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Me acuesto con mi jefe...
... porque mi vecino es gay.
Acerca de
Hay cuatro hombres en mi vida: mi jefe, Josep. Mi vecino, Jaime. Mi ex novio, Pierre. Y mi padre, Francesc. Y cuatro mujeres: mi mejor amiga, Magalie, por quien Pierre me dejó hace poco más de un año. La mujer de mi jefe, Lorena, que no sabe que duermo muchas noches en su cama. Mi madre, Hélène. Y mi madrastra, Sandra. Y esta es mi historia: basada en hechos casi irreales.
Sindicación
 
CATORZE.

En la radio escuché que una chica iba por Barcelona y se encontró con un castillo de hombres y después con un castillo de fuegos artificiales que le dejaron con la boca abierta que tuvo que cerrar para poder escuchar la fantasía de un cuenta-cuentos vestido de payaso.

Así que yo salí de casa con mi hermanito Sergi de la mano, pero lo único que vi fue una fenomenal tormenta y lo único que escuché fueron los gritos de Sergi reclamándome un Donut y dos cacaolats (dónde se le meterá a Sergi tanto chocolate?)

De vuelta en el metro pensé que ejercer de hermana mayor está bien pero no tanto y que me gusta más ejercer de amante de mi jefe o de novia de mi compañero o de acosadora de mi vecino gay.

El domingo por la noche me apunté con Andrea a una fiesta de pre-carrera, en donde todos los futuros médicos, ingenieros, abogados y parados se pasan la noche bebiendo y fumando antes de reemprender sus correspondientes estudios.

Andrea entra en biología y dice que quiere disecar muchas ranas y abrir muchos ratones (puag) pero a mí no me dijeron que las futuras biólogas se enrollan con los futuros matemáticos delante de tus narices. Me pasé parte de la noche viendo como mi hermanastra y un tipo con piercing en la ceja se merendaban el uno al otro.

Hablé con un aspirante a veterinario, dos estudiantes que querían entrar en Deloitte, un grupo de derecho que me dio miedo pensar que harían en un juicio si les prestaban una botella de Smirnoff antes de la vista y un chico que me enseñó todos sus tatoos y no entendí a qué quería dedicarse.

Con cinco cervezas y dos vodkas me subí a un taxi a las cinco de la mañana acompañada por un estudiante de ingeniería no sé qué o arquitectura no sé cuanto que se bajó dos calles antes de mi casa.

Al llegar me sentí un poco rara y sobre todo un poco mayor y le mandé un mensaje a Julián.

Le dije que la Universidad está llena de colgados y él contestó al día siguiente que si me quería colgar con él yendo a tomar un aperitivo a la Barceloneta.

Pero cuando ya estaba a punto de salir de casa, Jaime se presentó y me dijo que había cortado con el abuelo mariquita y que si quería un té y me lo contaba.

Yo le dije que me iba con Julián y él me dijo que se venía conmigo.

Y me lo llevé.

A Julián no le hizo mucha gracia que apareciera con mi mini amarilla y un marica colgado del brazo. Estuvo callado todo el rato mientras Jaime explicaba lo complicado que era en esta vida ser gay, andaluz, y enamorado de un vejestorio que te dobla la edad.

Yo me reía mirándole y escuchándole, me pasaría la vida escuchando a Jaime y me dio un poco igual que Julián pusiera cara de circunstancias.

En realidad, Jaime y yo acabamos despidiéndonos de él y yendo a tomar vinos al Borne y luego tomamos cognac y también Bailey’s y creo que dos o tres mojitos, no lo sé, a las dos de la mañana ya no me acuerdo, pero sé que llegando a casa tropezamos con la planta de la entrada y se cayó toda la tierra.

Entonces Jaime se cayó sobre la tierra y yo no podía parar de reír.

Con tanto escándalo, Sandra salió de casa y me ayudó a subir las escaleras y yo diciendo: “Jaime je t’aime” y él “moi non plus” y Sandra tratando de callarme la boca.

Pues con todo esto, no he ido hoy a trabajar. Tenía una resaca muy mala y mucho dolor de cabeza y Josep me ha llamado “qué haces que no vienes?” y yo “tengo resaca” y él “te voy a despedir” y yo “vale, pero mañana, que hoy tengo resaca.”

