Para tí, siempre estoy
No dejo de retener tus palabras y miradas, todas coleccionadas y guardadas ya en el álbum de mi memoria. Me duele más que nunca pensar en ciertas cosas habladas, me duele recordar tus ojos tristes y mis lágrimas incesantes. Me rompo al recordar algunas de tus frases, me derrumbo al pensarlas. Y es que no quiero que tengas razón en algunas afirmaciones. No quiero que la mates, como me dijiste:
- O la matas tu o lo hago yo.
Te pido y te suplico que no lo hagas. En ese momento me desnudaste como nadie nunca lo había hecho. Me vaciaste tanto tanto que me quede sola, me quede sin mí; en ese momento, mi cuerpo solo era eso, piel; llegué a verme desde fuera más frágil y vulnerable que nunca. En ese momento me convertí en Wendy, una niña débil y frágil que buscaba con necesidad la mirada de su Peter para ser alguien más que esa niña despojada de su armadura.
Pero a pesar de eso, en estos días creo que he sido siempre yo, no ella; he sido YO, creeme, quiereme.
Te quiero tanto tanto que, hoy sí, mis palabras tienen menos valor que nunca, porque por fín, has podido escuchar mis miradas. Me llenas el alma con tus besos, tu sonrisa, tu mirada... Me llenas de vida cada segundo, y sólo me queda decirte que no olvides ninguna de mis palabras, ya lo sabes.
Eres capaz de crear en mí sonrisas que no aparecerían en ningun momento a no ser por tu mágia, por tu forma de querer, que me encanta. Me divierte tu desparpajo, tu locura, tu poca verguenza, que siempre te digo... ,)
Que te quiero, y que eso es lo más importante. Y que nos tenemos para pasarlo bien, y mal. Un beso, dulce...

- O la matas tu o lo hago yo.
Te pido y te suplico que no lo hagas. En ese momento me desnudaste como nadie nunca lo había hecho. Me vaciaste tanto tanto que me quede sola, me quede sin mí; en ese momento, mi cuerpo solo era eso, piel; llegué a verme desde fuera más frágil y vulnerable que nunca. En ese momento me convertí en Wendy, una niña débil y frágil que buscaba con necesidad la mirada de su Peter para ser alguien más que esa niña despojada de su armadura.
Pero a pesar de eso, en estos días creo que he sido siempre yo, no ella; he sido YO, creeme, quiereme.
Te quiero tanto tanto que, hoy sí, mis palabras tienen menos valor que nunca, porque por fín, has podido escuchar mis miradas. Me llenas el alma con tus besos, tu sonrisa, tu mirada... Me llenas de vida cada segundo, y sólo me queda decirte que no olvides ninguna de mis palabras, ya lo sabes.
Eres capaz de crear en mí sonrisas que no aparecerían en ningun momento a no ser por tu mágia, por tu forma de querer, que me encanta. Me divierte tu desparpajo, tu locura, tu poca verguenza, que siempre te digo... ,)
Que te quiero, y que eso es lo más importante. Y que nos tenemos para pasarlo bien, y mal. Un beso, dulce...






