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Me acuesto con mi jefe...
... porque mi vecino es gay.
Acerca de
Hay cuatro hombres en mi vida: mi jefe, Josep. Mi vecino, Jaime. Mi ex novio, Pierre. Y mi padre, Francesc. Y cuatro mujeres: mi mejor amiga, Magalie, por quien Pierre me dejó hace poco más de un año. La mujer de mi jefe, Lorena, que no sabe que duermo muchas noches en su cama. Mi madre, Hélène. Y mi madrastra, Sandra. Y esta es mi historia: basada en hechos casi irreales.
Sindicación
 
Vingt-et-un
Pues al final no pude evitarlo pero me acosté con Josep. Sí pude evitarlo, vale, sí, sólo tenía que haber dicho que “non.” Pero se puso tonto, empezó a decir que mis tetas le gustaban mucho más que la silicona de Lorena, y luego dijo cosas como “te quiero, gabachita” y aunque sigo sin entender si “gabachita” es despectivo o es un halago – me dicen versiones de todo tipo – a mí me derritió todo aquello.

Fuimos a su casa, había dejado a los niños con la abuela y sé que no está bien acostarme con él en la cama de Lorena y luego encontrarme a Lorena por los pasillos de la empresa contándome lo contenta que está con su cirujano plástico, pero fui feliz.

Al acabar después de que me hiciera el amor como si llevara dos meses sin hacérmelo (bueno, es que llevaba dos meses sin hacérmelo) me preguntó si pasaba algo entre él y yo.

- “No sé”.
- “Lulú, yo te noto distante y no sé si he hecho algo que te moleste”.
- “No sé. Tu mujer va contando por la empresa que se ha operado las tetas y su vida sexual funciona de maravilla ahora”.
- “No es cierto. Al menos no conmigo. Seguimos como siempre. Unos días está agradable pero la mayoría del tiempo está de mal humor y no deja ni que la toque”.
- “Pero ya hace un año que hacemos esto, Josep. Y no nos lleva a ningún lado”.
- “Quieres dejar de hacerlo?”
- “No sé”.

Muchos “no sé” después, volvimos a hacer el amor y esa vez me lo hizo como si llevara toda la vida sin hacer el amor a alguien a quien quisiera de verdad.

Llegando a casa, de madrugada me sentí culpable. De verdad no sé si quiero seguir con Josep o no, a veces pienso que me pasaría la vida haciendo el amor con él y otras pienso que nunca he estado enamorada de él y que nunca lo estaré.

Y pensé en Jordi. Así que le mandé un mensaje por el móvil.

Al día siguiente, Jordi apareció en el trabajo, justo cuando yo salía. Había pasado todo el día con el Messenger diciéndome cosas sexys con Josep, que si quiero repetir, que si quiero que me toques las tetas reales que tengo otra vez.

Me quedé impactada al ver a Jordi.

- “Tu fais quoi ici?”
- “Qué mierda de mensaje es este?”
- “Lo siento, Jordi, pero no puedo seguir contigo”.
- “Y no tienes huevos para decírmelo a la cara? Y para darme una explicación?”
- “No tengo explicación. No quiero seguir contigo. Et c’est tout.”
- “Pues eres una cría, y una mala persona. Y así no se va por la vida”.

Y se fue. Muy cabreado me pareció.

Jaime me dijo que había hecho lo correcto, después de llorar muchas horas en su casa tomando té de jazmín. Que si no estaba enamorada de él y si me seguía acostando con Josep (y si estaba enamorada de él, cosa que él no sabe, pero que también influyó mucho) lo mejor era tomarme unos días de descanso y de soledad.

Pero tanta soledad me abrumó y ayer escribí un mail a Julián, el comercial con el que estuve liada hace un par de meses. No sé por qué hice eso, pensé en él y pensé que cada vez que lo veía en las reuniones en la empresa seguía sintiendo que algo había nacido entre él y yo y mi mierda de historia con el jefe había acabado con ella, igual que acabó con Jordi y, a este paso, acabará conmigo…
 
Vingt.
Pues como conté ya un poco, conocí a Jordi saliendo de un bar y no es que tropezara con él y se me cayeran los libros y él me ayudara a recogerlos, eso hubiera sido mucho más romántico, pero la verdad es que Jordi es el papá de una amiga de clase de Andrea y así él entraba y nosotras salíamos y nos saludó.

Bueno, saludó a Andrea y estuvieron un rato “qué tal en la universidad” “bien bien” “te gusta la carrera” “no sé no sé” y así hasta que le conté a Andrea doce palabras repetidas.

Luego se giró, me miró y preguntó: “¿Y tú eres…?” y yo contesté: “soy Lulú.”

