Mediocaballero
Divagaciones de un friki, informático, rolero y ex-melenudo.
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Uf... ni yo me conozco, así que ya pensaré cómo puedo aprovechar este espacio... de momento... pues soy algo así.
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Lo he hecho...
Pffff...

Ni yo me creo todavía lo que acabo de hacer... Después de... er... 7? años dejándome crecer las greñas, a pesar de calores, fríos, de mi abuela, de mi madre, de mi pelo de krusty y de muchas otras cosas, se me han cruzado un poco los cables y me he hecho un pelado de impresión...

La verdad es que llevaba mucho (pero MUCHO) tiempo pensando en hacerlo, pero no me atrevía... Cortarme la coleta era como cortarme un cachito de mí mismo... Con el pelo largo era mucho más fácil ser distinto, era mucho más fácil llevar la contraria a lo que espera todo el mundo, ser 'raro'. Porque, para qué me voy a engañar, en el fondo me gusta ser raro, considero un halago que me llamen friki, me gusta la cara que pone la gente cuando les digo que juego a rol, o que soy heavy (aunque la verdad es que soy un heavy un poco blandito...)

Pero al final me he dado cuenta de que lo que tiene que importar es lo que va por dentro, que son mis actos los que tienen que hablar por mí y no mis pintas y, que narices, que llevar el pelo largo era un coñazo. Tardas más en ducharte, pasas frío en invierno y calor en verano, tienes que aguantar los tirones ocasionales de gracios@s y, para colmo, le estaba dando un disgusto a mi abuela.

Así que nada, ya no me podrá decir eso de 'me voy a morir sin verte con el pelo corto', aunque estoy convencido de que aun le quedan muchos (pero MUCHOS) años de seguir dando caña ;-)

Bueno. Hasta aquí por hoy... un día de estos tengo que cambiar mi muñeco de south park... :-m
 
Un clásico...
SI LOS PROGRAMADORES FUERAN ALBAÑILES

Uno de enero: Hoy me han llevado al solar por primera vez. La situación es perfecta: tiene el metro a dos pasos y una cafetería enfrente donde sirven menú del día. El viejo bloque de pisos, al que va a sustituir nuestra nueva construcción, lleva un año al borde de la ruina. Mi propia empresa ha colocado varios puntales que, por el momento, han ido evitando que el caduco edificio reviente por sus múltiples grietas. La construcción de este megalito de ladrillo dio comienzo hace cinco años, y aunque los pisos superiores nunca llegaron a recibir el agua, la electricidad y el enfoscado de las paredes, en diez meses los cimientos ya se habían desplazado peligrosamente y las vigas presentaban peligrosas fisuras. La cansada torre de viviendas ya ha cumplido su propósito y ahora nosotros la conduciremos a una muerte dulce. Por supuesto, el viejo edificio no será demolido hasta después de construir y probar el nuevo, lo que nos deja poco espacio de maniobra; pero no vamos a dejar a todas esas familias en la calle durante la construcción. De cualquier modo, los vecinos de la vieja y decadente estructura nos miran con recelo. Saben que el nuevo edificio tendrá viviendas más cómodas, pero algunos de los residentes no podrán costearlas. Ni sé‚ qué‚ va a ser de esta gente, ni es asunto mío. Llegan los primeros camiones de ladrillos.
Dos de enero: Me han presentado a Alberto, la persona a quien "voy a reportar". No me han dicho si es el capataz, el jefe de obra, el aparejador, o el arquitecto; sólo me han dicho que todo lo que tenga que "reportar", se lo "reporte" a él. Así que, por donde el diga, yo zaca zaca, como una locomotora. Ésa es la definición que me han dado de nuestra metodología. He buscado "reportar" en el diccionario, y no aparece.
Seis de febrero: En algo más de un mes, hemos cavado medio metro de cimientos. Ayer Alberto nos dijo que empezáramos a poner ladrillos, porque el tiempo designado para la cimentación se había agotado hace dos semanas. No aceptó nuestras excusas de que las prometidas excavadoras aún no habían llegado, y que nos habíamos visto obligados a cavar con las paletas de enyesar. Un compañero se trajo una pala de cavar que guardaba de una obra anterior, y casi le echan por razones deontológicas. Según Alberto, lo que pasa es que frecuentamos demasiado la cafetería. El asunto se ha zanjado con un "hale, a levantar paredes y luego cada palo aguante su vela". El trabajo sin planos es dificultoso. Los cimientos tienen una forma algo pintoresca. He pedido una plomada para que las paredes queden verticales, y he recibido improperios poniendo en duda mi masculinidad. Ya sé que Alberto no es el arquitecto, porque el arquitecto es un tal Ignacio. Pasó a supervisar la obra el otro día, aunque aún no hay nada que ver. Me han llegado rumores, aunque no son muy dignos de crédito, de que existen fotocopias de planos.
Doce de mayo: Anoche estuvimos hasta las siete de la mañana cubriendo con tablas y enmoquetando el espacio que algún día ocupará el despacho de la sexta planta, aunque el edificio no es aún más que una maraña de vigas de todos los tamaños y algunas paredes que habrá que tirar más adelante porque están en el sitio equivocado. Hemos traído baterías para los fluorescentes y unos muebles de caoba preciosos. Por suerte, todo estuvo a punto para la demo. Izamos al cliente con la grúa hasta su futuro despacho, y pudo contemplar la vista que se disfrutaría desde el emplazamiento. El viento hizo que la pared oeste, que dos de mis compañeros sujetaban con la espalda, se derrumbara con gran estruendo sobre la mesa de caoba en el peor momento. Gracias a Dios, el cliente fue comprensivo: esto pasa siempre en las demos, y él está curado de espanto, dijo mientras le sacudíamos el polvo del traje. Dice que el lunes que viene vendrá a probar las instalaciones sanitarias. Supliremos con cubos la inexistencia de tuberías.
Veintitrés de febrero: Han transcurrido casi catorce meses. Llevamos ya siete de retraso y el edificio no acaba de superar el estado de "casi terminado". Soy de los pocos albañiles que no ha cambiado de obra en este tiempo. Alberto está consumido por la zozobra, y se pasa el día en la cafetería trasegando Soberanos. El arquitecto no ha vuelto a pasar por aquí. Los rumores dicen que existieron unos planos, pero no eran de un bloque de pisos, sino de un polideportivo. Por lo visto, en las reuniones del comité de construcción se dijo que la filosofía era la misma, y que sólo harían falta modificaciones mínimas. Ahora comprendo por qué nos hicieron instalar aros de baloncesto en el hueco del ascensor. Siempre dije que acabaríamos teniendo que quitarlos o aquello no era un hueco de ascensor, que era cuestión de lógica. Alberto siempre me contestaba que no le viniera con tecnicismos. Estoy perdiendo la vocación de albañil. He decidido apuntarme por las tardes a un curso de informática, a ver si puedo cambiar de vida. Este oficio mío no es serio.
 
