El País de Nunca Jamás
Anoche me acosté inquieta, sabía que no podía posponerlo más, que a la mañana siguiente tendría que ir. No me apetecía, di vueltas en la cama pensando como evitarlo, hasta que el sueño me venció sin haber encontrado la solución.
Mi chico, que me conoce bien, me despertó a las 8 cuando salía a trabajar: nena, levanta que hoy tienes que hacer. Me rebullí en la cama, sÍ ahora mismo, no te preocupes, cinco minutos y me levanto.
Y yo ni caso, claro, por pura pereza, y asco, porque mira que me da asco ir, me da asco hasta el nombre, por eso le llamo “El País de Nunca Jamás” que queda hasta poético, y cuando lo dices parece que te entra como una ilusión por dentro … no se … te animas y todo.
Pero esta vez ni por esas, porque en el fondo, aunque el mono se vista de seda, mono se queda, y por mucho que cambies el nombre a las cosas, su ser no cambia, y claro, así me va, que por mucho autoengaño al final la realidad se presenta en crudo, y te da un bajón brutal.
Como siempre, mi chico estaba al quite, es que este niño es como superman, siempre atento a los desastres de la humanidad para ponerles pronto remedio, aunque claro, mi chico lo hace a pequeña escala, es decir que en este caso la humanidad desastrosa soy yo, y nada más que yo, y para él tiene, pobrecillo. Por eso a las 9,30 me despertó el aria de la Reina de la Noche, surgiendo de mi móvil en la mesita de noche, justo justo al lado de mi cara.
- ¿Te has levantado ya?.
- Si, mentí en aras de la paz hogareña.
- Mientes, se nota claramente que estabas dormida.
- Vale pero estaba a punto de levantarme, te lo juro por la Virgen de la Encina, nuestra patrona. Hay que ver lo desconfiado que es este chaval, se supone que nuestra relación se basa en la sinceridad y la confianza mútua, no entiendo porque cuestiona mi palabra.
Finalmente me levanté, por mi propia libertad, no porque el me amenazase con llamarme cada hora, hasta comprobar si me había levantado y me dirigía al “País de Nunca Jamás”, por lo menos tuvo la decencia de no pronunciar el nombre inmundo, supongo que para evitar en mí una reacción histérica, algo así como : ¡Qué no voy, que no y que no! ¡Que me encierro en el baño ahora mismo y no salgo a no ser que lleguen los GEOS o tu madre a obligarme!.
Al final ganó la coherencia (virtud muy oculta en mí), y el horóscopo del “Dominical”: el paso de Mercurio en tu signo te apoyará en un trance amargo. Bien clarito lo ponía: “trance amargo”, pero lo de Mercurio daba tranquilidad, o por lo menos eso dijo mi abuela, que me llamó por teléfono para leérmelo, “¿Ves nena?, aprovecha mañana para ir a Hacienda para la declaración”, “Sí abuela, o al dentista, o al ginecólogo, o a comprar ropa para mi chico, o mejor aún, a todos los sitios a la vez”. Toma trance amargo.
Me duché, desayuné, y me vestí con más desgana que nunca, y arrastrándome cual babosa me dirigí hacia allí. Hacía calor, y empecé a sudar, pensé plantearlo como excusa: Tuve que volver a casa al deshidratarme por el camino, no veas, me mareaba y todo …, quizás dicho con convicción podría funcionar … pero sólo sería posponer la desgracia. Y seguí avanzando, afrontando con valentía mi destino.
Por fin, tras cruzar un paso de peatones en el que no paraba ni un coche, me detuve ante una puerta acristalada desde donde se apreciaba un local lleno de mesas con sus ordenadores encima y sus funcionarios detrás, y gente con la misma cara de asco que yo se movía de mesa en mesa con un papelito o una carpeta en la mano, o se aglomeraba con cara de esperanza a un corcho plagadito de papeles clavados con chinchetas.
Y encima de la puerta se leía lo siguiente: INEM.