Andrea me dio un codazo y se apresuró a contestar: “es mi hermanastra, la hija del marido de mi madre” y él sonrió y me dio dos besos: “pues si tu padre es tan guapo como tú, la madre de Andrea tiene muy buen gusto.”

Andrea me dio otro codazo porque yo estaba embobada mirándole los ojos verdes y el pelo así todo blanco y ya nos fuimos.

Dos días más tarde, Andrea vino a mi habitación con el teléfono en la mano y dijo:

- “Lulu, el padre de Anna quiere invitarte a cenar.”
- "¿Y quién es Anna?”
- “Mi amiga de la Facu. Y su padre es el abuelo ese al que mirabas tanto al salir del bar.”

Cogí el teléfono y Jordi dijo: “¿así que me mirabas al salir del bar?” y yo ¡glups! ¡tierra, trágame!

Pero acepté salir a cenar con él y las cosas salieron bien y sólo esperé dos cenas más para meterme en la cama de Jordi que por cierto es la cama más blanca y más grande que he visto en mi vida.

Y funcionó. Al principio no muy bien, porque a mí no me salían los orgasmos pero luego ya sí cuando Jordi dijo “nena, tú lo que necesitas es que te meriende entera.” Y eso, que funcionó.

Desde entonces salimos juntos al cine, a cenar, a hacer el amor y nos divertimos y nos besamos mucho y me gusta mucho Jordi porque es atento y está lleno de energía a pesar de tener 47 años que para mí es muy mayor, pero bueno, si los de mi edad o son gays o están casados o son pesados, pues había que probar con los de más edad.

Todo iba muy bien hasta que por fin la semana pasada se dignó Josep a llamarme a su despacho y a decirme que me tenía muy abandonada y que lo sentía mucho y que Lorena se iba de viaje y podíamos pasar un par de noches juntos esta semana.

Y yo me hice un lío, porque a mí me gusta Josep y Jordi también y yo no sé si Jordi es como Julián que aunque le dije que estaba con otro hombre no me montó ninguna escena, pero igual se lo digo a Jordi y me llama “salope” o algo peor.

Me fui a contárselo a Jaime para ver qué me aconsejaba y de paso ver si se ponía celoso. Jaime estaba guapísimo ese día y me acariciaba el cabello todo el rato y decía: “Lulú, niña, ¿y qué vamos a hacer contigo?”

Y de pronto me salió: “podrías quererme a mí en lugar de querer al tío ese.”

Y él se rió y luego dijo: “si me gustasen las mujeres, tú serías la que más me gustaría de todas.” Me besó en los labios (sin lengua, ¡buaaaa!) y con todo eso se me olvidó profundizar en mi historia porque solo quería estar con él y hablar de él y total, que mañana he quedado con Josep y no sé si ir, si contárselo a Jordi, si no hacerlo, si acostarme con los dos al mismo tiempo (mmmm, interesante alternativa) o si enviarlos a todos a la porra y ser la eterna enamorada del vecino gay.
 
17 et 18 et 19...
Lo siento, je suis désolée, I'm really sorry... intenté postear varias veces estas semanas y siempre me pasaba algo nuevo y pensaba "ya postearé mañana que esto lo tengo que contar" y de tanto "demain" me cambió el año y todo.

Regresé de Paris ayer, pasé unos días en casa de Magalie y de Pierre. Creí que iba a morirme pero si escribo esto es que estoy viva así que no, no me he muerto.

Escuché a Magalie tener orgasmos con mi ex novio y pensé en suicidarme, pero en lugar de suicidarme me acosté con el hermano pequeño de Magalie que se llama Didier y último día del año aquello parecía una competición de orgamos: si chillaba ella yo lo hacía más fuerte aun y claro, Didier está encantado y dice que se quiere casar conmigo. Pero creo que no.

Cuando se lo conté a Jaime nada más volver me dijo que si podía venir conmigo a Paris en Semana Santa y cepillarse él también a Didier. Yo le dije que sí pero si lo hacíamos los dos a la vez y él venga a reír y yo venga a pensar "pues al menos te veré desnudo por una vez en mi vida" pero está cada vez más claro que Jaime es gay de los de verdad, no le intereso nada sexualmente.

A él le interesa Didier.

Josep ha pasado muchos días fuera con Lorena y han vuelto muy felices y desde hace un mes no nos acostamos porque Lorena se ha operado las tetas y ahora ella dice que si lo llega a saber antes, se opera hace años, que ahora su vida sexual es maravillosa.

Estoy pensando en operarme las tetas.

Julián sigue llamando pero yo no le contesto. De eso también hace semanas. Es que saliendo de un bar con mi hermana o medio hermana o como se llame que es la hija de la mujer de mi padre conocí a Jordi.

