"laroci"... desayuna con diamantes
Esta mañana, en mi primer café, he concluido que no juego bien a los bolos y que los dichosos zapatos de la bolera son sorprendentemente cómodos...
También medité acerca de la visita de “laroci”, que hacía algo más de un año que no la veía (es lo que tienen los vuelos transoceánicos y un sueldo precario, que no puedes ver a las amistades cuando quisieras...).
Y reconozco que la vi flaca, ha perdido esa infinidad de curvas que para mi la hacían tan latina, es como si hubiera pasado de ser Jennifer López a ser la versión bronceada de Gwyneth Paltrow, y aunque como ya digo, me parece que ha perdido una de sus grandes bazas, aún conserva ese espíritu de reina y de diva que tanto me fascina.
Cuando me reencontré con ella en Moncloa (sitio de reunión inaudito donde los haya, no me digan que no...) iba ataviada con un abrigo blanco en el que el mismísimo Truman Capote habría embutido a Audrey Hepburn en “Desayuno con Diamantes”.

Salía del intercambiador con el pelo suelto rugiendo a lo leona y con un curioso souvenir de Chile, un fornido mozo chileno en su brazo con ese acento a lo familia Mercader.....
Fueron algo más de dos horas en la que los tres, chileno incluido (un santo varón todo sea dicho, que nos soportó estoicamente cotillear sin descanso sin más mueca que una sonrisa) en la que pude comprobar que sigue estupenda en todas las acepciones de esa palabra.
Y al final, me he dado cuenta de que “laroci”, mi “roci”, es mi mariliendre* particular, si es que puedo llamar así a las divinas que orbitan mi existencia....
(*con el permiso de todos los muchachos que tienen a bien poseer tan preciado tesoro)
También medité acerca de la visita de “laroci”, que hacía algo más de un año que no la veía (es lo que tienen los vuelos transoceánicos y un sueldo precario, que no puedes ver a las amistades cuando quisieras...).
Y reconozco que la vi flaca, ha perdido esa infinidad de curvas que para mi la hacían tan latina, es como si hubiera pasado de ser Jennifer López a ser la versión bronceada de Gwyneth Paltrow, y aunque como ya digo, me parece que ha perdido una de sus grandes bazas, aún conserva ese espíritu de reina y de diva que tanto me fascina.
Cuando me reencontré con ella en Moncloa (sitio de reunión inaudito donde los haya, no me digan que no...) iba ataviada con un abrigo blanco en el que el mismísimo Truman Capote habría embutido a Audrey Hepburn en “Desayuno con Diamantes”.

Salía del intercambiador con el pelo suelto rugiendo a lo leona y con un curioso souvenir de Chile, un fornido mozo chileno en su brazo con ese acento a lo familia Mercader.....
Fueron algo más de dos horas en la que los tres, chileno incluido (un santo varón todo sea dicho, que nos soportó estoicamente cotillear sin descanso sin más mueca que una sonrisa) en la que pude comprobar que sigue estupenda en todas las acepciones de esa palabra.
Y al final, me he dado cuenta de que “laroci”, mi “roci”, es mi mariliendre* particular, si es que puedo llamar así a las divinas que orbitan mi existencia....
(*con el permiso de todos los muchachos que tienen a bien poseer tan preciado tesoro)
"viven"... filósofos en el Jupi
Esta mañana, durante el segundo café del día, a eso de las doce mas o menos, me encontraba en “el jupi”, junto a mis ideólogos de barrio.
Y mientras me fumaba el cigarrito y miraba el canal de Historia, que otra cosa no, pero los calamares fritos y el plus para ver al Madrid, que no falten, ¿no va el Pepe (dueño y rey del Jupi por posición) y le encuentro haciendo un estudio de campo acerca de si serían o no capaces?...
Y si, yo también me preguntaba mientras Paco decía que sí rotundamente y Manolo hacía como que leía el Marca para no tener que contestar, el qué coño serían o no capaces de hacer mis filósofos, hasta que Pepe, dejando mudo al bar entero ante su alegato fulminante dijo:
-¡¡JODER!! Si estas allí y hay que comérselo, ¡¡¡pues va uno y se lo come!!!...-
Y ¡ole!, ahí está el Pepe con toda la chulería de Madrid dentro de sus calzoncillos arrimándose a la barrera y tirándose mas que un farol a las farolas, pues si hay que comérselo, el Pepe se lo come, al modo “si hay que ir se va o el pues va a ser que si”.
