Sad Girl
Raro, muy raro lo que he escrito hoy, pero me gusta (por eso lo comparto). Y más despues de una temporada en que desechaba todo lo que salía de mi cabeza. Y contento, porque me puedo volver a poner al día con todos mis blogs favoritos!!
Como prometía ayer (y ya era hora de cumplir) aquí va una nueva historia. Espero que os guste, si no, agradezco cualquier crítica.
Sad Girl
Una nube blanca surca, lentamente, el cielo sobre el que estoy tumbado. Juego a adivinar su forma, divertida y difusa, decido que parece un pequeño conejo congelado en mitad de su zancada. Extiendo los brazos por detrás de mi cabeza, rozando con la yema de los dedos la húmeda hierba, mullida y acogedora. Inspiro con fuerza, dejando que se mezcle en mis pulmones el aire puro con el perfume de su piel.
Sad Girl, está tumbada a mi lado, me incorporo apoyándome sobre mi brazo y la observo, mientras mastico palabras que se agolpan en mi boca, que ora son dulces, ora amargas. Formando una visera con su mano, me mira, inspira y me pregunta “¿Qué decías?” y me desmonta con sus penetrantes ojos, haciendo un esfuerzo, trago a palo seco todos los sentimientos que iban a brotar, raspando al bajar por mi laringe. “Nada, no he dicho nada”. ¿Cómo habrá podido leer en mi boca las palabras que no han llegado a salir?
Y así va llegando el ocaso, entre bostezos de pereza y movimientos casi espásmicos para reactivar los músculos, que aprovechan cualquier descuido para dormitar. Con una luz naranja, acentuada por las gafas de sol, nos ponemos en pie sin cruzar palabra y empezamos a recoger el picnic improvisado en un céntrico parque. Camino de la salida, con el paso algo acelerado debido a la hora de cierre, la dejo que me adelante, mientras me pongo la camiseta, la veo andar. Lleva unas sandalias de tacón que se atan con dos cintas rodeando sus tobillos, como pequeñas culebras jugueteando. Juega a su favor un ligero vestido estampado, cuyos volantes fantasean con el viento y me aceleran el pulso. Lleva unas enormes gafas de sol, con otro gran sombrero, color crudo que le da esa aura de misterio que siempre mantiene.
Y sube, raudo y veloz, desde mi estómago, una pequeña poesía, recuperada del olvido, que disparo a bocajarro, a suficiente volumen como para que la oiga:
“Todo era azul delante de aquellos ojos y
Era verde hasta lo entrañable, dorado hasta muy lejos.
Porque el color hallaba su encarnación primera
Dentro de aquellos ojos de frágiles reflejos.”
Rota 180 grados sobre sus tobillos y con una casi sonrisa en la boca, la mirada oculta por cristales, hace amago de cuatro aplausos, uno por cada verso. Gira de nuevo y reanuda nuestro camino. Sad Girl está hoy casi feliz.
Y pensé que nunca lo vería, no hace tanto que la encontré, solitaria en el Metro, esperando al Señor Nadie, que había decidido no venir. ¿Y como resistir una lágrima ahogada? Unos ojos húmedos, una mirada triste, tristísima, tan triste como no la he vuelto a ver. Tan triste que me hacen caer en el asiento contiguo del andén, compartiendo su tristeza sin saber que es exactamente lo que me estaba dando en ese momento. Y una lágrima mía que la regalo.
Unidos por una pena común, de distinto origen, pero con mismo resultado. La tiendo una mano, dudosa y mostrando miedo acepta. Tiro suavemente de ella hacía la salida, donde se deja llevar dócil. Formamos una mueca de gestos al ver la lluvia y nos transformamos, momentáneamente, en dos pequeños orientales al achinar los ojos por el contacto de las gotas. Hoy todo el mundo está dispuesto a llorar. Mientras cruzamos una calle con el semáforo en rojo, para acercarnos a un café, un niño con impermeable de plástico amarillo y un paraguas totalmente desproporcionado, se ríe de nosotros al vernos calados.