Promesas...
Sí, ya sé que prometí que lo siguiente que iba a publicar sería algo bueno, pero... el caso es que la inspiración manda. Y llevába tiempo apeteciéndome escribir algo. La verdad es que, releyéndolo un poco, me ha quedado un poco raro. Demasiadas influencias, demasiadas cosas mezcladas... Quizá el próximo sea mejor. Quizá continúe este... no sé... Me temo que el día que quiera abandonar la informática, si decido mantener habítos como comer a diario y comprar ropa de vez en cuando, será mejor que no me dedique a la literatura...
 
Un mini-relato... o algo así...
Una palabra.
Tan solo una palabra aparecía en su mente, como un mantra que se repite una y otra vez.
Derrota.
Al menos le quedaba un consuelo, lo había hecho lo mejor que pudo. No, eso también era mentira, en realidad probablemente podría haberlo hecho mucho mejor, pero le faltaba experiencia. Apenas había revisado su armadura antes de partir. En cuanto se presentó la oportunidad, agarró todo lo que tenía y se dirigió a la batalla. Sabía que muchos antes que él habían fracasado, pero cuando le llegó el turno, no se lo pensó dos veces. Era joven, era inteligente, era inmortal, era... un iluso.
Ahora yacía en el suelo, con el sol quemándole el rostro, cegándole, su propia sangre reseca pégandole el pelo a la cara, y notaba los latidos de su corazón en la sien, como tambores de guerra. Sentía como con cada golpe se le escapaba la vida por la herida que le habían abierto en el pecho.
La herida... una sonrisa desfigurada por el dolor se le dibujaba en la cara al recordar lo irónico de su derrota.Había sido una espada amiga la que le había abierto el tajo por el que ahora se desangraba lentamente. Un golpe certero, justo entre las juntas de su precaria armadura era el que le había postrado, dejándole desangrarse lentamente.
Al menos no tendría que esperar mucho más, ya notaba cómo el sol se iba oscureciendo, señal inequívoca de que se acercaba su momento. Aunque algo andaba mal, pues la consciencia no le abandonaba.
Haciendo un esfuerzo, levanto la cabeza unos centímetros, lo justo para ver una figura de pie junto a él. El sol de justicia arrancaba destellos de la brillante armadura del desconocido. El pelo castaño agitado por el viento enmarcaba la mirada serena, profunda de sus ojos marrones al tiempo que le ocultaba el rostro. -¿Es acaso compasión lo que veo en sus ojos?¿Viene a terminar con mi sufrimiento?- Cerró los ojos al tiempo que el extraño hacía descender su mano, probablemente para desenfundar su espada y anticipando el golpe, pero no llegó nunca. Cuando volvió a abrir los ojos, le vio con la mano extendida hacia él, con una sonrisa en el rostro -¿Piensas quedarte ahí todo el día? Vamos... no vas a morir hoy- Habló, con una voz dulce y femenina. Estrechó su mano y ella la asió firmemente, ayudándole a incorporarse. Entonces vio su rostro, sonriendo, mirándole fijamente mientras le pasaba su brazo por debajo del hombro para ayudarle a caminar. -Felicidades. Vivirás. Al menos hasta la siguiente batalla- Dijo, mientras emprendían el camino juntos. -Por cierto, ahora es tu turno de felicitarme, hoy es mi santo-.
 
Puag...
Qué penita de mundo...
da igual dónde mire, cerca
o lejos.

En fin... ya sé que no es una manera muy agradable de retomar el blog, pero nadie dijo que volver de las vacaciones fuera fácil...

Prometo contar algo bueno en el próximo post.