El inicio de una extraña amistad II
Trabajar en un archivo, no es bonito ni feo: es una guarrada. Entras impoluto y sales igual que si hubieses estado acarreando carbón, con una salvedad: el polvo del carbón te duchas y se va, el polvo del papel no. Con el tiempo el papel genera un polvillo que al mezclarse con las cacas de los insectos devoradores del papel, las de los ratones y la de otros animalillos varios, se convierte en un elemento nocivo. Ríete del ántrax y del polvo rojo de V (me encantaba la serie, no he podido contenerme).
El polvillo se introduce en tus poros, en tus mucosas… y no sale… se queda ahí, produce una infección y plofffff… granos purulentos por toda la cara, que encima pican un horror. Te conviertes en el terror de los niños y de tu dermatólogo, y no sabes si lavarte la cara con estropajo al salir del curro, o comprarte una máscara de goma. Todo esto lo descubrimos a la semana de beca.
El primer día de beca (vírgenes de granos) la directora nos enseñó el archivo. En España, los archivos estatales suelen ocupar un edificio antiguo remodelado, se gasta una pasta en la obra, y por lo general el resultado es más bien chapucero, encima no soluciona el problema de la “falta de espacio”. Nunca entenderé porque no se coge la pasta y se construye una especie de nave industrial gigante a las afueras de las ciudades. Saldría más barato. En este caso, el archivo ocupaba dos edificios (A y B) unidos por un patio interior. Problema: el traslado de cajas del edificio A al edifico B.
Nuestro trabajo consistía en organizar un fondo recién trasladado al archivo, colocado provisionalmente en la tercera planta del edificio B. Un funcionario (El Fumador) debía hacerlo. Nosotros recibíamos la documentación, abríamos los legajos, y la ordenábamos. ¿Fácil, no? Y la directora se fue de vacaciones.
Al día siguiente, llego feliz y contenta al curro, me pongo mi bata de la XXL (nota: mido 1,60 y peso 50 Kg) y cual hámster, subo las escaleras dando saltitos en lugar de coger el ascensor, por eso de hacer ejercicio y mantenerme ágil. En el depósito me esperaban mis colegas, y el funcionario encargado del traslado fumando alegremente. Ahora os reto a descubrir donde está el error en la escena descrita.
- Bueno chicos – dice el fumador – ya sabéis lo que tenéis que hacer. Si tenéis alguna duda estoy ahí (y señala por la ventana el bar de enfrente) y tú, llegas tarde. Y se pira tirando la ceniza al suelo antiignífugo.
El plan de trabajo, perfectamente diseñado por el fumador era el siguiente: subimos a la tercera planta del edifico B, bajamos las cajas por el montacargas, cargamos el carro, cruzamos el edificio B y el patio interior hasta la escalera (4 escalones, como si fuesen El Everest) descargamos el carro, subimos las cajas una a una por los escalones, cargamos otro carro, cruzamos el edificio A hasta llegar al otro montacargas, subimos a la tercera planta del edificio A, cruzamos de nuevo toda la sala hasta llegar a la zona de estanterías vacías, descargamos las cajas y volvemos a empezar.
Durante una semana esas fueron mis prácticas.
Fue inútil por mi parte intentar convencer a mis nuevos colegas de que fuésemos a quejarnos al profesor encargado de las prácticas, porque aquella situación era ilegal. Los pobres eran becarios por primera vez en sus no ya tan tiernas vidas, y pensaban que la vida del becario se resumía en obedecer cualquier orden y realizar cualquier trabajo, ya que al fin y al cabo no sabíamos hacer nada. Cuando comprendí que no se iban a apear de la burra, así lloviesen chuzos de punta, no tuve más remedio que plegarme a la nueva situación. Eso sí, maldiciendo por lo bajo al fumador: “Asin te castigue Dios con una cirrosis hepática del copón, tio perro”
También me cabreé con La Fraguell y el Mister, y durante un par de días hubo un ambiente laboral bastante triste. Al tercero, me escondí tras unas estanterías, solté las mangas de la bata para que me llegasen hasta el suelo, y salí gritando “huuuuuuuuuuuuuuu”, casi les mato del susto, pero rompí el hielo.
Fantasmadas aparte, lo que de verdad nos convirtió en amigos para siempre fue el funcionario acosador.
