La mierda cambia de lugar
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Me sigo mordiendo las uñas con el mismo desquicie que gastaba en la niñez. Corro el riesgo de llegar al hueso, pero pienso en la neblina absurda y funesta que embadurna todo y muerdo, masco y machaco mis dedos. Sé de sobra que el seguro no me cubrirá los gastos de una prótesis nueva de plástico o acero inoxidable, pero no lo pienso, me entrego primero a la infección.
Hace tiempo dejé de acariciar la televisión, de mirarla con aprecio, de prestarla la atención como miembro más que es de la familia. Son escombros de un vertedero de extrarradio, y aunque la poesía en ocasiones se abraza a la impureza de la basura más sucia, ésta no posee –ni poseerá- el gusto de colindar, y mucho menos, bailar con ella. Pensaba que todo era inventado e interpretado en un plató hecho reality show con realidad falseada, pero… no creía llegar a estos extremos. Y es que cuando enciendes el botón, saliente y desgastado de apretar, sólo verás un habituado hecho vacilante y monotemático en todas las cadenas del país, para posteriormente quemarlo y empezar a prender otro… y comenzar a forjar las brasas.
Los besos falsos, las sonrisas forzadas, las informaciones dudosas, los días convertidos en noches, sueldos caros y floreros hechos azafatas usando ropa que tapa exclusivamente sus vergüenzas. De todos es sabido que el corazón se aferra a lo perdido, que los labios urgentes no quieren después soltar dos besos pausados, que todo es falso y deprisa. El tiempo es oro en televisión, como si un panadero no tuviese horarios que seguir y se quedase a echar horas por amor al arte de elevación de la levadura al contacto con el calor. Me revienta la importancia que se le da al medio, la seriedad que se le otorga a un programa de entretenimiento y lo medido que está cada milímetro, segundo, palabra y rizos de las presentadoras de telediario o telemagazine; porque no las diferencio, ninguna me da la credibilidad precisa tras un objetivo acoplado a una montura pagada por la mirada de la sociedad con déficit de personalidad.
Sobra decir lo alto que estamos pagando esta liberación del medio digital (debería decir de comunicación, pero es lo que menos hace, comunicar), quién iba a decir a mi generación que Topo Gigio era un salido por andar entre los pechos de la oxigenada Xuxa, que Bésame Licia era una cursilada idealista por tratarse de una animación manga con protagonistas que se amaban y que Willy Fog no podría emprender hoy día su viaje puesto que sólo está bien visto viajar en primera pagando unos precios desorbitados no al alcance de todos.
No cambian las épocas, los que cambiamos somos nosotros, los que estamos y los que están por venir. Espero que dentro de unos años, cuando se apague este volcán que nos calcina, tengamos otra visión de lo que ahora denominamos mierda, o por lo menos, las moscas ya no ronden y el olor empiece a cesar… o cambie de lugar.
Comentario:
Por suerte, con esta calidad televisiva, ese medio tiene los días contados... tic, tac... tic, tac... tic, tac... lo peor es que la television solo es el FIEL reflejo de TODO lo demás...
Comentario:
Lo de las uñas, es algo que también me aquejo, tanto que dolia escribir..el tiempo me lo curo, aunque a veces mis dientes sientes la misma pasión por mis uñas...:p
Y que no me digan que topo era un salido hay que ver!!! Ya si me dicen que Candy era una facilona...me da algo eh...;)
Y por lo demás...tienes razón, las cosas, emociones no son los que cambian sino nosotros...y a veces no es malo.
Un abrazo de domingo!!
Y que no me digan que topo era un salido hay que ver!!! Ya si me dicen que Candy era una facilona...me da algo eh...;)
Y por lo demás...tienes razón, las cosas, emociones no son los que cambian sino nosotros...y a veces no es malo.
Un abrazo de domingo!!