Jordi es abogado y tiene 47 años. Se divorció hace cinco años y dice que tiene morbo con las franceses y con los franceses. Yo le pregunté si era gay también pero él me dijo que no se refería a eso. Todavía no lo entiendo mucho. Pues Jordi me pide que cuando hacemos el amor (en su casa, en el coche, en el hotel, en el parking, en la playa, en la silla, en la cama, en la cocina, en el suelo, jo qué frío está el suelo) le hable en francés y yo le digo "vas-y mon coeur" y él se ríe y así no hay quien haga el amor, menos aun en el suelo.

No estoy enamorada pero me gusta Jordi. Y como Josep no piensa más que en las tetas de Lorena y Julián se ha vuelto muy pesado y Jaime muy gay, pues yo hago como que estoy enamorada de Jordi y me lo paso bien.

O eso creo: al menos ya no lloro porque Jaime me pida, insistentemente, el teléfono de Didier o porque los orgasmos de Magalie son más fuertes que los míos...
 
SEIZE.
Sé que llevo muchos días sin escribir pero es que tampoco había pasado nada especial.

Ayer por la noche salí con Julián al cine y estando allí mismo, a punto de empezar la película, él me dijo: “Lulu, tú a mí me gustas de verdad y quiero que esto vaya en serio.”

Se me atragantaron dos palomitas y un sorbo de Coke y me puse a toser tanto que el encargado de la sala me tuvo que pedir que abandonara el cine hasta que me recuperase, porque la mitad de las filas no hacían más que “shhht, shhhht” y así no había quien empezara la proyección.

Fui al lavabo y me puse agua en la cara, en la nuca y hasta en el pelo: qué mal rato, por favor!

Vimos la película en silencio (una porquería, de verdad, ni la menciono porque me pareció tan mala que hubiera sido mejor seguir tosiendo para amenizarla un poco) y nada más salir volví a tragar saliva y le dije a Julián:

- “Quelle merde!”

En realidad quería decirle que yo tenía una relación con un hombre casado y por eso no podía ser muy seria con él y además a mí me gusta Jaime, aunque a Jaime hace una semana que no le veo porque se ha ido a Málaga a ver a sus amigos de toda la vida que también son gays y la verdad es que le echo mucho de menos.

Pero lo que me salió fue “Quelle merde!” Debió de ser mi subconsciente, quelle merde.

Ya llegando a casa él me dijo si me apetecía ir de fin de semana con él y sí, me apetecía, pero tenía que decirle la verdad.

Pues de pronto dije: “Sí me apetece pero yo no soy seria y tengo otra relación.” Así todo seguido.

Julián me miró muy fatal, oh merde, merde, la fastidié.

- “Desde cuándo?”
- “Un año casi”
- “Y por qué te acuestas conmigo?”
- “Por lo mismo que tú te acuestas conmigo.”
- “Pero yo no tengo novia.”
- “Yo tampoco.”

Y en este punto ya tocó contar la verdad más o menos, pues le dije lo de Josep pero no que era su jefe si no que era un hombre casado y tampoco le dije lo de Jaime porque después del mosqueo que agarró la última vez que nos vio juntos no era lo más indicado.

Entonces él dijo que se iba a encender un cigarrillo. Fumamos un rato y después de eso me dio un beso y me pidió que saliera del coche.

Llegando a casa, Sandra que ya tiene insomnio crónico creo yo, me preguntó qué había pasado y yo se lo conté y ella dijo: “Lulu, tú eres tonta.”

Esta mañana me encontré un mail de Julián y decía muchas cosas pero mejor os lo resumo, decía algo así como que estaba dispuesto a seguir conmigo y que entendía que él había aparecido después del hombre casado y en realidad él era mis cuernos al casado que se los merecía por ponerle los cuernos a su mujer y que ahora todo cambiaría.

No entendí mucho de lo que quería decir, pero sería algo bueno porque hoy vamos a cenar y mañana voy a cenar con Josep así que todo perfecto. De no ser porque en mi escalera no hay Jaime y me aburro sin él.
 
QUINZE.
Sigo aquí, sigo aquí. Un poco más para allá que para aquí, pero sigo.

Es verdad que el mensaje de Julián iba más en la línea de “ya no te voy a llamar más” que en la de “eres rara pero me encantas”, porque no volví a saber de él.

Al menos no de manera convencional. Porque pasó que el martes tuve que organizar una reunión de ventas, Josep y todos los regionales.

Preparé un catering estupendo y alquilé dos salas contiguas en un hotel del centro de Barcelona.

Entonces, cuando ya todo estaba más o menos en orden, Josep me dijo que había invitado a todos a cenar y quería que yo viniera. No, no era profesional. Era una más de sus artimañas para tenerme cerca y poder escaparnos después hasta La Casita Blanca para hacer el amor. Su mujer no sospecharía nada y a nadie le extrañaría que la Secretaria de Dirección acudiese a la cena de Comercial para levantar acta.