Mi chico, que me conoce bien, me despertó a las 8 cuando salía a trabajar: nena, levanta que hoy tienes que hacer. Me rebullí en la cama, sÍ ahora mismo, no te preocupes, cinco minutos y me levanto.
Y yo ni caso, claro, por pura pereza, y asco, porque mira que me da asco ir, me da asco hasta el nombre, por eso le llamo “El País de Nunca Jamás” que queda hasta poético, y cuando lo dices parece que te entra como una ilusión por dentro … no se … te animas y todo.
Pero esta vez ni por esas, porque en el fondo, aunque el mono se vista de seda, mono se queda, y por mucho que cambies el nombre a las cosas, su ser no cambia, y claro, así me va, que por mucho autoengaño al final la realidad se presenta en crudo, y te da un bajón brutal.
Como siempre, mi chico estaba al quite, es que este niño es como superman, siempre atento a los desastres de la humanidad para ponerles pronto remedio, aunque claro, mi chico lo hace a pequeña escala, es decir que en este caso la humanidad desastrosa soy yo, y nada más que yo, y para él tiene, pobrecillo. Por eso a las 9,30 me despertó el aria de la Reina de la Noche, surgiendo de mi móvil en la mesita de noche, justo justo al lado de mi cara.
- ¿Te has levantado ya?.
- Si, mentí en aras de la paz hogareña.
- Mientes, se nota claramente que estabas dormida.
- Vale pero estaba a punto de levantarme, te lo juro por la Virgen de la Encina, nuestra patrona. Hay que ver lo desconfiado que es este chaval, se supone que nuestra relación se basa en la sinceridad y la confianza mútua, no entiendo porque cuestiona mi palabra.
Finalmente me levanté, por mi propia libertad, no porque el me amenazase con llamarme cada hora, hasta comprobar si me había levantado y me dirigía al “País de Nunca Jamás”, por lo menos tuvo la decencia de no pronunciar el nombre inmundo, supongo que para evitar en mí una reacción histérica, algo así como : ¡Qué no voy, que no y que no! ¡Que me encierro en el baño ahora mismo y no salgo a no ser que lleguen los GEOS o tu madre a obligarme!.
Al final ganó la coherencia (virtud muy oculta en mí), y el horóscopo del “Dominical”: el paso de Mercurio en tu signo te apoyará en un trance amargo. Bien clarito lo ponía: “trance amargo”, pero lo de Mercurio daba tranquilidad, o por lo menos eso dijo mi abuela, que me llamó por teléfono para leérmelo, “¿Ves nena?, aprovecha mañana para ir a Hacienda para la declaración”, “Sí abuela, o al dentista, o al ginecólogo, o a comprar ropa para mi chico, o mejor aún, a todos los sitios a la vez”. Toma trance amargo.
Me duché, desayuné, y me vestí con más desgana que nunca, y arrastrándome cual babosa me dirigí hacia allí. Hacía calor, y empecé a sudar, pensé plantearlo como excusa: Tuve que volver a casa al deshidratarme por el camino, no veas, me mareaba y todo …, quizás dicho con convicción podría funcionar … pero sólo sería posponer la desgracia. Y seguí avanzando, afrontando con valentía mi destino.
Por fin, tras cruzar un paso de peatones en el que no paraba ni un coche, me detuve ante una puerta acristalada desde donde se apreciaba un local lleno de mesas con sus ordenadores encima y sus funcionarios detrás, y gente con la misma cara de asco que yo se movía de mesa en mesa con un papelito o una carpeta en la mano, o se aglomeraba con cara de esperanza a un corcho plagadito de papeles clavados con chinchetas.
Y encima de la puerta se leía lo siguiente: INEM.
Cosas de familia
Este fin de semana lo pasamos en el solar familiar, que ya tocaba pasar revista a mis abuelos, porque desde que nos fuimos de casa madre, nana (hermana) y yo, andan los tíos desbocados, haciendo lo que les da la real gana y pasando de una forma de todo que ríanse ustedes de la tercera edad. Total, que me fui a vigilar que no se hubiesen metido en algún lío en mi ausencia, y de paso llevé la última adquisición de mi armario para lucir bien guapa este verano: unos pantalones piratas que en mí escasa longitud de pierna lucían tobilleros, problema fácilmente subsanable con las habilidades costureras de mi abuela.
