sentidos...
Una noche cualquiera, un local, amigos y una fiesta de los sentidos...
Vista.
Es curioso, no acordarme ni de que existes, de repente verte, y saber que esa noche voy a besarte. Sí, lo supe. Quizá lo leí en tus ojos, o quizá te lo chivaron los míos mientras te hablaba. No lo sé, pero esta vez el presentimiento era sorprendentemente palpable.
Tú sujetabas mi copa, mientras yo te colocaba "esa" chapa en tu chaqueta. Tú bromeabas sobre la maña que nos damos las mujeres para estas cosas. Yo, sabía que antes o después te besaría.
Te lanzaste tú, te dejé hacer, estaba encantada de ver el juego de seducción apenas sospechado, agradablemente disimulado. Ninguna directa, ninguna tangible, sólo sutilezas. Y miradas, por supuesto. Porque me mirabas a los ojos. Como te gusta hacer, como me dijiste, como lo hiciste... durante toda la noche...

Olfato.
-¡Qué bien hueles...!- te digo. Hace rato que lo pienso. Y tú me ofreces tu cuello para que lo compruebe, un poquito más cerca esta vez... Aspiro profundamente. Si, realmente hueles bien, muy bien. Y para cuando quiero darme cuenta tu hipnótico perfume ya está grabado en mi cerebro y causando auténticos estragos en mi cuerpo.
Porque me has acelerado y ahora soy yo la que te ofrece el cuello para que te acerques a olerlo. Vienes, despacio, aprovechando el ruído de la gente, el poco espacio libre del local, la música alta... para dejar apenas unos milímetros entre los dos. Y te acercas a mi piel mientras tu mano se apoya en mi cintura, me rozas con tu nariz, te alejas, sonríes y vuelves... Mmm, pensamos ambos.
Gusto.
Vamos a pedir una copa. Es el mejor momento. Tu olor se ha instalado en mi nariz y ahora ya no quiero que te alejes demasiado. Paso por el baño y antes de salir un breve vistazo en el espejo. Laura, mójate los labios. Ok, estás perfecta. Salgo y ahí estás, en la puerta, esperando.
-¿Nos vamos?- pregunto. Tú me coges las manos, las llevas hasta tu nuca y dices: también podemos quedarnos un rato más aquí. Sonreímos, es inevitable, la situación es muy curiosa, pero mi sonrisa se ahoga en tu boca...
Sabes a ron, te digo, sorprendida por tu sabor fresco, dulzón... -Lo siento-, dices disculpándote porque sabes que no me gusta el ron. Pero aquí, en tu boca, tiene otro sabor.
-Ssshh, calla, me está gustando-, te digo, y me concentro en saborearlo.

Te muerdo los labios, te paso la lengua despacio después, te beso, te disfruto. -¡Qué rico...!- , te digo.
Oído.
Subimos. Todo el mundo está arriba, ajenos a nuestra pequeña película. Pedimos esa copa y nos vamos a bailar. Me encanta sentir la música invadiendo todo mi cuerpo. Se me cuela en la sangre igual que el alcohol, se mezclan, se ríen y me provocan ese estado temporal de absurda alegría, de pequeña euforia...
Tú estás ahí. Apenas a un metro de mí, bailando, hablando, mirándome... De vez en cuando te acercas, me agarras las manos y bailamos... De vez en cuando me acerco, te susurro golfo al oído y te muerdo... De vez en cuando me sorprendes por detrás y sugieres... -vamos a escaparnos otro rato...-
Tacto.
Nos deslizamos ansiosos entre la gente, vamos a nuestro rincón improvisado, corriendo de la mano como dos niñatos, mirando a todos lados. Riendo, sin parar. Y llegamos y me apoyas con fuerza en la pared y no dejas de besarme. Se pierden tus manos en mi espalda y las mías recorren tu vientre duro y perfecto. Me vuelve loca esta sensación y me recreo paseando mis dedos por tus abdominales, firmes, dispuestos... Dibujo tu cintura, subo por tu pecho, llego de nuevo a tu cuello..., qué cuerpo tienes joder...