Busqué una excusa pero me salió mal: le dije que tenía que ir al médico.

- “Al médico? A las nueve de la noche?”
- “Es que es el médico del seguro, ya sabes como son estos médicos del seguro.”
- “Anda, déjate de bobadas. Anula el médico o lo que sea y ponte el vestido blanco de flores rojas.”

Cuando llegué al restaurante me encontré de frente con Julián. Él se acercó y me dijo:

- “Lulu, qué haces aquí?”
- “Esperando el metro.”
- “Joder, me voy a poner nervioso teniéndote tan cerca. Bueno, después de la cena busco una excusa y nos vamos a tomar unas copas. Tengo que hablar contigo. Mi mensaje fue extraño y yo, no sé, me dio por pensar que te gustaba el marica ese que trajiste, me puse celoso.”

Pues para celos había venido al mejor lugar.

Y es que la cena fue un constante aluvión de piropos, insinuaciones y provocaciones por parte del 90% de los regionales (el otro 10 son mujeres y no hacían sino hablar de sus niños.)

El único que no entró en aquel juego fue Josep, quien se quedaba callado mirando a todos como diciendo: “ya, ya, pero a esta me la follo yo esta noche.” Es tan mono, Josep.

El caso es que al acabar la cena (delicioso el magret de pato con salsa de oporto) todos quisieron tomar algo en el Mirablau y de pronto Josep dijo que él se iba a casa y me miró y dijo: “Lulu, te acompaño que sé que no te encuentras bien.”

Pero yo me encontraba muy bien. Y me estaba riendo mucho con el de Zaragoza y el de Pamplona pero él repitió: “Lulu, que te llevo.”

Entonces Julián dijo: “déjalo, jefe, no te preocupes, ya la llevo yo que vivo al lado y tampoco me encuentro bien.”

Qué situación más extraña: allí estaba yo en mitad de mis dos amantes que no sabían que eran mis amantes pero no querían que los demás lo supieran tampoco y yo sin saber con quien irme.

Pues lo creáis o no, me salvó Lorena. Llamó de pronto diciendo que el niño no se encontraba bien y Josep me dio dos besos y me dijo al oído que vaya mierda y que se cagaba en la puta madre que parió a su mujer.

Pero yo me sentí aliviada y me fui con Julián.

Nos quedamos en el coche antes de yo subiera a casa y me contó que había roto hacía poco una relación y se había asustado algo por lo rápido que estaban yendo las cosas, pero no por mi culpa si no por él porque se había dado cuenta de que sentía algo más que simple interés por mí.

Yo le dije que no entiendo aun del todo el idioma y menos con ese acento catalán “tant marcat” y que fuera más claro y me dijo: “creo que me estoy colgando contigo, gabachilla.”

No sé qué significa “gabachilla” pero a mí me gustó lo que dijo y nos dimos un beso en el coche y luego otro y otro más y bueno, la lengua me llegaba hasta la campanilla y luego lo que me llegaba hasta la campanilla era otra cosa mucho más grande y dura que su lengua.

Me fui feliz a dormir, qué bien sienta gustar y tener sexo en la puerta de tu misma casa!

Y diréis que estoy loca pues vale, lo estoy, pero me gustan los dos, no quiero perderlos a ninguno de los dos, aunque no estoy enamorada de ninguno de los dos. Yo estoy enamorada de Jaime pero qué puedo hacer yo si es gay?

Pues dejarme querer, sí señor, dejarme querer…
 
CATORZE.

En la radio escuché que una chica iba por Barcelona y se encontró con un castillo de hombres y después con un castillo de fuegos artificiales que le dejaron con la boca abierta que tuvo que cerrar para poder escuchar la fantasía de un cuenta-cuentos vestido de payaso.

Así que yo salí de casa con mi hermanito Sergi de la mano, pero lo único que vi fue una fenomenal tormenta y lo único que escuché fueron los gritos de Sergi reclamándome un Donut y dos cacaolats (dónde se le meterá a Sergi tanto chocolate?)

De vuelta en el metro pensé que ejercer de hermana mayor está bien pero no tanto y que me gusta más ejercer de amante de mi jefe o de novia de mi compañero o de acosadora de mi vecino gay.

El domingo por la noche me apunté con Andrea a una fiesta de pre-carrera, en donde todos los futuros médicos, ingenieros, abogados y parados se pasan la noche bebiendo y fumando antes de reemprender sus correspondientes estudios.

Andrea entra en biología y dice que quiere disecar muchas ranas y abrir muchos ratones (puag) pero a mí no me dijeron que las futuras biólogas se enrollan con los futuros matemáticos delante de tus narices. Me pasé parte de la noche viendo como mi hermanastra y un tipo con piercing en la ceja se merendaban el uno al otro.

