Sálvese quien pueda...
Puedo volver
puedo callar
puedo forzar la realidad...
Y vuelvo, porque escribir es una terapia para mi castigado cerebro. Porque no escribo para ti que me lees y, sin embargo, estas letras pierden sentido si son sólo mías. Vuelvo, y escribo y plasmo en cada frase mi rabia contenida, mis ganas de volar, los puños vacíos, demasiadas orillas y pocos horizontes...
Puedo callar... pero prefiero hablar, decir, sentir, vivir en voz alta. Porque los silencios más hirientes los encontré siempre en miradas, porque los ojos duelen más que las palabras. Y mi garganta se quema cuando calla, y se transforma en una hoguera donde se consumen los te quiero, los quédate, los vete a la mierda, los olvídame...
Puedo doler
Puedo arrasar
Puedo sentir que no doy mas...
Y sé que a veces duelo, daño, hiero... y quizá es inevitable, pero aún así quiero pararlo, controlarlo. Decir lo siento, alejarme. Volver mi tacto suave, sincero. Limpiarte el llanto..., ese que no se ve, ese que no moja pero que se clava, palpita y araña. También sé que a veces soy demasiado huracán y nada ni nadie puede cogerme, sujetarme, intentar frenarme... Y no mido las consecuencias, ni pienso. Sólo siento. Y es que aún no he aprendido a pasar de puntillas por la vida...

Puedo escurrir
Puedo pasar
Puedo fingir que me da igual...
Pero rara vez me dará igual, rara vez podré permanecer indiferente a un labio que se ofrece, a una sonrisa amable, al horror de una imagen, a un grito, a un insulto, a una súplica, a un lamento...
Puedo incidir
Puedo escapar
Puedo partirme y negociar la otra mitad...
Y escapo, o al menos lo intento, pero nunca me valió de nada esa "solución". Porque los fantasmas te persiguen allá donde vayas, porque la oscuridad hay que desterrarla, porque si dejas que el dolor se extienda por todo tu cuerpo, terminará pudriéndolo. ¿Hablar? ¿Negociar? Quizá algún día..., sé bien que me gustaría. Partirme...
Puedo romper
Puedo olvidar
Puede comerme la ansiedad...
Romperme el alma, romper con todo, romperte la cara y la vida... hasta el final... Olvidar nunca quien soy ni gracias a quién estoy aquí. En todo caso olvidarte a ti, o a ti, o a todo el egoísmo que trajiste contigo.
Olvidar lo malo, lo desgastado, lo inutil, lo estéril, lo que me encoge el estómago, lo que me apaga. Si, a veces me come la ansiedad, porque el verbo esperar y despesperar van cogidos de la mano. Porque nada tienen que ver conmigo.
Puedo salir
Puedo girar
Puedo ser fácil de engañar...
Salir a bailar, de compras, a tomar café, a pasear, a por el pan, a fumar, a despejarme, a charlar... Girar sobre mí misma, rodeada de una espiral de recuerdos, de luces y sombras, de libros, canciones, besos, zapatos, soles, lunas, presentes, futuros, lágrimas y otros cuentos... No me engañes, no trates de engañarme. Yo... confiaré en ti y es que aún no he aprendido a leer la letra pequeña...
Puedo joder
Puedo encantar
Puedo llamarte sin hablar...
Joderte la vida o quizá sólo un rato. Joderte la boca a besos o adueñarme de tu calendario. Meses, días, horas, minutos, segundos... y me adoras y te encanto. Confusión, contradicción. Ganas de hacerme el amor... Escalofríos, sábanas, sudor, películas, música, porros, tabaco, agua, tu colchón y algo parecido a una escena de dos...
Puede ser que mañana esconda mi voz,
Por hacerlo a mi manera
Hay tanto idiota ahí fuera
Puede ser que haga de la rabia mi flor,
y con ella mi bandera
Sálvese quien pueda...