Sobra toda la ropa y nuestro rincón tiene demasiadas visitas. -Ven, corre- medio susurras y me arrastras hasta el baño. Seguimos sonriéndo, este sí que es un buen sitio. Apenas he tardado un segundo en dejar el bolso y tus manos ya están recorriendo todo mi cuerpo.
Se apaga la luz pero se intensifican nuestras caricias. Y en nuestra semi oscuridad, una pequeña luz roja enfoca directamente la acción... Ahí estás, levantando mi camiseta, descubriendo mi pecho, mojándote los labios, agachando la cabeza, acercando tu lengua... Te observo en silencio, sigo cada paso. Me miras. -Goloso...- te digo. Y con esa luz roja de testigo, hacemos y deshacemos, inventamos, tocamos y sentimos...
Sonando: Put your hands on me. Joss Stone.
Vista.
Es curioso, no acordarme ni de que existes, de repente verte, y saber que esa noche voy a besarte. Sí, lo supe. Quizá lo leí en tus ojos, o quizá te lo chivaron los míos mientras te hablaba. No lo sé, pero esta vez el presentimiento era sorprendentemente palpable.
Tú sujetabas mi copa, mientras yo te colocaba "esa" chapa en tu chaqueta. Tú bromeabas sobre la maña que nos damos las mujeres para estas cosas. Yo, sabía que antes o después te besaría.
Te lanzaste tú, te dejé hacer, estaba encantada de ver el juego de seducción apenas sospechado, agradablemente disimulado. Ninguna directa, ninguna tangible, sólo sutilezas. Y miradas, por supuesto. Porque me mirabas a los ojos. Como te gusta hacer, como me dijiste, como lo hiciste... durante toda la noche...

Olfato.
-¡Qué bien hueles...!- te digo. Hace rato que lo pienso. Y tú me ofreces tu cuello para que lo compruebe, un poquito más cerca esta vez... Aspiro profundamente. Si, realmente hueles bien, muy bien. Y para cuando quiero darme cuenta tu hipnótico perfume ya está grabado en mi cerebro y causando auténticos estragos en mi cuerpo.
Porque me has acelerado y ahora soy yo la que te ofrece el cuello para que te acerques a olerlo. Vienes, despacio, aprovechando el ruído de la gente, el poco espacio libre del local, la música alta... para dejar apenas unos milímetros entre los dos. Y te acercas a mi piel mientras tu mano se apoya en mi cintura, me rozas con tu nariz, te alejas, sonríes y vuelves... Mmm, pensamos ambos.
Gusto.
Vamos a pedir una copa. Es el mejor momento. Tu olor se ha instalado en mi nariz y ahora ya no quiero que te alejes demasiado. Paso por el baño y antes de salir un breve vistazo en el espejo. Laura, mójate los labios. Ok, estás perfecta. Salgo y ahí estás, en la puerta, esperando.
-¿Nos vamos?- pregunto. Tú me coges las manos, las llevas hasta tu nuca y dices: también podemos quedarnos un rato más aquí. Sonreímos, es inevitable, la situación es muy curiosa, pero mi sonrisa se ahoga en tu boca...
Sabes a ron, te digo, sorprendida por tu sabor fresco, dulzón... -Lo siento-, dices disculpándote porque sabes que no me gusta el ron. Pero aquí, en tu boca, tiene otro sabor.
-Ssshh, calla, me está gustando-, te digo, y me concentro en saborearlo.

Te muerdo los labios, te paso la lengua despacio después, te beso, te disfruto. -¡Qué rico...!- , te digo.
Oído.
Subimos. Todo el mundo está arriba, ajenos a nuestra pequeña película. Pedimos esa copa y nos vamos a bailar. Me encanta sentir la música invadiendo todo mi cuerpo. Se me cuela en la sangre igual que el alcohol, se mezclan, se ríen y me provocan ese estado temporal de absurda alegría, de pequeña euforia...
Tú estás ahí. Apenas a un metro de mí, bailando, hablando, mirándome... De vez en cuando te acercas, me agarras las manos y bailamos... De vez en cuando me acerco, te susurro golfo al oído y te muerdo... De vez en cuando me sorprendes por detrás y sugieres... -vamos a escaparnos otro rato...-
Tacto.
Nos deslizamos ansiosos entre la gente, vamos a nuestro rincón improvisado, corriendo de la mano como dos niñatos, mirando a todos lados. Riendo, sin parar. Y llegamos y me apoyas con fuerza en la pared y no dejas de besarme. Se pierden tus manos en mi espalda y las mías recorren tu vientre duro y perfecto. Me vuelve loca esta sensación y me recreo paseando mis dedos por tus abdominales, firmes, dispuestos... Dibujo tu cintura, subo por tu pecho, llego de nuevo a tu cuello..., qué cuerpo tienes joder...

