YA NO TENGO NADA QUE ESCRIBIR
Hace tiempo que comencé este, ya más vuestro blog que mío. La intensa necesidad de escribir, de fijar las palabras que revoloteaban en mi cabeza, junto con la posibilidad de meterlas en esta especie de botella hecha de electrones que es el internet y tirarlas al mar de las IPs, los DNS y los buscadores varios, fueron los que determinaron que una lejana y larga noche de principios de noviembre me sentara a expresar a nadie en particular y a todos en general los pensamientos sin nombre que cargaban mi frente e inclinaban mi cabeza.
En un inicio fue un mero diario de sucesos y una pequeña guía de introducción a melocotoncito. Casi todo era crónica, la crónica de una vida tan normal y tan corriente como pueda serlo la de cualquiera de vosotros, no menos interesante, pero no mucho más tampoco.
Y la botella seguía surcando las olas de datos.
Con el tiempo, una vez explicado yo y mi circunstancia, empecé a plasmar la información útil que me proporcionaban mis vivencias pasadas: mis múltiples etapas golferas. Mis (nunca sabrán hasta que punto) queridos visitantes mostraban en los comentarios cómo y cuánto disfrutaban con mis historias, y se estableció un diálogo de comentarios y artículos muy gratificante para mí, y espero que para ellos. Jamás pensé en escribir para que me leyeran, pero saberte escuchado y leer una respuesta es una forma de sentirse menos solo.
Y la botella seguía su viaje por el mar de los datos.
De vez en cuando escribía algún post apartado de esa línea. Ahí hablaba el melocotoncito alternativo, el que se rebelaba ante una injusticia, o el que se maravillaba de las pequeñas cosas.
Y el mensaje más importante jamás fue escrito, porque siempre estaba detrás de cada palabra. En cada letra que salía de este teclado había una gota de mi sangre, de mi ser, de mi espíritu. El mensaje más importante era yo mismo. Con cada artículo, una pincelada dibujaba una línea más de mi auténtica imagen, esa que no vemos en una foto, sino que vemos con el corazón cuando estamos frente a una persona que conocemos.
Y la botella flotaba, y flotaba, y porfiaba por no hundirse. Y un día, alguien vio esa botella varada en su playa. Desenterró el cristal de las palabras de compromiso, sacó el corcho de las palabras vacías, extrajo la carta de las palabras verdaderas y leyó su contenido. Y no sólo lo entendió, sino que decidió responder.
Desde entonces, mi grito por la ventana se convirtió en un cruce de correspondencia. Las cartas siguen siendo cartas abiertas, pero ahora tienen una destinataria conocida.
Pero ahora, durante un tiempo, ella no tendrá playa donde recibir mis mensajes. Su mar de datos quedará seco en una temporada. Y de repente descubro que os estaré hablando a todos, pero que ella no me podrá leer.
Así pues, si la veis por la calle, si os encontrais con ella en la tienda, si hablais con ella por teléfono, decídselo. Decidle que aunque ella no esté en la playa, yo seguiré arrojando mensajes en botella al mar. Por supuesto que no con el mismo entusiasmo, pero el mensaje que yo quiero que le llegue no es ninguna palabra que yo pueda escribir.
El auténtico mensaje es la palabra que no puedo escribir, pero que me impulsa a poner las demás en el papel. Y ella sabrá que esa palabra está ahí por el simple hecho de conocer la existencia de una botella más en el mar de los electrones. Por eso debeis contarselo.
Porque sin ella, ya no tengo nada que escribir.
En un inicio fue un mero diario de sucesos y una pequeña guía de introducción a melocotoncito. Casi todo era crónica, la crónica de una vida tan normal y tan corriente como pueda serlo la de cualquiera de vosotros, no menos interesante, pero no mucho más tampoco.
Y la botella seguía surcando las olas de datos.
