Vacaciones
Mi verano esta siendo bueno.
Ningún contratiempo.
Muchas comidas en la playa, bronceado perfecto, excursiones a sitios desconocidos ..........
Me da miedo tanta felicidad aunque vivo el momento y lo disfruto a tope.
Ningún contratiempo.
Muchas comidas en la playa, bronceado perfecto, excursiones a sitios desconocidos ..........
Me da miedo tanta felicidad aunque vivo el momento y lo disfruto a tope.
Vacaciones
Me voy de vacaciones.
Feliz verano a todos los que aún me lean lo poco que escribo.
Feliz verano a todos los que aún me lean lo poco que escribo.
Familia numerosa
Ya sé que hay, gente que anda por ahí diciendo que es maravilloso criarse en una familia numerosa. Hay que ser gilipollas!! Lo mejor es crecer siendo hijo único. Bueno, yo creo que el Fary se hubiera conformado con crecer.
En el colegio, a un hijo único se le reconocía en seguida por dos cosas: la paz interior; y la ropa de su talla. ¡Que es muy humillante que le calculen a uno la edad por las rayas del dobladillo, como si fuera un alcornoque!
Además, en una familia numerosa la infancia es un coñazo, porque normalmente los padres, te huelen el culo para ver si te has cagado, pero en una familia numerosa, como sois tantos, no se preocupan en mirar uno por uno a ver quién ha sido.
En cuanto huelen algo, ¡tooooodos a la bañera! ¡Que mi casa parecía una piscifactoría!
Y todavía hay gilipollas que dicen que en las familias numerosas todo son ventajas: "Huy, además, si eres el pequeño es un chollo, porque cuando te llega la ropa del mayor, vas otra vez a la moda".
En mi época, la moda era hacer la comunión vestido de marinero.Y sí, yo fui de marinero, pero de marinero de la Primera Guerra Mundial. Es que lo heredas todo. Y es muy duro ver a tu madre acercarse por la noche a la cama de tu hermano mayor:
- Cariño, quítate los calcetines, que se los van a dejar los Reyes a tu hermano Emilio.
Y eso si tienes hermanos, porque si lo que tienes son hermanas mayores, tú pides un Geyperman y te regalan una Barbie con el pelo cortado y una barba pintada. Que nada más verlo, ibas todo preocupado a decirle a tu madre:
- Mira mamá, creo que mi Geyperman está echando caderas.
Y luego está lo de la habitación. Lo mío no era una habitación, era un barracón militar. Había tantas literas que parecían estanterías. Mi madre nos organizaba por orden alfabético, como los libros. Y cuando quería sacar a uno, se iba a las literas:
- Carlos, David, Elías, Fernando. ¡Huy! ¿Y Emilio? ¡Cariño! ¿Hemos prestado a Emilio?
Pero lo peor era lo del baño. Había que hacer turnos de quince minutos. Y como siempre había dos o tres hermanos en la edad del pavo, para que no hubiera atascos mi madre tenía que poner bromuro en el Nesquik. Lo que no sé es cómo llegamos a ser tantos, porque mi padre también tomaba Nesquik.
Y en el colegio es un infierno.Porque cargas con la fama de tus hermanos mayores: y si han sido unos macarras, la has jodido.Pero si han sido unos empollones, la has jodido más.Llegas allí, el primer día, y el profesor:
- ¡Aaaaah! Aragón. ¿Tú no serás hermano de Fernandito?
- Sí, señor, sí.
- Pues tu hermano era un estudiante ejemplar. Espero que sigas sus pasos.
Que tú piensas: "Pues seguro, porque llevo sus calcetines".
Pero, además de la fama, de los hermanos mayores también vas heredando los libros. ¡Subrayados! Que es una putada, porque como el primero subraye mal, suspende toda la familia. Aunque peor que eso es que tu hermano mayor se haya enamorado de Pili, y tengas todo el libro lleno de corazones: "Pili, Pili, Pili".
