SEIZE.
Sé que llevo muchos días sin escribir pero es que tampoco había pasado nada especial.
Ayer por la noche salí con Julián al cine y estando allí mismo, a punto de empezar la película, él me dijo: “Lulu, tú a mí me gustas de verdad y quiero que esto vaya en serio.”
Se me atragantaron dos palomitas y un sorbo de Coke y me puse a toser tanto que el encargado de la sala me tuvo que pedir que abandonara el cine hasta que me recuperase, porque la mitad de las filas no hacían más que “shhht, shhhht” y así no había quien empezara la proyección.
Fui al lavabo y me puse agua en la cara, en la nuca y hasta en el pelo: qué mal rato, por favor!
Vimos la película en silencio (una porquería, de verdad, ni la menciono porque me pareció tan mala que hubiera sido mejor seguir tosiendo para amenizarla un poco) y nada más salir volví a tragar saliva y le dije a Julián:
- “Quelle merde!”
En realidad quería decirle que yo tenía una relación con un hombre casado y por eso no podía ser muy seria con él y además a mí me gusta Jaime, aunque a Jaime hace una semana que no le veo porque se ha ido a Málaga a ver a sus amigos de toda la vida que también son gays y la verdad es que le echo mucho de menos.
Pero lo que me salió fue “Quelle merde!” Debió de ser mi subconsciente, quelle merde.
Ya llegando a casa él me dijo si me apetecía ir de fin de semana con él y sí, me apetecía, pero tenía que decirle la verdad.
Pues de pronto dije: “Sí me apetece pero yo no soy seria y tengo otra relación.” Así todo seguido.
Julián me miró muy fatal, oh merde, merde, la fastidié.
- “Desde cuándo?”
- “Un año casi”
- “Y por qué te acuestas conmigo?”
- “Por lo mismo que tú te acuestas conmigo.”
- “Pero yo no tengo novia.”
- “Yo tampoco.”
Y en este punto ya tocó contar la verdad más o menos, pues le dije lo de Josep pero no que era su jefe si no que era un hombre casado y tampoco le dije lo de Jaime porque después del mosqueo que agarró la última vez que nos vio juntos no era lo más indicado.
Entonces él dijo que se iba a encender un cigarrillo. Fumamos un rato y después de eso me dio un beso y me pidió que saliera del coche.
Llegando a casa, Sandra que ya tiene insomnio crónico creo yo, me preguntó qué había pasado y yo se lo conté y ella dijo: “Lulu, tú eres tonta.”
Esta mañana me encontré un mail de Julián y decía muchas cosas pero mejor os lo resumo, decía algo así como que estaba dispuesto a seguir conmigo y que entendía que él había aparecido después del hombre casado y en realidad él era mis cuernos al casado que se los merecía por ponerle los cuernos a su mujer y que ahora todo cambiaría.
No entendí mucho de lo que quería decir, pero sería algo bueno porque hoy vamos a cenar y mañana voy a cenar con Josep así que todo perfecto. De no ser porque en mi escalera no hay Jaime y me aburro sin él.
Ayer por la noche salí con Julián al cine y estando allí mismo, a punto de empezar la película, él me dijo: “Lulu, tú a mí me gustas de verdad y quiero que esto vaya en serio.”
Se me atragantaron dos palomitas y un sorbo de Coke y me puse a toser tanto que el encargado de la sala me tuvo que pedir que abandonara el cine hasta que me recuperase, porque la mitad de las filas no hacían más que “shhht, shhhht” y así no había quien empezara la proyección.
Fui al lavabo y me puse agua en la cara, en la nuca y hasta en el pelo: qué mal rato, por favor!
Vimos la película en silencio (una porquería, de verdad, ni la menciono porque me pareció tan mala que hubiera sido mejor seguir tosiendo para amenizarla un poco) y nada más salir volví a tragar saliva y le dije a Julián:
- “Quelle merde!”
En realidad quería decirle que yo tenía una relación con un hombre casado y por eso no podía ser muy seria con él y además a mí me gusta Jaime, aunque a Jaime hace una semana que no le veo porque se ha ido a Málaga a ver a sus amigos de toda la vida que también son gays y la verdad es que le echo mucho de menos.
Pero lo que me salió fue “Quelle merde!” Debió de ser mi subconsciente, quelle merde.
Ya llegando a casa él me dijo si me apetecía ir de fin de semana con él y sí, me apetecía, pero tenía que decirle la verdad.
Pues de pronto dije: “Sí me apetece pero yo no soy seria y tengo otra relación.” Así todo seguido.
Julián me miró muy fatal, oh merde, merde, la fastidié.
- “Desde cuándo?”
- “Un año casi”
- “Y por qué te acuestas conmigo?”
- “Por lo mismo que tú te acuestas conmigo.”
- “Pero yo no tengo novia.”
- “Yo tampoco.”
