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Confusión Individual
...no tiene porqué doler...
Acerca de
No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente. La gran... Virginia Woolf
Sindicación
 
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Aterrizaje forzoso en una ciudad de dios sin obligación de ir a comulgar. Oposiciones y movilizaciones que se estancan al no ceder ninguna de las dos partes. En esas leyes se basan los proyectos para el nuevo año sin paz aparente ni ganas por aparecer.
Propósitos que, de antemano saben ellos, no serán cumplidos. Proyectos de emisión de gentes con rasgos en rostros y pieles, países extraños, condiciones insalubres, tendencia a la marginación y guetos. Así es la vida en la gran ciudad desayunando disparates vendidos en escaparates de cristal reluciente. Trasfiriendo noticias de reformas en calles irreconocibles y cortadas al paso humano. Obras y reformas que perdonas porque no te queda otra, aunque asumes que muchas ni hacen falta y van a endeudar la comunidad de la que dicen que formas parte.
Poco campo, poco saldo y poco rango.
Alcaldes que manchan calles y embadurnan de polvo nuestros cristales. Industrias que no conformándose con ensuciar paredes escupen saliva tóxica durmiendo tranquilas en sus camas de agua purificada. Sin interrupciones de sinusitis, durmiendo del tirón.
Tribus urbanas culturizando calles y plazas, siendo penadas y condenadas a vivir en clandestinidad. En el argot de los baldosines que pisan lo llaman arte, mal visto y peor tratado.
Cerrando bares y Plazas con arte. Cerrando emisoras pelás´ pero con demasiada dignidad. Porque cuando no se saca dinero no vale la pena mantener cultura abierta en un país movido por la pasta fresca, de “gallinas” pero sin el Gallo. Que todos sabemos que quien no tiene sólo quiere para comer; pero quien caga dinero a raudales mata por cagar más.
Derroche de humildad. De tragos derramados en barras que siempre tienen algo que contar. Porque los bares están para hablar, bailar y disfrutar de bebidas frescas en compañía similar. Si cierran bares nos cierran la boca. Avivan las ascuas. Y quisiera gritar, cantar, y vomitar los líquidos con los que relleno mi cuerpo en los bares para así cerrarlos con motivo y mi boca, ahora con excusas que me sirvan.
Puto dinero envenenado. Puta manía de guiarse por él. No es malo guiarse, lo malo es actuar. Y dictar, que aún habiendo pasado treinta años en libertad la dictadura sigue y con ella la censura. Y lo peor de todo esto… es que no tiene mucha pinta de cambiar.
Estupideces contadas en parlamentos y legisladas en constituciones. Limitando horarios de conciertos para después mantener música en garitos vips al mismo volumen. Para no dejar hablar. Sólo bailar y pavonearse al ritmo del cortejo. No interesa más.
La habladuría acongoja, oprime vientres y nubla vistas. Por eso mientras el público esté adormecido ellos comerán y dormirán a gusto.
La cultura no está bien vista. La cultura es un arma arrojadiza que puede llegar a hacer daño de la manera más sutil. Y sutileza es lo que les falta además de formación y cultura, al fin y al cabo un poquito de humanidad. El pececillo –o, mejor dicho, pez gordo- que se muerde los cojones vacíos y que chupa culos de los peces que van delante, así vamos, en bancos marinos oliendo a pescadería turbia sin cumplir las reglas de Sanidad.