Lo tienes que arreglar de alguna forma. Así que pones en todos: "Pili-la". Y, claro, el que lo tiene chungo es el hermano siguiente, que tiene el libro lleno de corazones que ponen "Pilila". ¡Y a ver cómo explica eso!
Y ustedes dirán: "Bueno, hombre, lo de heredar los libros, chungo, pero, a cambio, también heredas las revistas guarras". Ya, pero es que la que viene en pelotas es Mayra Gómez Kemp.
Luego hay listos que dicen: "Lo bueno de la familia numerosa es que puedes meter a la novia en casa y, entre tanta gente, nadie se entera". ¡Serán gilipollas! ¿Y de qué te sirve meterla en casa, si luego no tienes dónde meterla?"
Y lo peor de todo son los telediarios.Estáis allí sentados los diez hermanos y, de repente, dicen: "Dos de cada diez jóvenes consumen drogas en fin de semana". Y tu padre:
- ¡Castigados todos, hasta que confiesen los dos!
"Cuatro de cada diez jóvenes pierden la virginidad antes delos 18". Y tu madre:
- ¡Ah! ¡La canguro no vuelve por casa!
Buenooo, me acuerdo un día que dijeron en la tele: "En España, uno de cada diez hijos es fruto de la infidelidad".
¡Y el pelirrojo se llevó una hoooostia!
Pd.. esto me llego por correo y me hizo gracia.
En el colegio, a un hijo único se le reconocía en seguida por dos cosas: la paz interior; y la ropa de su talla. ¡Que es muy humillante que le calculen a uno la edad por las rayas del dobladillo, como si fuera un alcornoque!
Además, en una familia numerosa la infancia es un coñazo, porque normalmente los padres, te huelen el culo para ver si te has cagado, pero en una familia numerosa, como sois tantos, no se preocupan en mirar uno por uno a ver quién ha sido.
En cuanto huelen algo, ¡tooooodos a la bañera! ¡Que mi casa parecía una piscifactoría!
Y todavía hay gilipollas que dicen que en las familias numerosas todo son ventajas: "Huy, además, si eres el pequeño es un chollo, porque cuando te llega la ropa del mayor, vas otra vez a la moda".
En mi época, la moda era hacer la comunión vestido de marinero.Y sí, yo fui de marinero, pero de marinero de la Primera Guerra Mundial. Es que lo heredas todo. Y es muy duro ver a tu madre acercarse por la noche a la cama de tu hermano mayor:
- Cariño, quítate los calcetines, que se los van a dejar los Reyes a tu hermano Emilio.
Y eso si tienes hermanos, porque si lo que tienes son hermanas mayores, tú pides un Geyperman y te regalan una Barbie con el pelo cortado y una barba pintada. Que nada más verlo, ibas todo preocupado a decirle a tu madre:
- Mira mamá, creo que mi Geyperman está echando caderas.
Y luego está lo de la habitación. Lo mío no era una habitación, era un barracón militar. Había tantas literas que parecían estanterías. Mi madre nos organizaba por orden alfabético, como los libros. Y cuando quería sacar a uno, se iba a las literas:
- Carlos, David, Elías, Fernando. ¡Huy! ¿Y Emilio? ¡Cariño! ¿Hemos prestado a Emilio?
Pero lo peor era lo del baño. Había que hacer turnos de quince minutos. Y como siempre había dos o tres hermanos en la edad del pavo, para que no hubiera atascos mi madre tenía que poner bromuro en el Nesquik. Lo que no sé es cómo llegamos a ser tantos, porque mi padre también tomaba Nesquik.
Y en el colegio es un infierno.Porque cargas con la fama de tus hermanos mayores: y si han sido unos macarras, la has jodido.Pero si han sido unos empollones, la has jodido más.Llegas allí, el primer día, y el profesor:
- ¡Aaaaah! Aragón. ¿Tú no serás hermano de Fernandito?
- Sí, señor, sí.
- Pues tu hermano era un estudiante ejemplar. Espero que sigas sus pasos.
Que tú piensas: "Pues seguro, porque llevo sus calcetines".