Hablé con un aspirante a veterinario, dos estudiantes que querían entrar en Deloitte, un grupo de derecho que me dio miedo pensar que harían en un juicio si les prestaban una botella de Smirnoff antes de la vista y un chico que me enseñó todos sus tatoos y no entendí a qué quería dedicarse.

Con cinco cervezas y dos vodkas me subí a un taxi a las cinco de la mañana acompañada por un estudiante de ingeniería no sé qué o arquitectura no sé cuanto que se bajó dos calles antes de mi casa.

Al llegar me sentí un poco rara y sobre todo un poco mayor y le mandé un mensaje a Julián.

Le dije que la Universidad está llena de colgados y él contestó al día siguiente que si me quería colgar con él yendo a tomar un aperitivo a la Barceloneta.

Pero cuando ya estaba a punto de salir de casa, Jaime se presentó y me dijo que había cortado con el abuelo mariquita y que si quería un té y me lo contaba.

Yo le dije que me iba con Julián y él me dijo que se venía conmigo.

Y me lo llevé.

A Julián no le hizo mucha gracia que apareciera con mi mini amarilla y un marica colgado del brazo. Estuvo callado todo el rato mientras Jaime explicaba lo complicado que era en esta vida ser gay, andaluz, y enamorado de un vejestorio que te dobla la edad.

Yo me reía mirándole y escuchándole, me pasaría la vida escuchando a Jaime y me dio un poco igual que Julián pusiera cara de circunstancias.

En realidad, Jaime y yo acabamos despidiéndonos de él y yendo a tomar vinos al Borne y luego tomamos cognac y también Bailey’s y creo que dos o tres mojitos, no lo sé, a las dos de la mañana ya no me acuerdo, pero sé que llegando a casa tropezamos con la planta de la entrada y se cayó toda la tierra.

Entonces Jaime se cayó sobre la tierra y yo no podía parar de reír.

Con tanto escándalo, Sandra salió de casa y me ayudó a subir las escaleras y yo diciendo: “Jaime je t’aime” y él “moi non plus” y Sandra tratando de callarme la boca.

Pues con todo esto, no he ido hoy a trabajar. Tenía una resaca muy mala y mucho dolor de cabeza y Josep me ha llamado “qué haces que no vienes?” y yo “tengo resaca” y él “te voy a despedir” y yo “vale, pero mañana, que hoy tengo resaca.”

Entonces esta tarde antes de empezar a escribir esto he recibido un mensaje de Julián y decía algo así como “no te entiendo Lulu, eres muy rara y yo no quiero comerme la olla más.”

Le he preguntado a Andrea que significa “comerme la olla” y Andrea me ha dicho: “borra el teléfono de Julián, no te va a llamar más.”

Vaya, qué manera tan rara de cortar tienen los españoles.

Pues no sé, mañana se me pasará el dolor de cabeza y ya pensaré que hacer con Julián. Me voy a preparar un bloody mary que he leído en algún lado que va bien para la resaca. Y si no, al menos me emborracho otra vez porque entre Julián, Josep y Jaime me voy a volver loca.
 
TREIZE

Julián no llamó el domingo como yo esperaba. Al despedirnos no sé porqué imaginé que pasaríamos el domingo juntos. Quería ir cerca de la playa a comer paella, aunque ya me han dicho que comer paella los domingos es poco “in” pero es que yo todo lo “in” lo tengo un poco “out.”

Una de las cosas que más adoro en Jaime es que siempre acaba cumpliendo mis expectativas: me pongo a pensar en que me gustaría cenar con él y Jaime llama esa misma tarde para invitarme a cenar. Si pienso en que nada me gustaría más que desayunar en su terraza esas tostadas que prepara con aceite de oliva, lo tengo en la puerta en diez minutos con una taza de café au lait.

Pero con Julián no pasó eso. Dormimos juntos, me dejé llevar por sus manos y por su lengua y yo pensando en la paella del domingo y ni paella ni domingo.

Por eso cuando regresé al trabajo el lunes tuve más ganas de Josep que nunca.

Me sentía decepcionada.

Por la tarde, le mandé un mensaje a través del Messenger y le pedí que se quedara con cualquier excusa.

Media hora más tarde de las ocho, no quedaba un alma en la Inmobiliaria.

Menos él y yo.

Se acercó a mí por la espalda, besó mi cuello y me dijo: “te deseo.”

Nos fuimos a su despacho, Josep cerró con llave, apagó el ordenador y descolgó el teléfono fijo, después apagó el móvil y se quitó la corbata.

Yo no tenía muchas ganas de sexo, no sé pero me imaginé que Julián ya no llamaría por haberme acostado con él tan pronto en nuestra relación.

