Confusión Individual
...no tiene porqué doler...
Acerca de
No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente. La gran... Virginia Woolf
Sindicación
 
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Hubiera preferido vestirme de chulapo
Hubiera sentido el poder de los músculos
De vivir a expensas y cazar en colectivo
De practicar la tauromaquia, jugar en colchonetas…
No mancharme de barro, con la carne tersa y caduca.
Veinte años de roces en la vida, de daños…
Rodillas sucias y corazón duro en mollera
De calles, cabañas y cigarros de papel sin prender
Niña de colores marcados por el Sol de cuatro estaciones
De ropa rasgada y berretes de helado fundido al Sol..
Sin quitarme lo bailao, disfruto de su recuerdo.
Con el paso de los años, tiro de repasos y prendo
Las calles, el calor dentro de nuevas cabañas y los cigarros…
De diferente chocolate y ya no sólo de papel.
Ningún reproche yo haría a las angustias, a los sobros…
A los sobros, como a los vicios, solo hay que acicalarlos,
Solo hay que saberlos mecer.


Es muy jodido tomar decisiones, por muy banales que sean, por muy simple que sea una… Cada día, con cada grano de arena, las cosas se piensan más, o pensar no es quizá la palabra para alguien que no lo hace a menudo, mejor “las cosas se llevan de diferente manera” cuando el mundo se deja de ver en colores de circo, para verlo negro -que no negativo-.
Este rincón pide un descanso, ya no acepta cualquier burrada, ni cualquier insensatez… me lo pone difícil para darlo color, ni con la inmesurable lucidez de Berlín en septiembre. Y es que como decía Michi Panero… “en la vida se puede ser todo menos coñazo”. Me aplico el cuento; eso sí, éste no me impide leeros.

A falta de poder utilizar la página para subir canciones, tiro de rucursos alternativos... aquí
 
Se tiende a no apreciar lo que no tiene precio

Estoy harta de ver buitres con talonarios. Esperando presas de forma indirecta, o sin reparo de forma explícita como hace el empleado de funeraria en la planta de un hospital en las últimas. Indagando, acechando y adentrándose en la mierda cuando creen olerla.
Todo se deja firmado antes de la muerte, por si acaso no se responde. Inteligentes son, descubriendo que los muertos no hablan ni se rebelan, y por suerte para sus almas, tampoco sienten.
El valor que se le adjudica al papel es el valor que nos adjudicamos. Todo tiene un precio que hay que pagar. Poco vale el desmejorado, y algo más el repeinado. Pero nada vale nada, si se le pone precio. Prefiero el mercado negro, una alternativa más, a comprar y vender unas armas que, por moda, no conviene ofrecer a la vista.
Desafortunadamente, lo ganado/robado del millonario pasará a otras manos sucias, como el mechero, la pelota de playa o el beso. De mano en mano y de boca en boca… perdiendo valor. Nada poseemos realmente, solo lo que pisas en ese momento, lo que coges con tus manos, lo que haces… Pero nos movemos, las manos palpan cien mil cosas al día y todo lo que haces se desvanece tarde o temprano. Quizá no seamos tan importantes, cuando sólo estamos de paso.
 
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KENNAMORE STREET

Yo quiero que tú sufras lo que sufro:
aprenderé a rezar para lograrlo.

Yo quiero que te sientas tan inútil
como un vaso sin whisky entre las manos;
que sientas en el pecho el corazón
como si fuera el de otro y te doliese.

Yo quiero que te asomes a cada hora
como un preso aferrado a su ventana
y que sean las piedras de la calle
el único paisaje de tus ojos.

Yo deseo tu muerte donde estés.
Aprenderé a rezar para lograrlo.