Pero, además de la fama, de los hermanos mayores también vas heredando los libros. ¡Subrayados! Que es una putada, porque como el primero subraye mal, suspende toda la familia. Aunque peor que eso es que tu hermano mayor se haya enamorado de Pili, y tengas todo el libro lleno de corazones: "Pili, Pili, Pili".
Lo tienes que arreglar de alguna forma. Así que pones en todos: "Pili-la". Y, claro, el que lo tiene chungo es el hermano siguiente, que tiene el libro lleno de corazones que ponen "Pilila". ¡Y a ver cómo explica eso!
Y ustedes dirán: "Bueno, hombre, lo de heredar los libros, chungo, pero, a cambio, también heredas las revistas guarras". Ya, pero es que la que viene en pelotas es Mayra Gómez Kemp.
Luego hay listos que dicen: "Lo bueno de la familia numerosa es que puedes meter a la novia en casa y, entre tanta gente, nadie se entera". ¡Serán gilipollas! ¿Y de qué te sirve meterla en casa, si luego no tienes dónde meterla?"
Y lo peor de todo son los telediarios.Estáis allí sentados los diez hermanos y, de repente, dicen: "Dos de cada diez jóvenes consumen drogas en fin de semana". Y tu padre:
- ¡Castigados todos, hasta que confiesen los dos!
"Cuatro de cada diez jóvenes pierden la virginidad antes delos 18". Y tu madre:
- ¡Ah! ¡La canguro no vuelve por casa!
Buenooo, me acuerdo un día que dijeron en la tele: "En España, uno de cada diez hijos es fruto de la infidelidad".
¡Y el pelirrojo se llevó una hoooostia!
Pd.. esto me llego por correo y me hizo gracia.
LA SECUENCIA DE LA DESTRUCCION
Que difíci es demostrar los malos tratos psicológicos, y de lo sutiles y socorridos que suponen cuando se sabe que los físicos dejan marcas que delatan y son “fácilmente” denunciables. Pero el maltratador psicológico es consciente de que aquellos dejan amplias huellas intangibles tras de sí, con terribles secuelas, y casi más complicadas de retirar que las físicas. Y jamás se olvidan.
Es una secuencia de destrucción psicológica, infringida por un ser “muerto por dentro”, con perdón (o sin él). Está devastado, consciente de su inutilidad, y convencido de ella, de lo que en realidad es y llega a disfrutar haciendo sufrir. Sintiéndose por encima de alguien, usándole a modo de chivo expiatorio (cuando menos una mujer), proyectando en ese alguien sus frustraciones y fracasos. Y además es cobarde. Incapaz de hacer ningún bien a nadie. Que utiliza y manipula a los demás. Maltrato psicológico. Esto es, también, una forma de destruir lentamente, poco a poco.
Escribir sin un ápice de rencor ni dolor proporciona la objetividad suficiente para ver las cosas con claridad y valentía, aún con incredulidad de lograr sobrevivir cuerda a semejante episodio.
Para describir la secuencia que emplean en muchos casos para destruir a su alrededor todo lo que tocan. Como Salomón pero a la inversa: convierten en nada todo lo que tocan. Y en concreto, destruyen la vida de aquel que le rodea, y a aquel a quien se acercan con esa “energía negativa”, generando mas negatividad y destrucción. No pueden evitar su dependencia de los demás y esa urgente necesidad de aprobación, pero necesitan sentirse “por encima”, ser más que. Y no pueden. Porque no lo son, ante la ley de igualdad de todos y cada uno de los seres humanos. Y lo saben. Y atacan hiriendo de muerte como respuesta de su supuesta y frenética supremacía.
Primero anula. Y anula ignorándo. Impidiéndo que la mujer sienta por sí misma y que sea persona. Y cada vez es más pequeña y más insignificante frente a él. O eso le hace saber él. La mujer no vale. Y lo hace hablando única y exclusivamente de él. Sólo existe él y sólo puede sentir a través de él. Porque está muerto y necesita recordarle al mundo constantemente que está vivo, o que quiere estarlo. Y cuando ya a esa mujer le han salido “callos” de escuchar su monólogo sobre su monotema, entonces le reprocha que no habla, que no interviene y se lamenta de su “soledad”. Pero lo impide. Y bajo la aparente contradicción, toda una serie de asaltos para tirar abajo su autoestima.