Hablo de flores, banderas, rabia, idiotas, voces, canciones, maletas, llamadas, intuiciones... y con ello, hablo de ti, o de ti, y también de ti, e incluso a veces, hablo de mí...
Sonando: Sálvese quien pueda - Vetusta Morla
puedo callar
puedo forzar la realidad...
Y vuelvo, porque escribir es una terapia para mi castigado cerebro. Porque no escribo para ti que me lees y, sin embargo, estas letras pierden sentido si son sólo mías. Vuelvo, y escribo y plasmo en cada frase mi rabia contenida, mis ganas de volar, los puños vacíos, demasiadas orillas y pocos horizontes...
Puedo callar... pero prefiero hablar, decir, sentir, vivir en voz alta. Porque los silencios más hirientes los encontré siempre en miradas, porque los ojos duelen más que las palabras. Y mi garganta se quema cuando calla, y se transforma en una hoguera donde se consumen los te quiero, los quédate, los vete a la mierda, los olvídame...
Puedo doler
Puedo arrasar
Puedo sentir que no doy mas...
Y sé que a veces duelo, daño, hiero... y quizá es inevitable, pero aún así quiero pararlo, controlarlo. Decir lo siento, alejarme. Volver mi tacto suave, sincero. Limpiarte el llanto..., ese que no se ve, ese que no moja pero que se clava, palpita y araña. También sé que a veces soy demasiado huracán y nada ni nadie puede cogerme, sujetarme, intentar frenarme... Y no mido las consecuencias, ni pienso. Sólo siento. Y es que aún no he aprendido a pasar de puntillas por la vida...

Puedo escurrir
Puedo pasar
Puedo fingir que me da igual...
Pero rara vez me dará igual, rara vez podré permanecer indiferente a un labio que se ofrece, a una sonrisa amable, al horror de una imagen, a un grito, a un insulto, a una súplica, a un lamento...
Puedo incidir
Puedo escapar
Puedo partirme y negociar la otra mitad...
Y escapo, o al menos lo intento, pero nunca me valió de nada esa "solución". Porque los fantasmas te persiguen allá donde vayas, porque la oscuridad hay que desterrarla, porque si dejas que el dolor se extienda por todo tu cuerpo, terminará pudriéndolo. ¿Hablar? ¿Negociar? Quizá algún día..., sé bien que me gustaría. Partirme...
Puedo romper
Puedo olvidar
Puede comerme la ansiedad...
Romperme el alma, romper con todo, romperte la cara y la vida... hasta el final... Olvidar nunca quien soy ni gracias a quién estoy aquí. En todo caso olvidarte a ti, o a ti, o a todo el egoísmo que trajiste contigo.
Olvidar lo malo, lo desgastado, lo inutil, lo estéril, lo que me encoge el estómago, lo que me apaga. Si, a veces me come la ansiedad, porque el verbo esperar y despesperar van cogidos de la mano. Porque nada tienen que ver conmigo.
Puedo salir
Puedo girar
Puedo ser fácil de engañar...
Salir a bailar, de compras, a tomar café, a pasear, a por el pan, a fumar, a despejarme, a charlar... Girar sobre mí misma, rodeada de una espiral de recuerdos, de luces y sombras, de libros, canciones, besos, zapatos, soles, lunas, presentes, futuros, lágrimas y otros cuentos... No me engañes, no trates de engañarme. Yo... confiaré en ti y es que aún no he aprendido a leer la letra pequeña...
Puedo joder
Puedo encantar
Puedo llamarte sin hablar...
Joderte la vida o quizá sólo un rato. Joderte la boca a besos o adueñarme de tu calendario. Meses, días, horas, minutos, segundos... y me adoras y te encanto. Confusión, contradicción. Ganas de hacerme el amor... Escalofríos, sábanas, sudor, películas, música, porros, tabaco, agua, tu colchón y algo parecido a una escena de dos...
