La vida es cuestión de prioridades...
... ¿os habéis preguntado alguna vez qué posición ocupáis en la lista de la gente que os rodea?
Un año más...
... y sigo siendo el mismo. No me siento mucho más viejo, ni más sabio tampoco. Vamos, que la única diferencia de ayer a hoy es que van a dejar de hacerme descuento en los cines... En fin... vamos a comenzar con los buenos propósitos, empezando por escribir más a menudo y menos tonterías en el blog...
Japi berzdei tu mi!

Japi berzdei tu mi!

De vuelta...
Pues ya he vuelto de mis efímeras vacaciones... una semanita en las paradisiacas playas de Lanzarote: sol, relax, buena comida, buena bebida y mejor compañía...
Pero tienen el mismo defecto de todas las vacaciones... que tarde o temprano (normalmente más esto último) se acaban. De hecho, se me han pasado tan rápido que he llegado a preguntarme si de verdad me he ido. Cuando he querido darme cuenta ya estaba aquí otra vez, dándole a la tecla como siempre y, si no fuera por la piedrecita volcánica que tengo en la mesa y el fondo de escritorio de la Playa del Papagayo (mi moreno cási imperceptible no es prueba suficiente), juraría que eso de las vacaciones es algo que le ha ocurrido a otro.
Así que aquí estoy otra vez, en plena depresión post-vacacional, disfrutando del calor de la urbe, dedicándome con afán a las emocionantes tareas que me depara mi trabajo de informático y preguntándome (otra vez) si de verdad es todo esto lo que quiero...
Porque claro, cuando eres pequeñajo tienes un montón de planes 'para el futuro', 'para cuando sea mayor' pero luego llega la realidad y resulta que tiene otros planes para tí.
La casa donde vivo (alquilado) dista mucho del bucólico (e irreal) chalecito lleno de mascotas que siempre he pensado como mi refugio ideal y el hecho de haberme encontrado con un nido de Periplaneta Americana detrás del escritorio de mi cuarto a la vuelta de las vacaciones (qué vacaciones?), que me ha llevado dos días eliminar, no ha conseguido congraciarme especialmente con ella. En fin, toca seguir rezando por un piso de protección oficial.
El trabajo que tengo... bueno, tampoco es tan malo, pero, sinceramente, no creo que sea algo que pueda estar haciendo toda la vida... Lo de ser programador de videojuegos se me pasó en primero de carrera, pero ahora cada vez me parece más atractiva la idea de montar una casa rural en algún pueblecito perdido, alejado del mundanal ruido y de la lamentable idea que existe de la informática en este país.
Al menos, me queda la gente que conozco. Mis amigos y mi familia (y la chiquilla esa que me vuelve loco y que está a medio camino de las dos cosas). Diría sin dudar que es lo mejor que tengo. Aunque a veces me da rabia no poder dedicarles a todos todo el tiempo que se merecen y que me gustaría pasar con ellos (y ellas) y lo peor de todo (o es lo mejor?) es que sigo conociendo más gente que merece la pena. Y es que hay gente maja en todas partes, hasta, quién lo iba a pensar, en el mundillo este de la informática ;-).
Pues eso, tampoco os engañéis. Mi vida no es tan mala. De hecho, si me preguntan, en general creo que podría decir que considero que soy feliz (aunque siempre hay espacio para mejorar). Es solo que la vuelta de las vacas se me está haciendo muy cuesta arriba y necesitaba desahogarme.

QUIERO VOLVER A LA VIDA DE PLAYA Y SIESTAAAAAAAAAAA!!!!
Pero tienen el mismo defecto de todas las vacaciones... que tarde o temprano (normalmente más esto último) se acaban. De hecho, se me han pasado tan rápido que he llegado a preguntarme si de verdad me he ido. Cuando he querido darme cuenta ya estaba aquí otra vez, dándole a la tecla como siempre y, si no fuera por la piedrecita volcánica que tengo en la mesa y el fondo de escritorio de la Playa del Papagayo (mi moreno cási imperceptible no es prueba suficiente), juraría que eso de las vacaciones es algo que le ha ocurrido a otro.
Así que aquí estoy otra vez, en plena depresión post-vacacional, disfrutando del calor de la urbe, dedicándome con afán a las emocionantes tareas que me depara mi trabajo de informático y preguntándome (otra vez) si de verdad es todo esto lo que quiero...
Porque claro, cuando eres pequeñajo tienes un montón de planes 'para el futuro', 'para cuando sea mayor' pero luego llega la realidad y resulta que tiene otros planes para tí.
La casa donde vivo (alquilado) dista mucho del bucólico (e irreal) chalecito lleno de mascotas que siempre he pensado como mi refugio ideal y el hecho de haberme encontrado con un nido de Periplaneta Americana detrás del escritorio de mi cuarto a la vuelta de las vacaciones (qué vacaciones?), que me ha llevado dos días eliminar, no ha conseguido congraciarme especialmente con ella. En fin, toca seguir rezando por un piso de protección oficial.
El trabajo que tengo... bueno, tampoco es tan malo, pero, sinceramente, no creo que sea algo que pueda estar haciendo toda la vida... Lo de ser programador de videojuegos se me pasó en primero de carrera, pero ahora cada vez me parece más atractiva la idea de montar una casa rural en algún pueblecito perdido, alejado del mundanal ruido y de la lamentable idea que existe de la informática en este país.
Al menos, me queda la gente que conozco. Mis amigos y mi familia (y la chiquilla esa que me vuelve loco y que está a medio camino de las dos cosas). Diría sin dudar que es lo mejor que tengo. Aunque a veces me da rabia no poder dedicarles a todos todo el tiempo que se merecen y que me gustaría pasar con ellos (y ellas) y lo peor de todo (o es lo mejor?) es que sigo conociendo más gente que merece la pena. Y es que hay gente maja en todas partes, hasta, quién lo iba a pensar, en el mundillo este de la informática ;-).
Pues eso, tampoco os engañéis. Mi vida no es tan mala. De hecho, si me preguntan, en general creo que podría decir que considero que soy feliz (aunque siempre hay espacio para mejorar). Es solo que la vuelta de las vacas se me está haciendo muy cuesta arriba y necesitaba desahogarme.
QUIERO VOLVER A LA VIDA DE PLAYA Y SIESTAAAAAAAAAAA!!!!







