamos que aquello no quedaría así, que solo era el comienzo. Una simple frase de él mientras yo me alejaba y todo quedaba asegurado: “¿Nos veremos mañana Lucía?” Y un contundente SÍ salió de mi boca sin pensarlo, a pesar de que Mayca me recordara que, muy a mi pesar, Juan seguía existiendo.
No hacía ni tres horas que me había acostado cuando Juan apareció en mi casa. Estaba yo sola, mis padres estaban en la casa de campo, así que no dudó ni un instante en meterse en mi cama para un polvo mañanero. Como yo aún estaba dormida, entre sueños vi que eran las manos de Álex las que tocaban mis pechos, el cuerpo de Álex era el que notaba encima, su lengua era la que me recorría el cuello y finalmente su polla dura era la que me penetraba fuertemente y la que me hacía estremecer de placer. Pero en el momento en que él se corrió, sus absurdos gemidos ahogados, me hicieron volver a la realidad y ver que quien se estaba corriendo dentro de mi, quien apretaba mi pecho hasta lastimarme, quien sudaba como un cerdo y quién resoplaba con esa cara de gilipollas no era Álex, sino Juan. No pude más que sentir repulsión y asco ante aquel cuerpo que ahora me parecía extraño y, casi a patadas, lo aparté de encima.
Juan miraba perplejo sin esperarse todo aquello, pero sin poder evitarlo, salió por mi boca todo aquello que llevaba tanto tiempo callando y por fin fui capaz de acabar con aquel tormento de relación a pesar de sus llantos y suplicas. Era libre, libre por fin!!!! Y Álex me esperaba aquella noche…
(Continuará)
FABIO
Verano de 2000. Yo vivía fuera de España. Hacia 3 años que vivía en el extranjero, pero estaba ya pensando en volver aquí, a mi país. Mi aventura como “emigrante” me estaba cansando y el país donde vivía ya me hastiaba. Ni siquiera Gen, el chico perfecto (guapo, simpático, con un futuro prometedor, maduro…etc) con el que compartía mi vida en aquel país, era capaz de retenerme por más tiempo allí. Por eso aprovecha todas mis vacaciones para volar a España yo sola. Ya se sabe, que como aquí no se vive en ningún sitio.
Y en esa situación me hallaba yo, con unos días libres y de vacaciones con mis amigas en Andalucía, en un típico pueblo de costa turístico. Durante esos días, nuestra rutina diaria fue: despertador a las 11:00 para aprovechar la mañana en la playa, comer y volver a bajar a la playa a “echar la siesta” (tened en cuenta que en el país donde yo vivía el sol nunca aparecía), cena y FIESTA hasta las 7 u 8 de la mañana y vuelta a empezar al día siguiente!
Y en una de esas noches de FIESTA (sí, sí, con mayúsculas, porque es que esas fiestas fueron a lo grande, repletas de sexo, drogas y cualquier música que nos pusieran) se cruzó Fabio en mi vida.
Aquella noche habíamos estado bebiendo y fumando diferentes sustancias en nuestro apartamento y llegamos a la zona de bares completamente borrachas y colocadas. Éramos un grupito de 5 chicas y la verdad es que llamábamos bastante la atención. Las tetas de Marta en ese cuerpo esbelto, los grandes ojos de Mireia coronando aquella bonita cara pálida, la simpatía y desparpajo de María, que hacía reír a cualquiera, mi melena rubia y rizada colgando sobre mi pequeño pero bien formado cuerpo y la exuberancia innata de Núria con esas carnes prietas, formaban un conjunto imposible de pasar desapercibido.
Estábamos en un pequeño bar, bailando y de repente me cogieron por detrás, por la cintura. Me giré y allí estaba él. Sabia que era italiano, ya que lo habíamos visto las noches anteriores con sus amigos rondando por los bares del pueblo y todas nosotras habíamos acordado por unanimidad que su apodo debía ser “Il bueno”, por lo buenísimo que estaba dándole su toque italiano. No cruzamos ni una palabra, solo miradas que lo decían todo mientras bailábamos, y en menos de 2 minutos ya tenía su lengua metida en mi boca. Así me gustan a mi las cosas con un chico guapo, sin complicaciones ni explicaciones y contundentes!!
