Mis mujeres
I. EVA.
Eva era como una fierecilla domada, sus ojos se le salían de la cara, tenía una voz que te ablandaba el corazón. Nunca sabía que día ni que hora era, a veces ni siquiera era consciente de su identidad. La última vez que la vi lloraba desconsolada por el hambre en el tercer mundo.
II. LUCIA.
Lucía nunca decía que no, era la típica piba a la que todo le parecía bien, o al menos eso parecía, para mí era la mujer ideal, el sueño de un psicótico como yo, lástima que también lo fuera de un tal Juan, un ejecutivo rompedor que creía que era suya.
III. PAULA.
Conocí a Paula en la sala de espera de un hospital, eran las tres de la madrugada y ella trataba de no desmoronarse tras la enésima taza de café en una noche que, para los dos, iba a ser muy larga. Su padre se debatía entre la vida y la muerte, mi amigo David acababa de estampar su nueva Honda-mil-caballos contra un camión de la basura y comenzaba a agotar su tradicional buena suerte. Ella estaba nerviosa, muy nerviosa, yo estaba demasiado cabreado, cabreado con David por joder su vida así, cabreado con la fortuna que me llevaba a conocer a alguien que merece la pena cuando ni puedes ni quieres, cabreado conmigo por pensar en otra cosa que no fuera David, que no fuera Rosa con la que se había casado apenas dos meses antes y a la que tenía que llamar para comunicarle que su marido tenía media vida empotrada al parachoques de un camión de la basura, puta vida.
La noche, además de larga, fue dura, su padre quedó internado en la U.C.I. de aquel hospital y David atado a una silla de ruedas el resto de la película barata a la que se redujo su vida. Dudo que ella recuerde algo de lo que nos dijimos en aquella, nuestra única noche.
IV. MARTA.
Marta nunca existió, sólo fue una excusa, falsa, como todas las excusas, una imagen partida por la mitad en la que refugiarse cuando amenzaba temporal. La conocí una noche de verano y me costó año y medio librarme de sus mentiras, mentiras que en el fondo me hacían más débil y solitario. No recuerdo exactamente cuando ni cómo me deshice de ella pero las cosas siguen sin cambiar desde entonces.
V. ILDE
Ilde estudiaba psicología o psiquiatría, no, no era médico pero en su país de origen no se exigía serlo para ejercer la segunda de esas artes. Dudo mucho que tratara de analizarme o que sus miradas reiteradas tuvieran relación con mi mente y su escasa organización. Lo cierto es que su cuerpo fue para mí un bálsamo, inesperado como la tormenta en una tarde de verano que te llena los pulmones de lluvia.
Y una derrota...BLANCA.
"me siento como alguien que sale del cine en mitad de una pelicula. yo estoy fuera, pero sé que la película continua".
No te dije adiós, te dije que te echaría de menos. A veces no basta con meses de conexión, quizás hay algo más, algo diferente sin lo que el viento deja de soplar en las velas y, qué jodido, toca volver a remar. Aún así, de algo estoy orgulloso: de una madrugada al raso en la que un "no" se hizo cierto....
Eva era como una fierecilla domada, sus ojos se le salían de la cara, tenía una voz que te ablandaba el corazón. Nunca sabía que día ni que hora era, a veces ni siquiera era consciente de su identidad. La última vez que la vi lloraba desconsolada por el hambre en el tercer mundo.
II. LUCIA.
Lucía nunca decía que no, era la típica piba a la que todo le parecía bien, o al menos eso parecía, para mí era la mujer ideal, el sueño de un psicótico como yo, lástima que también lo fuera de un tal Juan, un ejecutivo rompedor que creía que era suya.
III. PAULA.
Conocí a Paula en la sala de espera de un hospital, eran las tres de la madrugada y ella trataba de no desmoronarse tras la enésima taza de café en una noche que, para los dos, iba a ser muy larga. Su padre se debatía entre la vida y la muerte, mi amigo David acababa de estampar su nueva Honda-mil-caballos contra un camión de la basura y comenzaba a agotar su tradicional buena suerte. Ella estaba nerviosa, muy nerviosa, yo estaba demasiado cabreado, cabreado con David por joder su vida así, cabreado con la fortuna que me llevaba a conocer a alguien que merece la pena cuando ni puedes ni quieres, cabreado conmigo por pensar en otra cosa que no fuera David, que no fuera Rosa con la que se había casado apenas dos meses antes y a la que tenía que llamar para comunicarle que su marido tenía media vida empotrada al parachoques de un camión de la basura, puta vida.
La noche, además de larga, fue dura, su padre quedó internado en la U.C.I. de aquel hospital y David atado a una silla de ruedas el resto de la película barata a la que se redujo su vida. Dudo que ella recuerde algo de lo que nos dijimos en aquella, nuestra única noche.
IV. MARTA.
Marta nunca existió, sólo fue una excusa, falsa, como todas las excusas, una imagen partida por la mitad en la que refugiarse cuando amenzaba temporal. La conocí una noche de verano y me costó año y medio librarme de sus mentiras, mentiras que en el fondo me hacían más débil y solitario. No recuerdo exactamente cuando ni cómo me deshice de ella pero las cosas siguen sin cambiar desde entonces.
V. ILDE
Ilde estudiaba psicología o psiquiatría, no, no era médico pero en su país de origen no se exigía serlo para ejercer la segunda de esas artes. Dudo mucho que tratara de analizarme o que sus miradas reiteradas tuvieran relación con mi mente y su escasa organización. Lo cierto es que su cuerpo fue para mí un bálsamo, inesperado como la tormenta en una tarde de verano que te llena los pulmones de lluvia.
Y una derrota...BLANCA.
"me siento como alguien que sale del cine en mitad de una pelicula. yo estoy fuera, pero sé que la película continua".
No te dije adiós, te dije que te echaría de menos. A veces no basta con meses de conexión, quizás hay algo más, algo diferente sin lo que el viento deja de soplar en las velas y, qué jodido, toca volver a remar. Aún así, de algo estoy orgulloso: de una madrugada al raso en la que un "no" se hizo cierto....
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