Entonces esta tarde antes de empezar a escribir esto he recibido un mensaje de Julián y decía algo así como “no te entiendo Lulu, eres muy rara y yo no quiero comerme la olla más.”

Le he preguntado a Andrea que significa “comerme la olla” y Andrea me ha dicho: “borra el teléfono de Julián, no te va a llamar más.”

Vaya, qué manera tan rara de cortar tienen los españoles.

Pues no sé, mañana se me pasará el dolor de cabeza y ya pensaré que hacer con Julián. Me voy a preparar un bloody mary que he leído en algún lado que va bien para la resaca. Y si no, al menos me emborracho otra vez porque entre Julián, Josep y Jaime me voy a volver loca.
 
TREIZE

Julián no llamó el domingo como yo esperaba. Al despedirnos no sé porqué imaginé que pasaríamos el domingo juntos. Quería ir cerca de la playa a comer paella, aunque ya me han dicho que comer paella los domingos es poco “in” pero es que yo todo lo “in” lo tengo un poco “out.”

Una de las cosas que más adoro en Jaime es que siempre acaba cumpliendo mis expectativas: me pongo a pensar en que me gustaría cenar con él y Jaime llama esa misma tarde para invitarme a cenar. Si pienso en que nada me gustaría más que desayunar en su terraza esas tostadas que prepara con aceite de oliva, lo tengo en la puerta en diez minutos con una taza de café au lait.

Pero con Julián no pasó eso. Dormimos juntos, me dejé llevar por sus manos y por su lengua y yo pensando en la paella del domingo y ni paella ni domingo.

Por eso cuando regresé al trabajo el lunes tuve más ganas de Josep que nunca.

Me sentía decepcionada.

Por la tarde, le mandé un mensaje a través del Messenger y le pedí que se quedara con cualquier excusa.

Media hora más tarde de las ocho, no quedaba un alma en la Inmobiliaria.

Menos él y yo.

Se acercó a mí por la espalda, besó mi cuello y me dijo: “te deseo.”

Nos fuimos a su despacho, Josep cerró con llave, apagó el ordenador y descolgó el teléfono fijo, después apagó el móvil y se quitó la corbata.

Yo no tenía muchas ganas de sexo, no sé pero me imaginé que Julián ya no llamaría por haberme acostado con él tan pronto en nuestra relación.

Pero nada más Josep puso sus manos en mis pechos, entre mi camisa y el sujetador, me excité enormemente y le pedí que me subiera sobre su mesa y abriera mis piernas y… bueno, os dejo a la imaginación pensar qué sucedió.

Nos estábamos fumando un cigarrillo en la ventana cuando fue mi móvil el que sonó.

Josep dijo: “no lo cojas.”

Y no lo hice. Él había estado incomunicado por pasar aquel rato conmigo, no podía ser tan egoísta.

Al llegar a casa, observé que la llamada era una perdida de Julián.

Jo, qué lío tengo.

Me fui a dormir temprano y al despertar pensé en mandarle un mensaje. Pero luego me dio pánico. ¿Qué me sucede con él?

Me asusto si no me llama y me acuesto con Josep por despecho, y luego me siento culpable si al final sí llama, y mientras Jaime sigue sin hacerme nada de caso. Yo no me entiendo a mí misma, la verdad.

Por eso hoy le he dicho a Josep que lo nuestro tiene que terminar.

Pero lo sorprendente no es que yo haya tomado esa decisión, quizás por Julián, sí, o por Jaime, o por mí misma.

Lo increíble es que Josep se ha puesto a llorar como un crío.

Allí estaba con sus canas y su puesto de Director Comercial, llorando en el despacho.

Ha dicho seis veces seguidas: “no me hagas esto, mi amor, no me hagas esto.”

Y yo me he quedado helada: quizás realmente me ama, quizás no soy solo la aventura fuera de su matrimonio, quizás todo sea verdad y soy yo la que, por miedo, estoy fastidiándolo todo.
 
DOUZE.
Toca hablar un poco de maman.

Cuando mi madre se separó de mi padre yo era un bebé y mamá se empeñó en que no perdiéramos nunca el contacto y él ejerciera como padre aunque nos separase la distancia que existe entre París y Barcelona, que aunque sigue siendo la misma, ya ahora me parece mucho menor.