El polvillo se introduce en tus poros, en tus mucosas… y no sale… se queda ahí, produce una infección y plofffff… granos purulentos por toda la cara, que encima pican un horror. Te conviertes en el terror de los niños y de tu dermatólogo, y no sabes si lavarte la cara con estropajo al salir del curro, o comprarte una máscara de goma. Todo esto lo descubrimos a la semana de beca.
El primer día de beca (vírgenes de granos) la directora nos enseñó el archivo. En España, los archivos estatales suelen ocupar un edificio antiguo remodelado, se gasta una pasta en la obra, y por lo general el resultado es más bien chapucero, encima no soluciona el problema de la “falta de espacio”. Nunca entenderé porque no se coge la pasta y se construye una especie de nave industrial gigante a las afueras de las ciudades. Saldría más barato. En este caso, el archivo ocupaba dos edificios (A y B) unidos por un patio interior. Problema: el traslado de cajas del edificio A al edifico B.
Nuestro trabajo consistía en organizar un fondo recién trasladado al archivo, colocado provisionalmente en la tercera planta del edificio B. Un funcionario (El Fumador) debía hacerlo. Nosotros recibíamos la documentación, abríamos los legajos, y la ordenábamos. ¿Fácil, no? Y la directora se fue de vacaciones.
Al día siguiente, llego feliz y contenta al curro, me pongo mi bata de la XXL (nota: mido 1,60 y peso 50 Kg) y cual hámster, subo las escaleras dando saltitos en lugar de coger el ascensor, por eso de hacer ejercicio y mantenerme ágil. En el depósito me esperaban mis colegas, y el funcionario encargado del traslado fumando alegremente. Ahora os reto a descubrir donde está el error en la escena descrita.
- Bueno chicos – dice el fumador – ya sabéis lo que tenéis que hacer. Si tenéis alguna duda estoy ahí (y señala por la ventana el bar de enfrente) y tú, llegas tarde. Y se pira tirando la ceniza al suelo antiignífugo.
El plan de trabajo, perfectamente diseñado por el fumador era el siguiente: subimos a la tercera planta del edifico B, bajamos las cajas por el montacargas, cargamos el carro, cruzamos el edificio B y el patio interior hasta la escalera (4 escalones, como si fuesen El Everest) descargamos el carro, subimos las cajas una a una por los escalones, cargamos otro carro, cruzamos el edificio A hasta llegar al otro montacargas, subimos a la tercera planta del edificio A, cruzamos de nuevo toda la sala hasta llegar a la zona de estanterías vacías, descargamos las cajas y volvemos a empezar.
Durante una semana esas fueron mis prácticas.
Fue inútil por mi parte intentar convencer a mis nuevos colegas de que fuésemos a quejarnos al profesor encargado de las prácticas, porque aquella situación era ilegal. Los pobres eran becarios por primera vez en sus no ya tan tiernas vidas, y pensaban que la vida del becario se resumía en obedecer cualquier orden y realizar cualquier trabajo, ya que al fin y al cabo no sabíamos hacer nada. Cuando comprendí que no se iban a apear de la burra, así lloviesen chuzos de punta, no tuve más remedio que plegarme a la nueva situación. Eso sí, maldiciendo por lo bajo al fumador: “Asin te castigue Dios con una cirrosis hepática del copón, tio perro”
También me cabreé con La Fraguell y el Mister, y durante un par de días hubo un ambiente laboral bastante triste. Al tercero, me escondí tras unas estanterías, solté las mangas de la bata para que me llegasen hasta el suelo, y salí gritando “huuuuuuuuuuuuuuu”, casi les mato del susto, pero rompí el hielo.
Fantasmadas aparte, lo que de verdad nos convirtió en amigos para siempre fue el funcionario acosador.
Comentario:
Gracias por salvarme de esta mañana tan perra. Ya no sabia si acabar yendo al lavabo con el mobil para jugar a escondidas al solitario hasta la hora de ir a comer o inventarme una terrible enfermedad para irme a casa.
Menos mal que apenas hay gente en la oficina y no ven como me descojono con tus historias. ¡Felicidades Miércoles!
Menos mal que apenas hay gente en la oficina y no ven como me descojono con tus historias. ¡Felicidades Miércoles!
Comentario:
soys tontos o k
Comentario:
He vuelto por estos blogs de Dios.
