Prisas y Derrotas
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Somos tan imperfectos que sólo podemos ser fruto de un cagarro. Lo bien que quedamos cuando no hablamos, ni actuamos, en esos momentos en que se es bebé y nada perturba nuestra diminuta mente, creciendo todas las partes menos ésta.
A veces creo que hasta respirar molesta a quien comparte tu aire, porque se lo quitas. Al igual sucede con el espacio. ¿Por qué seremos tantos? Pero… ¿qué haríamos sino maldecimos al desconocido? Exacto, morder al cercano -y por tanto al predilecto-. Porque da igual cómo o a quién, el caso es vomitar ira y rabia para quedarse a gusto. No estoy de acuerdo con que la mayor proporción en nuestro cuerpo sea de líquidos, por encima esta el odio y la saña.
Se nos va la vida en discutir por "a quién le tocaría" ceder a la mujer en estado el asiento cutre y rígido de un vagón en una estación cualquiera de un Metro sucio cualquiera en plena hora punta, ganamos disgustos y no llegamos a un acuerdo claro porque a uno de los dos contrincantes le llega el turno de apearse.
Corremos a contracorriente y con la gota gorda cayendo por una sien avenada hacia un triste objeto publicitario con la única y razonable explicación: “te lo dan de gratis”. Vejamos y calumniamos al de al lado por mirarte “mal” dos veces seguidas, sin pararte a pensar que quizás esa es simplemente su mirada, y que no le vas a dedicar más tiempo del establecido en ese preciso momento y lugar.
Caminas sin pensar en lo que eres o lo que sientes. Te preocupa más la ropa que lleven los demás, la colonia de aquel que te ha rozado y embriaga el instante en que inspiras, las manos que te empujan para que te apartes y dejes paso a aquellos con más prisa que tú.
Lo de cambiar de aires y caras está de moda; y al acaudalado, cuando le tienden la oportunidad se la amarra a las enaguas y aprieta la soga, poniendo tierra de por medio. Ilusos, creen que la sociedad tiene la culpa de su inestabilidad, conformidad y de su asqueada vida -todavía por aceptar-.
La vida que ves es la que hay, y o intentas cambiarla o terminas por aceptarla y mamas de sus inútiles privilegios. Litigios de placer… mejor para después. Intenta encontrarlo dentro de tu confusa y márfaga piel.
Imagen Megacity de D. Manuel
Iluminajeo

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Hay quien vive esperando que algo/alguien/x le ilumine su camino. Otros no quieren creer en esa teoría pero se les escapan las ansias por los nudillos de las manos.
Se vive pensando en un futuro esclarecedor que dicte sentencia de lo hecho a lo largo de una traumática o linda vida. ¿Y cuándo no hay vida? ¿Y cuándo ésta se ha echado a perder? ¿Quién ilumina a quién? ¿Cuál es la luz iluminadora del futuro? ¿Quién concede luz y más tiempo para acabar lo empezado?
Qué pena guiarse por granitos de luz, y qué tristeza aquel que deja de creer en ellos, aquellos que un día remoto lo hicieron.
Mirar el calendario y no leer anotaciones. Aguantar, del tirón, el nudo que estruja el estómago y más tarde tener la entereza de rellenar una nevera que necesita de urgente arropo. Y no contar con lo necesario para lujos ni caprichos, éstos que tanto piden en casa. ¿Cómo explicarlo a unos niños, pidiendo una paga semanal, anudados al descosido de unos viejos pantalones? ¿Quién nos prepara en la vida para asumir el más rotundo fracaso?
En esta vida, por desgracia, nadie está libre de desgracias, sino… ¿Qué emoción tendría este teatro sin guión? No, si el/la/lo/x que inventó el vivir se nota que no sufrió en sus carnes la cólera, sino, gastaría de sentimientos.
Los dudosos seres que pasean con cabeza alta pisando a los tirados en las calles no saben lo que es el fracaso. ¿O sí? Está bien visto televisar un telemaratón pro-vida de los pobres y compadecerse humildemente porque encoge corazones, pero agarrar el bolso cuando hacen su paseo de gala por una calle repleta de hombres mutilados a los que les tiran céntimos como pan a los patos del Retiro, es distinto, “ya es excusable”. ¿Y qué creen? ¿Creen que les van a robar? ¿La mano que le falta al manco le agarrará el bolso? ¿El muñón que cae por la extremidad tendrá la fuerza suficiente como para arrancarle el collar de perlas herencia de su puta madre?
Qué obsesión con la delincuencia. Éste sería un buen tema para analizar en laboratorio con mujeres, masticando histeria, utilizadas como cobayas. ¿Será una perturbación de que alguien les vigila? ¿Esquizofrenia? O tal vez una necesidad de ¿protagonismo?, de sentirse el personaje principal en constante amenaza. La protagonista de una peli serie B con una mierda de argumento patrañoso adulzado con emoción por ellas mismas.
Nada tiene sentido, y lo sentido... pasa factura

Corro con sacos de arena en los tobillos. Y caigo, y caigo, y caigo, caigo, caig… caí.
Me delato en cada mirada, en cada suspiro, en cada ladrido que suelto en descontrol. El enamorado agarraría mis descuidos, y se aferraría a ellos como el abogado defensor.
Esta es una historia de lápiz sin punta, de plato vacío, de herida abierta sin cura.
Soy un parásito depositado en basura. Absorbo lo que me puedan dar. Y yo acepto, que para eso soy el mejor de los parásitos. Parca en escrúpulos, no me quejo del olor, ni delato a los demás bacilos, ni esquivo la suciedad. ¿Sería lógico formando parte de ella?
Miro la luz y la descubro. Ella se proyecta en mí. Me abriga y me baña sin pedírselo, pero luego me pasa la factura. Me dejo las horas muertas arropándome con sus baños de luz sin dejar penetrar a las sombras. Y cuanto más pasan las horas más feliz es. Las horas pasan factura. La luz es una puta y nadie la critica, porque es necesaria. Pero la fulana que ejerce en calle, si es una puta guarra porque jode con los maridos. Eso siempre se sabe, quien gasta de maridos, gastará de cuernos. Folla con el marido y así no joderá con otras. Entonces no maldecirás a una puta, ni a tu marido, ni a la factura de la luz.
Dejo las horas y dejo mi culo a la perdición. Un culo soportando un cuerpo flácido y sórdido de cintura para arriba, cede a la ley de la gravedad. Le perdono, la acusación fue dura y la sentencia no pillaba a nadie de improviso.
Culo abrumado y tobillos soportando peso. Las partes están sentenciadas. ¿Acaso son felices? Nadie puede contestar por ellas, ni siquiera yo. Sangre de mi sangre. Partes de mi todo. ¿En serio el Todo es la suma de las Partes? ¿Cuándo dejará de pasar lo trascendente por debajo de mis dedos? ¿Cuándo deja uno de perderse para acabar perdido?





