Blogs.ya.com Quitar publicidad
Cosas de una chica de treinta
La vida tal cual es, le pese a quien le pese
Suscribir con Bloglines
Sindicación
 
El pasado siempre vuelve
Y estoy de nuevo en casa, desubicada y más aburrida que un mono en el zoo. No se por donde empezar a sacar apuntes, ni que estudiar primero, lo único que me apetece es coger todos los papeles y tirarlos al contenedor, luego me pondría a dormir hasta el día del juicio final, que según el telediario ya debe andar cerca.

El viernes cerré la puerta de la iglesia por última vez, no me dio ningún tipo de pena, sólo lo sentí por los perros que ahora se quedan totalmente abandonados. Le sugerí a las ancianitas que les diesen de comer de vez en cuando y me miraron como si me hubiese caído de un guindo o no hubiese consumido suficiente fósforo de pequeña. Me temo que mis chuchos van a tener que enfrentarse ellos solos a la vida, y me jode que el ayuntamiento sea tan pasota, y las ancianitas tan pedorras aunque supongo que en este último caso sea porque los pobres chuchos no toman café.

Cuando Irede fue a recogerme a la iglesia me pilló hablando con los perros informándoles de la nueva situación. Menos mal que Irede está acostumbrada a verme hacer el cabra y ni se asustó ni nada, si llega a ser otra persona pilla el coche y huye despavorida convencida de que estos meses de soledad me han vuelto más loca de lo normal.

Como estaba depre por los perros (las ancianitas me dan igual, estoy convencida de que pronto capturarán a otro ser al que obligarán a tomar café con mucha leche y tres terrones de azúcar) Irede me convenció para salir de juerga y olvidar nuestra triste suerte de mujeres jóvenes, inteligentes y de buen ver a las que la sociedad ignora tanto o más que a mis chuchos.

Llamé a un amigo de la infancia, que me debía una cerveza (las deudas de alcohol son sagradas) y quedamos en un bar llamado El Cocodrilo. A mí el nombre me sonaba levemente y no sabía el por que. Tampoco era capaz de ubicarlo geográficamente, pero algo me decía que no era un antro desconocido. Cuando estaba a punto de preguntarles a una banda de adolescentes donde estaba el puto bar ese, mi google neuronal dio con la respuesta: lo inauguraron cuando hice el COU. Para flipar en colores, aquel lugar mal iluminado y peor decorado seguía abierto.

Llegamos al antro, empujé la puerta, y… ¡¡¡¡horror, terror y pavor!!! ¡¡¡Todo mi instituto estaba allí de farra!!! Se que algunas personas les encanta reecontrarse con sus antiguos compañeros del Insti, les hace ilusión verse más calvos y más gordos, es un sentimiento que respeto pero no comparto, y después de aquel día lleno de emociones era lo último que me faltaba.

Crucé el bar con cara de Selectividad y saludando a lo Borbón, había gente que me paraba y decía: “me suena tu cara y no se de que”, y yo respondía “COU F“ahhh, claro, yo COU B” .

Mi amigo estaba apoltronado en el mismo lugar de cuando yo hacía COU y el algún tipo de módulo de FP, luego yo fui a la universidad y acabé siendo carne del INEM, mientras el encontraba trabajos bastante bien remunerados. Para que luego digan que la vida no da vueltas y revueltas.

- Digo yo, que después de tanto tiempo podías haber ocupado otro rincón del bar. – dije en plan “estoy hasta las narices de este sitio”

- Digo yo, que después de tanto tiempo podías ser menos borde y más amable, y el rincón está de puta madre para que lo sepas – respondió en plan “a mi no me vaciles que te he visto paseando a las muñecas”

Podíamos haber seguido así toda la noche, pero entonces llegó su hermanita a la que no veía desde que tenía 7 años y unas botas de plástico marrón.

- ¡¡¡ Miércoles, que alegría!!! ¡¡¡Gracias a ti no me como las uñas!!! –gritó mientras nos besábamos ante la emoción de los presentes.

- Creo que para celebrar este reencuentro, deberíamos quedar para jugar con barro – dijo mi amigo con cara de inspiración-

- Ni hablar yo no juego con barro desde los 15 años, y no pienso volver hacerlo. – era lo que me faltaba ya, guarrearme como si tuviese 4 años.

- ¿Desde los 15?, creí que lo habías dejado a los 13.

- Eso fue lo que te dije para que no te rieses de mí

- Bueno, ahora ya no me río ¡¡¡juguemos con barro!!!

- Ah, pero ¿tú jugabas con barro? – Irede flipaba con el reencuentro tipo Heidi y Pedro, Candy y Annie, Marco y su Madre…

- Sí, pero poco – intenté defenderme de mi oscuro pasado.

- Mentira se pasó toda la infancia como una croqueta de tierra, y le hacía unos vestiditos preciosos a las muñecas.

- Y yo les raptaba las muñecas y les rompía los cacharros de barro. Éramos muy felices. – mi amigo ponía cara de haber sido el crío más feliz del planeta-

- Tú serías feliz, a mí me tenías harta con tanta destrucción masiva.

- ¡Pero tu sabes coser! – definitivamente la imagen que Irede tenía de mí se derrumbaba a pedazos.

- Claro, y lo hacía muy bien, incluso les bordaba cosas y les ponía puntillas de ganchillo.

- ¡Hacías puntillas de ganchillo! – Irede puso cara de “te haré chantaje cualquier día de estos”

- ¡Está bien! Lo admito todo: jugaba con barro, cosía para las muñecas, y mi grupo favorito eran los Hombres G ¿qué pasa?
-
- Bueno, ahora que ya has liberado toda tu furia, ¿Qué te parece si nos vamos a jugar con barro?