Y en esas estábamos, cada una con una pernera dándole al caballete (nota para los inexpertos: técnica de costura encaminada a que no se suelten los hilos de la tela, también llamada “rematar”) mientras abuela le daba a lengua intentando ponerme al día de los últimos acontecimientos, que si los tomates crecían bien, las cerezas se había fastidiado con la granizada, la vecina no sabía que hacer con su hijo, la hija de la otra vecina parecía tener novio, la prima de Almagarinos se encontraba bien, gracias, la de Argentina sigue sin dar señales de vida (esperamos que no le haya pasado ninguna desgracia), fíjate lo que dan en la televisión, que divertido el anuncio del perro que habla … todo esto y mucho más, pero totalmente mezclado, vamos, un rollo patatero del que yo desconectaba discretamente y conectaba al hilo de alguna frase que despertase mi interés, y en estas estaba cuando mis neuronas hicieron “clik” avisándome, la frase era más o menos así:
“Bla bla bla … y ya le dije a mi cuñada que no se preocupase, que tu localizarías el libro para que lo pudiésemos leer todos … bla bla bla”.
“Ya está, otra vez, -- pensé -- , seguro que a mi tía segunda se le ha antojado leer alguna novela de los años 40 de esas que tenemos por casa tiradas, abuela no la encuentra, y me ha endosado la búsqueda por toda la casa”. Situación muy habitual en mi familia, de vez en cuando, alguien recuerda que allá por 1952 leyó una novela cuyo título y autor no recuerda, pero que trataba de una chica que se iba del pueblo a trabajar como modista, cogía la tisis, se enamoraba del médico, y al final se casaba con el butanero que pasaba por allí, y era preciosa, ¿y que hacen? Llaman a la menda: “Tú que has leído tanto seguro que sabes de que te hablo, y donde está, por si te sirve de ayuda estaba encuadernada en azul, sí, lo recuerdo claramente, era azul, y tenía dibujada a la chica en la portada”. Y ala, a buscar por toda la casa, como si fuese un perro de caza, hasta dar con la dichosa novela.
Me equivoqué de medio a medio, esta vez la cosa era más compleja.
Todo empezó cuando a mi tía-abuela le prestó su vecina (otra que también tiene un peligro…) la autobiografía de un maquis que allá por los años 40 ó 50, se ocultó en las proximidades del pueblo, y en su libro revela un hecho delictivo no esclarecido, cuya intriga ha llegado hasta hoy (aunque yo no tenía ni idea), ¡el robo de la caja vecinal! (para que nos entendamos, la pasta del pueblín), robo que el pueblo achacó al alcalde y este acusó a mi bisabuelo (el mismo que mucho después se escondía por ahí para salirse con la suya).
Mis abuelos no pueden con la intriga, “¿saldremos nosotros? O por lo menos tu bisabuelo, sólo sea por el susto que nos llevamos entonces, cuando apareció la Guardia Civil y se lo llevaron al cuartelillo, y todo por estar fichado por rojo, que injusticia”
Total, la propietaria del libro se largó (al geriátrico, creo, aunque esa parte no me quedó clara) y se llevó con ella el libro, pero no hay problema, ya lo busca la niña en las librerías de la capital. Las pistas que me han dado esta vez son muy buenas: es un libro. Habla de un hombre que fue maquis. Estuvo escondido en el pueblo, no, no sabemos su nombre, y tampoco el título del libro. ¿Encuadernación?, a saber, estaba forrado con periódicos. Pero de eso, no puede haber mucho ¿verdad?.
Mi dilema es el siguiente: ¿les decepciono, o escribo yo el libro?