Pero nada más Josep puso sus manos en mis pechos, entre mi camisa y el sujetador, me excité enormemente y le pedí que me subiera sobre su mesa y abriera mis piernas y… bueno, os dejo a la imaginación pensar qué sucedió.

Nos estábamos fumando un cigarrillo en la ventana cuando fue mi móvil el que sonó.

Josep dijo: “no lo cojas.”

Y no lo hice. Él había estado incomunicado por pasar aquel rato conmigo, no podía ser tan egoísta.

Al llegar a casa, observé que la llamada era una perdida de Julián.

Jo, qué lío tengo.

Me fui a dormir temprano y al despertar pensé en mandarle un mensaje. Pero luego me dio pánico. ¿Qué me sucede con él?

Me asusto si no me llama y me acuesto con Josep por despecho, y luego me siento culpable si al final sí llama, y mientras Jaime sigue sin hacerme nada de caso. Yo no me entiendo a mí misma, la verdad.

Por eso hoy le he dicho a Josep que lo nuestro tiene que terminar.

Pero lo sorprendente no es que yo haya tomado esa decisión, quizás por Julián, sí, o por Jaime, o por mí misma.

Lo increíble es que Josep se ha puesto a llorar como un crío.

Allí estaba con sus canas y su puesto de Director Comercial, llorando en el despacho.

Ha dicho seis veces seguidas: “no me hagas esto, mi amor, no me hagas esto.”

Y yo me he quedado helada: quizás realmente me ama, quizás no soy solo la aventura fuera de su matrimonio, quizás todo sea verdad y soy yo la que, por miedo, estoy fastidiándolo todo.
 
DOUZE.
Toca hablar un poco de maman.

Cuando mi madre se separó de mi padre yo era un bebé y mamá se empeñó en que no perdiéramos nunca el contacto y él ejerciera como padre aunque nos separase la distancia que existe entre París y Barcelona, que aunque sigue siendo la misma, ya ahora me parece mucho menor.

Pues mi madre me sacó adelante con la ayuda de mis abuelos y mientras me sacaba adelante, se iba a rayos UVA, al gimnasio, a Pilates, a Yoga y a todo lo que se pusiera de moda. Total, mamá es una snob de esas guapísimas y muy superficial pero detrás de sus semanales mis-en-plis y sus depilaciones foto no sé qué, es una señora.

Cuando yo tenía siete años se casó con un señor muy alto y muy rico que nos llevaba con su barco por la côte d’azur pero se volvió a separar. No hace mucho me contó que se separó por aburrimiento y digo yo que sería sexual, porque lo del barco era muy divertido.

Hasta que no conoció a Antoine, su actual marido, vi a unos cuantos hombres. Algunos se quedaban en casa durante meses y luego un día ya no estaban. Y otros se quedaban a dormir una noche y luego llamaban mucho por teléfono y mamá decía: “Lulu, coge tú y di que no estoy” y yo “Mamá dice que no está.”

Pero mamá tuvo su gran historia de amor, como todas las mujeres apasionadas y románticas. Él se llamaba Laurent y recuerdo bien su cabello abundante rizado con algunas canas y su manera de caminar con desenfado.

Laurent y mamá se conocieron, en realidad, gracias a mí: era el papá de mi amiga de la infancia Flo y se enrollaban en las fiestas de cumpleaños.

Flo y yo les sorprendíamos besándose en la cocina mientras decían que iban a colocar las velas al pastel, y nos reíamos cuando los dos se miraban como tontos a la salida del Lycée.

Duró tres años. Mamá era entonces más guapa y más snob que nunca, pero también era más feliz y más risueña de lo que jamás ha vuelto a ser. Se escribían cartas a través de Flo y de mí, y Flo y yo las leíamos y nos moríamos de la risa, todo eran “je t’adore, mon coeur” y cosas así.

Creíamos que iban a casarse y yo estaba contenta de que se casaran, pero de pronto, un día, mamá lloraba y lloraba, y estuvo llorando durante muchos días más y Flo me contó que Laurent ya no quería oír hablar ni de mí ni de mamá.

A la salida del Lycée, cada uno se colocaba muy lejos del otro, ni siquiera se miraban, y ya no hubo más fiestas de cumpleaños juntas. Ese mismo año, tras el final del colegio, mamá me cambió de Lycée y hasta de arrondissement y no volví a ver ni a Flo ni a Laurent.

Antes de la boda con Antoine le recordé a Laurent.

Mamá se quedó un momento quieta y luego dijo: “los grandes amores, Lulu, son los que no tienen un final feliz.”

Nunca supe qué pasó entre ellos.

Pero creo que a pesar de los años y del tiempo, Laurent vive en mi madre y algo de mi madre se murió para quedarse, para siempre, en Laurent.
 