Jose María Fonollosa

Si quereis oirla adaptada por Albert Pla, pinchad aquí
 
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Aterrizaje forzoso en una ciudad de dios sin obligación de ir a comulgar. Oposiciones y movilizaciones que se estancan al no ceder ninguna de las dos partes. En esas leyes se basan los proyectos para el nuevo año sin paz aparente ni ganas por aparecer.
Propósitos que, de antemano saben ellos, no serán cumplidos. Proyectos de emisión de gentes con rasgos en rostros y pieles, países extraños, condiciones insalubres, tendencia a la marginación y guetos. Así es la vida en la gran ciudad desayunando disparates vendidos en escaparates de cristal reluciente. Trasfiriendo noticias de reformas en calles irreconocibles y cortadas al paso humano. Obras y reformas que perdonas porque no te queda otra, aunque asumes que muchas ni hacen falta y van a endeudar la comunidad de la que dicen que formas parte.
Poco campo, poco saldo y poco rango.
Alcaldes que manchan calles y embadurnan de polvo nuestros cristales. Industrias que no conformándose con ensuciar paredes escupen saliva tóxica durmiendo tranquilas en sus camas de agua purificada. Sin interrupciones de sinusitis, durmiendo del tirón.
Tribus urbanas culturizando calles y plazas, siendo penadas y condenadas a vivir en clandestinidad. En el argot de los baldosines que pisan lo llaman arte, mal visto y peor tratado.
Cerrando bares y Plazas con arte. Cerrando emisoras pelás´ pero con demasiada dignidad. Porque cuando no se saca dinero no vale la pena mantener cultura abierta en un país movido por la pasta fresca, de “gallinas” pero sin el Gallo. Que todos sabemos que quien no tiene sólo quiere para comer; pero quien caga dinero a raudales mata por cagar más.
Derroche de humildad. De tragos derramados en barras que siempre tienen algo que contar. Porque los bares están para hablar, bailar y disfrutar de bebidas frescas en compañía similar. Si cierran bares nos cierran la boca. Avivan las ascuas. Y quisiera gritar, cantar, y vomitar los líquidos con los que relleno mi cuerpo en los bares para así cerrarlos con motivo y mi boca, ahora con excusas que me sirvan.
Puto dinero envenenado. Puta manía de guiarse por él. No es malo guiarse, lo malo es actuar. Y dictar, que aún habiendo pasado treinta años en libertad la dictadura sigue y con ella la censura. Y lo peor de todo esto… es que no tiene mucha pinta de cambiar.
Estupideces contadas en parlamentos y legisladas en constituciones. Limitando horarios de conciertos para después mantener música en garitos vips al mismo volumen. Para no dejar hablar. Sólo bailar y pavonearse al ritmo del cortejo. No interesa más.
La habladuría acongoja, oprime vientres y nubla vistas. Por eso mientras el público esté adormecido ellos comerán y dormirán a gusto.
La cultura no está bien vista. La cultura es un arma arrojadiza que puede llegar a hacer daño de la manera más sutil. Y sutileza es lo que les falta además de formación y cultura, al fin y al cabo un poquito de humanidad. El pececillo –o, mejor dicho, pez gordo- que se muerde los cojones vacíos y que chupa culos de los peces que van delante, así vamos, en bancos marinos oliendo a pescadería turbia sin cumplir las reglas de Sanidad.
 
El tiempo no me espera

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Apostando serio y fuerte,
En la primera tanda me tocó la vida.
Los árbitros aportaron su rutina
Y eran las venas quiénes portaban la suerte.

Y bolas, y más bolas repletas de mierda
Embadurnando de sí la enmoquetada mesa…
Los números al azar, y las manos…
Las manos compradas y espesas.

Todo el valor al postor más potente
Que los débiles ni siquiera gastan fuerzas
Para escupir, sonreír, llorar u oponerse.
Las miserias se idean veloces en cada era.

Laberintos de poder, de wisky caro…
Semejantes perdedores, vulnerables adictos…
Octogenarios negociantes con puro habano
Sala incubadora de dolor, de destrezas desbocadas en ríos
De alcohol y regencias de peces gordos.

Paga mi fianza, apuesta por mi número
Tira tu dinero, tira la copa y mancha la mesa…
¿Mi rastro? Lo apuesto, no pierdo nada, y ni me esmero…
¿Quién nunca pierde? El que apuesta por el tiempo.