Sobra toda la ropa y nuestro rincón tiene demasiadas visitas. -Ven, corre- medio susurras y me arrastras hasta el baño. Seguimos sonriéndo, este sí que es un buen sitio. Apenas he tardado un segundo en dejar el bolso y tus manos ya están recorriendo todo mi cuerpo.
Se apaga la luz pero se intensifican nuestras caricias. Y en nuestra semi oscuridad, una pequeña luz roja enfoca directamente la acción... Ahí estás, levantando mi camiseta, descubriendo mi pecho, mojándote los labios, agachando la cabeza, acercando tu lengua... Te observo en silencio, sigo cada paso. Me miras. -Goloso...- te digo. Y con esa luz roja de testigo, hacemos y deshacemos, inventamos, tocamos y sentimos...
Sonando: Put your hands on me. Joss Stone.
Play...
Dale al play, suenan los primeros acordes de You know im not good y la voz de Amy Winehouse se desliza por tu oído, suave, despacio, deliciosa, te llena la sangre de ritmo y conquista tu cerebro con esa melodía contagiosa que le nace en la garganta. Mi cuerpo es incapaz de estarse quieto, se mueve, se contonea, marca los latidos de la canción con los hombros y sonríe relajado. Quiero levantarme de la silla, cantar en alto, bailar por toda la oficina..., pero no creo que esta sea la mejor opción :-)
Acabamos de llegar. Estamos estrenando nuevas oficinas y yo soy feliz porque con el cambio me ahorro al día casi una hora y media en transporte público. Ahora sólo tardo una hora, en la que puedo seguir leyendo, observando y escuchando música como siempre... érase una mujer pegada a unos cascos..., érase una chica con una clave de sol en la pupila...

He cambiado La Moraleja por un parque empresarial en Pozuelo de lo más pijo también, pero por ahora se respira el mismo buen ambiente, no hemos aparcado las risas ni los mil planes y tenemos nuevos compañeros que supongo iremos conociendo poco a poco. Más conciertos, más cenas de empresa, más cañas, más cumpleaños... El caso es buscar cualquier excusa para juntarnos y reírnos.
No tengo mucho tiempo para el blog, tampoco nada demasiado interesante que contar o quizá sí pero prefiero guardármelo para mí. Aunque eso sí, tengo las mismas ganas de siempre, la misma vida en las manos y el mismo coraje en los labios. Espero sorpresas, regalos, canciones... y ofrezco besos, sonrisas, abrazos...
Disfruto de diciembre, de su frío, de mi familia y de mi pueblo al que fuí este fin de semana a felicitar a mi madre, lo más grande que hay en este mundo. Disfruto de esta ciudad que adoro. Madrid en Navidad es más bonita aún, se viste de luces, de gente que pasea por Preciados comprando regalos... Me encanta ir a la Plaza Mayor, ver el Belén gigante, comer un bocata de calamares, reirme con el Cortilandia de rigor cual nena de 5 años y esperar ansiosa las vacaciones, las cenas en casa con los míos, Nochebuena, las uvas...
Es tiempo de ilusión, de deseos... ¿has pedido el tuyo?
¡Qué el que gusto dá, placer se lleva!
Sonando: You know im not good. Amy Winehouse.
Acabamos de llegar. Estamos estrenando nuevas oficinas y yo soy feliz porque con el cambio me ahorro al día casi una hora y media en transporte público. Ahora sólo tardo una hora, en la que puedo seguir leyendo, observando y escuchando música como siempre... érase una mujer pegada a unos cascos..., érase una chica con una clave de sol en la pupila...

He cambiado La Moraleja por un parque empresarial en Pozuelo de lo más pijo también, pero por ahora se respira el mismo buen ambiente, no hemos aparcado las risas ni los mil planes y tenemos nuevos compañeros que supongo iremos conociendo poco a poco. Más conciertos, más cenas de empresa, más cañas, más cumpleaños... El caso es buscar cualquier excusa para juntarnos y reírnos.
No tengo mucho tiempo para el blog, tampoco nada demasiado interesante que contar o quizá sí pero prefiero guardármelo para mí. Aunque eso sí, tengo las mismas ganas de siempre, la misma vida en las manos y el mismo coraje en los labios. Espero sorpresas, regalos, canciones... y ofrezco besos, sonrisas, abrazos...
Disfruto de diciembre, de su frío, de mi familia y de mi pueblo al que fuí este fin de semana a felicitar a mi madre, lo más grande que hay en este mundo. Disfruto de esta ciudad que adoro. Madrid en Navidad es más bonita aún, se viste de luces, de gente que pasea por Preciados comprando regalos... Me encanta ir a la Plaza Mayor, ver el Belén gigante, comer un bocata de calamares, reirme con el Cortilandia de rigor cual nena de 5 años y esperar ansiosa las vacaciones, las cenas en casa con los míos, Nochebuena, las uvas...
Es tiempo de ilusión, de deseos... ¿has pedido el tuyo?
¡Qué el que gusto dá, placer se lleva!
Sonando: You know im not good. Amy Winehouse.