ONZE.
He tardado un poco en volver a escribir pero es que me van pasando tantas cosas que cuando me voy a poner a actualizar sucede algo nuevo y así todo el rato: así no hay quien actualice a tiempo.

El viernes que salí con Julián sí pasó algo, si es que se le puede llamar “algo” al hecho de que cuando nos sirvieron los cafés con hielo en el Mercat de Santa Catherina, Julián me tomó la mano y me dijo: “me gustas, Lulú.”

Tendría que haberle dicho: tú también, Julián. Pero en lugar de eso retiré mi mano y pregunté si se podía fumar y cuando me dijeron que no, salí fuera y fumé en la calle y me sentí como una idiota, fumando sola mientras un tío guapísimo y soltero y además hetero me estaba esperando con dos cafés con hielo en la mesa de un restaurante realmente “cool.”

De allí, Julián y yo nos fuimos a tomar un Havana con Coca Cola en el Miramelindo y entonces, después de criticar a media empresa y también a la otra media, volvió a tomar mi mano y preguntó:

- “Yo no te gusto?”
- “Sí.”
- “Ah.”
- “Ya.”
- “Bueno.”
- “Sí.”

Vaya mierda de diálogo. Me acompañó a casa y me dejó, otra vez, en la puerta, sin preguntar si le invitaba a una copa, cosa que tampoco podía hacer, porque Sandra estaba aun despierta, según pude ver por la luz de la cocina encendida y su silueta tomando lo que luego supe era un Wiskie.

Al encontrarme con ella la sentí muy afectada y nos pusimos a hablar un rato y me dijo que había sorprendido un mensaje en el móvil de papá que decía: “memoriza este número porque ya no tengo el móvil anterior. Te quiero.”

Se puso a llorar y yo le dije: “no llores y dile que te lo cuente todo.” Pero ella dijo que hay cosas que es mejor no saber. Aunque no entendí mucho esto, me imaginé el daño que podría hacerle a Lorena si supiera lo mío con Josep, pero luego pensé que eso era una tontería porque yo nunca escribiría un “te quiero” a Josep porque yo a Josep no le quiero.

Al día siguiente me fui al cine con Andrea y por la noche Jaime vino a casa todo mariconazo gritando “oe, Lulu, oe, cuéntamelo todo ya, niña, pero todo todito” y por un momento me di cuenta de que Jaime es gay de arriba abajo y además es un cotilla.

Estuvimos hasta las seis de la mañana hablando de Josep, Julián y papá y luego hablamos de él y entonces me contó algo que me dejó muy pensativa: me dijo que antes de conocer a su primer novio, se había enamorado de una mujer.

- “Y hiciste el amor con ella?”
- “Claro, Lulú, yo ya tenía 24 años!”
- “Y te gustó?”
- “Meter es meter en todas partes igual.”
- “No te entiendo nada.”
- “Ven aquí, Lulú, que te quiero vecinita, que sin ti esta casa y esta calle y este barrio serían una mierda.”

Y dicho esto… ¡me besó!

¡Me besó!

Pues vale, no con lengua, me dio un beso en la boca con sus labios y nada más. Pero yo tan contenta como si me hubiera dado el morreo de mi vida.

- “Oye, y por qué no te enrollas con ese Julián y dejas ya al tonto del jefe?”
- “No lo sé.”
- “Ays, preciosa mía, el día en que te enamores otra vez…”
- “Yo ya estoy enamorada.”

Eso se me escapó después del impacto del beso.

- “De josep???? Tú eres gilipollas.”
- “Y tú marica.”
- “Y a mucha honra… mira, mira como camino con aires de Star”

Y se puso a caminar por el salón y como nos habíamos fumado un porro me entró la risa y venga a reír y así diez minutos hasta que nos quedamos dormidos en el sofá con las colillas de los porros y el olor a hachís.

Esa semana no pasó nada especial hasta el miércoles.

Josep estaba de viaje y Lorena trabajando y preguntándome cosas todo el rato y yo agobiada pensando en Julián, en mi padre, en Sandra y hasta en Andrea, que le había visto condones en la habitación XXL así que me quedé un poco con las ganas de conocer al nuevo novio de Andrea.

Entonces el miércoles Josep me mandó un mensaje diciendo que había mentido a Lorena contándole que volvía el jueves, pero estaba ya en Barcelona y quería que nos viéramos en La Casita Blanca, un sito al que vamos a veces, para amantes y guarros en general (tiene unas habitaciones con espejos y películas porno muy limpias pero muy guarras.)

Pasé la noche con él y fue realmente maravilloso. Se notaba que los celos por lo de Julián lo tenían más amante y cariñoso que nunca. Me besó desde la punta de los pies hasta la punta de los pechos y permaneció abrazado a mí diciéndome “te amo” durante largas horas.