Sentados en una mesa, frente a una taza de chocolate, que no nos va a evitar seguir mojados, pero alivia el frío en los huesos, sigo sin saber como se llama, ni que la pasa, ni siquiera su timbre de voz. ¿Sería así antes de darse cuenta que el Señor Nadie no vendría? ¿Por qué me he unido a ella?. Pasado un tiempo, y demasiado intimidado como para hacer preguntas, me levanto dispuesto a cortar esta locura. Me voy. Me voy, pero no me acabo de levantar, ¡reacciona!. Y como si me escuchase, dice “No te vayas”. Llegaré a acostumbrarme a esa lectura que hace de palabras no dichas. Sad Girl siguió sentada enfrente mío, yo bloqueado, sin dirigirnos la palabra, pero no sufriendo esa incomodidad del silencio que se crea con los amigos, pareja, familia, cuando no sabes de que hablar.
De pronto se levantó, encaminada a la puerta, justo cuando tiene el pomo girado, vuelve la cabeza. Me ha dejado sentado en la mesa sin saber que hacer. Pero sus pupilas me bastan para seguirla, autómata, continuar la senda de huellas mojadas que va dejando. Dos manzanas más abajo, se detiene en un portal, me mira, melancolía infinita. Vuelve a llorar, pero no me permite un abrazo, una caricia que consuele. A cambio, cierra la puerta y me observa tras los cristales. Ahogadamente, alcanzo a decir “Mañana vengo a buscarte”. Siento que he encontrado un camino, difícil, lleno de riscos, pero es la senda que debo tomar.
Han pasado dos meses y Sad Girl todavía creo que sigue esperando al Señor Nadie, guardo la esperanza de ir sustituyendo letra a letra ese nombre por el mío y como he dicho antes, creo que hoy es casi feliz.
FIN
Los versos se los he robado a Miguel Hérnandez.
Canción de la noche:
"Karma Police" Radio Head.

Como prometía ayer (y ya era hora de cumplir) aquí va una nueva historia. Espero que os guste, si no, agradezco cualquier crítica.
Sad Girl
Una nube blanca surca, lentamente, el cielo sobre el que estoy tumbado. Juego a adivinar su forma, divertida y difusa, decido que parece un pequeño conejo congelado en mitad de su zancada. Extiendo los brazos por detrás de mi cabeza, rozando con la yema de los dedos la húmeda hierba, mullida y acogedora. Inspiro con fuerza, dejando que se mezcle en mis pulmones el aire puro con el perfume de su piel.
Sad Girl, está tumbada a mi lado, me incorporo apoyándome sobre mi brazo y la observo, mientras mastico palabras que se agolpan en mi boca, que ora son dulces, ora amargas. Formando una visera con su mano, me mira, inspira y me pregunta “¿Qué decías?” y me desmonta con sus penetrantes ojos, haciendo un esfuerzo, trago a palo seco todos los sentimientos que iban a brotar, raspando al bajar por mi laringe. “Nada, no he dicho nada”. ¿Cómo habrá podido leer en mi boca las palabras que no han llegado a salir?
Y así va llegando el ocaso, entre bostezos de pereza y movimientos casi espásmicos para reactivar los músculos, que aprovechan cualquier descuido para dormitar. Con una luz naranja, acentuada por las gafas de sol, nos ponemos en pie sin cruzar palabra y empezamos a recoger el picnic improvisado en un céntrico parque. Camino de la salida, con el paso algo acelerado debido a la hora de cierre, la dejo que me adelante, mientras me pongo la camiseta, la veo andar. Lleva unas sandalias de tacón que se atan con dos cintas rodeando sus tobillos, como pequeñas culebras jugueteando. Juega a su favor un ligero vestido estampado, cuyos volantes fantasean con el viento y me aceleran el pulso. Lleva unas enormes gafas de sol, con otro gran sombrero, color crudo que le da esa aura de misterio que siempre mantiene.
Y sube, raudo y veloz, desde mi estómago, una pequeña poesía, recuperada del olvido, que disparo a bocajarro, a suficiente volumen como para que la oiga:
“Todo era azul delante de aquellos ojos y
Era verde hasta lo entrañable, dorado hasta muy lejos.
