Maktub
¿...está escrito...?
Acerca de
"...y entonces fue como si el mundo permaneciese inmóvil porque mi alma se había quedado en silencio".
Sindicación
Archivos
 
Cena para tres [2ª parte]
Subí hasta el cuarto sin ascensor despacio, tomándome mi tiempo, escuchando la última canción y retocándome los labios. Coqueterías de mujer...
Frente a su puerta por fin, toqué el timbre y a los pocos segundos mi mejor sonrisa deseosa de sus ojos azules se encontró otros ojos...

No era Alex el que me invitaba a pasar, pero también tenía ese acento inglés que ya me resultaba hasta familiar. Era un tipo alto, delgado, rematadamente más guapo que Alex y con unos ojos negros que estaban clavados en los míos mientras con una medio sonrisa me decía: tú debes ser Laura, mi primo me ha hablado mucho de ti. Pasa, pasa, él está en la ducha.

Mi cara de póker, mi desconcierto, mi pulso acelerado y mi cabreo absurdo porque el tipo me ponía nerviosa así de entrada, es lo único que logro recordar de ese primer momento.



Rápidamente encendí un pitillo, fruto de mis nervios y de esa mirada que lograba intimidarme cada vez que me repasaba de arriba a abajo, y Bástian, que así se llamaba aquel personaje de ciencia ficción que había aparecido de repente en mi mundo, me contaba que había venido de visita a pasar unos días en Madrid y conocer algunas ciudades más de España, en un español casi perfecto, pero arrastrando las eses y pronunciando despacio cada consonante fuerte como las jotas y las erres a las que dotaba de un sonido hipnótico y dulzón...

Cuando Alex apareció por el salón, recién duchado, radiante, con una camisa blanca y un patalón negro que no le podía sentar mejor, yo ya estaba más relajada y charlaba animadamente con Bástian de todo un poco. Era un tipo bastante simpático, aunque un pelín arrogante y altivo, supongo que era un gen familiar. Gen, que por otro lado a mí me gusta bastante. Siempre me atrajeron los hombres con mucha personalidad, con carácter, seguros de sí mismos, chulos, altivos, fuertes y descarados. Nos pasa a muchas... :-)

Alex se acercó sonriente, me cogió suave por la cintura y me dedicó una sesión de pequeños besos y mordiscos en los labios, ante la mirada atenta de su primo que no se incomodó ni retiró la vista de nosotros, cosa que me extrañó y fuí yo la que se retiró y a la que le subieron los colores de repente...

Bástian se quedó a cenar con nosotros. De hecho la cena la había preparado él. Cantidad de mini platos de comida hindú e inglesa que había aprendido en su tierra y en India, donde estuvo estudiando un par de años. Este chico no dejaba de sorprenderme..., ni de mirarme..., porque no apartó esos ojos negros de mí en toda la cena, mientras se sucedían las copas de vino, las risas y las mil anécdotas que habían compartido el par de primos.

Ayudé a quitar la mesa porque me parecía que ya bastante bien se estaban portando conmigo como para no tener al menos un mínimo gesto, y entre paseo y paseo a la cocina Bástian inventaba cualquier excusa para hacerme sonreír, para tocarme, para rozarse..., un pasillo estrecho, una puerta a medio abrir, un tenedor en el suelo...

Mi deseo por él creo que nació en el mismo momento en que me abrió la puerta y me atravesó con sus ojos negros, pero me parecía demasiado descarado seguirle el juego allí mismo, esa noche, así que me limitaba a sonreirle y mantenerme lo más pegada posible a Alex para dejarle claro que no podía pasar nada, que su primo era mi ligue y no él, aunque parecía importarle poco ese asunto. El colmo fue cuando Alex se fue a la habitación a hablar por teléfono porque tenía una llamada importante.



Bástian se acercó cual encantador de serpientes, cogió mi copa y la llenó de vino para que brindaramos. Por ti, dijo. A lo que respondí sin dejar de sonreir, y por ti. No dejó de mirarme mientras bebía y con los labios aún mojados por el vino se acercó a los míos y me besó... Mi primera reacción fue apartarme, pero él sin siquiera inmutarse mojó sus dedos en mi copa y los pasó por mi boca, mojándome despacio e introduciendo después sus dedos para que los chupara.... Juraría que estaba hipnotizada, porque esta vez sólo fuí capaz de besarle y besarle una vez más.

Recuerdo que Bástian me levantó con suavidad para sentarme en la mesa y que mientras encendía un pitillo iba acariciando mis muslos y subiendo cada vez más mi falda... Yo ya no sabía si tanta excitación la provocaba él o el hecho de que Alex estuviera a sólo unos metros de nosotros ajeno a nuestra improvisada historia de besos, lengua y caricias..., cuando de repente, noté una suave humedad en el cuello...