Entonces vi la luz, y ya me los imaginaba a todos con sus calvas y sus barrigas a lo “viven”, mirándose los unos a los otros para ver quien la palmaba antes... Lo siento por manolo, que desgraciadamente es el rey de la “cañita” y su abdomen así lo manifiesta....
Concluyendo, que mis filósofos no se mueren de hambre, para que luego crean que necesitan a sus mujeres para que les hagan la comida, aunque como bien dice Paco, “sólo se necesitan los unos a los otros”....
O todos a uno sólo le sugiero yo....
Y mientras me fumaba el cigarrito y miraba el canal de Historia, que otra cosa no, pero los calamares fritos y el plus para ver al Madrid, que no falten, ¿no va el Pepe (dueño y rey del Jupi por posición) y le encuentro haciendo un estudio de campo acerca de si serían o no capaces?...
Y si, yo también me preguntaba mientras Paco decía que sí rotundamente y Manolo hacía como que leía el Marca para no tener que contestar, el qué coño serían o no capaces de hacer mis filósofos, hasta que Pepe, dejando mudo al bar entero ante su alegato fulminante dijo:
-¡¡JODER!! Si estas allí y hay que comérselo, ¡¡¡pues va uno y se lo come!!!...-
Y ¡ole!, ahí está el Pepe con toda la chulería de Madrid dentro de sus calzoncillos arrimándose a la barrera y tirándose mas que un farol a las farolas, pues si hay que comérselo, el Pepe se lo come, al modo “si hay que ir se va o el pues va a ser que si”.
Entonces vi la luz, y ya me los imaginaba a todos con sus calvas y sus barrigas a lo “viven”, mirándose los unos a los otros para ver quien la palmaba antes... Lo siento por manolo, que desgraciadamente es el rey de la “cañita” y su abdomen así lo manifiesta....
Concluyendo, que mis filósofos no se mueren de hambre, para que luego crean que necesitan a sus mujeres para que les hagan la comida, aunque como bien dice Paco, “sólo se necesitan los unos a los otros”....
O todos a uno sólo le sugiero yo....
¿conseguiste ver... cómo se derrite el amor?
Hoy soy esclava de las cosas que he ido escribiendo en mis cuadernos, hoy noto el peso de la nieve sobre la ropa tendida de mis recuerdos, y bajo mi falda... encuentro muy poco amor, amor del de entonces, del que daba regalado siempre en la misma dirección de correos.
Y aunque con un “no” nunca pronunciado, me regaló una vida nueva, me convierto en novia de la nostalgia al ojear mis cuadernos para hacerme daño del que hace herida, sin pensar en lo que en un agosto escribí:
“... aprender a apreciar las cosas olvidando lo que significa ‘echar de menos’... aprender a llorar sonriendo... aprender a aferrar los momentos eternos dentro de corazón... aprender a ser otra sin dejar de ser yo... aprender a enseñar y permitir que me enseñen admitiendo mi derrota ante las cosas... aprender a querer en la distancia y el olvido... aprender a leer en los ojos y en las manos... aprender... ha hacerme mayor conmigo, y a ratos... sin mi...”
Y aunque con un “no” nunca pronunciado, me regaló una vida nueva, me convierto en novia de la nostalgia al ojear mis cuadernos para hacerme daño del que hace herida, sin pensar en lo que en un agosto escribí:
“... aprender a apreciar las cosas olvidando lo que significa ‘echar de menos’... aprender a llorar sonriendo... aprender a aferrar los momentos eternos dentro de corazón... aprender a ser otra sin dejar de ser yo... aprender a enseñar y permitir que me enseñen admitiendo mi derrota ante las cosas... aprender a querer en la distancia y el olvido... aprender a leer en los ojos y en las manos... aprender... ha hacerme mayor conmigo, y a ratos... sin mi...”
Morí en su piel... y resucité al tercer día
La otra noche practiqué el amor, y no me censuro al decir practiqué en vez de hice, no, ya que hace tres días sorprendí al amor en mis manos.