Puede ser que mañana esconda mi voz,
Por hacerlo a mi manera
Hay tanto idiota ahí fuera
Puede ser que haga de la rabia mi flor,
y con ella mi bandera
Sálvese quien pueda...
Hablo de flores, banderas, rabia, idiotas, voces, canciones, maletas, llamadas, intuiciones... y con ello, hablo de ti, o de ti, y también de ti, e incluso a veces, hablo de mí...
Sonando: Sálvese quien pueda - Vetusta Morla
U make it happen...
You make it happen..., es el eslogan de un anuncio de tv, una idea fresca, ímpetu para que te creas el dueño de tu vida, para que pienses que puedes cambiar lo que se te venga en gana cuando se te venga en gana... Intento contagiarme de esa actitud, intento dejarme engañar..., hoy lo necesito. La depre post vacacional se ha instalado en mi sonrisa y no la deja estirarse demasiado, me tiene sin ánimo y cuesta arrancar. Tú haces que pase. No sé..., no logro estar de acuerdo. He debido dejarme el optimismo en cualquier bolsillo...
Y ahí, tirada en mi sofá, pienso en lo impredecible de la vida..., y recuerdo...
Una pared, fotos, él siempre sonriendo, una lámina de Jack Vettriano, un armario, un escritorio, más fotos y ropa, ropa tirada por el suelo, nuestra ropa, como un rastro por toda la casa, ropa y besos escondidos debajo de cada prenda, entre cada hilo, cada costura. Ropa y caricias entre sus pliegues. Ropa y ganas, ropa y locura, porque nada tuvo la más mínima coherencia unas horas antes, cuando todo empezó o quizá cuando todo se retomó... un año y medio después de la última vez...

Nunca le pongas fin a nada, nunca des por terminado ni jures ni perjures, porque mientras existan cenizas corres el riesgo de volver a quemarte. Y más si te hablan de viejos tiempos al oído, si te cuentan como el que no quiere la cosa lo mucho que le gustaba besarte, las ganas con las que lo hacía, las ganas que le tientan de hacerlo de nuevo, de volver a ponerte contra la pared, el suelo, esa ventana fría por la que admirar Madrid, esa otra desde la que se colaba el frío de Edimburgo o ese edredón de mi casa donde tantas veces nos perdímos...
No se puede mantener el equilibrio, como cantaban Piratas, si se acerca después de tanto tiempo y te mira a los ojos y te besa el cuello y te invita a dormir con él..., no se puede pensar en nada, ni en mi vida, ni en la suya con su novia, ni en los amigos que bailan a nuestro lado, ajenos al huracán que está a punto de estallar, o quizá más conscientes que nosotros de la fiebre que ya lo invade todo. Y sus palabras: "enrea, despendres sensualidad por cada poro de tu piel..., necesito hacerte el amor, en cualquier sitio y de todas las formas posibles...".
Me gustaría recordarlo todo con mucho más detalle, pero el alcohol y otras sustancias lo difuminaron todo un poco, aún así reconocí el sabor de su lengua, lo jugoso de sus labios y el calor de sus manos. Nada se olvida, nada que te haya marcado, nada que te guste, nada que te haya atado en algún momento a un latido...
Y ahí queda todo. No hay más. No quiero más.
Un recuerdo.
Se suceden los anuncios de televisión, el aire acondicionado encendido, el calor no da tregua en el cuarto piso, y mi verano se pasea por mi cabeza, nostálgico casi, acabándose casi, rápido, fugaz, tranquilo y placentero.
El móvil lleno de mensajes con nombre propio, aunque su nombre precisamente sea el modo en el que menos le llamo. Y mil preguntas y momentos y risas a su lado. Hace días un mail con sabor amargo, hace días que no encuentro muy bien mi camino... Así que desconecto. No quiero pensar. Prefiero dejar que las cosas sigan su curso, prefiero pensar que todo pasa por algo y que su mirada aún tiene cosas que decirme...
Cuando no quedan palabras, hablan los ojos.
