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CRÓNICAS DE UN ROMÁNTICO GOLFERAS
Yo soy hedonista porque el mundo me ha hecho así...
Acerca de
Esta persona es un enamoradizo al que le han hecho pupa muchas veces.

No deje a esta persona al alcance de sus niñas.

No conduzca ni realice actividades peligrosas mientras consuma con esta persona, puede producir de todo menos somnolencia.

No debe tomarse nada con esta persona durante más de 15 días sin consultar a su mejor amiga, puede producir adicción.

Consulte su uso si está embarazada o cree que pudiera estarlo, no está para pasar malos ratos el muchacho.

Atención, contiene azúcar, consulte su uso si es diabética.

Ahora también en supositorios.

Las autoridades sanitarias advierten: MELOCOTONCITO PUEDE BENEFICIAR SU SALUD ERÓTICO-FESTIVA Y LA DE LAS QUE LA RODEAN.


Sindicación
 
COMPAÑEROS DE BATALLA
¿Sabeis las películas bélicas, en las que salen escenas de combate cuerpo a cuerpo, o de batalla de trincheras, en las que parece que se acaba el mundo, en las que todo es ruido, explosiones y gritos?

Pues a mí me encantan. No sé si seré un sádico reprimido, pero en cierta medida me dan la impresión de ser un fiel reflejo de lo miserable que pueden llegar a ser las personas... y también la grandeza que pueden llegar a alcanzar.

A veces, en medio de una batalla de ésas tan terribles, se puede ver al soldado que ayuda a un compañero a sobrevivir, al que salva a un grupo incluso a costa de su propia vida, al que protege a un compañero de las iras de un superior. A veces sobreviven y se lamentan de no haber podido salvar una vida más, a pesar de haber salvado muchas otras.

Por una cuestión de autodisciplina, me tomo el trabajo un poco como si fuera una guerra. Hay superiores y subordinados. Hay órdenes y obediencia. Hay un trabajo que hacer y un tiempo límite para hacerlo. Hay un enemigo (la competencia) que compite contigo, y al que hay que superar cada día.

Y también hay compañeros de trabajo. Valientes soldados que aprietan los dientes ante las avalanchas de trabajo, ante la incomprensión e incluso el desprecio de los jefes, ante los horarios criminales (no pagados, por supuesto), ante los chapuzas que continuamente les exigen que hagan mal su trabajo en contra de su orgullo profesional. Valientes soldados que defienden con uñas y dientes su casa, su tiempo libre, a su familia.

Valientes soldados que consiguen olvidar durante unas horas el fragor cuasi-bélico que los une para pasar un agradable rato en compañía, en ese descanso de la dura batalla laboral que se llama fin de semana.

A ellos les dedico hoy este texto. A mis queridos compañeros de trabajo. Sin ellos la batalla sería demasiado difícil de soportar. Gracias a ellos, la lucha cada día se hace algo más llevadera.

Fuerza y honor, compañeros. Fuerza y honor.