Y en esas estábamos, cada una con una pernera dándole al caballete (nota para los inexpertos: técnica de costura encaminada a que no se suelten los hilos de la tela, también llamada “rematar”) mientras abuela le daba a lengua intentando ponerme al día de los últimos acontecimientos, que si los tomates crecían bien, las cerezas se había fastidiado con la granizada, la vecina no sabía que hacer con su hijo, la hija de la otra vecina parecía tener novio, la prima de Almagarinos se encontraba bien, gracias, la de Argentina sigue sin dar señales de vida (esperamos que no le haya pasado ninguna desgracia), fíjate lo que dan en la televisión, que divertido el anuncio del perro que habla … todo esto y mucho más, pero totalmente mezclado, vamos, un rollo patatero del que yo desconectaba discretamente y conectaba al hilo de alguna frase que despertase mi interés, y en estas estaba cuando mis neuronas hicieron “clik” avisándome, la frase era más o menos así:
“Bla bla bla … y ya le dije a mi cuñada que no se preocupase, que tu localizarías el libro para que lo pudiésemos leer todos … bla bla bla”.
“Ya está, otra vez, -- pensé -- , seguro que a mi tía segunda se le ha antojado leer alguna novela de los años 40 de esas que tenemos por casa tiradas, abuela no la encuentra, y me ha endosado la búsqueda por toda la casa”. Situación muy habitual en mi familia, de vez en cuando, alguien recuerda que allá por 1952 leyó una novela cuyo título y autor no recuerda, pero que trataba de una chica que se iba del pueblo a trabajar como modista, cogía la tisis, se enamoraba del médico, y al final se casaba con el butanero que pasaba por allí, y era preciosa, ¿y que hacen? Llaman a la menda: “Tú que has leído tanto seguro que sabes de que te hablo, y donde está, por si te sirve de ayuda estaba encuadernada en azul, sí, lo recuerdo claramente, era azul, y tenía dibujada a la chica en la portada”. Y ala, a buscar por toda la casa, como si fuese un perro de caza, hasta dar con la dichosa novela.
Me equivoqué de medio a medio, esta vez la cosa era más compleja.
Todo empezó cuando a mi tía-abuela le prestó su vecina (otra que también tiene un peligro…) la autobiografía de un maquis que allá por los años 40 ó 50, se ocultó en las proximidades del pueblo, y en su libro revela un hecho delictivo no esclarecido, cuya intriga ha llegado hasta hoy (aunque yo no tenía ni idea), ¡el robo de la caja vecinal! (para que nos entendamos, la pasta del pueblín), robo que el pueblo achacó al alcalde y este acusó a mi bisabuelo (el mismo que mucho después se escondía por ahí para salirse con la suya).
Mis abuelos no pueden con la intriga, “¿saldremos nosotros? O por lo menos tu bisabuelo, sólo sea por el susto que nos llevamos entonces, cuando apareció la Guardia Civil y se lo llevaron al cuartelillo, y todo por estar fichado por rojo, que injusticia”
Total, la propietaria del libro se largó (al geriátrico, creo, aunque esa parte no me quedó clara) y se llevó con ella el libro, pero no hay problema, ya lo busca la niña en las librerías de la capital. Las pistas que me han dado esta vez son muy buenas: es un libro. Habla de un hombre que fue maquis. Estuvo escondido en el pueblo, no, no sabemos su nombre, y tampoco el título del libro. ¿Encuadernación?, a saber, estaba forrado con periódicos. Pero de eso, no puede haber mucho ¿verdad?.
Mi dilema es el siguiente: ¿les decepciono, o escribo yo el libro?
Apoyo Fraterno
Después de la disputa doméstica causada por mi "proyecto de protección del parqué frente a las agresiones externas de la familia política", necesité con urgencia consejo sobre el tema, y me dije a mi misma ... ¿a quién recurro?, como ninguna de mis amigas favoritas descolgó el móvil, no me quedó otra que llamar a mi madre.
Mi madre como guardiana de la memoria histórica familiar aprovechó el momento para endosarme una bonita anécdota de mi bisabuelo, ahí va el momento anécdota: "Sigue la línea de tu bisabuelo, cuando había que hacer algo que no le gustaba, primero dejaba de hablarnos, luego, si no funcionaba, se largaba al monte y había que salir ha buscarlo con perros y todo, ¿recuerdas?". Como para olvidarlo, una de las veces se escondió en una zanja, pasamos por encima de él sin verle, y cuando nos dimos la vuelta se levantó gritando: ¡UH!. Ahora nos reímos mucho cuando lo contamos, pero en el momento no fue así.