Por un rato me drogué de piel... me perdí entre las caricias y el humo del cigarro que me fumaba.
Flotaba en el ambiente excesivamente caliente, me derrochaba en el viaje de su hombro a su cuello interminable, cruzaba con mis manos la suavidad de su piel, cortaba el aire con el fuego recién apagado, sentía como mis huellas se despedían amables de su cuerpo hasta que se tumbó a dormir.
Y no recuerdo más que su espalda frente a mi almohada.
No hubo sexo, sólo caricias asfixiadas en mi cama, pero suficientes como para que me susurrara al despertarse por la mañana, casi más de mil mañanas después de la primera vez que se despertó junto a mi, que me seguía amando....
Por un rato me drogué de piel... me perdí entre las caricias y el humo del cigarro que me fumaba.
Flotaba en el ambiente excesivamente caliente, me derrochaba en el viaje de su hombro a su cuello interminable, cruzaba con mis manos la suavidad de su piel, cortaba el aire con el fuego recién apagado, sentía como mis huellas se despedían amables de su cuerpo hasta que se tumbó a dormir.
Y no recuerdo más que su espalda frente a mi almohada.
No hubo sexo, sólo caricias asfixiadas en mi cama, pero suficientes como para que me susurrara al despertarse por la mañana, casi más de mil mañanas después de la primera vez que se despertó junto a mi, que me seguía amando....
... en la línea 6 de metro
Era bellísima, tan exageradamente guapa que subrayaba la injusticia que Dios había hecho con el resto de las mujeres...
Tenía el pelo largo y negro como el olvido, la perfección de su nariz enmarcaba dos ojos negros llenos de osadía y provocación que se confundían con su mirada, espacio profundo e interminable donde se depositaba toda la ternura de este mundo.
Su cuerpo, era un templo donde miles de células se repartieron con gracia para constituir un número par de curvas que escoltaban al conjunto de su armonioso físico, casi obsceno e irritante en su perfección.
Y apartando con dificultad la conspiración de toda la naturaleza en su persona, poseía ese modo de hablar pausado y celoso de si mismo, ese tono que orgasma en cada sílaba y enmudece al silencio.
Más tarde, me enamoré, y creo que fue cuando la vi retirándose el pelo con la mano.

Justo después de verla fregar la última loseta del piso de la línea 6 del metro....
Tenía el pelo largo y negro como el olvido, la perfección de su nariz enmarcaba dos ojos negros llenos de osadía y provocación que se confundían con su mirada, espacio profundo e interminable donde se depositaba toda la ternura de este mundo.
Su cuerpo, era un templo donde miles de células se repartieron con gracia para constituir un número par de curvas que escoltaban al conjunto de su armonioso físico, casi obsceno e irritante en su perfección.
Y apartando con dificultad la conspiración de toda la naturaleza en su persona, poseía ese modo de hablar pausado y celoso de si mismo, ese tono que orgasma en cada sílaba y enmudece al silencio.
Más tarde, me enamoré, y creo que fue cuando la vi retirándose el pelo con la mano.

Justo después de verla fregar la última loseta del piso de la línea 6 del metro....
por favor... llámame PUTA
“Arrieros somos y en el camino nos encontraremos”,esta, ha sido mi frase estrella del día, y no sé porqué, pero mientras caminaba por la calle yendo a un trabajo y a otro era lo único que podía pensar, y creo que también ha sido que al principio no recordaba el comienzo y me repetía una y otra vez: “arrispinieeneraraspas y en el camino nos encontraremos”, hasta que por fin, ¡logré acordarme!, y una infinita serenidad me recorrió el cuerpo, esa que te recorre la espalda con un trabajo bien hecho.
Así que llena de satisfacción y siguiendo un poquitin (de lejos, eso si) con lo que decía ayer de Gallardón y las putas, (que a las pobres no hace más que cerrarles calles y llevarlas de un lado a otro, que se cree Anthony Blake y piensa que moviéndolas así todo el rato las va ha hacer desaparecer...), y enlazo por lo de puta, más que por lo de Gallardón, ya que eso mismo me hubiera gustado que me llamasen hoy: PUTA.
