La caja...
Hoy me apetece escribir, pero como no tengo ninguna historia que contar (weno, sí que la tengo, que aun no he escrito nada del viaje a Alemania, pero no me da tiempo), voy a contar otra, que hasta tiene moraleja. De hecho, tiene muchas moralejas, unas más optimistas que otras.
La historia comienza con un buenazo. Los hay por todas partes, así que seguro que conocéis a alguno. Quizá hasta hayáis tenido la mala fortuna de nacer (porque los buenazos nacen, no se hacen) como uno. En fin, a lo que iba. Este buenazo y su hermano tenían un encargo bastante especial, debían repartir rasgos entre todas las criaturas del mundo. Así, le dieron un olfato de impresión a los perros y su agilidad a los gatos, velocidad al guepardo y la capacidad de volar al águila. El caso es que cuando les llegó el turno de darle algo al hombre, se les había acabado todo. No es justo- dijo, - tenemos que darle algo al hombre y, además, algo que mole. Así que ni corto ni perezoso, corrió a tomar 'prestado' el fuego a los dioses y se lo dio a los hombres, que se pusieron más contentos que unas castañuelas.
Los dioses, muy en su papel de jefes, se cabrearon bastante así que, para quedar por encima, comenzaron a maquinar. Por lo pronto, encadenaron al buenazo en lo alto de una montaña y designaron un cuervo encargado de comérsele el hígado. Como el buenazo resulta que era inmortal y volvía a regenerar el hígado cada día (un desperdicio que no conociera el vodka*), está todavía el pobrecito allí atado. Para su hermano y los hombres, idearon un plan más lento. Crearon una fémina, que tenía de todo. Era inteligente, habilidosa, culta e increíblemente bella, pero también era curiosa, imprudente, maquinadora y egoísta. Aun así, el pobre hermanito quedó prendado de ella cási al instante. El caso es que junto con la fémina, enviaron una cajita: su dote, con instrucciones explícitas de no abrirla.
Cómo no (y es que en este tipo de historias las mujeres siempre tienen que llevar la contraria) la chica decidió echar 'solo un vistacito' a lo que había dentro, así que levantó un poco la tapa; solo una rendijita. Rendija que aprovecharon para 'escaparse' los regalos que los dioses habían metido en la caja que, lejos de ser una dote para la chica, eran la 'compensación' por el regalo que los hombres habían recibido indebidamente. Claro, la chica (que tampoco era tonta) cerró otra vez enseguida, pero ya era tarde: la pobreza, la enfermedad, la tristeza... ya habían salido de la caja y comenzaron a extenderse por el mundo, que empezó a convertirse en un lugar mucho peor.
Un tiempo después (un tiempo bastante chungo si preguntáis a alguno de los hombres a los que les tocó vivirlo), viendo que era dificil que la cosa empeorara, la chica decidió mirar en la caja otra vez, por si acaso allí hubiera algo que pudiera servir para arreglar el desaguisado y, hete aquí, que entonces pudo salir lo único que se había quedado en la caja cuando ella la había cerrado de golpe la vez anterior: la esperanza, que aunque no solucionó todos los problemas que tenían los hombres, sirvió para ayudarles a sobrellevarlos. Y es que hasta los jefes tienen su corazoncito :-).
Como supongo que habréis adivinado, la chica en cuestión se llamaba Pandora y, por si queréis subir en la escala friki, el bueno se llamaba Prometeo y su hermano era Epimeteo, titanes de nacimiento ambos.
Como os he dicho, la historia tiene muchas moralejas, pero yo ya he escrito mucho, así que, si alguien lee esto y le apetece comentar, le pediría que pusiera una que se le ocurra.
Un abrazote, hasta el próximo post y no perdáis nunca el último regalo de 'la chica de la caja'.

* Un saludo especial para la que ha pensado en el vodka (o en el ron, que también vale) antes de leer lo que había entre los paréntesis.
La historia comienza con un buenazo. Los hay por todas partes, así que seguro que conocéis a alguno. Quizá hasta hayáis tenido la mala fortuna de nacer (porque los buenazos nacen, no se hacen) como uno. En fin, a lo que iba. Este buenazo y su hermano tenían un encargo bastante especial, debían repartir rasgos entre todas las criaturas del mundo. Así, le dieron un olfato de impresión a los perros y su agilidad a los gatos, velocidad al guepardo y la capacidad de volar al águila. El caso es que cuando les llegó el turno de darle algo al hombre, se les había acabado todo. No es justo- dijo, - tenemos que darle algo al hombre y, además, algo que mole. Así que ni corto ni perezoso, corrió a tomar 'prestado' el fuego a los dioses y se lo dio a los hombres, que se pusieron más contentos que unas castañuelas.
Los dioses, muy en su papel de jefes, se cabrearon bastante así que, para quedar por encima, comenzaron a maquinar. Por lo pronto, encadenaron al buenazo en lo alto de una montaña y designaron un cuervo encargado de comérsele el hígado. Como el buenazo resulta que era inmortal y volvía a regenerar el hígado cada día (un desperdicio que no conociera el vodka*), está todavía el pobrecito allí atado. Para su hermano y los hombres, idearon un plan más lento. Crearon una fémina, que tenía de todo. Era inteligente, habilidosa, culta e increíblemente bella, pero también era curiosa, imprudente, maquinadora y egoísta. Aun así, el pobre hermanito quedó prendado de ella cási al instante. El caso es que junto con la fémina, enviaron una cajita: su dote, con instrucciones explícitas de no abrirla.
Cómo no (y es que en este tipo de historias las mujeres siempre tienen que llevar la contraria) la chica decidió echar 'solo un vistacito' a lo que había dentro, así que levantó un poco la tapa; solo una rendijita. Rendija que aprovecharon para 'escaparse' los regalos que los dioses habían metido en la caja que, lejos de ser una dote para la chica, eran la 'compensación' por el regalo que los hombres habían recibido indebidamente. Claro, la chica (que tampoco era tonta) cerró otra vez enseguida, pero ya era tarde: la pobreza, la enfermedad, la tristeza... ya habían salido de la caja y comenzaron a extenderse por el mundo, que empezó a convertirse en un lugar mucho peor.
Un tiempo después (un tiempo bastante chungo si preguntáis a alguno de los hombres a los que les tocó vivirlo), viendo que era dificil que la cosa empeorara, la chica decidió mirar en la caja otra vez, por si acaso allí hubiera algo que pudiera servir para arreglar el desaguisado y, hete aquí, que entonces pudo salir lo único que se había quedado en la caja cuando ella la había cerrado de golpe la vez anterior: la esperanza, que aunque no solucionó todos los problemas que tenían los hombres, sirvió para ayudarles a sobrellevarlos. Y es que hasta los jefes tienen su corazoncito :-).
Como supongo que habréis adivinado, la chica en cuestión se llamaba Pandora y, por si queréis subir en la escala friki, el bueno se llamaba Prometeo y su hermano era Epimeteo, titanes de nacimiento ambos.
Como os he dicho, la historia tiene muchas moralejas, pero yo ya he escrito mucho, así que, si alguien lee esto y le apetece comentar, le pediría que pusiera una que se le ocurra.
Un abrazote, hasta el próximo post y no perdáis nunca el último regalo de 'la chica de la caja'.

* Un saludo especial para la que ha pensado en el vodka (o en el ron, que también vale) antes de leer lo que había entre los paréntesis.