La solución materna me pareció innecesariamente cruel, además, impropia de una mujer del siglo XXI, yo no me veo escondiéndome en una zanja, y si lo hago fijo que mi chico ni me busca ni nada, pasa de todo, porque sabe que cuando tenga hambre volveré a casa, porque yo no soy como mi bisabuelo, capaz de alimentarse con raíces y frutos del bosque sólo para fastidiar.
Buscando consejo actual, y como mis amigas seguían sin contestar, decidí enviar un e-mail a mi hermana. La verdad es que no esperaba gran cosa de ella, mi complejo de hermana mayor me había convencido de que poco o nada podría enseñarme la benjamina familiar. Sorpresa, su consejo alcanza tales grados de prudencia, agudeza, psicología y conocimientos gastronómicos, que he decidido compartirlo con el resto del mundo mundial, para que tan sabias palabras no se pierdan jamás, ahí va:
"HOLA GUAPÍSSIMA
He visto un poco tarde tu mail... Espero llegar a tiempo para salvar el parqué. Aunque no lo parezca, tengo un poco de experiencia en "organizar" cenas horribles de 15 personas mas niños (los amigos de Jorge eran unos buitres)
1. Aunque no lo parezca el parqué aguanta mogollón (pipis y cacas de
perro o niño incluidos) y si te lo manchan lo puedes fregar con Mister
Proper especial parqué (una botella azul cielo muy mona). Eso sí, evita las patatas Chips o los quicos si caen al suelo y te lo pisan lo pueden rayar. De entrante embutido que ya viene cortado y olivas que son muy sanas.
2. No te líes con fritangas. Pollo asado. Es muy fácil: pones el
pollo (cómpralo ya limpio) en una bandeja de papel de aluminio (usar y tirar) lo untas con margarina o mantequilla para que quede doradito un poco de sal, vino para regarlo, agua y la opción del horno para el pollo asado (suele ser un aspa no se porqué) si te sale mal no te preocupes, puedes decir que fue culpa del horno.
3. De primero haz sopa. Coge sopa de sobre de marisco (si no les gusta que se jodan) échale unas gambitas peladas y congeladas (en el Día está la bolsa tirada de precio). Abre una lata de almejas y échalas a cocer. También haz lo mismo con una de mejillones pero lávalos primero para que no se vea el aceite rojo y todo a la olla. Lo fundamental para que la sopa quede genial: Colorante alimentario. El típico que imita al azafrán. Te queda una sopa amarillita, apetitosa y barata.
Si la comida te queda asquerosa, no te preocupes. Así no vuelven."
Mi madre como guardiana de la memoria histórica familiar aprovechó el momento para endosarme una bonita anécdota de mi bisabuelo, ahí va el momento anécdota: "Sigue la línea de tu bisabuelo, cuando había que hacer algo que no le gustaba, primero dejaba de hablarnos, luego, si no funcionaba, se largaba al monte y había que salir ha buscarlo con perros y todo, ¿recuerdas?". Como para olvidarlo, una de las veces se escondió en una zanja, pasamos por encima de él sin verle, y cuando nos dimos la vuelta se levantó gritando: ¡UH!. Ahora nos reímos mucho cuando lo contamos, pero en el momento no fue así.
La solución materna me pareció innecesariamente cruel, además, impropia de una mujer del siglo XXI, yo no me veo escondiéndome en una zanja, y si lo hago fijo que mi chico ni me busca ni nada, pasa de todo, porque sabe que cuando tenga hambre volveré a casa, porque yo no soy como mi bisabuelo, capaz de alimentarse con raíces y frutos del bosque sólo para fastidiar.