Y todo porque me he dado cuenta de que prefiero ser mil veces puta a ladrona sin serlo, si señoras y “ñores”, puta, porque que me ensalcen ladrona sin decirlo, casi sin querer, como la viejecita que se cuela en la cola de super, así, como que no quiere la cosa, me humilla, me viola en el sentido herido de la palabra, y no voy a defenderme porque no lo necesito, porque me avala lo más sagrado de mi mundo, que es mi palabra.
Y si con todo siguen creyendo que fui yo, le diré: POR FAVOR, LLÁMAME PUTA.
Así que llena de satisfacción y siguiendo un poquitin (de lejos, eso si) con lo que decía ayer de Gallardón y las putas, (que a las pobres no hace más que cerrarles calles y llevarlas de un lado a otro, que se cree Anthony Blake y piensa que moviéndolas así todo el rato las va ha hacer desaparecer...), y enlazo por lo de puta, más que por lo de Gallardón, ya que eso mismo me hubiera gustado que me llamasen hoy: PUTA.
Y todo porque me he dado cuenta de que prefiero ser mil veces puta a ladrona sin serlo, si señoras y “ñores”, puta, porque que me ensalcen ladrona sin decirlo, casi sin querer, como la viejecita que se cuela en la cola de super, así, como que no quiere la cosa, me humilla, me viola en el sentido herido de la palabra, y no voy a defenderme porque no lo necesito, porque me avala lo más sagrado de mi mundo, que es mi palabra.
Y si con todo siguen creyendo que fui yo, le diré: POR FAVOR, LLÁMAME PUTA.
...filósofos en Madrid
Me prometí que no haría nada especial por San Valentín, que no lo celebraría y que por supuesto no engrosaría aún más las arcas del todopoderoso “corte”, pero según ha ido avanzando el día y los acontecimientos, mis fuertes convicciones se han ido derribando como las piezas de un dominó, aunque algo más a trompicones, ya se sabe.
Todo empezó en “el jupi”, el bar de al lado de mi 2º trabajo, el típico local donde se reúne lo más selecto del panorama “cuéntame”. Todos en torno a Pepe, el dueño del local y rey por posición de todos los “manolos” y “pacos” que tienen a bien reunirse desde primera hora de la mañana a filosofar acerca “del Madrid”, de Esperanza Aguirre o del tema de más rabiosa actualidad del día, ya sea que no le pitaron un penalti en contra al BarÇa, que Gallardón ha decidido realojar a las putas al otro lado de la papelera verde que se las ve menos o que el edificio Windsor ardió con la fuerza de los mares.
Y esto último se debatía esta mañana a las diez de la mañana entre “soles y sombra” y algún que otro café con una puntita “de alegría”....
-(MANOLO) te digo que estos edificios tan nuevos... (yo no soy de Madrid y mi incultura rebasa el “border line” del trivial, pero se hizo entre el 73 y el 79, no?, madurito el “nuevo”...)
-(PACO) el problema es que no saltaron los incendios esos “inífugos”....
-(MANOLO) “Inifugo”! “Inifugo”!... lo que dicen es que no ardían los materiales, pero luego es mentira...
-(PACO) Además... lo que no puedo entender es cómo prendía tanto si sólo habían allí oficinas, unos ordenadores, mesas de conglomerado de ese malo y papel... (apenas na´....)
-(PEPE) anda que los del Madrid?, ¡menuda panda de cabrones!, bien que cobran y luego...
Y aunque parezca extraño, retorcido e incluso perturbado, me gusta oírles hablar de sus cosas, a su modo, y con todo el ego masculino que sus madres le regalaron cuando eran pequeños... Me enseña a ser paciente, a domarme la chulería y a educarme a ver más allá de dónde parece que termina.
Oyéndoles aprendo que tras sus calvas y sus barrigas se esconden a veces opiniones sorprendentes acerca de por ejemplo la homosexualidad.
Brindo por todo ellos y por mi sorpresa mañanera al oír la tolerancia de los labios que dicen “inífugo” y “habían allí oficinas”.
Tras mi asombro, sólo me queda celebrar (aunque parezca que aplaudo San Valentín) los desconciertos que te da la vida.