Y en este punto ya tocó contar la verdad más o menos, pues le dije lo de Josep pero no que era su jefe si no que era un hombre casado y tampoco le dije lo de Jaime porque después del mosqueo que agarró la última vez que nos vio juntos no era lo más indicado.
Entonces él dijo que se iba a encender un cigarrillo. Fumamos un rato y después de eso me dio un beso y me pidió que saliera del coche.
Llegando a casa, Sandra que ya tiene insomnio crónico creo yo, me preguntó qué había pasado y yo se lo conté y ella dijo: “Lulu, tú eres tonta.”
Esta mañana me encontré un mail de Julián y decía muchas cosas pero mejor os lo resumo, decía algo así como que estaba dispuesto a seguir conmigo y que entendía que él había aparecido después del hombre casado y en realidad él era mis cuernos al casado que se los merecía por ponerle los cuernos a su mujer y que ahora todo cambiaría.
No entendí mucho de lo que quería decir, pero sería algo bueno porque hoy vamos a cenar y mañana voy a cenar con Josep así que todo perfecto. De no ser porque en mi escalera no hay Jaime y me aburro sin él.
QUINZE.
Sigo aquí, sigo aquí. Un poco más para allá que para aquí, pero sigo.
Es verdad que el mensaje de Julián iba más en la línea de “ya no te voy a llamar más” que en la de “eres rara pero me encantas”, porque no volví a saber de él.
Al menos no de manera convencional. Porque pasó que el martes tuve que organizar una reunión de ventas, Josep y todos los regionales.
Preparé un catering estupendo y alquilé dos salas contiguas en un hotel del centro de Barcelona.
Entonces, cuando ya todo estaba más o menos en orden, Josep me dijo que había invitado a todos a cenar y quería que yo viniera. No, no era profesional. Era una más de sus artimañas para tenerme cerca y poder escaparnos después hasta La Casita Blanca para hacer el amor. Su mujer no sospecharía nada y a nadie le extrañaría que la Secretaria de Dirección acudiese a la cena de Comercial para levantar acta.
Busqué una excusa pero me salió mal: le dije que tenía que ir al médico.
- “Al médico? A las nueve de la noche?”
- “Es que es el médico del seguro, ya sabes como son estos médicos del seguro.”
- “Anda, déjate de bobadas. Anula el médico o lo que sea y ponte el vestido blanco de flores rojas.”
Cuando llegué al restaurante me encontré de frente con Julián. Él se acercó y me dijo:
- “Lulu, qué haces aquí?”
- “Esperando el metro.”
- “Joder, me voy a poner nervioso teniéndote tan cerca. Bueno, después de la cena busco una excusa y nos vamos a tomar unas copas. Tengo que hablar contigo. Mi mensaje fue extraño y yo, no sé, me dio por pensar que te gustaba el marica ese que trajiste, me puse celoso.”
Pues para celos había venido al mejor lugar.
Y es que la cena fue un constante aluvión de piropos, insinuaciones y provocaciones por parte del 90% de los regionales (el otro 10 son mujeres y no hacían sino hablar de sus niños.)
El único que no entró en aquel juego fue Josep, quien se quedaba callado mirando a todos como diciendo: “ya, ya, pero a esta me la follo yo esta noche.” Es tan mono, Josep.
El caso es que al acabar la cena (delicioso el magret de pato con salsa de oporto) todos quisieron tomar algo en el Mirablau y de pronto Josep dijo que él se iba a casa y me miró y dijo: “Lulu, te acompaño que sé que no te encuentras bien.”
Pero yo me encontraba muy bien. Y me estaba riendo mucho con el de Zaragoza y el de Pamplona pero él repitió: “Lulu, que te llevo.”
Entonces Julián dijo: “déjalo, jefe, no te preocupes, ya la llevo yo que vivo al lado y tampoco me encuentro bien.”
Qué situación más extraña: allí estaba yo en mitad de mis dos amantes que no sabían que eran mis amantes pero no querían que los demás lo supieran tampoco y yo sin saber con quien irme.
Pues lo creáis o no, me salvó Lorena. Llamó de pronto diciendo que el niño no se encontraba bien y Josep me dio dos besos y me dijo al oído que vaya mierda y que se cagaba en la puta madre que parió a su mujer.
Pero yo me sentí aliviada y me fui con Julián.
Nos quedamos en el coche antes de yo subiera a casa y me contó que había roto hacía poco una relación y se había asustado algo por lo rápido que estaban yendo las cosas, pero no por mi culpa si no por él porque se había dado cuenta de que sentía algo más que simple interés por mí.
Yo le dije que no entiendo aun del todo el idioma y menos con ese acento catalán “tant marcat” y que fuera más claro y me dijo: “creo que me estoy colgando contigo, gabachilla.”