Buscando consejo actual, y como mis amigas seguían sin contestar, decidí enviar un e-mail a mi hermana. La verdad es que no esperaba gran cosa de ella, mi complejo de hermana mayor me había convencido de que poco o nada podría enseñarme la benjamina familiar. Sorpresa, su consejo alcanza tales grados de prudencia, agudeza, psicología y conocimientos gastronómicos, que he decidido compartirlo con el resto del mundo mundial, para que tan sabias palabras no se pierdan jamás, ahí va:
"HOLA GUAPÍSSIMA
He visto un poco tarde tu mail... Espero llegar a tiempo para salvar el parqué. Aunque no lo parezca, tengo un poco de experiencia en "organizar" cenas horribles de 15 personas mas niños (los amigos de Jorge eran unos buitres)
1. Aunque no lo parezca el parqué aguanta mogollón (pipis y cacas de
perro o niño incluidos) y si te lo manchan lo puedes fregar con Mister
Proper especial parqué (una botella azul cielo muy mona). Eso sí, evita las patatas Chips o los quicos si caen al suelo y te lo pisan lo pueden rayar. De entrante embutido que ya viene cortado y olivas que son muy sanas.
2. No te líes con fritangas. Pollo asado. Es muy fácil: pones el
pollo (cómpralo ya limpio) en una bandeja de papel de aluminio (usar y tirar) lo untas con margarina o mantequilla para que quede doradito un poco de sal, vino para regarlo, agua y la opción del horno para el pollo asado (suele ser un aspa no se porqué) si te sale mal no te preocupes, puedes decir que fue culpa del horno.
3. De primero haz sopa. Coge sopa de sobre de marisco (si no les gusta que se jodan) échale unas gambitas peladas y congeladas (en el Día está la bolsa tirada de precio). Abre una lata de almejas y échalas a cocer. También haz lo mismo con una de mejillones pero lávalos primero para que no se vea el aceite rojo y todo a la olla. Lo fundamental para que la sopa quede genial: Colorante alimentario. El típico que imita al azafrán. Te queda una sopa amarillita, apetitosa y barata.
Si la comida te queda asquerosa, no te preocupes. Así no vuelven."
No sin mi parqué
El otro día discutí con mi chico, el hombre de mi vida, el que me clava el codo en las costillas cuando duermo, mi media hipoteca, el que salva periódicamente la tierra de invasiones extraterrestres, el que no le gusta mi comida pero se la come … en fin, ese con quien vivo desde hace unos tres meses, y me soporta ya casi 7 años.
Fue por una chorrada, de veras, y por cosas que deberían ser ajenas a nosotros como pareja, como seres que se complementan, como universo independiente … me estoy poniendo pesada, lo siento, es el efecto de la primavera y de ver tanta tele-realidad que se me están reblandeciendo las neuronas más que en mi época de alcohólica de fin de semana, lo que el alcohol no consiguió a los 20 lo logra la televisión a los 30, señal inequívoca de que la televisión es infinitamente más dañina que el botellón , de esto yo soy la viva imagen.
Todo empezó de forma inocente, tirados en nuestra flamante sala de estar, ignorando algún programa de cotilleos baratos, doblábamos calcetines en amor y buena compañía, cuando el desencadenó la tormenta con un simple comentario producido por el aburrimiento de la situación: “Creo que deberíamos invitar a mi familia a comer para inaugurar el piso, desde que vinieron a verlo sin muebles no los hemos invitado ni una sola vez, ¿qué te parece?”.
- Por mí bien, ¿Cómo quieres hacerlo?, ¿en porciones o todos a la vez? – En ese momento mi versatilidad se estaba poniendo a prueba, veía la tele, doblaba calcetines, mantenía una conversación y empezaba a imaginar como organizar el tinglado familiar que se avecinaba –
- Pues yo creo que mejor todos a la vez, para acabar antes. – Así es mi chico, las medicinas y las malas noticias, mejor de un solo trago – Con mis tíos, mi abuelo, mis padres y demás … pues 14 personas
Yo seguí doble que doble, a la vez que le daba vueltas al tarro, para cuando pusieron la publicidad ya tenía claro que era lo primero que había que hacer: comprar un plástico para cubrir el parqué y salvaguardarlo de cualquier atentado familiar, y lo segundo, si me atrevía, comprar un pasaje de ida para mí a Australia, donde me dedicaría a la cría de canguros y estaría a salvo de semejante turba.