El baile fue a más, y más que bailar lo que hacíamos era frotarnos el uno contra el otro. Cada vez yo estaba más cachonda y notaba en él que su bulto del pantalón tenía vida propia y empujaba cada vez más. Estábamos en medio del bar, pero Fabio (aunque en ese momento aún ni siquiera sabia su nombre) no desaprovecha la oportunidad de rozarme los pezones cada vez que podía y eso a mi ya me estaba volviendo loca. Pensé en la playa, en esas hamacas solitarias en la arena a esas horas de la madrugada y, aunque tenía la regla, algún apaño se podía hacer…
A base de gestos y de mi italiano chapurreado (todos somos capaces de hacerlo, ¿no?) le hice entender que nos fuéramos a la playa. Lo cogió al instante y de la mano, me llevó casi en bolandas fuera del bar.
Casi corríamos cuando dejamos la zona de bares y nos metimos en una urbanización camino de la playa. Pero lo solitario del lugar nos dio pie a besarnos y tocarnos más profundamente mientras caminamos, hasta que no pudimos más y de mutuo acuerdo, aunque ni lo dijéramos, decidimos que ni playa ni nada, que la urgencia lo requería y que el mejor sitio para desfogarnos era allí mismo, apoyados en un coche.
Otra vez con gestos y como pude le comenté el pequeño detalle de la regla, pero no le importó lo más mínimo en cuanto mi mano comenzó a masajearle la polla por dentro de los pantalones. Él estaba cachondísimo y creí que yo me iba a correr solo de oírle gemir. ¡Cómo me encanta oír gemir de placer a un hombre! Pero no lo hice (de momento). Aunque la zona estaba iluminada, por allí no pasaba nadie a esas horas así que decidí abrir su cremallera y sacar la polla totalmente fuera para tener mayor acceso a ella. Aunque hacía calor, me encantaba aquel tacto sudoroso que tenía todo su cuerpo en ese momento, con los ojos entrecerrados, disfrutando del placer que yo le estaba proporcionando apoyado en aquel coche.
Pero de golpe se incorporó y desesperadamente me abrazo y acto seguido me quito mi camiseta. Yo, como muchas otras veces en que salgo por la noche, no llevaba sujetador, así que no tuvo ninguna dificultad en comerme las tetitas mientras metía su mano por debajo de mi falda y apartaba mis bragas para masturbarme, a la vez que yo hacía lo mismo con él. Le pedí que me las chupara más fuerte, que me las mordiera, pero claro la falta de entendimiento en el idioma es muy mala, así que acabé yo misma apretando su cara contra mis pechos. Lo volvió a coger a la primera (era un chico listo) y sus labios, su lengua e incluso sus dientes aumentaron la presión hasta el punto de llegar a ese punto de placer doloroso, sin llegar a ser dañino. Y entre eso y sus dedos jugando con mi clítoris no pude más que rendir ante el placer y correrme abrazándome fuertemente a su espalda, pegándome a él lo máximo posible.
Poco a poco, mis piernas dejaron de temblar, pero aun así, Fabio seguía sujetándome fuertemente. Mis manos seguían jugueteando con su polla, que seguía dura, muy dura, a pesar de que yo había bajado el ritmo de mi mano para disfrutar plenamente de mi orgasmo. Pero como es de bien nacido ser agradecido y a mi me encanta ver la cara de los hombres al correrse, continúe acariciándola y en seguida volví a alcanzar el ritmo frenético de antes.