Tu fan number 1.
Tu fan number 1.
Comentario:
Hola, soy nueva en el barrio. Buscaba gente de mi especialidad y di contigo. Veo que tienes toda una corte de seguidores. Por algo será. Prometo leerte. Mucha suerte con tu beca y tu nuevo trabajo. Besos de una huesóloga.
Comentario:
Eejejeje, veo que estás desatada escribiendo tan a menudo. Me parto contigo, eres como la Carrie Bradshaw del mundo laboral y la blogosfera xDDDD ¿Sólo una semana duraron las becas o es que del resto no tienes anédotas? Porque si es así se ve que te duran tan poco como los trabajos. ¡Ánimo y sigue posteando!
Comentario:
No puedo esperar a conocer el siguiente capítulo. Deseo saber porque ese ser es llamado la Fraguell ¿Puedo encontrar esa historia en alguna entrada del pasado remoto? En caso contrario, deseo me expliques la procedencia de ese mote.
Comentario:
La naturaleza es sabia:
Polvo eres y en polvo te convertirás.
Y punto en boca.
Polvo eres y en polvo te convertirás.
Y punto en boca.
Comentario:
JUAJUAJUA lo del susto debió de ser lo mejor xDDD angelicos
Comentario:
Vaya, llego tarde y me he leído tus dos capítulos. Qué pena que se vaya una compañera de batallas como La Fraguell.
Me he reído mucho porque todos los que hemos sido becarios alguna vez nos sentimos identificados leyéndote... en mi caso, iba el primer día de camino a la televisión en plan cuento de la lechera: "y entonces se podrá enfermo el realizador, y yo diré que sé manejar la mesa de mezclas, y el programa saldrá muy bien y me ofrecerán un contrato, y...". Y nada. Porque la beca me sirvió para contemplar a una palurda de realizadora que para más inri era en realidad psicóloga y para dominar a la perfección las máquinas de café, esas que también hacen té al limón con sabor a Natrent. Eso sí, me hice muy amigo de la maquilladora, que se tiró 4 meses contándome lo bien que se lo pasaba tomando pastillas los fines de semana.
Tu post me ha servido también para desmitificar los archivos, desde que leí "ángeles y demonios" me imaginaba que todos los documentos se guardan en cámaras sin oxígeno y hay miles de sistemas de seguridad...pero ya veo que aquí funcionan de una forma algo distinta jejeje
besos!
Me he reído mucho porque todos los que hemos sido becarios alguna vez nos sentimos identificados leyéndote... en mi caso, iba el primer día de camino a la televisión en plan cuento de la lechera: "y entonces se podrá enfermo el realizador, y yo diré que sé manejar la mesa de mezclas, y el programa saldrá muy bien y me ofrecerán un contrato, y...". Y nada. Porque la beca me sirvió para contemplar a una palurda de realizadora que para más inri era en realidad psicóloga y para dominar a la perfección las máquinas de café, esas que también hacen té al limón con sabor a Natrent. Eso sí, me hice muy amigo de la maquilladora, que se tiró 4 meses contándome lo bien que se lo pasaba tomando pastillas los fines de semana.
Tu post me ha servido también para desmitificar los archivos, desde que leí "ángeles y demonios" me imaginaba que todos los documentos se guardan en cámaras sin oxígeno y hay miles de sistemas de seguridad...pero ya veo que aquí funcionan de una forma algo distinta jejeje
besos!
Comentario:
Ya se lo que falla en la escena!!!!!!
Que hacen fumando en un sitio donde hay papeles inflamables??????
bueno nena besos y sigue así
Que hacen fumando en un sitio donde hay papeles inflamables??????
bueno nena besos y sigue así
Comentario:
No es una amistad tan extraña, los tres sois buena gente. Ten en cuenta que en las prisiones (según las películas) se hacen amistades aún más extrañas y a nadie se asusta por ello (aunque tal vez deberían).
Algú que otro post deberías dedicarlo a "Los Becarios, esa extraña categoría laboral" que sé que de eso sabes un montón.
Besos y a seguir posteando, que estás que te sales.
Algú que otro post deberías dedicarlo a "Los Becarios, esa extraña categoría laboral" que sé que de eso sabes un montón.
Besos y a seguir posteando, que estás que te sales.