Era Alex, estaba detrás de mí, respirándome en la nuca, como aquella primera vez que lo conocí. Intenté girarme para buscar la reacción de su cara pero no me dejó. Comenzó a morderme el cuello y deslizar las manos calientes por mi espalda mientras me susurraba: ¿por qué habéis empezado sin mí...? Si llego a saber que por aquí lo estábais pasando tan bien, hubiera colgado antes, y sonrió todo pícaro, como si la situación fuera de lo más normal para él.

Y ahí estaba yo, medio tumbada en una mesa, con unos preciosos ojos azules dibujándome la espalda y otros negros perdiéndose entre mis piernas... Disfrutando del momento más excitante de mi vida, disfrutando de dos cuerpos que ansiaba recorrer, disfrutando de la noche, del vino y de mucha piel...

[Para vuestra información, por desgracia, estos dos post han sido producto de mi perversa imaginación. Lo aclaro porque el resto de mi blog es real como la vida misma y me parecía justo decir la verdad. Es un relato que nació en mi cabeza fruto de mis insanas fiebres y que dejo aquí para vuestro disfrute y entretenimiento, jeje.]

Feliz Noche de Halloween!!!

Sonando: Hijos del Orgasmo. Xhelazz.
 
Cena para tres. [1ª parte]
Cuando colgué el teléfono aquella noche confirmándole a Alex que cenaría con él no pensé que no fuera a ser una cita más..., ni tampoco imaginé que se convertiría en uno de los recuerdos más excitantes que me tocaría guardar.
Ducha, ropa sexy, taconazo, colorete, rimmel, gloss y perfume. Un pañuelo para el cuello, el bolso con el resto de las mil cosas inservibles que llevamos las tias en él y el imprescindible ipod.

Me gusta quedar con Alex. Lo hago desde hace meses y siempre es divertido verle y disfrutarle. Le conocí este verano tomando cañas en la Latina. Fuí a sacar tabaco y la máquina exigía el precio exacto. Al volverme para la barra el camarero estaba bastante ocupado como para cambiarme mis pobres 5 euros así que me puse a buscar en mi super gigante bolso fashion para encontrar un par de monedas de esas pequeñas que siempre ignoramos y que en casos como este tanta falta nos hacen, pero nada. Aparecían todo tipo de cosas menos las monedas que necesitaba. Hasta que, de repente, una mano desconocida se apoyó en la máquina de tabaco justo a mi espalda y con la otra empezó a introducir las monedas, dejándome atrapada entre sus dos brazos y sin poder verle la cara, mientras decía con un acento que no sonaba a nada español: "deberías dejar de fumar, es un vicio muy feo".



Vale que el gesto fuera de cortesía pero nadie le había pedido sus monedas, además qué coño hacía ahí un extraño detrás de mí, sin dejar apenas centímetros entre su boca y mi nuca y aconsejándome sobre mi salud, cosa que no creo que le importase mucho. Cogí el tabaco y me volví con mala leche dispuesta a plantarle cara a aquel individuo cuando, sin poder evitarlo, se me congelaron los gritos y hasta los susurros...

El supuesto chulo de turno, tenía unos ojos impresionantes. Los ojos más azules que he visto jamás. Y me estaba atravesando hasta el mismísimo cerebro con ellos. Después de desinflarme completamente y volver a inflarme, conseguí decirle algo así como hola, gracias y me fuí.

Eres imbécil Laura, uauu, joder cómo estaba el puto guiri, ufff qué ojazos y mil cosas más me repetía a mí misma mientras intentaba llegar a la terracita dónde estaban mis amigos. Y debía ir tan atontada que se me cayó el mechero como dos veces y no lograba cerrar la cremallera del bolso. En fin. El caso es que Alex, se las apañó como después me confirmó, para sentarse en la mesa de en frente y no quitarme ojo durante toda la tarde.

A las doce de la noche ese viernes estábamos hablando sin parar y contándonos la vida con unas cuántas cañas en el cuerpo y un par de copas. Había nacido en un pequeño pueblo costero de Gran Bretaña pero vivía en Londres. Según él pasaba el verano en España porque le gustaba mucho y tenía unos meses para simplemente hacer turismo por todo el país. A eso lo llamo yo tener cara, clase y pasta. Se llamaba Alex, tenía 27 años y los ojos más azules de toda la Latina :-)



Al día siguiente nos fuímos a bailar, el chico tenía bastante arte para ello y me sorprendió ya que siempre pensé que los ingleses tenían horchata en la venas en vez de sangre, jejeje. Me "engañó" vilmente porque decía que no había besado nunca a una española y que le habían dicho que teníamos fama de besar mal y yo toda indignada tenía que demostrarle todo lo contrario por supuesto! Faltaría! :-) Y así fue como terminé besando a aquel monumento de metro ochenta y cinco, moreno, de labios gruesos y perfilados, nariz recta y discreta y los ojos más azules de todo mi verano madrileño.