Niega la personalidad. de su pareja. Su vida, pensamientos y sentimientos no existen. No tienen cabida en la relación. Son de mal gusto. Los suyos no. Va dejando caer sutil o directamente su escasa valía, su ingenuidad y poca inteligencia, y capacidad para desenvolverse. Nunca con tales palabras. Solo aseveraciones e interrupciones. Incluso sugerencias envenenadas. A su lado pierde todo. Sólo él “brilla”. Ella y los suyos son restos de feria. De segunda y tercera categoría. Únicamente él sabe lo que es la vida y cómo disfrutarla, y ella nunca será capaz de hacer nada sin él, ni por supuesto comparable a él. (Diálogo machacón: él, él, siempre él…!).
Jamás asegura su cariño o sus sentimientos hacia ella. Su calor pende de un hilo muy frágil que en cualquier momento puede “cargar” si da un paso en falso. El ambiente se carga de tensión y angustia. Sus movimientos se limitan, tiene miedo a equivocarte en cualquier cosa, en no gustarle u ofenderle. Y la ansiedad le invade. Nunca está relajada, nunca está cómoda en su presencia, nunca más es ella. No sabe con exactitud por qué, pero está nerviosa día y noche. No puede ni comer. ¿Fallará hoy?¿Lé dejará si hace esto o aquello?¿Puede hablar de esto con él?
Le niega su apoyo. Nunca tajantemente, pero le da contra un muro. Bajo apariencia de despreocupación, de relatividad de las cosas y de insultante frivolidad, él no está, no le encuentras. Se esconde. Porque su vida tiene que girar en torno a él y sólo a él. Su vida no debería tener sentido si no es con él. Ella no tienes problemas. Sólo él. Ella no tienes vida. Sólo él.
De ese relativo cariño, voluble y lábil, pasa al rechazo, en toda la extensión de la palabra y su significado. A la negación como pareja. Teme darse y mostrarse porque teme no ser lo suficiente bueno, porque sabe que no lo es. Y se deja. Es la mujer quien lo pone y lo da todo. Pero nunca es suficiente, porque siempre puede ser mejor. Porque no es suficientemente especial para entenderle y estar a la altura de sus circunstancias y grandezas. O simplemente le demuestra desprecio o asco. Simplemente no vales nada. Cualquiera podría ser mejor que ella. Así las amenazas de infidelidad (o las probadas) quedan justificadas. Siempre por su culpa. Él no quiere, pero no es capaz de hacerle feliz. Porque no accede a todos sus deseos y demandas. Aunque sabe que daría igual. Nunca tiene suficiente. Siempre está por encima.
Cuando le ha negado como pareja, como compañera y ha bombardeado sistemáticamente su autoestima (sutilmente pero sin contemplaciones: hoy no pero mañana sí, hoy le sobra pero mañana la echa de menos, hoy le da risa pero mañana tiene sentimientos…), cuando la humillación ha alcanzado cotas suficientes para él, cuando se ha regocijado en su sufrimiento diario…prepara la escena. Monta el espectáculo. Tiene al actor principal, el decorado y multitud de desencuentros y vejaciones que han colmado su paciencia. Nunca es directo. Nunca reconoce un error o un daño, porque él nunca se equivoca. Nunca palabras subidas de tono que le descubran, si se enfada la culpable también es de ella. ¿La excusa? Cualquiera. Provoca que sea ella quien de el paso, una vez más la culpable. Cualquier motivo sirve: hablar claramente (cosa que él siempre evita), robarle protagonismo ante los demás (ante SU público) o simplemente ser mejor que él aunque sea sin quererlo.