Pues mi madre me sacó adelante con la ayuda de mis abuelos y mientras me sacaba adelante, se iba a rayos UVA, al gimnasio, a Pilates, a Yoga y a todo lo que se pusiera de moda. Total, mamá es una snob de esas guapísimas y muy superficial pero detrás de sus semanales mis-en-plis y sus depilaciones foto no sé qué, es una señora.

Cuando yo tenía siete años se casó con un señor muy alto y muy rico que nos llevaba con su barco por la côte d’azur pero se volvió a separar. No hace mucho me contó que se separó por aburrimiento y digo yo que sería sexual, porque lo del barco era muy divertido.

Hasta que no conoció a Antoine, su actual marido, vi a unos cuantos hombres. Algunos se quedaban en casa durante meses y luego un día ya no estaban. Y otros se quedaban a dormir una noche y luego llamaban mucho por teléfono y mamá decía: “Lulu, coge tú y di que no estoy” y yo “Mamá dice que no está.”

Pero mamá tuvo su gran historia de amor, como todas las mujeres apasionadas y románticas. Él se llamaba Laurent y recuerdo bien su cabello abundante rizado con algunas canas y su manera de caminar con desenfado.

Laurent y mamá se conocieron, en realidad, gracias a mí: era el papá de mi amiga de la infancia Flo y se enrollaban en las fiestas de cumpleaños.

Flo y yo les sorprendíamos besándose en la cocina mientras decían que iban a colocar las velas al pastel, y nos reíamos cuando los dos se miraban como tontos a la salida del Lycée.

Duró tres años. Mamá era entonces más guapa y más snob que nunca, pero también era más feliz y más risueña de lo que jamás ha vuelto a ser. Se escribían cartas a través de Flo y de mí, y Flo y yo las leíamos y nos moríamos de la risa, todo eran “je t’adore, mon coeur” y cosas así.

Creíamos que iban a casarse y yo estaba contenta de que se casaran, pero de pronto, un día, mamá lloraba y lloraba, y estuvo llorando durante muchos días más y Flo me contó que Laurent ya no quería oír hablar ni de mí ni de mamá.

A la salida del Lycée, cada uno se colocaba muy lejos del otro, ni siquiera se miraban, y ya no hubo más fiestas de cumpleaños juntas. Ese mismo año, tras el final del colegio, mamá me cambió de Lycée y hasta de arrondissement y no volví a ver ni a Flo ni a Laurent.

Antes de la boda con Antoine le recordé a Laurent.

Mamá se quedó un momento quieta y luego dijo: “los grandes amores, Lulu, son los que no tienen un final feliz.”

Nunca supe qué pasó entre ellos.

Pero creo que a pesar de los años y del tiempo, Laurent vive en mi madre y algo de mi madre se murió para quedarse, para siempre, en Laurent.
 
ONZE.
He tardado un poco en volver a escribir pero es que me van pasando tantas cosas que cuando me voy a poner a actualizar sucede algo nuevo y así todo el rato: así no hay quien actualice a tiempo.

El viernes que salí con Julián sí pasó algo, si es que se le puede llamar “algo” al hecho de que cuando nos sirvieron los cafés con hielo en el Mercat de Santa Catherina, Julián me tomó la mano y me dijo: “me gustas, Lulú.”

Tendría que haberle dicho: tú también, Julián. Pero en lugar de eso retiré mi mano y pregunté si se podía fumar y cuando me dijeron que no, salí fuera y fumé en la calle y me sentí como una idiota, fumando sola mientras un tío guapísimo y soltero y además hetero me estaba esperando con dos cafés con hielo en la mesa de un restaurante realmente “cool.”

De allí, Julián y yo nos fuimos a tomar un Havana con Coca Cola en el Miramelindo y entonces, después de criticar a media empresa y también a la otra media, volvió a tomar mi mano y preguntó:

- “Yo no te gusto?”
- “Sí.”
- “Ah.”
- “Ya.”
- “Bueno.”
- “Sí.”

Vaya mierda de diálogo. Me acompañó a casa y me dejó, otra vez, en la puerta, sin preguntar si le invitaba a una copa, cosa que tampoco podía hacer, porque Sandra estaba aun despierta, según pude ver por la luz de la cocina encendida y su silueta tomando lo que luego supe era un Wiskie.