Sonando: Nelly Furtado. Say it right.
Etiquetas:       
 
Laura... ¿y el sexo?
Llego al curro sobada aún. He dormido 5 horas y la noche anterior 3 y así en todo el puente... Han sido unos días estupendos en Barcelona, una ciudad realmente preciosa. Pero hoy no soy persona, hoy vivo en una dimensión paralela... Abro el mail y me encuentro esto:

Javier: ¿Has visto "Lucía y el sexo"?
A ratos te he visto en Lucía...

Siento una especie de pellizco, un escalofrío desde el ombligo. Busco la BSO, mi Mala Rodriguez canta: ¿ves? cómo lo sabía yo, tengo lo que tú quieres... y le contesto.



Laura: A ratos yo también me he visto en ella..., pero no entiendo muy bien por qué.

La verdad es que hace mucho tiempo que no veo la peli pero en su día me ví algo reflejada aunque tampoco en ese momento supe por qué. Quizá tu puedas explicarmelo mejor. Yo estoy harta de mirarme con mis ojos. Harta.

Mirame tú. Háblame tú. Seguro que lo haces mejor.
Besos...

Sigo escuchando la canción. Flotando por mi nueva dimensión, mezcla de sueño, cansancio y letargo. Y contesta rápido, resolviendo mi duda, usando las palabras que esta vez yo no supe encontrar.

Javier: Por tu cuerpo, por el streaptease con La Mala, por la fuerza con la que buscas las cosas que quieres, por la sinceridad cruda, por la impulsiva irracionalidad. Eso si, Lucía está enamorada.

Si estas harta de mirarte quizás deberías mirar a otro lado.

Cuánta razón tiene, pienso. Quizá debería mirar a otro lado..., quizá debería hacer tantas cosas..., quizá y sólo quizá...

Sonando: Tengo lo que tú quieres. Mala Rodriguez.
 
Life.
Muchas veces quieres desandar, deshacer caminos, borrar tus pasos..., pero no se puede. Esta vida está programada para no borrar, no hay papelera de reciclaje, no se olvida lo que queremos olvidar, ni existe un botón que ponga rebobinar...

A veces quiero hacerlo. Borrar cosas, gente, momentos, borrarme...yo. Pero he aprendido, porque todo se aprende antes o después..., que no sirve absolutamente de nada. Que las ganas de querer borrar se difuminan con el tiempo, se diluyen, se evaporan... y después, cuando la rabia que te empujaba a querer olvidar desparece, cuando el dolor ya sólo es una pequeña herida de guerra en tu corazón, no quieres borrar nada, es más, te gusta recordar. Los seres humanos estamos llenos de estas absurdas contradicciones... y me encanta.

Me gusta tener tantos matices, ser retorcida, compleja y a veces incoherente. También pienso que, en ocasiones, me complico demasiado la vida yo solita, pero...forma parte de mi enrevesado cerebro, de mi montaña rusa particular, de mi adn..., con lo cual, sería bastante improbable luchar contra esos impulsos que normalmente me arrastran y por los que me dejo llevar. No me gusta serme infiel, no me gusta mentirme. No tiene sentido.



Por eso ahora no borro ni desdibujo. Sino que miro hacia delante y camino, camino, camino... Normalmente mis pasos son decididos, me muevo bien entre la multitud, me mezclo con otros pasos, otros pies, otros zapatos. Descubro nuevas rutas, nuevas calles, nuevas aceras. Y otros pisan mis huellas, me siguen, les sigo, nos encontramos. Y entonces... sonreímos.

Pero también hay desencuentros, porque estas cosas son así. Y por mucho que desees coincidir, por mucho que lo esperes en la esquina para andar juntos, por mucho que lo observes desde la otra acera, no hay nada que hacer. Jamás se volverá a mirarte... Y tú, tú..., seguirás ahí, ilusionado, esperando que llegue el día en el que te coja de la mano para ayudarte a cruzar. Hasta que te canses y te vayas y te busques otra esquina. O hasta que te enamoren otros pasos y su dibujo.

Yo voy pa' lante que se dice en mi tierra y poco me asusta ya. No quiero encontrarme cabrones, ni putadas, ni noes, ni puertas cerradas, pero soy consciente de que puede pasar y no por ello me quedo quieta, o desando, o borro. Ya no. Sea lo que sea lo me espera a lo largo del camino pienso vivirlo y apreciarlo como se merece, porque sólo tenemos este gran regalo una vez..., sólo una. Y lo realmente absurdo es que puede acabarse en cualquier momento, pero no sabrás cuándo..., entonces... ¿no es mejor dejarse la piel aquí y ahora?

Próximo destino: Barcelona :-)

Escuchando: Golfa. Extremoduro.