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Confusión Individual
...no tiene porqué doler...
Acerca de
No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente. La gran... Virginia Woolf
Sindicación
 
Sin gusto por conocerles
Y un día más. Restregando mi cuerpo por la calle Preciados. Desapreciados, esquivados y amargados. La mierda de la calle se codea con la hipocresía de Madrid. Frío, noto frío en pleno mes de Julio. Treinta y nueve grados que se convierten en bajo cero solo viendo caras. Y caras, y más caras. Hartos de ver caras. Algunas de ellas rancias. La mayoría, incluida la mía propia.
Como una puta barata que se vende por sucio dinero. Yo me vendo igual. Vendo algo en lo que ni siquiera creo. Cuento cuentos que ni siquiera yo me creo. Pero igual que las putas, yo vendo y me vendo.
A Sara le separan escasos 25 metros de la “casa” de la “loca de Preciados”. La mirada de la gente se torna al ver a una loca chillando a pulmón abierto sus desgracias a los transeúntes. Luego se topan con Sara y piensan que pertenece al mismo clan. Sara pasa. Y al igual que nos desprecian, despreciamos.
La educación no brilla, simplemente está ausente. Posiblemente esté de cañas en el bar cercano, que podría citarlo, pero no quiero; para eso me tienen que invitar a algo.
La hora de cierre tendría que ser aliviadora. Pero normalmente no lo es. Terminar la jornada y ver que no has cumplido me hace sentir inútil. Cosa que me da profundamente rabia, puesto que me tendría que “resbalar” como me aconsejan. Pero es algo que no puedo evitar. A veces, quiero quedarme más. Pero no precisamente por gusto.
Las negaciones vienen acompañadas de una calurosa ráfaga de calor. Las lonas atadas a los edificios de la calle no ayudan. Y tampoco ayudan los sofocones de los madrileños estresados y con prisas, aún siendo verano.
Me dan envidia los empleados de la Fnac, el empleado que hace de cartel humano anunciando comprar oro, hasta me da envidia la propia “loca de Preciados”.
Es hora de sacar el orgullo de barrio pero la calle hierve a 39 grados.
Desear ser piedra, para no ser rechazada. Desear ser niebla, para no ser mirada. Pero no queda otra, tengo que llamarlos. Desearía no tener que hacerlo.
Odio, odio, odio. Nota mi puño cerrado con fuerza, mordiéndome la lengua y contando hasta diez mientras menciono ésta palabra. Pero el orgullo me puede. La mala educación sale del armario al ver maleducados.
La calle hierve, al igual que mis nervios. Éstos se disparan con la furia. La furia que tienta al odio. El odio me tienta a mí.
Odio a la gente. Menos a ti, por haber llegado hasta aquí.

Gracias.
No