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MARIPOSAS EN EL ESTÓMAGO
Acerca de
Soy la indecisión en persona, un mar de dudas, y siempre con la sensación de haber tomado el camino erróneo... pero me lo tomo con filosofía. Me gusta dormir sin despertador y tomarme un té para empezar el día. Me encanta pintarme las uñas, leer el horóscopo y q me salgan pecas con el sol. Me paso el día recortándome el flequillo y observando a la gente. No entiendo q es lo q hago, pero siempre llego tarde a todas partes. No sé q es lo q me espera mañana y empieza a preocuparme...pero el día a día es muy divertido...
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Venus TV
Pues ya estamos aquí de nuevo, recién llegaditas de París cual baguettes humeantes, para descubrir que en nuestra ausencia el invierno ha llegado por fin a Barcelona. Y nos encontramos con la ardua papeleta de encontrar nuevo compañero de piso antes de dos semanas, fecha en la que volveremos a casa por navidad como el turrón.
Y es un verdadero coñazo buscar compañero de piso, sobre todo porque estoy convencida de que ya hemos agotado nuestra dosis de fortuna en las dos últimas ocasiones, en las que la convivencia ha resultado ser una quasi hermandad.
Las dos últimas, porque los primeros meses en Barcelona, conviviendo con Vitor, fueron una pesadilla. Era como vivir con una negra sombra que te asombra. Este chico era un personaje muy habitual en Santiago, absorvido por el nacionalismo, siempre en círculos políticos y sólo interesado en hablar de política. Y conmigo, como podeis suponer, pues no tenía mucho de que hablar. Aún recuerdo la cara que puso el día que estrené mis preciosas botitas doradas.
Vitor era tartamudo, salvo cuando hablaba de política, que le brillaban esos ojillos saltones que tenía. Vitor era un personaje sin igual, que se había venido a Barcelona medio exiliado, medio repudiado por esos que consideraba sus amigos. Decidió venirse porque de aquella se había echado una novieta catalana y se lió la manta a la cabeza y pidió la Séneca, como nosotras. Con tan mala suerte, que como todos sabemos la burocracia va lenta y en la universidad de Santiago mucho más, con lo que cuando se resolvió todo el papeleo ya esa novieta lo había dejado y se había echado una santiaguesa que según él se parecía a Ornella Mutti (me guardo mis comentarios porque la pobre chica no tiene más culpa que haberse enamorado de ese elemento).
Pues Vitor, vegetariano pero practicante de pesca deportiva, pasaba sus días sin nada que hacer, salvo sacarnos de quicio. Pese a lo semisabático que fue mi primer año en Barcelona los primeros meses yo tenía que madrugar para ir a las clases de catalán a las que nos toca ir a todos los que nos mudamos a este país y todos, absolutamente todos los días llegaba tarde porque Vítor tenía el baño ocupado. Total, que se duchaba con toda la parsimonia del mundo y ya estaba listo para papar moscas hasta ir a clase por la tarde, su actividad diaria.
Vitor hacía muchísimo ruído al comer, y no exagero. Tanto que cuando su cena vegetariana consistía en leche con galletas y no en un bocata de patatas fritas y chocolate, como solía, yo tenía que irme a mi cuarto para no oirle sorber de aquella manera. Sólo de pensarlo se me ponen los pelos de punta.
Le gustaba dibujar, y la verdad es que no lo hacía mal. Cada día había dibujos nuevos colgados en su habitación que yo iba rápidamente a curiosear, sobre todo cuando entramos en la etapa de los autoretratos. Dibujaba escenas eróticas en playas y lugares varios, abrazado a una chica. La verdad es que él estaba muy logrado, pero mi sorpresa fue mayúscula un día, al ir a ver los dibujos, cuando descubrí que a los pequeños alter-ego de Vitor de un día para otro les habían salido órganos sexuales, y menudos, oiga. Siempre pensé que ese día Vítor tenía en su agenda "no olvidar ponerle polla a los dibujos". Que menudo susto me llevé, pero en cuanto me recuperé organizaba visitas clandestinas a su cuarto para ver los dibujos, con mucho éxito entre mis amigas.
Pero un día llegó a casa diciéndonos que se volvía a Galicia. Que en Barcelona, allí donde se fue a cursar una especialidad matemática que en Santiago no había, en tres meses ya se lo habían enseñado todo. Que estaba a punto de entrar en un grupo como guitarrista (cosa que me asombró sobremanera, ya que todos los días le oía practicar con su guitarra un continuo "tin-tin-tin" suavecico) y a colaborar en una radio independiente, no fuéramos a pensar que era porque no se integraba, no. Y por su novia tampoco era, cómo podiamos decir eso.
Lo único que sé es que esa noche, cuando entré en el baño y encontré a Sabe lavándose los dientes, las dos nos sonreimos a través del espejo.
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Comentario:
Jajaja, autorretratos con pollas. Es que me da la risa y no paro.

Desde luego, convivir es complicado y cuando lo haces con gente así, acabas haciendo una montaña de cada una de esas pequeñas peculiaridades que al principio te resultan chocantes y día tras día acaban sacándote de quicio.

Haced un casting la próxima vez.
 
Comentario:
Lo de los auto-retratos a los que de pronto les salen pollas es una historia que nunca me cansaré de oír. Nunca olvidaré la imagen de Vitor (que no Victor) ondeando una bandera nacionalista gigante, que ya quisiera la de España de Colón, en medio de la zona vieja a las tres de la mañana, mientras yo hacía cola para comprarme un bocadillo. ¡Vitor Couceiro, patriota galego! (ya sé que no era Couceiro, pero es lo único que se me ocurre ahora que rime)
 
Comentario:
pillaros un desconocido esta vez, aunque creo que vuestros chatungos problemas son con los chicos, las formas y modos son tan distintos?
No