Él estaba disfrutando muchísimo, pero yo misma me lo estaba pasando genial solo de verle a él. Sus gemidos cada vez eran más fuertes. Se iba a correr pronto, lo notaba. Empecé a mover mi mano más rápido y más fuerte. Y de pronto unas voces! Un grupo de gente se acerca por la calle y estaban tan solo a unos metros de nosotros. Pero en vez de parar, creo que esa situación hizo incluso que se excitara más y justo cuando el grupo pasaba por nuestro lado (recordar que yo estaba sin camiseta) su cuerpo empezó a convulsionarse y sus gemidos se elevaron a casi gritos que yo ahogué metiendo mi lengua en su boca buscando la suya y pegándo todo mi cuerpo fuertemente a él. El grupo pasó del largo sin detenerse, aunque supongo que se dieron cuenta de lo que allí pesaba, pero ¿qué más da? Yo me había corrido, él se había corrido y ahora estábamos abrazados, aunque yo seguía sin saber su nombre, no me había parado ni ha pensar el ello…
Volvimos al bar donde estaban mis amigas y su amigos. Mireia andaba enrollándose con un andaluz, Marta tonteaba con un catalán, Núria simplemente no estaba (a esta sí que le dio tiempo a llegar con el suyo a la playa) y María se lo estaba pasando genial con los amigos de Fabio. Nos fuimos todos a fumar maría a un banco fuera del bar y, para mi sorpresa, Fabio era el perfecto chico cariño y tierno. Después de aquella sesión de masturbación en público que habíamos tenido sin conocernos de nada, él no daba el perfil de chico cariñoso, sino más bien todo lo contrario. Me impresionó la ternura con la me miraba. Muchos hombres han tenido la desfachatez de decirme que me quieren y jamás he encontrado en sus ojos aquella mirada. Quise hacerle una foto para recordarle siempre, pero sobretodo para recordar aquella mirada, pero María había acabado todo el carrete (¡¡lo que habría dado yo por que existieran entonces las cámaras digitales)!! Y me pasé el resto de horas junto a él esforzándome por memorizarlo entero.
Durante el resto de noche fueron continuos los besos en la boca, en la frente, en la nariz, en el cuello, los abrazos, los susurros al oído (aunque casi ni me enteraba de lo que me decía). Pero llegó el momento en que el sol salió y su vuelo de retorno a Italia salía en un par de horas. Fue el momento de despedirnos y, aunque los dos sabíamos que era para siempre, Fabio no quiso ser tan “definitivo” y me apuntó en un papelito su nombre completo y su número de teléfono. Él sabía que no lo iba a llamar y yo estaba convencida de que jamás utilizaría aquel papel, pero me valió al menos para saber su nombre!!!
Al día siguiente cuando me levanté aún recordaba su cara y sus ojos mirándome. Estaba en la cama recreándome en aquella imagen y me alarmó un grito de María, que estaba poniendo una lavadora. “Guarraaaa, que eres una guarra” y se asomó a la puerta de la habitación mostrándome la falda que llevaba yo puesta la noche anterior. “Una cosa es que te líes con “Il bueno” y otra que nos lo refriegues de esta manera”. Yo no entendía nada, pero al fijar mis ojos en la falda, pude ver claramente una gran mancha blanca que se extendía por casi toda la parte delantera. Así que ya veis, además del recuerdo de su mirada, Fabio también me dejó otro recuerdo estampado en mi falda…
NOTA DE LA AUTORA: Mientras Fabio se corría empezó a gritar algo en italiano. Era algo así como “MI DAE”, aunque claro está, no sé ni como se escribirá, pero sonaba así: MI DAE. ¿Hay por ahí algún italiano o persona que sepa italiano que pueda decirme qué significa? Es algo que realmente siempre me ha intrigado…
Y en esa situación me hallaba yo, con unos días libres y de vacaciones con mis amigas en Andalucía, en un típico pueblo de costa turístico. Durante esos días, nuestra rutina diaria fue: despertador a las 11:00 para aprovechar la mañana en la playa, comer y volver a bajar a la playa a “echar la siesta” (tened en cuenta que en el país donde yo vivía el sol nunca aparecía), cena y FIESTA hasta las 7 u 8 de la mañana y vuelta a empezar al día siguiente!
Y en una de esas noches de FIESTA (sí, sí, con mayúsculas, porque es que esas fiestas fueron a lo grande, repletas de sexo, drogas y cualquier música que nos pusieran) se cruzó Fabio en mi vida.
Aquella noche habíamos estado bebiendo y fumando diferentes sustancias en nuestro apartamento y llegamos a la zona de bares completamente borrachas y colocadas. Éramos un grupito de 5 chicas y la verdad es que llamábamos bastante la atención. Las tetas de Marta en ese cuerpo esbelto, los grandes ojos de Mireia coronando aquella bonita cara pálida, la simpatía y desparpajo de María, que hacía reír a cualquiera, mi melena rubia y rizada colgando sobre mi pequeño pero bien formado cuerpo y la exuberancia innata de Núria con esas carnes prietas, formaban un conjunto imposible de pasar desapercibido.