No sé qué significa “gabachilla” pero a mí me gustó lo que dijo y nos dimos un beso en el coche y luego otro y otro más y bueno, la lengua me llegaba hasta la campanilla y luego lo que me llegaba hasta la campanilla era otra cosa mucho más grande y dura que su lengua.
Me fui feliz a dormir, qué bien sienta gustar y tener sexo en la puerta de tu misma casa!
Y diréis que estoy loca pues vale, lo estoy, pero me gustan los dos, no quiero perderlos a ninguno de los dos, aunque no estoy enamorada de ninguno de los dos. Yo estoy enamorada de Jaime pero qué puedo hacer yo si es gay?
Pues dejarme querer, sí señor, dejarme querer…
Es verdad que el mensaje de Julián iba más en la línea de “ya no te voy a llamar más” que en la de “eres rara pero me encantas”, porque no volví a saber de él.
Al menos no de manera convencional. Porque pasó que el martes tuve que organizar una reunión de ventas, Josep y todos los regionales.
Preparé un catering estupendo y alquilé dos salas contiguas en un hotel del centro de Barcelona.
Entonces, cuando ya todo estaba más o menos en orden, Josep me dijo que había invitado a todos a cenar y quería que yo viniera. No, no era profesional. Era una más de sus artimañas para tenerme cerca y poder escaparnos después hasta La Casita Blanca para hacer el amor. Su mujer no sospecharía nada y a nadie le extrañaría que la Secretaria de Dirección acudiese a la cena de Comercial para levantar acta.
Busqué una excusa pero me salió mal: le dije que tenía que ir al médico.
- “Al médico? A las nueve de la noche?”
- “Es que es el médico del seguro, ya sabes como son estos médicos del seguro.”
- “Anda, déjate de bobadas. Anula el médico o lo que sea y ponte el vestido blanco de flores rojas.”
Cuando llegué al restaurante me encontré de frente con Julián. Él se acercó y me dijo:
- “Lulu, qué haces aquí?”
- “Esperando el metro.”
- “Joder, me voy a poner nervioso teniéndote tan cerca. Bueno, después de la cena busco una excusa y nos vamos a tomar unas copas. Tengo que hablar contigo. Mi mensaje fue extraño y yo, no sé, me dio por pensar que te gustaba el marica ese que trajiste, me puse celoso.”
Pues para celos había venido al mejor lugar.
Y es que la cena fue un constante aluvión de piropos, insinuaciones y provocaciones por parte del 90% de los regionales (el otro 10 son mujeres y no hacían sino hablar de sus niños.)
El único que no entró en aquel juego fue Josep, quien se quedaba callado mirando a todos como diciendo: “ya, ya, pero a esta me la follo yo esta noche.” Es tan mono, Josep.
El caso es que al acabar la cena (delicioso el magret de pato con salsa de oporto) todos quisieron tomar algo en el Mirablau y de pronto Josep dijo que él se iba a casa y me miró y dijo: “Lulu, te acompaño que sé que no te encuentras bien.”
Pero yo me encontraba muy bien. Y me estaba riendo mucho con el de Zaragoza y el de Pamplona pero él repitió: “Lulu, que te llevo.”
Entonces Julián dijo: “déjalo, jefe, no te preocupes, ya la llevo yo que vivo al lado y tampoco me encuentro bien.”
Qué situación más extraña: allí estaba yo en mitad de mis dos amantes que no sabían que eran mis amantes pero no querían que los demás lo supieran tampoco y yo sin saber con quien irme.
Pues lo creáis o no, me salvó Lorena. Llamó de pronto diciendo que el niño no se encontraba bien y Josep me dio dos besos y me dijo al oído que vaya mierda y que se cagaba en la puta madre que parió a su mujer.
Pero yo me sentí aliviada y me fui con Julián.
Nos quedamos en el coche antes de yo subiera a casa y me contó que había roto hacía poco una relación y se había asustado algo por lo rápido que estaban yendo las cosas, pero no por mi culpa si no por él porque se había dado cuenta de que sentía algo más que simple interés por mí.
Yo le dije que no entiendo aun del todo el idioma y menos con ese acento catalán “tant marcat” y que fuera más claro y me dijo: “creo que me estoy colgando contigo, gabachilla.”
No sé qué significa “gabachilla” pero a mí me gustó lo que dijo y nos dimos un beso en el coche y luego otro y otro más y bueno, la lengua me llegaba hasta la campanilla y luego lo que me llegaba hasta la campanilla era otra cosa mucho más grande y dura que su lengua.
Me fui feliz a dormir, qué bien sienta gustar y tener sexo en la puerta de tu misma casa!
Y diréis que estoy loca pues vale, lo estoy, pero me gustan los dos, no quiero perderlos a ninguno de los dos, aunque no estoy enamorada de ninguno de los dos. Yo estoy enamorada de Jaime pero qué puedo hacer yo si es gay?
Pues dejarme querer, sí señor, dejarme querer…