Y un día desparece, sin más. le niega, por último, como persona en sí. “No hay mayor desprecio que no hacer aprecio”. Sin más explicación. Porque no vale nada, y no merece ni un por qué. Las explicaciones vuelven a ser de mal gusto. Desaparece, le desprecia, le humilla y le escupe en forma de negación rotunda. Ese desprecio que siente por la vida de cualquiera (ya no sólo por la de su víctima) no tiene parangón. Porque en definitiva no quiere, no sabe amar, a veces ni a él mismo. Y se siente impotente y frustrado ante su propia insensibilidad. Pero quiere, necesita ser amado. No soporta ser ignorado. Y ante esto cree que la única manera es causar lágrimas y dolor. Es lo único que sabe despertar en los demás.
Esto es maltrato psicológico.

Es una secuencia de destrucción psicológica, infringida por un ser “muerto por dentro”, con perdón (o sin él). Está devastado, consciente de su inutilidad, y convencido de ella, de lo que en realidad es y llega a disfrutar haciendo sufrir. Sintiéndose por encima de alguien, usándole a modo de chivo expiatorio (cuando menos una mujer), proyectando en ese alguien sus frustraciones y fracasos. Y además es cobarde. Incapaz de hacer ningún bien a nadie. Que utiliza y manipula a los demás. Maltrato psicológico. Esto es, también, una forma de destruir lentamente, poco a poco.
Escribir sin un ápice de rencor ni dolor proporciona la objetividad suficiente para ver las cosas con claridad y valentía, aún con incredulidad de lograr sobrevivir cuerda a semejante episodio.
Para describir la secuencia que emplean en muchos casos para destruir a su alrededor todo lo que tocan. Como Salomón pero a la inversa: convierten en nada todo lo que tocan. Y en concreto, destruyen la vida de aquel que le rodea, y a aquel a quien se acercan con esa “energía negativa”, generando mas negatividad y destrucción. No pueden evitar su dependencia de los demás y esa urgente necesidad de aprobación, pero necesitan sentirse “por encima”, ser más que. Y no pueden. Porque no lo son, ante la ley de igualdad de todos y cada uno de los seres humanos. Y lo saben. Y atacan hiriendo de muerte como respuesta de su supuesta y frenética supremacía.
Primero anula. Y anula ignorándo. Impidiéndo que la mujer sienta por sí misma y que sea persona. Y cada vez es más pequeña y más insignificante frente a él. O eso le hace saber él. La mujer no vale. Y lo hace hablando única y exclusivamente de él. Sólo existe él y sólo puede sentir a través de él. Porque está muerto y necesita recordarle al mundo constantemente que está vivo, o que quiere estarlo. Y cuando ya a esa mujer le han salido “callos” de escuchar su monólogo sobre su monotema, entonces le reprocha que no habla, que no interviene y se lamenta de su “soledad”. Pero lo impide. Y bajo la aparente contradicción, toda una serie de asaltos para tirar abajo su autoestima.
Niega la personalidad. de su pareja. Su vida, pensamientos y sentimientos no existen. No tienen cabida en la relación. Son de mal gusto. Los suyos no. Va dejando caer sutil o directamente su escasa valía, su ingenuidad y poca inteligencia, y capacidad para desenvolverse. Nunca con tales palabras. Solo aseveraciones e interrupciones. Incluso sugerencias envenenadas. A su lado pierde todo. Sólo él “brilla”. Ella y los suyos son restos de feria. De segunda y tercera categoría. Únicamente él sabe lo que es la vida y cómo disfrutarla, y ella nunca será capaz de hacer nada sin él, ni por supuesto comparable a él. (Diálogo machacón: él, él, siempre él…!).
Jamás asegura su cariño o sus sentimientos hacia ella. Su calor pende de un hilo muy frágil que en cualquier momento puede “cargar” si da un paso en falso. El ambiente se carga de tensión y angustia. Sus movimientos se limitan, tiene miedo a equivocarte en cualquier cosa, en no gustarle u ofenderle. Y la ansiedad le invade. Nunca está relajada, nunca está cómoda en su presencia, nunca más es ella. No sabe con exactitud por qué, pero está nerviosa día y noche. No puede ni comer. ¿Fallará hoy?¿Lé dejará si hace esto o aquello?¿Puede hablar de esto con él?