Todo empezó en “el jupi”, el bar de al lado de mi 2º trabajo, el típico local donde se reúne lo más selecto del panorama “cuéntame”. Todos en torno a Pepe, el dueño del local y rey por posición de todos los “manolos” y “pacos” que tienen a bien reunirse desde primera hora de la mañana a filosofar acerca “del Madrid”, de Esperanza Aguirre o del tema de más rabiosa actualidad del día, ya sea que no le pitaron un penalti en contra al BarÇa, que Gallardón ha decidido realojar a las putas al otro lado de la papelera verde que se las ve menos o que el edificio Windsor ardió con la fuerza de los mares.
Y esto último se debatía esta mañana a las diez de la mañana entre “soles y sombra” y algún que otro café con una puntita “de alegría”....
-(MANOLO) te digo que estos edificios tan nuevos... (yo no soy de Madrid y mi incultura rebasa el “border line” del trivial, pero se hizo entre el 73 y el 79, no?, madurito el “nuevo”...)
-(PACO) el problema es que no saltaron los incendios esos “inífugos”....
-(MANOLO) “Inifugo”! “Inifugo”!... lo que dicen es que no ardían los materiales, pero luego es mentira...
-(PACO) Además... lo que no puedo entender es cómo prendía tanto si sólo habían allí oficinas, unos ordenadores, mesas de conglomerado de ese malo y papel... (apenas na´....)
-(PEPE) anda que los del Madrid?, ¡menuda panda de cabrones!, bien que cobran y luego...
Y aunque parezca extraño, retorcido e incluso perturbado, me gusta oírles hablar de sus cosas, a su modo, y con todo el ego masculino que sus madres le regalaron cuando eran pequeños... Me enseña a ser paciente, a domarme la chulería y a educarme a ver más allá de dónde parece que termina.
Oyéndoles aprendo que tras sus calvas y sus barrigas se esconden a veces opiniones sorprendentes acerca de por ejemplo la homosexualidad.
Brindo por todo ellos y por mi sorpresa mañanera al oír la tolerancia de los labios que dicen “inífugo” y “habían allí oficinas”.
Tras mi asombro, sólo me queda celebrar (aunque parezca que aplaudo San Valentín) los desconciertos que te da la vida.
en todas mis casas...
Hacía ya varias semanas que no iba a casa a ver a mis padres y a mi hermana. Mi madre esta mejor que la última vez que la vi, y mejor en todos los sentidos, no es sólo que de la hernia sólo le quede ya una media cojera, sino que la he visto reírse, y eso hace que mi vuelta sea menos nostálgica.
Regresar de Valladolid cada vez se me hace más difícil, es como si con cada visita furtiva, una pequeña parte de mi se quedara.
Después de vivir en tantos sitios, parece mentira que no me haga a la idea de marcharme, de mi casa, o de todas las que he tenido durante estos últimos años. Pero sin duda, lo que más me cuesta es cargar con todos los recuerdos que acumulo de todas “mis casas”, y de toda la gente que ha ido pasando por ellas.
Y ya de vuelta, “en casa”, aquí en Madrid, me dejo llevar por la nostalgia del domingo, que para eso es domingo y para algo es mi blog, y les dedico unas cuantas líneas a tod@s los que han conocido “mis casas” y forman parte de esos recuerdos con los que lleno mis maletas.
Regresar de Valladolid cada vez se me hace más difícil, es como si con cada visita furtiva, una pequeña parte de mi se quedara.
Después de vivir en tantos sitios, parece mentira que no me haga a la idea de marcharme, de mi casa, o de todas las que he tenido durante estos últimos años. Pero sin duda, lo que más me cuesta es cargar con todos los recuerdos que acumulo de todas “mis casas”, y de toda la gente que ha ido pasando por ellas.
Y ya de vuelta, “en casa”, aquí en Madrid, me dejo llevar por la nostalgia del domingo, que para eso es domingo y para algo es mi blog, y les dedico unas cuantas líneas a tod@s los que han conocido “mis casas” y forman parte de esos recuerdos con los que lleno mis maletas.
...y me sacó a bailar la mente
El otro día fui a un concierto, la que tocaba no era Madonna (ahora denominada “Esther”), tampoco tocaba Bono o los Rolling Stone... era alguien más anónima, que aún no tiene “merchandising” ni publicidad.
No tocaba con una banda, sólo se acompañaba en ocasiones por otra guitarra y por un bajo (prodigiosos, eso si).