Sólo expresé la primera idea, pero bastó para encender la hoguera de la discordia, algo que parecía tan lógico encontró la oposición frontal de mi amor eterno: “De eso nada, donde se ha visto algo tan cutre, además lo haces porque es mi familia, con la tuya no la someterías a semejante humillación”.
Por supuesto que no, mi familia lleva muy dentro de sí eso de cuidar el parqué, por eso, cuando les invitemos estoy segura de que mi abuela y mi tía-abuela se pondrán mano sobre mano y tejerán unos bonitos patucos para cada uno de los invitados, con sus iniciales para evitar así molestas confusiones,
y unos cordones para ajustarlos a los tobillos, rematados con dos artísticos pompones para que queden más graciosos y todos se los pondrían alegremente, devolviéndolos cuando se vayan para que los lave y los guarde pensando en comilonas futuras.
Lógico ¿no?, pues aunque parezca mentira, no le convencí, se puso en plan cerril y rechazó de plano tanto el plástico como los patucos, no lo podía consentir, tenía que hacer algo, y lo único que se me ocurrió fue tirarme al suelo y empezar a gritar: ¡NO, es MÍO!, ¡MÍO!, como el Gollum pero con más pelo en las piernas, a la vez que me aferraba al parqué desgreñada y con cara de energúmena. No le convencí, ni de lejos, sólo sirvió para que me mirase con cara de ¡Dios mío, con quien me he ido a liar!, pedirme que por favor me levantase del suelo, que llevábamos una semana sin pasar la aspiradora y me estaba llenando de mugre, y aplazar sine die la presentación familiar del piso.
Bueno, menos da una piedra.
Fue por una chorrada, de veras, y por cosas que deberían ser ajenas a nosotros como pareja, como seres que se complementan, como universo independiente … me estoy poniendo pesada, lo siento, es el efecto de la primavera y de ver tanta tele-realidad que se me están reblandeciendo las neuronas más que en mi época de alcohólica de fin de semana, lo que el alcohol no consiguió a los 20 lo logra la televisión a los 30, señal inequívoca de que la televisión es infinitamente más dañina que el botellón , de esto yo soy la viva imagen.
Todo empezó de forma inocente, tirados en nuestra flamante sala de estar, ignorando algún programa de cotilleos baratos, doblábamos calcetines en amor y buena compañía, cuando el desencadenó la tormenta con un simple comentario producido por el aburrimiento de la situación: “Creo que deberíamos invitar a mi familia a comer para inaugurar el piso, desde que vinieron a verlo sin muebles no los hemos invitado ni una sola vez, ¿qué te parece?”.
- Por mí bien, ¿Cómo quieres hacerlo?, ¿en porciones o todos a la vez? – En ese momento mi versatilidad se estaba poniendo a prueba, veía la tele, doblaba calcetines, mantenía una conversación y empezaba a imaginar como organizar el tinglado familiar que se avecinaba –
- Pues yo creo que mejor todos a la vez, para acabar antes. – Así es mi chico, las medicinas y las malas noticias, mejor de un solo trago – Con mis tíos, mi abuelo, mis padres y demás … pues 14 personas
Yo seguí doble que doble, a la vez que le daba vueltas al tarro, para cuando pusieron la publicidad ya tenía claro que era lo primero que había que hacer: comprar un plástico para cubrir el parqué y salvaguardarlo de cualquier atentado familiar, y lo segundo, si me atrevía, comprar un pasaje de ida para mí a Australia, donde me dedicaría a la cría de canguros y estaría a salvo de semejante turba.
Sólo expresé la primera idea, pero bastó para encender la hoguera de la discordia, algo que parecía tan lógico encontró la oposición frontal de mi amor eterno: “De eso nada, donde se ha visto algo tan cutre, además lo haces porque es mi familia, con la tuya no la someterías a semejante humillación”.