Estábamos en un pequeño bar, bailando y de repente me cogieron por detrás, por la cintura. Me giré y allí estaba él. Sabia que era italiano, ya que lo habíamos visto las noches anteriores con sus amigos rondando por los bares del pueblo y todas nosotras habíamos acordado por unanimidad que su apodo debía ser “Il bueno”, por lo buenísimo que estaba dándole su toque italiano. No cruzamos ni una palabra, solo miradas que lo decían todo mientras bailábamos, y en menos de 2 minutos ya tenía su lengua metida en mi boca. Así me gustan a mi las cosas con un chico guapo, sin complicaciones ni explicaciones y contundentes!!
El baile fue a más, y más que bailar lo que hacíamos era frotarnos el uno contra el otro. Cada vez yo estaba más cachonda y notaba en él que su bulto del pantalón tenía vida propia y empujaba cada vez más. Estábamos en medio del bar, pero Fabio (aunque en ese momento aún ni siquiera sabia su nombre) no desaprovecha la oportunidad de rozarme los pezones cada vez que podía y eso a mi ya me estaba volviendo loca. Pensé en la playa, en esas hamacas solitarias en la arena a esas horas de la madrugada y, aunque tenía la regla, algún apaño se podía hacer…
A base de gestos y de mi italiano chapurreado (todos somos capaces de hacerlo, ¿no?) le hice entender que nos fuéramos a la playa. Lo cogió al instante y de la mano, me llevó casi en bolandas fuera del bar.
Casi corríamos cuando dejamos la zona de bares y nos metimos en una urbanización camino de la playa. Pero lo solitario del lugar nos dio pie a besarnos y tocarnos más profundamente mientras caminamos, hasta que no pudimos más y de mutuo acuerdo, aunque ni lo dijéramos, decidimos que ni playa ni nada, que la urgencia lo requería y que el mejor sitio para desfogarnos era allí mismo, apoyados en un coche.
Otra vez con gestos y como pude le comenté el pequeño detalle de la regla, pero no le importó lo más mínimo en cuanto mi mano comenzó a masajearle la polla por dentro de los pantalones. Él estaba cachondísimo y creí que yo me iba a correr solo de oírle gemir. ¡Cómo me encanta oír gemir de placer a un hombre! Pero no lo hice (de momento). Aunque la zona estaba iluminada, por allí no pasaba nadie a esas horas así que decidí abrir su cremallera y sacar la polla totalmente fuera para tener mayor acceso a ella. Aunque hacía calor, me encantaba aquel tacto sudoroso que tenía todo su cuerpo en ese momento, con los ojos entrecerrados, disfrutando del placer que yo le estaba proporcionando apoyado en aquel coche.
Pero de golpe se incorporó y desesperadamente me abrazo y acto seguido me quito mi camiseta. Yo, como muchas otras veces en que salgo por la noche, no llevaba sujetador, así que no tuvo ninguna dificultad en comerme las tetitas mientras metía su mano por debajo de mi falda y apartaba mis bragas para masturbarme, a la vez que yo hacía lo mismo con él. Le pedí que me las chupara más fuerte, que me las mordiera, pero claro la falta de entendimiento en el idioma es muy mala, así que acabé yo misma apretando su cara contra mis pechos. Lo volvió a coger a la primera (era un chico listo) y sus labios, su lengua e incluso sus dientes aumentaron la presión hasta el punto de llegar a ese punto de placer doloroso, sin llegar a ser dañino. Y entre eso y sus dedos jugando con mi clítoris no pude más que rendir ante el placer y correrme abrazándome fuertemente a su espalda, pegándome a él lo máximo posible. Poco a poco, mis piernas dejaron de temblar, pero aun así, Fabio seguía sujetándome fuertemente. Mis manos seguían jugueteando con su polla, que seguía dura, muy dura, a pesar de que yo había bajado el ritmo de mi mano para disfrutar plenamente de mi orgasmo. Pero como es de bien nacido ser agradecido y a mi me encanta ver la cara de los hombres al correrse, continúe acariciándola y en seguida volví a alcanzar el ritmo frenético de antes.