He debido ir a unos quince o dieciséis conciertos, y a unas diez colaboraciones, la he visto cantar en soledad cientos de veces, no sabría decir cuántas, pero jamás la había visto como el otro día, que se hizo tan grande en aquel escenario que no entraban ya más notas que mi emoción al verla subida una vez más en el círculo de su gloria.
Como he dicho antes, la he visto cantar mil veces, y una emoción contenida me agitó el corazón como la primera vez que a solas, en una habitación casi sin amueblar, lejos de Madrid y mucho más lejos de la vida que llevo ahora, toco “promesas” para mi.
Sólo diré que me sacó a bailar la mente, mis recuerdos se agarraron tan fuerte a sus canciones que me ha costado muchas horas soltarme de la sensación tan inesperada que fue verla con los mismos ojos que la veía entonces.
Aún ahora, después de haber suspendido el práctico del carné de conducir y haber trabajado ocho horas, una media sonrisa se asoma a mi balcón al dibujarla.
Gracias por seguir consiguiendo arroparme de vida, de nostalgia, de música y de paz.
No tocaba con una banda, sólo se acompañaba en ocasiones por otra guitarra y por un bajo (prodigiosos, eso si).
He debido ir a unos quince o dieciséis conciertos, y a unas diez colaboraciones, la he visto cantar en soledad cientos de veces, no sabría decir cuántas, pero jamás la había visto como el otro día, que se hizo tan grande en aquel escenario que no entraban ya más notas que mi emoción al verla subida una vez más en el círculo de su gloria.
Como he dicho antes, la he visto cantar mil veces, y una emoción contenida me agitó el corazón como la primera vez que a solas, en una habitación casi sin amueblar, lejos de Madrid y mucho más lejos de la vida que llevo ahora, toco “promesas” para mi.
Sólo diré que me sacó a bailar la mente, mis recuerdos se agarraron tan fuerte a sus canciones que me ha costado muchas horas soltarme de la sensación tan inesperada que fue verla con los mismos ojos que la veía entonces.
Aún ahora, después de haber suspendido el práctico del carné de conducir y haber trabajado ocho horas, una media sonrisa se asoma a mi balcón al dibujarla.
Gracias por seguir consiguiendo arroparme de vida, de nostalgia, de música y de paz.
SALVE SEA EL GRITITO
Lo cierto es que no sé cómo aún tengo esperanzas de aprobar pasado mañana bajo este inclemente tiempo, que parecen haberse puesto todos los agentes atmosféricos confabulados para salir uno detrás de otro, véase granizo tamaño garbanzo, granizo tamaño lenteja, granizo tamaño arroz seguido de copos de nieve tamaño madre y posterior lluvia torrencial... y lo único que espero es que se acontezca un shunami en el manzanares y me arrastre junto unas cuantas bolsas de patatas y una lata de coca cola a una cuneta mientras el examinador me dice:
- pare cuando pueda...
Y todo porque en el fondo creo que pueden pasar dos cosas:
a) La gente esta para vender cupones de la once.
b) La “L” de autoescuela está demasiado pequeña en el techo del coche.
¿Porque a ver señores y señoras mías, ustedes porqué se ponen a hacer pirulas delante de esta pobre incauta conductora que lo único que quiere es oír sus tres toques de intermitente y cambiarse progresiva pero indudablemente al carril contiguo?, pues porque como debo de ser la única gilipollas que se rige por la capullada de los intermitentes, los toques, los carriles, la aceleración y la venerable frase “favorecer la incorporación” siempre me pillan en el “que si, que no, que si, que no”,y ¡zaca!, “pirulation” que te jodio!.
Hoy he estado a punto de esmorrarme con un conductor de esos que debían de estar vendiendo cupones por ciego, o en un circo por mamarracho, pero gracias a que aún reservo poca, eso si, pero algo de esperanza en que puedo lograrlo, he conseguido esquivarlo en el último gritito, porque si, señoras y señores, ha resultado que además de mala suerte ¡también tengo un gritito maricón de lo más femenino!.
- pare cuando pueda...
Y todo porque en el fondo creo que pueden pasar dos cosas:
a) La gente esta para vender cupones de la once.
b) La “L” de autoescuela está demasiado pequeña en el techo del coche.