Porque el color hallaba su encarnación primera
Dentro de aquellos ojos de frágiles reflejos.”
Rota 180 grados sobre sus tobillos y con una casi sonrisa en la boca, la mirada oculta por cristales, hace amago de cuatro aplausos, uno por cada verso. Gira de nuevo y reanuda nuestro camino. Sad Girl está hoy casi feliz.
Y pensé que nunca lo vería, no hace tanto que la encontré, solitaria en el Metro, esperando al Señor Nadie, que había decidido no venir. ¿Y como resistir una lágrima ahogada? Unos ojos húmedos, una mirada triste, tristísima, tan triste como no la he vuelto a ver. Tan triste que me hacen caer en el asiento contiguo del andén, compartiendo su tristeza sin saber que es exactamente lo que me estaba dando en ese momento. Y una lágrima mía que la regalo.
Unidos por una pena común, de distinto origen, pero con mismo resultado. La tiendo una mano, dudosa y mostrando miedo acepta. Tiro suavemente de ella hacía la salida, donde se deja llevar dócil. Formamos una mueca de gestos al ver la lluvia y nos transformamos, momentáneamente, en dos pequeños orientales al achinar los ojos por el contacto de las gotas. Hoy todo el mundo está dispuesto a llorar. Mientras cruzamos una calle con el semáforo en rojo, para acercarnos a un café, un niño con impermeable de plástico amarillo y un paraguas totalmente desproporcionado, se ríe de nosotros al vernos calados.
Sentados en una mesa, frente a una taza de chocolate, que no nos va a evitar seguir mojados, pero alivia el frío en los huesos, sigo sin saber como se llama, ni que la pasa, ni siquiera su timbre de voz. ¿Sería así antes de darse cuenta que el Señor Nadie no vendría? ¿Por qué me he unido a ella?. Pasado un tiempo, y demasiado intimidado como para hacer preguntas, me levanto dispuesto a cortar esta locura. Me voy. Me voy, pero no me acabo de levantar, ¡reacciona!. Y como si me escuchase, dice “No te vayas”. Llegaré a acostumbrarme a esa lectura que hace de palabras no dichas. Sad Girl siguió sentada enfrente mío, yo bloqueado, sin dirigirnos la palabra, pero no sufriendo esa incomodidad del silencio que se crea con los amigos, pareja, familia, cuando no sabes de que hablar.
De pronto se levantó, encaminada a la puerta, justo cuando tiene el pomo girado, vuelve la cabeza. Me ha dejado sentado en la mesa sin saber que hacer. Pero sus pupilas me bastan para seguirla, autómata, continuar la senda de huellas mojadas que va dejando. Dos manzanas más abajo, se detiene en un portal, me mira, melancolía infinita. Vuelve a llorar, pero no me permite un abrazo, una caricia que consuele. A cambio, cierra la puerta y me observa tras los cristales. Ahogadamente, alcanzo a decir “Mañana vengo a buscarte”. Siento que he encontrado un camino, difícil, lleno de riscos, pero es la senda que debo tomar.
Han pasado dos meses y Sad Girl todavía creo que sigue esperando al Señor Nadie, guardo la esperanza de ir sustituyendo letra a letra ese nombre por el mío y como he dicho antes, creo que hoy es casi feliz.
FIN
Los versos se los he robado a Miguel Hérnandez.
Canción de la noche:
"Karma Police" Radio Head.

Comentario:
Es precioso,, transmite tanto dolor contenido, transmite azar, destino, quzás casualidad.. En serio me has dejado cautivada, durante y después de leer el relato, tus palabras resuenan en mi cabeza... besos
Comentario:
no puedo creermelo de verdad, cada vez te superas más a ti mismo. casi acabo sad girl yo tambien... snif! muchas gracias por estos momentos!!! ciao
Comentario:
No se me ocurre mejor manera de hablar de tristeza, lagrimas y lluvia en este momento...
Precioso...simplemente precioso.
Muchos besos.
Comentario:
impresionante!! me encanta, siempre me encanta!!
besos
besos