Por supuesto que no, mi familia lleva muy dentro de sí eso de cuidar el parqué, por eso, cuando les invitemos estoy segura de que mi abuela y mi tía-abuela se pondrán mano sobre mano y tejerán unos bonitos patucos para cada uno de los invitados, con sus iniciales para evitar así molestas confusiones,
y unos cordones para ajustarlos a los tobillos, rematados con dos artísticos pompones para que queden más graciosos y todos se los pondrían alegremente, devolviéndolos cuando se vayan para que los lave y los guarde pensando en comilonas futuras.
Lógico ¿no?, pues aunque parezca mentira, no le convencí, se puso en plan cerril y rechazó de plano tanto el plástico como los patucos, no lo podía consentir, tenía que hacer algo, y lo único que se me ocurrió fue tirarme al suelo y empezar a gritar: ¡NO, es MÍO!, ¡MÍO!, como el Gollum pero con más pelo en las piernas, a la vez que me aferraba al parqué desgreñada y con cara de energúmena. No le convencí, ni de lejos, sólo sirvió para que me mirase con cara de ¡Dios mío, con quien me he ido a liar!, pedirme que por favor me levantase del suelo, que llevábamos una semana sin pasar la aspiradora y me estaba llenando de mugre, y aplazar sine die la presentación familiar del piso.
Bueno, menos da una piedra.
Mi primer artículo
Mi primer artículo, ¡que emoción!, nunca creí que llegaría este momento, porque con lo vaga que soy me cuesta un dolor culminar mis proyectos. Para hacerlo tengo que trabajar bajo presión: de una fecha de entrega, un jefe exprimidor, la proximidad del exámen ... total, un desastre. Porque mi vida, desde mis primeros pasos, ha sido siempre así: estudiar el día antes, preparar el trabajo manual una hora antes de entregarlo, hacer los paquetes de caramelos media hora antes del bautizo, arreglarme las uñas en el metro camino a una cita a la que llego tarde porque me vestí en el último momento, comprar el regalo de cumpleaños cinco minutos antes de entrar en la fiesta ...
Pero lo he hecho, he dado el primer pasito de lo que espero sea un largooo viaje, a no ser claro que mi chico descubra quien soy, y decida cerrarme la conexión a internet aterrorizado ante lo que pueda descubrir, o que deje de estar parada y me toque un alegre empleo donde me deslomen de tal forma que mi único objetivo sea meterme en la cama y olvidar mi existencia.
Voy a ser positiva, a mi churri le gustará mucho mi weblog y en mi futuro empleo todo será amor, felicidad y buen rollito, me harán trabajar lo justo para no estresarme y me pagarán tan bien que dejaré de comprar mis trapitos en Zara y en las oportunidades del Corteinglés. Y en ese ambiente tan paradisiaco, podré seguir emborronando este blog sin temor a que mi madre lo lea, como hizo con mi diario adolescente, si mamá, gracias a las nuevas tecnologías y a tu negativa cerril a integrarte en ellas, esta vez te vas a ahorrar todo un disgusto. Al final vas ha tener razón, esto de internet es un invento diabólico.
Pero lo he hecho, he dado el primer pasito de lo que espero sea un largooo viaje, a no ser claro que mi chico descubra quien soy, y decida cerrarme la conexión a internet aterrorizado ante lo que pueda descubrir, o que deje de estar parada y me toque un alegre empleo donde me deslomen de tal forma que mi único objetivo sea meterme en la cama y olvidar mi existencia.
Voy a ser positiva, a mi churri le gustará mucho mi weblog y en mi futuro empleo todo será amor, felicidad y buen rollito, me harán trabajar lo justo para no estresarme y me pagarán tan bien que dejaré de comprar mis trapitos en Zara y en las oportunidades del Corteinglés. Y en ese ambiente tan paradisiaco, podré seguir emborronando este blog sin temor a que mi madre lo lea, como hizo con mi diario adolescente, si mamá, gracias a las nuevas tecnologías y a tu negativa cerril a integrarte en ellas, esta vez te vas a ahorrar todo un disgusto. Al final vas ha tener razón, esto de internet es un invento diabólico.