Con el tiempo, una vez explicado yo y mi circunstancia, empecé a plasmar la información útil que me proporcionaban mis vivencias pasadas: mis múltiples etapas golferas. Mis (nunca sabrán hasta que punto) queridos visitantes mostraban en los comentarios cómo y cuánto disfrutaban con mis historias, y se estableció un diálogo de comentarios y artículos muy gratificante para mí, y espero que para ellos. Jamás pensé en escribir para que me leyeran, pero saberte escuchado y leer una respuesta es una forma de sentirse menos solo.
Y la botella seguía su viaje por el mar de los datos.
De vez en cuando escribía algún post apartado de esa línea. Ahí hablaba el melocotoncito alternativo, el que se rebelaba ante una injusticia, o el que se maravillaba de las pequeñas cosas.
Y el mensaje más importante jamás fue escrito, porque siempre estaba detrás de cada palabra. En cada letra que salía de este teclado había una gota de mi sangre, de mi ser, de mi espíritu. El mensaje más importante era yo mismo. Con cada artículo, una pincelada dibujaba una línea más de mi auténtica imagen, esa que no vemos en una foto, sino que vemos con el corazón cuando estamos frente a una persona que conocemos.
Y la botella flotaba, y flotaba, y porfiaba por no hundirse. Y un día, alguien vio esa botella varada en su playa. Desenterró el cristal de las palabras de compromiso, sacó el corcho de las palabras vacías, extrajo la carta de las palabras verdaderas y leyó su contenido. Y no sólo lo entendió, sino que decidió responder.
Desde entonces, mi grito por la ventana se convirtió en un cruce de correspondencia. Las cartas siguen siendo cartas abiertas, pero ahora tienen una destinataria conocida.
Pero ahora, durante un tiempo, ella no tendrá playa donde recibir mis mensajes. Su mar de datos quedará seco en una temporada. Y de repente descubro que os estaré hablando a todos, pero que ella no me podrá leer.
Así pues, si la veis por la calle, si os encontrais con ella en la tienda, si hablais con ella por teléfono, decídselo. Decidle que aunque ella no esté en la playa, yo seguiré arrojando mensajes en botella al mar. Por supuesto que no con el mismo entusiasmo, pero el mensaje que yo quiero que le llegue no es ninguna palabra que yo pueda escribir.
El auténtico mensaje es la palabra que no puedo escribir, pero que me impulsa a poner las demás en el papel. Y ella sabrá que esa palabra está ahí por el simple hecho de conocer la existencia de una botella más en el mar de los electrones. Por eso debeis contarselo.
Porque sin ella, ya no tengo nada que escribir.
Comentario:
Os veo preocupados, no voy a ser malo manteniendoos desinformados:
"...durante un tiempo, ella no tendrá playa donde recibir mis mensajes."
Simplemente, ella se muda y durante un tiempo no tendrá internet. Me di cuenta de que nos habíamos conocido y enamorado por aquí, cada día, y que ahora no estará aquí para comentarme todos los días. Por eso escribí esto.
Gracias por interesaros, aunque fuera sólo por calmar vuestra curiosidad ;)
"...durante un tiempo, ella no tendrá playa donde recibir mis mensajes."
Simplemente, ella se muda y durante un tiempo no tendrá internet. Me di cuenta de que nos habíamos conocido y enamorado por aquí, cada día, y que ahora no estará aquí para comentarme todos los días. Por eso escribí esto.
Gracias por interesaros, aunque fuera sólo por calmar vuestra curiosidad ;)
Comentario:
"Esta persona es un enamoradizo al que le han hecho pupa muchas veces"... Es la descripción que Melocotoncito hace de si mismo: ¿estará cumpliendo con esta máxima?
Comentario:
Yo tampoco entiendo nada de nada. Ei, no estás solo/a. Tampoco en el blog de Alter Ego he podido encontrar la respuesta: es todo demasiado ambiguo y demasiado grave: es como si afrontaran un paso muy importante que no quieren desvelar o si hubieran cortado o yo que sé lo que. Sólo lo saben ellos dos.
Comentario:
joder que calor, pero bueno, que tal por hay?
Comentario:
Pero, ¿qué pasa aquí? Yo no entiendo nada. He seguido vuestra historia desde el principio pero no entiendo el post de hoy.
Comentario:
...
Comentario:
:-)