Él estaba disfrutando muchísimo, pero yo misma me lo estaba pasando genial solo de verle a él. Sus gemidos cada vez eran más fuertes. Se iba a correr pronto, lo notaba. Empecé a mover mi mano más rápido y más fuerte. Y de pronto unas voces! Un grupo de gente se acerca por la calle y estaban tan solo a unos metros de nosotros. Pero en vez de parar, creo que esa situación hizo incluso que se excitara más y justo cuando el grupo pasaba por nuestro lado (recordar que yo estaba sin camiseta) su cuerpo empezó a convulsionarse y sus gemidos se elevaron a casi gritos que yo ahogué metiendo mi lengua en su boca buscando la suya y pegándo todo mi cuerpo fuertemente a él. El grupo pasó del largo sin detenerse, aunque supongo que se dieron cuenta de lo que allí pesaba, pero ¿qué más da? Yo me había corrido, él se había corrido y ahora estábamos abrazados, aunque yo seguía sin saber su nombre, no me había parado ni ha pensar el ello…
Volvimos al bar donde estaban mis amigas y su amigos. Mireia andaba enrollándose con un andaluz, Marta tonteaba con un catalán, Núria simplemente no estaba (a esta sí que le dio tiempo a llegar con el suyo a la playa) y María se lo estaba pasando genial con los amigos de Fabio. Nos fuimos todos a fumar maría a un banco fuera del bar y, para mi sorpresa, Fabio era el perfecto chico cariño y tierno. Después de aquella sesión de masturbación en público que habíamos tenido sin conocernos de nada, él no daba el perfil de chico cariñoso, sino más bien todo lo contrario. Me impresionó la ternura con la me miraba. Muchos hombres han tenido la desfachatez de decirme que me quieren y jamás he encontrado en sus ojos aquella mirada. Quise hacerle una foto para recordarle siempre, pero sobretodo para recordar aquella mirada, pero María había acabado todo el carrete (¡¡lo que habría dado yo por que existieran entonces las cámaras digitales)!! Y me pasé el resto de horas junto a él esforzándome por memorizarlo entero.
Durante el resto de noche fueron continuos los besos en la boca, en la frente, en la nariz, en el cuello, los abrazos, los susurros al oído (aunque casi ni me enteraba de lo que me decía). Pero llegó el momento en que el sol salió y su vuelo de retorno a Italia salía en un par de horas. Fue el momento de despedirnos y, aunque los dos sabíamos que era para siempre, Fabio no quiso ser tan “definitivo” y me apuntó en un papelito su nombre completo y su número de teléfono. Él sabía que no lo iba a llamar y yo estaba convencida de que jamás utilizaría aquel papel, pero me valió al menos para saber su nombre!!!
Al día siguiente cuando me levanté aún recordaba su cara y sus ojos mirándome. Estaba en la cama recreándome en aquella imagen y me alarmó un grito de María, que estaba poniendo una lavadora. “Guarraaaa, que eres una guarra” y se asomó a la puerta de la habitación mostrándome la falda que llevaba yo puesta la noche anterior. “Una cosa es que te líes con “Il bueno” y otra que nos lo refriegues de esta manera”. Yo no entendía nada, pero al fijar mis ojos en la falda, pude ver claramente una gran mancha blanca que se extendía por casi toda la parte delantera. Así que ya veis, además del recuerdo de su mirada, Fabio también me dejó otro recuerdo estampado en mi falda…
NOTA DE LA AUTORA: Mientras Fabio se corría empezó a gritar algo en italiano. Era algo así como “MI DAE”, aunque claro está, no sé ni como se escribirá, pero sonaba así: MI DAE. ¿Hay por ahí algún italiano o persona que sepa italiano que pueda decirme qué significa? Es algo que realmente siempre me ha intrigado…
FERNANDO
Empezar por el principio es de sabios, así que voy a empezar hablándoos de Fernando, mi primer “novio”.
Corría el año 92, era mi cumpleaños e iba a celebrarlo con mis amigos en una discoteca de esas light que habían antes para mayores de 13 años (y aún así tenía que colarme…). Él estaba allí. Era amigo de un amigo de un amigo o algo así. El caso es que nos presentaron, pero desde el mismo momento que me giré después de darle dos besos, desapareció de mi mente totalmente para toda la tarde.
Pero al día siguiente (lunes) salí del colegio, muy mona yo con mi uniforme y me lo encontré allí, en la puerta, esperándome. Aún hoy por hoy, no tengo ni idea de cómo se enteró en qué centro estudiaba yo, ni de mis horarios, pero saliera a la hora que saliera, allí estaba Fernando esperándome y pidiéndome salir (que risa me da ahora al oír esta expresión).
