Ventajas y Desventajas de Ser una Porno Star
No es fácil hacer porno y ser inteligente...
Acerca de
Nací hace algunos años en un pueblecito de Murcia. Con 18 años me vine a Madrid a estudiar, pero desde mi niñez, mis dotes físicas, mi sorprendente elasticidad y mi don de gentes, me empujaron irremediablemente a la industria pornográfica. Soy una Porno Star, sí, pero eso no está reñido con ser una cateta.
Sindicación
 
LA GITANA
Salí de casa a eso de las 10 de la mañana del sábado en dirección a la estación de Atocha, para coger aquel tren que me llevaría a una de las ciudades españolas con más solera.
Me encanta Sevilla. He ido poco, la verdad, pero las veces que he estado allí (siempre por motivos de trabajo) he regresado encantada con la ciudad y con la gente.
Me he paseado por la calle Betis, por la calle Sierpes, por todo el centro de Sevilla (que resulta que ahora está en obras porque quieren poner no se qué coño de un tranvía, que yo creo que es algo anacrónico pero que, al parecer, se está construyendo en muchas ciudades importantes).
La productora, sin embargo, no es que me haya tratado de la mejor manera. Yo creí que me iban a hospedar en un hotel de lujo, como acostumbran a hacer otras productoras para las que he trabajado. Pero no ha sido así.
Al llegar a Santa Justa cogí un taxi y me dirigí a una calle céntrica en la que la productora había alquilado un ático para rodar la escena en la que yo habría de participar. Todo rollo minimalista. En esa primera toma de contacto con el decorado, me explicaron lo que debía hacer, cómo lo tenía que hacer (como si una ahora no supiera rodar una escena lésbica) y me presentaron a la chica con la que tenía que rodar.
Ahí llego mi sorpresa, cuando veo como se dirige hacia mí una especie de mulata como un armario empotrado de grande y basta como ella sola. Me ví en peligro, os lo juro. Seis o siete horas más tarde tendría que ser casi sodomizada por aquella tía, que era como Janet Jackson pero con el cuerpo de Mike Tysson.
A pesar de mis inseguridades, y como soy una chica muy echá pa’ adelante, no se me pasó por la cabeza abandonar a estas alturas de la película e intenté verlo todo como una experiencia más. Estoy sedienta de nuevas experiencias. El rodaje comenzaría a eso de las 8 de la tarde y tenía unas horas libres para pasearme por Sevilla, no sin antes dirigirme al hostal en donde me habían alojado los de la productora.
En una calle perdida mi hostal se erigía majestuoso. Era el hostal más cutre donde había estado nunca. La dueña, una señora gorda muy simpaticona me condujo a la habitación, que parecía el cuarto de la Niña del Exorcista. Una cama destartalada, una mesita de noche con una lámpara de película de terror, y un crucifijo que presidía la escena.
Huí del hostal en cuanto dejé mi bolsa y me dispuse a conocer todos los rincones de esa ciudad. A los pies del alcázar, una gitana quiso echarme las bienaventuranzas con una ramita de romero y yo pequé de inocente. Me leyó la mano y me dijo que iba a llegar a ser una persona muy importante, que iba a tener dos hijos con carrera y que me veía un amor puro que iba a durar toda mi vida. Yo me reía y a ella parecía molestarle mi actitud de incrédula. Luego rezó unas oraciones que yo tenía que repetir. Pero lo mejor fue cuando al terminar me dice que la suerte se paga con papel. Yo, en un primer momento, creí que la gitana ésta era una yonki que me pedía un par de canutos y la dije que no tenía. ¡20 euros!, me gritó la tía como indignada, y yo la dije que si estaba loca. Que se conformara con 1 euro que llevaba en el bolsillo. Se puso como una fiera, diciendo que si no pagaba me iba a echar un mal de ojo. Yo, que me pongo muy nerviosa en esas situaciones, tuve que cagarme en su puta madre y la gitana en un ataque de ira, mientras rompía la ramita de romero que me había bendecido, me dijo “mala suerte pa ti y pa tu familia”.
La dí una hostia y salí corriendo. Hay que ver que poca vergüenza tienen algunas personas.
La tarde siguió tranquila hasta que tuve que regresar a rodar. La escena salió bien. Un poco de magreo, una comida de coño sin complicaciones y al final la negra resultó ser una bella persona.
Me dijo que dentro de poco vendría a Madrid y la di mi teléfono por si quería pasar esos días en mi casa o podía ayudarla en algo.
Estoy destrozada, y ahora me voy al centro para tomare un café con Natalie y su nueva novia. No sé yo hasta qué punto a mi también me compensaría echarme una novia. Bien pensado, entre mujeres las cosas son mucho más fáciles y los hombres no dejan de hacerme de sufrir.

Mañana os cuento más cosas.