Vuelta a las andadas
Como habreis podido comprobar, actualizo con periodicidad dudosa. Y es que las cosas, cuando resultan una obligación, aburren. Que lo poco agrada y lo mucho enfada, dice el refrán.
Pero no iba a hablaros de eso, sino de lo mucho que me gusta que me miren a los ojos mientras echo un polvo. Además, no cualquier mirada. No, no. Me gusta la suya. Adoro tener sus pupilas clavadas en las mías y notar cómo se acelera el ritmo de su respiración. Me enamoro del brillo animal de sus ojos cuando me dice "fóllame"... del contoneo frenético de sus caderas cuando roza el orgasmo...
Y también de la paz que sigue a la tormenta, cuando, abrazada a mí, y embargados por el olor a sexo que nos rodea, me susurra "te quiero" al oído.
Esta relación es como la droga: sabes que es mala a largo plazo, pero una vez que disfrutas de sus placeres, se antoja complicado dejarla. Y yo, de momento, soy yonki hasta las trancas. Eso sí, con una sonrisa de oreja a oreja.
Pero no iba a hablaros de eso, sino de lo mucho que me gusta que me miren a los ojos mientras echo un polvo. Además, no cualquier mirada. No, no. Me gusta la suya. Adoro tener sus pupilas clavadas en las mías y notar cómo se acelera el ritmo de su respiración. Me enamoro del brillo animal de sus ojos cuando me dice "fóllame"... del contoneo frenético de sus caderas cuando roza el orgasmo...
Y también de la paz que sigue a la tormenta, cuando, abrazada a mí, y embargados por el olor a sexo que nos rodea, me susurra "te quiero" al oído.
Esta relación es como la droga: sabes que es mala a largo plazo, pero una vez que disfrutas de sus placeres, se antoja complicado dejarla. Y yo, de momento, soy yonki hasta las trancas. Eso sí, con una sonrisa de oreja a oreja.





