Días de cristal.
Recuerdo los días en blanco,y al chico de cristal gritando a mis ojos
que no sabía cómo vivir.
A veces yo le tarareaba “el truco es seguir respirando”
y las cuerdas de su guitarra tocaban “basura”.
Dicen que perder lo que no has tenido duele el doble,
Otto nació entre olvidados,
nunca tuvo nada y se paseaba “knock out”
siempre como recién salido del rincón eléctrico del hombre de pelo blanco.
Un día la mancha blanca se extendió por sus zonas oscuras
y todos supimos que sólo quedaba esperar,
como los castillos de arena que sueñan con esa ola,
la que les devuelva al vientre de la playa.
Dos años son mucho más que 730 días,
sólo con los gritos de los ausentes
soy capaz de juntar más de tres mil noches de pedazos rotos.