Le niega su apoyo. Nunca tajantemente, pero le da contra un muro. Bajo apariencia de despreocupación, de relatividad de las cosas y de insultante frivolidad, él no está, no le encuentras. Se esconde. Porque su vida tiene que girar en torno a él y sólo a él. Su vida no debería tener sentido si no es con él. Ella no tienes problemas. Sólo él. Ella no tienes vida. Sólo él.
De ese relativo cariño, voluble y lábil, pasa al rechazo, en toda la extensión de la palabra y su significado. A la negación como pareja. Teme darse y mostrarse porque teme no ser lo suficiente bueno, porque sabe que no lo es. Y se deja. Es la mujer quien lo pone y lo da todo. Pero nunca es suficiente, porque siempre puede ser mejor. Porque no es suficientemente especial para entenderle y estar a la altura de sus circunstancias y grandezas. O simplemente le demuestra desprecio o asco. Simplemente no vales nada. Cualquiera podría ser mejor que ella. Así las amenazas de infidelidad (o las probadas) quedan justificadas. Siempre por su culpa. Él no quiere, pero no es capaz de hacerle feliz. Porque no accede a todos sus deseos y demandas. Aunque sabe que daría igual. Nunca tiene suficiente. Siempre está por encima.
Cuando le ha negado como pareja, como compañera y ha bombardeado sistemáticamente su autoestima (sutilmente pero sin contemplaciones: hoy no pero mañana sí, hoy le sobra pero mañana la echa de menos, hoy le da risa pero mañana tiene sentimientos…), cuando la humillación ha alcanzado cotas suficientes para él, cuando se ha regocijado en su sufrimiento diario…prepara la escena. Monta el espectáculo. Tiene al actor principal, el decorado y multitud de desencuentros y vejaciones que han colmado su paciencia. Nunca es directo. Nunca reconoce un error o un daño, porque él nunca se equivoca. Nunca palabras subidas de tono que le descubran, si se enfada la culpable también es de ella. ¿La excusa? Cualquiera. Provoca que sea ella quien de el paso, una vez más la culpable. Cualquier motivo sirve: hablar claramente (cosa que él siempre evita), robarle protagonismo ante los demás (ante SU público) o simplemente ser mejor que él aunque sea sin quererlo.
Y un día desparece, sin más. le niega, por último, como persona en sí. “No hay mayor desprecio que no hacer aprecio”. Sin más explicación. Porque no vale nada, y no merece ni un por qué. Las explicaciones vuelven a ser de mal gusto. Desaparece, le desprecia, le humilla y le escupe en forma de negación rotunda. Ese desprecio que siente por la vida de cualquiera (ya no sólo por la de su víctima) no tiene parangón. Porque en definitiva no quiere, no sabe amar, a veces ni a él mismo. Y se siente impotente y frustrado ante su propia insensibilidad. Pero quiere, necesita ser amado. No soporta ser ignorado. Y ante esto cree que la única manera es causar lágrimas y dolor. Es lo único que sabe despertar en los demás.
Esto es maltrato psicológico.

Sí algun día
“Si algún día nos cruzamos
no respondas, ni hagas caso
a los subtítulos que bajo mi sonrisa sabes ver,
yo te diré que voy tirando
negaré que estoy llorando
te diré que el tiempo todo lo curó
En realidad nunca te olvido
fuiste mi único camino
tu sonrisa un buen motivo
para ser alguien mejor,
y aunque te cuenten
que me vieron
de princesa en algún cuento
no hace falta que te diga que tan solo cuentos son”

no respondas, ni hagas caso
a los subtítulos que bajo mi sonrisa sabes ver,
yo te diré que voy tirando
negaré que estoy llorando
te diré que el tiempo todo lo curó
En realidad nunca te olvido
fuiste mi único camino
tu sonrisa un buen motivo
para ser alguien mejor,
y aunque te cuenten
que me vieron
de princesa en algún cuento
no hace falta que te diga que tan solo cuentos son”