Para mi, tal acoso durante semanas seguidas significó el paso por varias etapas: 1ª semana: Rabia, agobio y fastidio por tenerlo todo el día detrás. Huía de él. 2ª semana: Empezó a darme pena la cara que ponía cada vez que le decía que no iba a salir con él. 3ª semana: Hasta lo echaba de menos si algún día fallaba y no estaba en la puerta de mi colegio cuando yo salía. 4ª semana: Le dije que sí, que quería salir con él y para sellar nuestro pacto de amor nos dimos dos besos castos y puros en las mejillas.
Durante 4 días no hicimos más que darnos la mano por el parque, abrazarnos y algún beso que otro en la mejilla. Éramos muy muy jóvenes y para los dos era nuestra primera experiencia de pareja, si es que se puede llamar así…
Pero llegó el fin de semana y fuimos a una fiesta para jóvenes que se hacía en una discoteca bastante famosa. Ese era el día perfecto para darnos nuestros primer beso con lengua. Estuvimos allí los dos, bailando con el resto de amigos, todos juntos, hasta que pusieron “las lentas” (sí, aún en esa época se ponían lentas). Era el momento, justo el momento. Cerré los ojos y simplemente esperé a que sucediera. Y supongo que él también debió cerrar los ojos, porque en vez de notar sus labios en los míos, lo que noté fue su lengua chupándome la barbilla!!! Se había equivocado!!! Sí, mi primer beso con lengua no fue en la boca, sino en la barbilla. No dije nada por vergüenza, pero en cuanto dejó de comerme la barbilla y me miró como esperando mi opinión acerca de ese beso, no le di tiempo a más y fui yo la que le besó a él, pero con los ojos abiertos, para asegurarme de que yo sí que acertaba el lugar donde metía mi lengua.
Y si tengo que ser sincera, ese primer beso con lengua me pareció más bien viscoso y hasta un poco asqueroso. Aunque me pasó lo mismo al comerme mi primera ostra…pero después de la segunda y la tercera, ya empiezas a cogerle el gustillo, verdad?
Y de esta relación (si es que se la puede llamar así) no hay mucho más que destacar, simplemente que no llegó a durar ni a un mes, que yo, muy valiente por aquel entonces, en vez de decirle que le dejaba, mandé a una amiga a decírselo por mi (se estilaba mucho eso de mandar a las amigas con ese tipo de recados, ¿aún también?).
Durante algunas semanas de vez en cuando aparecían poesías escritas por él mismo en mi buzón (no imagináis como me arrepiento ahora mismo de no haberlas conservado), pero la cosa se calmó en cuanto se cruzó por su camino una tal Inés…
NOTA: Siento mucho si en este post no habeís encontrado lo que veníais buscando, pero ¿qué quereís? Solo tenía 12 años...
Corría el año 92, era mi cumpleaños e iba a celebrarlo con mis amigos en una discoteca de esas light que habían antes para mayores de 13 años (y aún así tenía que colarme…). Él estaba allí. Era amigo de un amigo de un amigo o algo así. El caso es que nos presentaron, pero desde el mismo momento que me giré después de darle dos besos, desapareció de mi mente totalmente para toda la tarde.
Pero al día siguiente (lunes) salí del colegio, muy mona yo con mi uniforme y me lo encontré allí, en la puerta, esperándome. Aún hoy por hoy, no tengo ni idea de cómo se enteró en qué centro estudiaba yo, ni de mis horarios, pero saliera a la hora que saliera, allí estaba Fernando esperándome y pidiéndome salir (que risa me da ahora al oír esta expresión).
Para mi, tal acoso durante semanas seguidas significó el paso por varias etapas: 1ª semana: Rabia, agobio y fastidio por tenerlo todo el día detrás. Huía de él. 2ª semana: Empezó a darme pena la cara que ponía cada vez que le decía que no iba a salir con él. 3ª semana: Hasta lo echaba de menos si algún día fallaba y no estaba en la puerta de mi colegio cuando yo salía. 4ª semana: Le dije que sí, que quería salir con él y para sellar nuestro pacto de amor nos dimos dos besos castos y puros en las mejillas.