Siempre.
Una maleta semi deshecha, desorden, un cenicero con un par de colillas Malboro Light, mecheros, un ipod, un libro, revistas, cojines, un póster y mis pies desnudos, jugando uno con el otro, los observo como si no fueran míos, como si se movieran por cuenta propia y yo fuera una mera voayer...
Una agenda abierta por la mitad... mañana es uno de septiembre.
Tengo que levantarme de este sofá.
Ya.
Sonando: Billie holiday - Lady sings the blues
Y ahí, tirada en mi sofá, pienso en lo impredecible de la vida..., y recuerdo...
Una pared, fotos, él siempre sonriendo, una lámina de Jack Vettriano, un armario, un escritorio, más fotos y ropa, ropa tirada por el suelo, nuestra ropa, como un rastro por toda la casa, ropa y besos escondidos debajo de cada prenda, entre cada hilo, cada costura. Ropa y caricias entre sus pliegues. Ropa y ganas, ropa y locura, porque nada tuvo la más mínima coherencia unas horas antes, cuando todo empezó o quizá cuando todo se retomó... un año y medio después de la última vez...

Nunca le pongas fin a nada, nunca des por terminado ni jures ni perjures, porque mientras existan cenizas corres el riesgo de volver a quemarte. Y más si te hablan de viejos tiempos al oído, si te cuentan como el que no quiere la cosa lo mucho que le gustaba besarte, las ganas con las que lo hacía, las ganas que le tientan de hacerlo de nuevo, de volver a ponerte contra la pared, el suelo, esa ventana fría por la que admirar Madrid, esa otra desde la que se colaba el frío de Edimburgo o ese edredón de mi casa donde tantas veces nos perdímos...
No se puede mantener el equilibrio, como cantaban Piratas, si se acerca después de tanto tiempo y te mira a los ojos y te besa el cuello y te invita a dormir con él..., no se puede pensar en nada, ni en mi vida, ni en la suya con su novia, ni en los amigos que bailan a nuestro lado, ajenos al huracán que está a punto de estallar, o quizá más conscientes que nosotros de la fiebre que ya lo invade todo. Y sus palabras: "enrea, despendres sensualidad por cada poro de tu piel..., necesito hacerte el amor, en cualquier sitio y de todas las formas posibles...".
Me gustaría recordarlo todo con mucho más detalle, pero el alcohol y otras sustancias lo difuminaron todo un poco, aún así reconocí el sabor de su lengua, lo jugoso de sus labios y el calor de sus manos. Nada se olvida, nada que te haya marcado, nada que te guste, nada que te haya atado en algún momento a un latido...
Y ahí queda todo. No hay más. No quiero más.
Un recuerdo.
Se suceden los anuncios de televisión, el aire acondicionado encendido, el calor no da tregua en el cuarto piso, y mi verano se pasea por mi cabeza, nostálgico casi, acabándose casi, rápido, fugaz, tranquilo y placentero.
El móvil lleno de mensajes con nombre propio, aunque su nombre precisamente sea el modo en el que menos le llamo. Y mil preguntas y momentos y risas a su lado. Hace días un mail con sabor amargo, hace días que no encuentro muy bien mi camino... Así que desconecto. No quiero pensar. Prefiero dejar que las cosas sigan su curso, prefiero pensar que todo pasa por algo y que su mirada aún tiene cosas que decirme...
Cuando no quedan palabras, hablan los ojos.
Siempre.
Una maleta semi deshecha, desorden, un cenicero con un par de colillas Malboro Light, mecheros, un ipod, un libro, revistas, cojines, un póster y mis pies desnudos, jugando uno con el otro, los observo como si no fueran míos, como si se movieran por cuenta propia y yo fuera una mera voayer...
Una agenda abierta por la mitad... mañana es uno de septiembre.
Tengo que levantarme de este sofá.
Ya.
Sonando: Billie holiday - Lady sings the blues