Al encontrarme con ella la sentí muy afectada y nos pusimos a hablar un rato y me dijo que había sorprendido un mensaje en el móvil de papá que decía: “memoriza este número porque ya no tengo el móvil anterior. Te quiero.”

Se puso a llorar y yo le dije: “no llores y dile que te lo cuente todo.” Pero ella dijo que hay cosas que es mejor no saber. Aunque no entendí mucho esto, me imaginé el daño que podría hacerle a Lorena si supiera lo mío con Josep, pero luego pensé que eso era una tontería porque yo nunca escribiría un “te quiero” a Josep porque yo a Josep no le quiero.

Al día siguiente me fui al cine con Andrea y por la noche Jaime vino a casa todo mariconazo gritando “oe, Lulu, oe, cuéntamelo todo ya, niña, pero todo todito” y por un momento me di cuenta de que Jaime es gay de arriba abajo y además es un cotilla.

Estuvimos hasta las seis de la mañana hablando de Josep, Julián y papá y luego hablamos de él y entonces me contó algo que me dejó muy pensativa: me dijo que antes de conocer a su primer novio, se había enamorado de una mujer.

- “Y hiciste el amor con ella?”
- “Claro, Lulú, yo ya tenía 24 años!”
- “Y te gustó?”
- “Meter es meter en todas partes igual.”
- “No te entiendo nada.”
- “Ven aquí, Lulú, que te quiero vecinita, que sin ti esta casa y esta calle y este barrio serían una mierda.”

Y dicho esto… ¡me besó!

¡Me besó!

Pues vale, no con lengua, me dio un beso en la boca con sus labios y nada más. Pero yo tan contenta como si me hubiera dado el morreo de mi vida.

- “Oye, y por qué no te enrollas con ese Julián y dejas ya al tonto del jefe?”
- “No lo sé.”
- “Ays, preciosa mía, el día en que te enamores otra vez…”
- “Yo ya estoy enamorada.”

Eso se me escapó después del impacto del beso.

- “De josep???? Tú eres gilipollas.”
- “Y tú marica.”
- “Y a mucha honra… mira, mira como camino con aires de Star”

Y se puso a caminar por el salón y como nos habíamos fumado un porro me entró la risa y venga a reír y así diez minutos hasta que nos quedamos dormidos en el sofá con las colillas de los porros y el olor a hachís.

Esa semana no pasó nada especial hasta el miércoles.

Josep estaba de viaje y Lorena trabajando y preguntándome cosas todo el rato y yo agobiada pensando en Julián, en mi padre, en Sandra y hasta en Andrea, que le había visto condones en la habitación XXL así que me quedé un poco con las ganas de conocer al nuevo novio de Andrea.

Entonces el miércoles Josep me mandó un mensaje diciendo que había mentido a Lorena contándole que volvía el jueves, pero estaba ya en Barcelona y quería que nos viéramos en La Casita Blanca, un sito al que vamos a veces, para amantes y guarros en general (tiene unas habitaciones con espejos y películas porno muy limpias pero muy guarras.)

Pasé la noche con él y fue realmente maravilloso. Se notaba que los celos por lo de Julián lo tenían más amante y cariñoso que nunca. Me besó desde la punta de los pies hasta la punta de los pechos y permaneció abrazado a mí diciéndome “te amo” durante largas horas.

Por la mañana, llegando a la ofi, la recepcionista se rió al verme y luego se rió mi compañera de mesa Natalia y entonces vi un ramo de flores y yo me fui a la tarjeta directamente pensando que era Josep y que no la viera nadie.

Pero no.

Era de Julián. Y decía: “te invito este sábado. Y esta vez no te escapas.”

Y el sábado no me escapé. Ni una sola de las veces que Julián, dulce y encantador, me hizo el amor en su pisito del barrio de Gracia, con música de Barbra Streisand de fondo. Eso se lo tengo que contar a Jaime, lo de Barbra digo, porque él siempre dice que no hay nada mejor que echar un buen polvo escuchándola a ella. Yo, la verdad, de si ella cantaba o era otra ni me enteré… Julián me estaba llevando a mundos en donde hasta la música, sobraba…