Durante 4 días no hicimos más que darnos la mano por el parque, abrazarnos y algún beso que otro en la mejilla. Éramos muy muy jóvenes y para los dos era nuestra primera experiencia de pareja, si es que se puede llamar así…
Pero llegó el fin de semana y fuimos a una fiesta para jóvenes que se hacía en una discoteca bastante famosa. Ese era el día perfecto para darnos nuestros primer beso con lengua. Estuvimos allí los dos, bailando con el resto de amigos, todos juntos, hasta que pusieron “las lentas” (sí, aún en esa época se ponían lentas). Era el momento, justo el momento. Cerré los ojos y simplemente esperé a que sucediera. Y supongo que él también debió cerrar los ojos, porque en vez de notar sus labios en los míos, lo que noté fue su lengua chupándome la barbilla!!! Se había equivocado!!! Sí, mi primer beso con lengua no fue en la boca, sino en la barbilla. No dije nada por vergüenza, pero en cuanto dejó de comerme la barbilla y me miró como esperando mi opinión acerca de ese beso, no le di tiempo a más y fui yo la que le besó a él, pero con los ojos abiertos, para asegurarme de que yo sí que acertaba el lugar donde metía mi lengua. Y si tengo que ser sincera, ese primer beso con lengua me pareció más bien viscoso y hasta un poco asqueroso. Aunque me pasó lo mismo al comerme mi primera ostra…pero después de la segunda y la tercera, ya empiezas a cogerle el gustillo, verdad?
Y de esta relación (si es que se la puede llamar así) no hay mucho más que destacar, simplemente que no llegó a durar ni a un mes, que yo, muy valiente por aquel entonces, en vez de decirle que le dejaba, mandé a una amiga a decírselo por mi (se estilaba mucho eso de mandar a las amigas con ese tipo de recados, ¿aún también?).
Durante algunas semanas de vez en cuando aparecían poesías escritas por él mismo en mi buzón (no imagináis como me arrepiento ahora mismo de no haberlas conservado), pero la cosa se calmó en cuanto se cruzó por su camino una tal Inés…
NOTA: Siento mucho si en este post no habeís encontrado lo que veníais buscando, pero ¿qué quereís? Solo tenía 12 años...
PRESENTACIÓN
Si tuviera que describir mi existencia, la definiría como un cúmulo de sensaciones, sentimientos y experiencias. Cada etapa ha sido diferente e irrepetible, pero siempre ha ido marcada por una misma pauta, un hombre. Ellos han supuesto para mi el principio y el fin de algo, puertas que se abren y se cierran.
Mi vida se ha llenado con encuentros casuales, noches acompañada, rupturas, infidelidades, celos...etc. pero sobretodo sexo (con amor o sin él) que Ellos me han proporcionado.
Así que, a cambio, no podía más que dedicarles a Ellos, los hombres que han pasado por mi vida para bien o para mal, este blog.
Algunos quizás sean vanagloriados como divinidades que realmente no son y otros, en cambio, serán tratados como ratas asquerosas. Pero eso no significa que lo sean, simplemente es la percepción que a mi me quedó. Por ejemplo, seguro que la novia de Manuel, aquella chica mona, escueta y recatada no tiene la misma percepción de él que yo. Con ella iba al cine, comía palomitas y se comportaba como el perfecto novio formal. Pero conmigo follaba como un perro en cuanto la dejaba a ella en casa con su correspondiente besito de despedida. Son diferentes puntos de vista, ¿no crees?
Mi vida se ha llenado con encuentros casuales, noches acompañada, rupturas, infidelidades, celos...etc. pero sobretodo sexo (con amor o sin él) que Ellos me han proporcionado. Así que, a cambio, no podía más que dedicarles a Ellos, los hombres que han pasado por mi vida para bien o para mal, este blog.
Algunos quizás sean vanagloriados como divinidades que realmente no son y otros, en cambio, serán tratados como ratas asquerosas. Pero eso no significa que lo sean, simplemente es la percepción que a mi me quedó. Por ejemplo, seguro que la novia de Manuel, aquella chica mona, escueta y recatada no tiene la misma percepción de él que yo. Con ella iba al cine, comía palomitas y se comportaba como el perfecto novio formal. Pero conmigo follaba como un perro en cuanto la dejaba a ella en casa con su correspondiente besito de despedida. Son diferentes puntos de vista, ¿no crees?