¿Porque a ver señores y señoras mías, ustedes porqué se ponen a hacer pirulas delante de esta pobre incauta conductora que lo único que quiere es oír sus tres toques de intermitente y cambiarse progresiva pero indudablemente al carril contiguo?, pues porque como debo de ser la única gilipollas que se rige por la capullada de los intermitentes, los toques, los carriles, la aceleración y la venerable frase “favorecer la incorporación” siempre me pillan en el “que si, que no, que si, que no”,y ¡zaca!, “pirulation” que te jodio!.
Hoy he estado a punto de esmorrarme con un conductor de esos que debían de estar vendiendo cupones por ciego, o en un circo por mamarracho, pero gracias a que aún reservo poca, eso si, pero algo de esperanza en que puedo lograrlo, he conseguido esquivarlo en el último gritito, porque si, señoras y señores, ha resultado que además de mala suerte ¡también tengo un gritito maricón de lo más femenino!.
C de CC
Una C mas y un cursillo de monitor de aeróbic o también una cagada, la Cagada en el Carné de Conducir.
De pequeña mi padre me hizo un “car” de cuatro velocidades con el motor de una vespa de correos, unos tubos que luego pintó de verde verja, un volante de un coche de carreras, un carburador de dios sabe qué cosa... y unas cuantas cosas más, que hoy han dado mi pasión por este gran momento: me estoy sacando el carné de conducir, una de las mayores ilusiones de mi vida.
Acabo de dar mi clase número treinta mas o menos y he ido por segunda vez en todo este tiempo a la zona de examen, es decir, Móstoles, la selva de la urbe, donde el concepto preferencia y las señales tras los arbustos cobran el bendito sentido de la palabra desesperación.
Ayer fue mi 1ª vez allí, y aunque pensaba que no encontraría mayor problema he logrado llegar a deprimirme, y no sólo porque lo hiciera de pena, sino porque hoy, de vuelta a la autoescuela, un desalmado conductor de autobús vestido en coche de paisano nos ha “enculado”, cosa que bien sabe mi madre, jamás pensé tendría que pasar.
Tu... no aprietes el culo.
Y tras los momentos de publicidad de “tuestasbienyotambien” y comprobar que apenas ha sido un rasguño al parachoques de coche, descubro que acabo de hundirme en las mas absoluta de las miserias humanas, toda mi ilusión del día 9 (día del examen), se evapora con el tembleque de piernas y estas ganas de dejar de conducir.
En fin, creo que cenaré pizza, que empieza por entrarme hambre.
Tic, tac, tic, tac...
Ya he cenado... me siento francamente mejor, y empiezo a pensar que me sentía así de mal porque tenía “ansia”.
De pequeña mi padre me hizo un “car” de cuatro velocidades con el motor de una vespa de correos, unos tubos que luego pintó de verde verja, un volante de un coche de carreras, un carburador de dios sabe qué cosa... y unas cuantas cosas más, que hoy han dado mi pasión por este gran momento: me estoy sacando el carné de conducir, una de las mayores ilusiones de mi vida.
Acabo de dar mi clase número treinta mas o menos y he ido por segunda vez en todo este tiempo a la zona de examen, es decir, Móstoles, la selva de la urbe, donde el concepto preferencia y las señales tras los arbustos cobran el bendito sentido de la palabra desesperación.
Ayer fue mi 1ª vez allí, y aunque pensaba que no encontraría mayor problema he logrado llegar a deprimirme, y no sólo porque lo hiciera de pena, sino porque hoy, de vuelta a la autoescuela, un desalmado conductor de autobús vestido en coche de paisano nos ha “enculado”, cosa que bien sabe mi madre, jamás pensé tendría que pasar.
Tu... no aprietes el culo.
Y tras los momentos de publicidad de “tuestasbienyotambien” y comprobar que apenas ha sido un rasguño al parachoques de coche, descubro que acabo de hundirme en las mas absoluta de las miserias humanas, toda mi ilusión del día 9 (día del examen), se evapora con el tembleque de piernas y estas ganas de dejar de conducir.
En fin, creo que cenaré pizza, que empieza por entrarme hambre.
Tic, tac, tic, tac...
Ya he cenado... me siento francamente mejor, y empiezo a pensar que me sentía así de mal porque tenía “ansia”.





