Un año

Mi amigo Sergi, el albatros, me ha recordado hoy que este blog cumple hoy un año.
No es que sea una novedad que yo me olvide de un cumpleaños. De hecho, es motivo de cachondeo entre mis amigos el que confunda las fechas y llame el día que no es (equivocada o demasiado tarde).
No voy a echar la vista atrás haciendo un resumen de lo que ha sido esto, sería demasiado complicado porque este Miedo a volar siempre ha sido una especie de cajón desastre de cosas muy diferentes.
No escribo para compartir lo que me pasa o lo que siento.Sería muy vanidoso por mi parte creer que es tan interesante. Pero es verdad que he disfrutado mucho escribiendo y diría que muchas veces ha sido hasta terapéutico.
Si, además, he recibido vuestros comentarios amables, animadores, cariñosos, con otro punto de vista o añadiendo algo más, no puedo recibirlos de otra forma que como un regalo y daros (sinceramente y de corazón) las gracias una y mil veces.
Hoy he pensado en cerrar el blog. No tengo mucho tiempo y confieso que tampoco mucha inspiración ultimamente. Pero soy tan tonta que le he cogido cariño a este espacio pequeñito y frío encuadrado en una pantalla. Porque es mi espacio y vuestro, y me gusta.
Así que sigo por aquí con mis poesías,mis historias, mis tonterías
y mi inconstancia. A los que pasais, otra vez gracias, gracias, gracias.
Mil besos a todos y todas.
*PD: Suelo incluir una referencia al autor de las fotos que pongo y en este caso no podía ser menos, porque ésta fue hecha por mi amiga Airelai (además de robada, sin permiso,de su blog...). Y me encanta!!!
Mayo

Uno de mis primeros recuerdos transcurre más o menos en esta época y en la playa. No podría decir cuantos años tenía pero debían de ser pocos, ya que aún estábamos en el otro pueblo, al lado del mar. A veces, cuando hacía buen día, mi madre aparecía por sorpresa al mediodía y nos llevaba ( a mi hermana y a mí) a comer a la playa. Empezaba a sacar de su enorme bolsa bikinis, toallas, bocadillos, cremas protectoras para el sol... Teníamos poco tiempo porque había cole por la tarde. Rápidamente nos embadurnaba en bronceador que olía a verano y salíamos corriendo al agua, y nos dábamos los primeros baños de mar haciéndonos las sordas hasta que mi madre perdía la paciencia y amenazaba con entrar en el agua a sacarnos.Comíamos, aún mojadas y envueltas en una toalla, bocadillos de tortilla y bistec empanado. Mis bocadillos siempre acababan llenos de arenas, pero daba igual. Me sabían a gloria.
Después volvíamos al colegio con la espalda rascando por el sol y las arenas, y el pelo aún un poco mojado, orgullosas de las primeras marcas rojas en los límites del bikini.
Nunca parecía tan pesado el uniforme como esas tardes.