Por la mañana, llegando a la ofi, la recepcionista se rió al verme y luego se rió mi compañera de mesa Natalia y entonces vi un ramo de flores y yo me fui a la tarjeta directamente pensando que era Josep y que no la viera nadie.

Pero no.

Era de Julián. Y decía: “te invito este sábado. Y esta vez no te escapas.”

Y el sábado no me escapé. Ni una sola de las veces que Julián, dulce y encantador, me hizo el amor en su pisito del barrio de Gracia, con música de Barbra Streisand de fondo. Eso se lo tengo que contar a Jaime, lo de Barbra digo, porque él siempre dice que no hay nada mejor que echar un buen polvo escuchándola a ella. Yo, la verdad, de si ella cantaba o era otra ni me enteré… Julián me estaba llevando a mundos en donde hasta la música, sobraba…
 
DIX

He tenido poco tiempo para escribir porque Josep me ha puesto tanto trabajo, que a veces ni me acuerdo de que me acuesto con él y empiezo a comentar con algunas compañeras que mi jefe es un capullo.

Creo que esto lo ha hecho por venganza igual que fue por venganza todo lo que hizo el día que salí a cenar con Julián que en resumen fue fastidiarme la noche.

Julián me recogió en casa a las nueve de la noche, puntual. Se había perfumado. Me di cuenta nada más entrar en su Ibiza rojo, entré y aspiré un perfume de hombre que te recuerda que a él le gustas, ya sabemos las mujeres qué tipo de perfume es ese.

Hablamos muy poco hasta que llegamos al restaurante, un sitio pequeño y divertido, llamado La Reina, en el Borne. Me gustó que eligiera aquel restaurante para mí, porque la dueña era francesa y estuvimos hablando en francés un rato. Tanto tema francés da para el chiste fácil, pero no, Julián fue un caballero y ni francés ni nada.

Estando en el segundo plato, y con el vino ya a punto de morir, me llamó Josep. La primera vez pues simplemente cerré la llamada. La segunda contesté rápido y le dije “este es un mal momento.” La tercera ya no tuve más remedio que disculparme ante Julián y salir fuera del restaurante.

- “¿Con quién estás?”
- “Ahora no es el momento, Josep.”
- “Lulú, no me puedes hacer esto. Quiero saber con quién estás.”
- “Pues no te lo voy a decir y ahora déjame cenar tranquila.”
- “Mañana hablaremos de esto.”

De vuelta, Julián también preguntó: “¿quién era?” y yo ya me sentí un poco agobiada, así que le dije a Julián que nos tomásemos en café en otro sitio y ya está.

Pero Josep no dejó de llamar puntualmente cada media hora y hasta Julián se sintió incómodo y la noche acabó en que me dejó en casa a las dos de la mañana y ni siquiera me pidió subir.

Pues bueno, así son las cosas.

Entonces antes de entrar en casa desperté a Jaime y él me invitó a tomar una última copa en su casa y le conté lo que me había pasado y él dijo “Josep va a acabar resultando un acosador” y yo “¿qué es una acosador?” y cuando me lo contó me di un susto y me entró miedo.

Me recosté en Jaime y me quedé dormida abrazada a él y casi pensé que esa noche pasaría por fin algo, me gusta tanto como huele Jaime, podría pasarme la vida recostada en él y oliéndole, pero no, me despertó a las cinco y me dijo: “véte a casa, niña, y mañana envías a tomar por saco al jefe de mierda ese.”

El fin de semana Jaime me llevó al cine y vimos United 93 y me impresionó mucho, pero luego me dejó en casa y se fue con el abuelo mariquita, qué asco de tío, de verdad os lo digo, pero de quien hablo es del abuelo, porque Jaime está cada día más guapo.

Pues no envié a tomar por saco al jefe de mierda ese, pero no le hablo ya, y él no hace más que darme trabajo y me tiene frita, y mientras no sé nada de Julián, al menos hasta esta mañana que me ha despertado un mensaje suyo del móvil diciendo “Lulú, ¿cenamos sin móvil mañana?”

No sé qué hacer. Me gusta Julián un poco, pero estoy inquieta por Josep, porque creo que no quiero dejar de acostarme con él. Y mientras Jaime se pasa los días bajando las escaleras y poniéndome caliente, eso no se hace, no si eres gay y yo soy hetero.

En fin, me voy a ir de tiendas esta tarde si Josep no me dice que tengo que hacer un memorando en siete idiomas a las siete de la tarde, y me voy a comprar un tanga de color rosa para que Julián me desquite del mal trago que estoy pasando, ya estoy un poco harta.

Y si pasa o no, yo os lo cuento…